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SAcas, SA.
Des
ZN
Teatro filosófico en Luciano y Alfonso Reyes:
dos diálogos de ‘Pitágoras’
Omar ALVAREZ SALAS
Universidad Nacional Autónoma de México
omaralvar @hotmatl.com
RESUMEN: En este trabajo se cxaminan dos recreaciones dramäucas de la figura
de Pitágoras de Samos que, pese a las muy distintas intenciones de sus autores y
a la distancia de 18 siglos que lus separa. presentan un notable paralelismo en el
tratamiento del personaje, lo que parece atribuible a la comtin dependencia, en
ambos autores, de tradiciones escrilas comparables. Del gran escritor y helenista
mexicano Alfonso Reyes sc considerará una bien lograda pieza, “Los filésofos de
las islas”, de la obra Junta de Sombras, donde éste representa al filósofo de Samos
en didlogo con Jenöfanes; dicha evocaciön será comparada con la Vitarum auctio de
Luciano de Samosata, donde la figura de Pitágoras — que es por cierto una fuente
de inspiraciön frecuente para este salirista— cxhibe una lisonomia de derivación
claramente libresca que, prescindiendo de su tono jocoso, se toca en muchos puntos
con la reconstruccién ‘filolégica’ del humanista regiomontano.
kok OK
ABSTRACT: In this article two dramatic sketches featuring Pythagoras of Samos are
examined, both of which, in spite of the quite different purposes of their authors and
of the intervening 18 centuries lapse of time between them, show a remarkable parallelism in the treatment of the character: this might be a result of the dependance,
shared by both authors, on written traditions of much the same kind. “The philosophers of the islands”, a brief masterpiece by Mexican writer and Greek scholar
Alfonso Reyes taken from his work Junta de Sombras will be cxamined, where he
depicts the philosopher of Samos in a dialog with Xenophancs. With this evocalive piece by Reyes Lucian’s Wrarum auctio will be compared, where Pythagoras’s
image —certainly a frequent source of inspiration for Lucian’s satire— shows an
outspoken bookish outlook, which, disregarding Lucian’s humorous vein, matches
in many ways to Alfonso Reyes’ ‘scholarly’ reconstruction.
PALABRAS CLAVE: Alfonso Reyes, Atenco de la Juventud, diálogo filosófico, Jenófanes, Junta de Sombras, Luciano de Samosata, Pitägoras, sátira, Vitaruni
auctio.
RECEPCIÓN: 5 de septiembre de 2008.
ACEPTACION: 13 de octubre de 2008.
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)en el pensamiento presocrático:
de Tales a Heráclito
Omar Álvarez Salas
Universidad Nacional Autónoma de México
omaralvar@hotmail.com
Resumen: Este artículo rastrea el desarrollo, en manos de los pensadores preso
cráticos más antiguos, de la concepción de un alma universal que da origen y
sostiene al cosmos en virtud de su función como principio inteligente creador del
orden universal. Se mostrará en especial cómo dicha dimensión cósmica del alma
presenta un paralelismo perfecto con el papel que las doctrinas escatológicas con
temporáneas asignaron al alma individual del hombre, vista como portadora no
sólo de la vida sino también de las funciones intelectivas. Asimismo, se destacará
la posición de Heráclito como el filósofo presocrático del que poseemos las declara
ciones más explícitas acerca de un monopolio tanto de las capacidades propiamente
psíquicas como del pensamiento racional por parte del alma, la cual aún así aparece
identificada en su sistema con el substrato de todo.
***
Abstract: This paper follows the development of the conception of the cosmic
soul among the earlier Presocratic thinkers: according to them, this particular func
tion of the soul makes of it the source and support of the cosmos, insofar as it acts
as an intelligent principle that brings about universal order. Especially, it will be
showed how the cosmic dimension of soul exhibits a perfect parallelism to the role
assigned to man’s individual soul in contemporary eschatological doctrines: these
viewed soul as bearer not just of life but also of every intellective function. More
over, stress will be laid on Heraclitus’ place as the Presocratic philosopher whose
fragments contain the most explicit statements on soul’s monopoly both of strictly
psychic capacities and of rational thought, in spite of being also identified by him
with the substratum of the whole world.
Palabras clave: alma cósmica, Anaximandro, Anaxímenes, érxÆ, cosmos, Filo
lao, Heráclito, intelecto, noËw, Orfeo, Pitágoras, psique, razón, Tales, cuxÆ.
Recepción: 10 de enero de 2008.
Aceptación: 29 de mayo de 2008.
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)en el pensamiento presocrático:
de Tales a Heráclito
Omar Álvarez Salas
I
Con base en la convicción de que el complejo mundo feno
ménico que los rodeaba no podía estar sujeto a un azaroso e
imprevisible caos en el que las cosas, sin sujetarse a ninguna
regla aparente, sucederían por voluntad de uno o varios se
res divinos, los pensadores presocráticos se esforzaron por
descubrir la presencia en el universo de una organización u
orden subyacente, que designaron consecuentemente con el
término cosmos. En efecto, de acuerdo con la cosmovisión
racionalista desarrollada por ellos, cada parte del mundo es
taría rigurosamente insertada en el todo con arreglo a un plan
inteligente y los sucesos naturales tendrían lugar siguiendo
leyes precisas e ineludibles, además de siempre vigentes y de
aplicación universal. En apego al diseño de un todo ordenado
como el intuido por ellos, los primeros filósofos se esforzaron
por consiguiente en reducir a unidad (o por lo menos a un
conjunto muy limitado de ‘elementos’) el desconcertante abi
garramiento del mundo visible, donde la multiplicidad de los
entes vuelve prácticamente inabarcable el dominio de la expe
riencia sensible, dada la imposibilidad virtual de agotarlo por
catalogación. Así pues, en los sistemas naturales teorizados
sucesivamente por cada uno de los presocráticos se reconoció
el papel de substrato original o principio (que se designa habi
tualmente con el término érxÆ) a una determinada substancia
(o compuesto), a partir de la cual, a través de mecanismos
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)muy precisos y regulares, habrían surgido los demás seres en
cumplimiento de una necesidad ineluctable, y a la cual todos
éstos habrían de regresar en última instancia al cumplirse su
ciclo natural de existencia.
“Todas las cosas tienen su principio y su fin en una sola”
puede considerarse nada menos que el dogma fundamental
de la ciencia física arcaica, cuya primera enunciación, según
un conocido esquema de fabricación etiológica, se atribuyó
a posteriori al mítico Museo,1 ‘discípulo’ de Orfeo. Con todo, la
propia doxografía antigua delata el carácter artificial de dicha
atribución, pues a propósito del mismo principio de unidad ori
ginal nos transmite formulaciones modeladas sobre el mismo
patrón verbal, aunque con mención de un substrato específi
co, como por ejemplo el aire de Anaxímenes o el fuego de
Heráclito.2 En cualquier caso, el testimonio más antiguo del
principio de pensamiento que nos interesa aquí, conservado
por cierto verbatim, corresponde a un fragmento de Jenófa
nes, que si bien oscila entre la admisión de una o dos érxa¤,3
demuestra aun así su apego a dicho dogma cuando asigna de
manera inequívoca a la tierra la función de fuente primera y
destino final de todas las cosas, declaración que leemos en un
hexámetro que reproducimos textualmente:
§k ga¤hw går pãnta ka‹ efiw g∞n pãnta teleutçi.
Todas las cosas [surgen] de la tierra y todas acaban en la tierra.
(Xen. 21 B 27 D.-K.)
1
Ap. Diog. Laert. Proem. I 3 (= Mus. 2 A 4 D.-K.): §j •nÚw tå pãnta g¤nesyai
ka‹ efiw taÈtÒn énalÊesyai.
Aët. I, 3, 4: ÉAnajim°nhw EÈrustrãtou MilÆsiow érxØn t«n ˆntvn é°ra épefÆnato: §k går toÊtou pãnta g¤gnesyai ka‹ efiw aÈtÚn pãlin énalÊesyai (sigue Anaxi
2
men. 13 B 2 D.-K.); para el fuego heracliteo como substrato material de todo léase
en cambio (Diog. Laert. IX 7): §k purÚw tå pãnta sunestãnai ka‹ efiw toËto énalÊesyai.
Xen. 21 B 33 D.-K.: pãntew går ga¤hw te ka‹ Ïdatow §kgenÒmesya, frente a Xen.
21 B 27 D.-K. (arriba, en el texto).
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)Además, una formulación explícita y de valor testimonial in
dudable del principio universal del origen de todo en (y de
su retorno a) un único substrato se lee en Heráclito de Éfeso,
que busca con singular tesón revelar la unidad subyacente a la
multiplicidad fenoménica, subrayando que en realidad “todo es
uno”. En efecto, una y otra vez en los fragmentos heracliteos
que han llegado hasta nosotros asistimos a la reafirmación en
fática de esa unidad última, que por cierto encontramos formulada de manera incontrovertible en este pasaje:
oÈk §moË, éllå toË lÒgou ékoÊsantaw ımologe›n sofÒn §stin ©n
pãnta e‰nai.
Prestando oído no a mi, sino al logos, es sabio reconocer que
todas las cosas son Uno.
(Heraclit. 22 B 50 D.-K.)
unidad que el filósofo efesio identifica expresamente con el
origen y destino de todas las cosas en este otro fragmento:
sunãciew ˜la ka‹ oÈx ˜la, sumferÒmenon diaferÒmenon, sunçidon
diçidon, ka‹ §k pãntvn ©n ka‹ §j •nÚw pãnta.
Conjunciones: compactos y no compactos, convergente diver
gente, consonante disonante, y de todos uno y de uno todos.
(Heraclit. 22 B 10 D.-K.)
Dicha intuición, sin embargo, que según vimos aparece de ma-
nera recurrente, con múltiples variaciones, en varios otros pen
sadores presocráticos, encuentra finalmente una expresión de
notable claridad teórica y muy afortunada factura poética en
el siguiente pasaje de Empédocles:
d¤plÉ §r°v: tot¢ m¢n går ©n hÈjÆyh mÒnon e‰nai
§k pleÒnvn, tot¢ dÉ aÔ di°fu pl°onÉ §j •nÚw e‰nai.
Diré un doble discurso: a veces muchas cosas se concretan en un
solo ser,
y otras veces, de ser uno, se dispersan para ser de nuevo muchas.
(Emp. 31 B 17 D.-K., vv. 1 s.)
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)Observemos, sin embargo, en honor al debido rigor historio
gráfico, que este último pasaje es más precisamente un testi
monio del tipo de alternativa desarrollada por los pluralistas,
tras el perentorio desafío inmovilista lanzado por Parménides,
para reconciliar la existencia de una multiplicidad fenoménica
con el principio de unidad postulado por el filósofo de Elea.
En efecto, Empédocles estuvo entre los pensadores que res
pondieron a la incisiva intervención del eleático asignando
a un número determinado de substancias (cuatro en su siste
ma que se volvería después canónico)4 el carácter de ‘raíz’,
correspondientes a lo que Aristóteles llamaría a su vez ‘ele
mentos’. Asimismo, el propio filósofo de Agrigento postuló,
para la interacción entre dichas substancias fundamentales,
una alternancia cíclica entre el predominio del Amor, marca
do por una unidad armónica o solidaridad total de los cuatro
elementos bajo la forma del Sfa›row, y el imperio de la Con
tienda (o Discordia), donde, tras la disgregación de la esfera
primigenia, se daba pábulo a un complejo y fortuito juego de
combinación de los elementos, en variable número y propor
ción: de ahí ‘nacerían’ por agregación los múltiples seres de la
realidad visible, los cuales habrían luego de disolverse de nue
vo en sus elementos constitutivos, proceso al que en el len
guaje común se da el nombre de ‘muerte’.5
Ahora bien, con especial atención a la identificación por
parte de los monistas griegos de una única érxÆ (o de un pe
queño número de ‘elementos’), es preciso recordar que dicha
La elección que hizo Empédocles de sólo cuatro elementos primordiales, a
los que llamó =¤z≈mata (Emp. 31 B 6 D.-K.) y que corresponden a los stoixe›a de
la terminología aristotélica posterior, estuvo apoyada en asociaciones consagradas
en una antigua tradición poética que aparece registrada ya en Homero y Hesíodo
—véase G. Cerri, “L’ideologia dei quattro elementi da Omero ai presocratici”,
AION, Sez. filol.-lett., 20, 1998; ya antes había rastreado la vertiente filosófica de
dicha tradición C. H. Kahn, Anaximander and the Origins of Greek Cosmogony,
New York, 1960 (pp. 133 ss.), también esbozada por W. K. C. Guthrie, A History
of Greek Philosophy, Cambridge, 1962, vol. I, pp. 122 s. (y n. 1).
5
Emp. 31 B 8; 9; 11 D.-K.
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)búsqueda del elemento primigenio tiene paralelos mitológicos
muy antiguos y arraigados en la tradición, que ya han sido bien
identificados.6 Así pues, el ‘agua’ de Tales refleja por ejemplo
una concepción ya presente en Homero y aún antes en varias
mitologías orientales (mesopotamia, hebrea, etcétera), donde
el caos primordial consistía de una masa indefinida de agua y
donde el diluvio jugaba un papel importante en la (re-)gene
ración de la vida. Dichos antecedentes mitológicos, con todo,
no son obstáculo para negar que las cosmogonías presocráti
cas nos ponen de frente a una forma de especulación racional
que seguramente debió de estar motivada también por algunas
consideraciones de orden empírico. Aristóteles conjetura, en
efecto, que Tales pudo haber buscado el origen de todas las
cosas en el agua a raíz de la observación de que las plantas se
nutren de la humedad y de que ésta se encuentra también en
la comida y en el semen animal, aunque un hombre moderno
quizá buscaría más bien la explicación en la capacidad del
agua de transitar, a diferentes temperaturas, por los tres esta
dos básicos de la materia (sólido, líquido y gaseoso). Como
quiera que sea, está claro que los primeros filósofos griegos,
pese a anticipar con notable exactitud en sus teorías físicas el
principio de Lavoisier de la conservación de la materia (cosa
que se resume en el adagio: nihil ex nihilo, nihil in nihilum),7
habrían visto en su respectiva érxÆ no sólo el substrato o prin
cipio material de todo lo existente, sino también la misma
fuerza motriz de la transformación diversificadora, es decir
aquello a lo que Aristóteles, en su examen crítico de las teo
rías presocráticas, se referiría como la causa del movimiento.8
6
Para un panorama del trasfondo mítico sobre el que surgió la ciencia física
griega, véase W. K. C. Guthrie, A History of Greek Philosophy, cit., vol. I, pp. 67 ss.
7
Con todo, el testimonio griego más antiguo de este principio aparece en un
contexto extrafilosófico, tomado quizá de un proverbio relativo a la esfera de la
actuación humana, en un fragmento del poeta lesbio Alceo (fr. 320 L.-P.): ka¤ kÉ
oÈd¢n §k denÚw g°noito.
Arist. Metaph. A, 984a21-27: efi går ˜ti mãlista pçsa g°nesiw ka‹ fyorå ¶k
tinow •nÚw µ ka‹ pleiÒnvn §st¤n, diå t¤ toËto sumba¤nei ka‹ t¤ tÚ a‡tion; oÈ går dØ tÒ ge
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Pagina 8
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)Desde el punto de vista de la mentalidad arcaica, en efecto, no
tenía todavía sentido alguno la separación entre material e in
material (o espiritual), pues el incipiente pensamiento científi
co no había llegado aún a concebir la materia como substancia
muerta o inerte, puesto que dicha noción habría conocido un
desarrollo más bien paulatino, para consolidarse definitiva
mente sólo con el triunfo del dualismo cartesiano de materia
y mente.9
Así pues, tratando de las doctrinas presocráticas más anti
guas parece plenamente justificado hablar de hilozoísmo, es de
cir, de atribución de un carácter animado a la materia, como lo
confirma sin lugar a dudas una serie de noticias sobre doctrinas
del propio Tales: éste, según Aristóteles, habría afirmado que
el imán tenía ‘alma’, usando aparentemente el término con el
valor de “impulso motriz”, aludiendo a su poder de desplazar
el hierro a distancia;10 por otra parte, el mismo Estagirita, re
firiéndose en otro pasaje a una doctrina antigua según la cual
el alma estaría mezclada en el todo, reporta como de Tales la
afirmación de que “todas las cosas están llenas de dioses”.11
De estas declaraciones doxográficas se desprende con gran cla-
ridad la impresión de que el filósofo de Mileto al parecer
habría expresado la capacidad de producir movimiento que
reconocía en la materia, en completo acuerdo con su manera
arcaica de pensar y expresarse, equiparándola a la posesión de
una fuerza divina, es decir, concibiéndola ni más ni menos
Ípoke¤menon aÈtÚ poie› metabãllein •autÒ: l°gv dÉ oÂon oÎte tÚ jÊlon oÎte ı xalkÚw
a‡tiow toË metabãllein •kãteron aÈt«n, oÈd¢ poie› tÚ m¢n jÊlon kl¤nhn ı d¢ xalkÚw éndriãnta, éllÉ ßterÒn ti t∞w metabol∞w a‡tion. tÚ d¢ toËto zhte›n §st‹ tÚ tØn •t°ran
érxØn zhte›n, …w ín ≤me›w fa¤hmen, ˜yen ≤ érxØ t∞w kinÆsevw.
9
Cfr. F. M. Cornford, Principium Sapientiae: the origins of Greek philosophical thought, Cambridge 1952, p. 179.
10
Arist. De An. I, 405a19: ¶oike d¢ ka‹ Yal∞w §j œn épomnhmoneÊousi kinhtikÒn
ti tØn cuxØn Ípolabe›n, e‡per tØn l¤yon ¶fh cuxØn ¶xein, ˜ti tÚn s¤dhron kine› —cfr.
Aët. IV, 2, 1.
11
Arist. De An. I, 411a7: ka‹ §n t«i ˜lvi dÆ tinew aÈtØn [sc. cuxÆ] mem›xya¤ fasin,
˜yen ‡svw ka‹ Yal∞w »iÆyh pãnta plÆrh ye«n e‰nai —cfr. Aët. I 7, 11.
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)como un ser animado, como algo dotado de vida. En general,
dicha cualidad se habría aplicado al substrato material o érxÆ,
en la cual, dada su espontánea tendencia a transformarse en las
diferentes substancias presentes en el mundo visible, se mani
festaba con especial claridad el carácter ‘animado’, esto es, la
fuerza motriz asociada con la cuxÆ o aliento vital: con ésta, en
efecto, además de la fuerza de la vida, la érxÆ tenía en común
la naturaleza eterna, puesto que al disolverse las cosas del
mundo sensible volvían al mismo substrato original del cual
habían surgido, y esta condición de existencia eterna es algo
que la mentalidad griega arcaica asociaba infaliblemente con
lo divino, tÚ ye›on. Por cierto, éste es justamente el calificativo
que muchos de los presocráticos aplicaron a dicho substrato.
Anaximandro, por ejemplo, parece haber llamado ‘divino’ a tÚ
êpeiron, su principio ‘indeterminado’ o ‘ilimitado’, en virtud
de su carácter inmortal e imperecedero, además de abarcar y
gobernar todas las cosas, alcanzando en este punto un consenso
con la mayor parte de los filósofos naturalistas sobre la érxÆ
(cualquiera que fuera el nombre particular que cada uno le
diera), según lo atestigua Aristóteles.12
Tal y como sucedió con el agua de Tales o con tÚ êpeiron
de Anaximandro, también las demás érxa¤ postuladas por los
primeros pensadores presocráticos fueron concebidas no sólo
como substrato material, sino también como principio vital
de todo el cosmos, por lo que se las describió constantemente
como un ser eterno que contiene o abarca todas las cosas, un
ser, por cierto, del que sale el impulso para el movimiento y,
más precisamente, del que brota la vida que anima a cada uno
Arist. Phys. G 4, 203b6 (= Anaximandr. 12 A 15 y 12 B 3 D.-K.): ëpanta går
µ érxØ µ §j érx∞w, toË d¢ épe¤rou oÈk ¶stin érxÆ: e‡h går ín aÈtoË p°raw. ¶ti d¢ ka‹
ég°nhton ka‹ êfyarton …w érxÆ tiw oÔsa: tÒ te går genÒmenon énãgkh t°low labe›n,
ka‹ teleutØ pãshw ¶stin fyorçw. diÒ, kayãper l°gomen, oÈ taÊthw érxÆ, éllÉ aÏth t«n
êllvn e‰nai doke› ka‹ peri°xein ëpanta ka‹ pãnta kubernçn, Àw fasin ˜soi mØ poioËsi
parå tÚ êpeiron êllaw afit¤aw, oÂon noËn µ f il¤an: ka‹ toËtÉ e‰nai tÚ ye›on: éyãnaton
går ka‹ én≈leyron, Àsper fhs‹n ÉAnaj¤mandrow ka‹ ofl ple›stoi t«n fusiolÒgvn.
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)de los elementos del todo. Es así como Anaxímenes, el tercero de los monistas de Mileto, identificó la substancia funda
mental en el aire, concebido como infinito y dotado de eterno
movimiento, el cual, por estar sujeto a un proceso espontáneo
(implícito en el propio substrato) de rarefacción o condensa
ción alternadas, es decir, por sufrir alteraciones diferenciales
de densidad, al volverse más rarefacta daba origen al fuego,
y, en cambio, al ir ganando densidad, se tornaba primero en
viento (o sea, en aire) y en nube, a mayor densidad todavía
pasaba a ser agua, luego tierra y rocas, a partir de lo cual sur
gía a continuación todo lo demás.13 Dicho aire del filósofo mi
lesio, sin embargo, en tanto fuente original de todas las cosas,
les proporcionaba no sólo la materia de que estaban constitui
das, sino también la fuerza del movimiento que las generaba
y, en el caso de los seres vivientes, el principio mismo de la
vida. Esta vez, la identificación por parte de Anaxímenes del
aire como fuente vital de todo nos resulta aún más transparen
te que la de las anteriores érxa¤, pues continúa a todas luces
la asociación tradicional de la respiración con el aliento vital
o cuxÆ, como se desprende con toda naturalidad de la lectura
de un reporte doxográfico que tiene visos claros de transmitir
una cita textual del milesio:
ÑoÂon ≤ cuxÆ, fhs¤n, ≤ ≤met°ra éØr oÔsa sugkrate› ≤mçw, ka‹ ˜lon
tÚn kÒsmon pneËma ka‹ éØr peri°xeiÉ
“Al igual que nuestra alma, dice [Anaxímenes], mantiene nuestra
cohesión por su naturaleza aérea, así también es soplo y aire lo
que abraza a todo el universo”
(Anaximen. 13 B 2 D.-K.)14
Dicho reporte, que parece remontarse en última instancia a Teofrasto (Theophr.
Phys. Opin. fr. 2 D. 476), se conserva en Simpl. Phys. 24, 26 (= Anaximen. 13 A
5 D.-K.).
14
El fragmento es transmitido en Aët. I 3, 4 (para la parte del pasaje que lo
precede véase arriba, n. 2).
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Pagina 11
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)Ahora bien, la atribución de una composición aérea al alma en
la doctrina de Anaxímenes se revela perfectamente congruen
te con una tradición muy antigua y ampliamente documenta
da desde el período arcaico.15 Según dicha concepción, que
como veremos alcanzó una enorme difusión en la Antigüedad
griega, el alma o cuxÆ tendría la misma naturaleza del pneËma,16 que es por cierto el término empleado para designar el
aire dotado de movimiento, como lo sería justamente el alma
vital.17 Dicha visión concuerda plenamente con la doctrina
atribuida a Anaxímenes en la noticia arriba transcrita, donde
se establece un paralelismo entre el ‘microcosmos’ del cuerpo
humano, cuya cohesión es mantenida por el alma constituida
de aire (éØr oÔsa), y el ‘macrocosmos’ universal donde un
‘soplo y aire’ cósmico (pneËma ka‹ éÆr) envuelve el todo.18
Aproximadamente en la misma época que Anaxímenes vivió
Pitágoras, cuya doctrina de carácter no científico más conocida
es la de la metempsícosis, según la cual el alma es inmortal y,
al perecer el cuerpo en que se encuentra, puede pasar a otro
15
Una noticia doxográfica atribuye incluso a Jenófanes el primado en la con
cepción del alma como un ‘soplo’ o pneËma (Diog. Laert. IX 19 = Xen. 21 A 1,
27-28): [Jenofãnhw] pr«tÒw te épefÆnato, ˜ti pçn tÚ ginÒmenon fyartÒn §sti ka‹ ≤
cuxØ pneËma. Con todo, dicha atribución parece desmentida justamente por los
testimonios citados sobre la doctrina de Anaxímenes, además de por su amplia
presencia en la visión escatológica de los griegos, como confirma su adopción por
parte de órficos y pitagóricos (véase más adelante, en el texto).
16
La difusión de la concepción aérea del alma entre los pensadores presocráticos
debió de ser muy amplia, como parecen dar testimonio pasajes como el siguiente
(Aët. IV 3, 2 = Anaximand. 12 A 29 D.-K.): ÉAnajim°nhw d¢ ka‹ ÉAnaj¤mandrow ka‹
ÉAnajagÒraw ka‹ ÉArx°laow éer≈dh t∞w cux∞w tØn fÊsin efirÆkasin.
Sobre esto véase E. Rohde, Psyche, Freiburg/Leipzig/Tübingen 18982, vol.
II, p. 258, n. 3, que señalaba una alusión a la doctrina pneumática del alma de
Jenófanes en Epich. 23 B 10 D.-K. (= Epich. fr. 166 K.-A.: aÏta fÊsiw ényr≈pvn,
ésko‹ pefushm°noi), así como en Epich. frr. 254 y 213 K.-A. —sobre esto véase
O. Álvarez, “Epicarmo e Senofane: tessere di una polemica”, en Nova Tellvs, 25-2
[2007], pp. 85-136 (véanse las pp. 121 ss.).
18
A propósito de la concepción ‘pneumática’ del alma se puede ver con prove
cho W. K. C. Guthrie, op. cit., vol. I, pp. 128 ss. (con pertinentes referencias bi-
bliográficas en nota).
5/6/08 13:43:49
Pagina 12
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)cuerpo humano o animal, en virtud del estrecho lazo que une a
todos los seres vivientes, que son considerados por ende como
de la “misma familia”. A nivel cósmico, dicha vinculación en
tre todas las formas de vida se explica justamente por la difu
sión del espíritu universal que impregna cada cosa conectando
entre sí todas las formas de existencia, como se lee justamente
en el siguiente testimonio:
ofl m¢n oÔn per‹ tÚn PuyagÒran ka‹ tÚn ÉEmpedokl°a ka‹ tÚ loipÚn t«n ÉItal«n pl∞yÒw fasi mØ mÒnon ≤m›n prÚw éllÆlouw ka‹
prÚw toÁw yeoÁw e‰na¤ tina koinvn¤an, éllå ka‹ prÚw tå êloga t«n
z≈ivn. ©n går Ípãrxein pneËma tÚ diå pantÚw toË kÒsmou di∞kon
cux∞w trÒpon tÚ ka‹ •noËn ≤mçw prÚw §ke›na.
Los seguidores de Pitágoras y Empédocles, así como la restante
multitud de los itálicos, afirman que hay un lazo común que nos
vincula no sólo unos con otros y también con los dioses, sino
además con los animales desprovistos de palabra. Dicen que exis
te un espíritu que se difunde por todo el universo a la manera de
un alma, que también nos une con aquéllos.
(Sext. adv. math. IX 127)
Nuestra fuente nos informa, en efecto, que entre los griegos
itálicos, a cuya cabeza pone a Pitágoras y Empédocles, tenía
arraigo una concepción (en parte comparable a la de Anaxí
menes) de que hay un alma cósmica, difundida por todo el uni
verso, que enlaza a los hombres con las divinidades e incluso
con los animales y las plantas, al grado de eliminar las fron
teras aparentes entre una y otra categoría de ser vivo (z«ion).
Así pues, resulta plenamente justificado identificar una etapa
fundamental del proceso de consolidación de la concepción
pneumática del alma en la doctrina de la metempsícosis al
parecer desarrollada (o introducida) por Pitágoras y continua
da por sus seguidores.19 Tenemos evidencias, por ejemplo, de
Hay que observar aquí, sin embargo, que algunos testimonios, no precisa
mente autorizados, atribuyen a Ferécides, presunto maestro de Pitágoras (cfr. Diog.
Laert. I 118 = Pherecid. 7 A 1 D.-K.), la prioridad como ‘introductor’ de la doctrina
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Pagina 13
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)que el pitagorismo más antiguo, en el marco de la doctrina de
la transmigración, desarrolló la concepción de que las almas,
por ser de naturaleza pneumática, recorrían un trayecto aéreo
en su paso de uno a otro cuerpo, y que dicho camino estaba
por ende pletórico de ellas, las cuales lo usaban precisamente
como vehículo, según veremos. Llama la atención de inmediato
el interesante paralelismo que una semejante concepción pre
senta con la doctrina de Tales, a que ya nos hemos referido,
sobre la presencia de ‘dioses’ en todas las cosas. Esto es, al
menos, un hecho que puede establecerse a partir de un amplio
reporte transmitido en la biografía de Pitágoras por Diógenes
Laercio, sobre la autoridad del gran conocedor del pitagorismo
Alejandro “Polyhistor” (activo polígrafo griego llevado como
cautivo a Roma por Sila, que lo liberó en 82 a.C.), quien nos
conserva una gran cantidad de información muy valiosa sobre
contenidos doctrinales asociados con la fase más antigua de
dicha secta. En el extracto de su escrito leemos el siguiente
testimonio sobre la presencia en el pitagorismo antiguo de la
concepción del alma cósmica y etérea, que aparece asociada con la idea del aire como lugar privilegiado de residencia de
las almas:
g¤nesyai §j aÈt«n [sc. t«n tessãrvn stoixe¤vn] kÒsmon ¶mcuxon,
noerÒn ... e‰nai d¢ tØn cuxØn épÒspasma afiy°row ... éyãnatÒn te
e‰nai aÈtÆn, §peidÆper ka‹ tÚ éfÉ oper ép°spastai éyãnatÒn §sti
... toÁw d¢ lÒgouw cux∞w én°mouw e‰nai. éÒraton dÉ e‰nai aÈtØn ka‹
toÁw lÒgouw, §pe‹ ka‹ ı afiyØr éÒratow ... e‰na¤ te pãnta tÚn é°ra
cux«n ¶mplevn: ktl.
De éstos [sc. los cuatro elementos] surge un universo dotado de
alma, de intelecto … El alma es un fragmento de éter … Ésta es
inmortal, puesto que efectivamente también aquello de lo que fue
arrancada es inmortal. … Las proporciones [sc. numéricas] del
alma son vientos. Ésta es invisible, al igual que las proporciones,
de la metempsícosis, p. ej. Suid. s.v. FerekÊdhw: pr«ton tÚn per‹ t∞w metemcux≈sevw
lÒgon efishgÆsasyai.
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)pues también el éter es invisible … Todo el aire está lleno de
almas; etc.
(Diog. Laert. VIII 24-33)
Al afirmar que, según la doctrina pitágorica referida, “todo el
aire está lleno de almas”, nos vemos inevitablemente remiti
dos a la doctrina de Tales que discutimos algunas páginas más
arriba, según la cual “todas las cosas están llenas de dioses” y
que encaja perfectamente en la visión hilozoísta de los preso
cráticos, a la que tenemos buenas razones de asociar también
a Pitágoras y a su escuela. Más aún, basados en la autoridad de
Aristóteles, podemos identificar incluso en el proceso de res-
piración del universo descrito por los pitagóricos, donde el
cielo aspira tiempo y vacío desde el êpeiron pneËma, un paralelo cósmico para la entrada del alma en los cuerpos individuales
prevista en su doctrina de la metempsícosis:20
e‰nai dÉ ¶fasan ka‹ ofl PuyagÒreioi kenÒn, ka‹ §peisi°nai aÈtÚ t«i
oÈran«i §k toË épe¤rou pneÊmatow …w énapn°onti ka‹ tÚ kenÒn,
ktl.
Los pitagóricos decían que existe el vacío, y que éste, prove
niente del soplo infinito, se introducía en el cielo como si éste
respirara también el vacío, etc.
(Arist. Phys. D 6. 213b 22)
En vista de que el testimonio de Aristóteles se puede consi
derar bastante confiable, resulta también probable que en la
doctrina de la respiración cósmica, que presenta una notable
semejanza con la teoría pitagórica de la animación de los seres
vivos,21 podamos señalar un cercano paralelo para la analogía
20
Con este pasaje de Aristóteles concuerda asimismo, aproximándose notable
mente hasta en la fraseología, una noticia extraída de su tratado (ahora perdido)
Sobre la filosofía de Pitágoras por Estobeo (Ecl. I 18, 1c): §n d¢ t«i Per‹ t∞w PuyagÒrou f ilosof¤aw pr≈tvi grãfei [sc. Aristóteles] tÚn m¢n oÈranÚn e‰nai ßna, §peisãgesyai d¢ §k toË épe¤rou xrÒnon te ka‹ pnoØn ka‹ tÚ kenÒn, ktl.
La doctrina es atribuida concretamente al pitagórico Filolao de Crotona (s. v
a.C.), que habría definido como armonía la relación entre alma y cuerpo, es decir,
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)establecida por Anaxímenes entre la función del alma indivi
dual y el ‘aire’ como érxÆ o substrato universal, cuyo efecto
de cohesión a nivel cósmico es del todo equivalente al produ
cido por el alma-soplo particular sobre cada ser humano: se
trata, en efecto, como anticipábamos arriba, de un argumen
to que proyecta sobre el macrocosmos (esto es, el universo)
los mecanismos fisiológicos observados en el microcosmos
(el hombre). Ahora bien, el paralelismo así establecido entre
los dos niveles cósmicos por parte de Anaxímenes y por Pitá
goras (o sus discípulos), pese a su colocación en el marco de
sendas cosmologías ‘racionales’, refleja con toda probabilidad
un enfoque originado en una visión del mundo de clara ma
triz religiosa, que podemos calificar de ‘animista’, puesto que
atribuye a la materia un rango divino por considerarla dotada
de ‘alma’, es decir, de capacidad autónoma para moverse (y
transformarse). En este sentido, las teorías hilozoístas preso
cráticas no difieren en el fondo de la visión propia de sectas
religiosas del tipo de los órficos, cuya fuerte afinidad con el
pitagorismo se revela de manera patente en su concepción de
la inmortalidad del alma y de su transmigración de uno a otro
cuerpo a través del aire. En efecto, según un lÒgow órfico (pre
sumiblemente en hexámetros) que sirve de fuente a Aristóte
les, dicha doctrina haría referencia a la naturaleza aérea del
alma estableciendo un paralelo directo entre su entrada en los
cuerpos de los animales y el mecanismo de la respiración:
toËto d¢ p°ponye ka‹ ı §n to›w ÉOrf iko›w kaloum°noiw ¶pesi lÒgow:
fhs‹ går tØn cuxØn §k toË ˜lou efisi°nai énapneÒntvn, ferom°nhn
ÍpÚ t«n én°mvn, ktl.
como sintonía entre dos opuestos: al nacer, una suerte de ‘apetito’ impulsaría el
cuerpo caliente a absorber el soplo frío del exterior, lo cual tendría el efecto de en-
friarlo (Menon Anonymi Londin. [Suppl. Arist. ed. Ac. Bor. III 1] 18, 8 p. 31 = Phi
lol. 44 A 27 D.-K.): FilÒlaow d¢ Krotvniãthw sunestãnai fhs‹n tå ≤m°tera s≈mata
§k yermoË. ém°toxa går aÈtå e‰nai cuxroË ... metå går tØn ¶ktejin eÈy°vw tÚ z«ion
§pispçtai tÚ §ktÚw pneËma cuxrÚn ˆn. e‰ta pãlin kayapere‹ xr°ow §kp°mpei aÈtÒ. diå
toËto dØ ka‹ ˆrejiw toË §ktÚw pneÊmatow, ktl.
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)Esto fue lo que sucedió también con el discurso transmitido en
la llamada epopeya órfica: dice, en efecto, que el alma de los
seres que respiran penetra desde el universo, transportada por
los vientos, etc.
(Arist. de anima, A 5, 410 b 28)
Ahora bien, mientras en el pasaje de la Física transcrito un
poco más arriba Aristóteles reportaba como doctrina pitagó
rica el proceso de respiración cósmica, que equiparaba con el
de la respiración fisiológica,22 antes todavía habíamos encon
trado, en un pasaje de las memorias pitagóricas de Alejandro
‘Polyhistor’ transmitidas por Diógenes Laercio, que las almas
son descritas justamente como “fragmentos de éter” caracteri
zados por las mismas “proporciones” numéricas de los vientos
y que, como es comprensible, son pobladoras del aire. Por otro
lado, tal y como vimos a propósito de los órficos, es justamente dicha naturaleza etérea de las almas la base de su trans
misibilidad de un cuerpo a otro, de su viaje sobre las alas del
viento, lo cual evidentemente forma parte del mecanismo de
la metempsícosis y además se integra perfectamente como
eslabón en un proceso ‘natural’ por su analogía con la respi
ración. Así pues, más todavía que el vehículo de la vida, en el
aire tenemos el elemento vital por excelencia y por esa razón
le fue atribuido un papel primordial en las doctrinas naturalis
tas y religiosas antes consideradas. Por su parte, la concepción
del alma/soplo individual no representa más que un caso par
ticular del principio, enunciado tanto por Anaxímenes como
por los pitagóricos, del pneËma cósmico o alma universal da
dora de vida, un principio que, como es bien sabido, se arrai
gó profundamente en la mentalidad griega y reveló una gran
fecundidad teórica: en efecto, tras ser retomada de múltiples
formas en el ámbito de la escatología popular religiosa, dicha
noción habría de conocer todavía una nueva vigencia en el
22
Phys. D 6. 213b 22 (véase arriba el texto).
5/6/08 13:43:51
Pagina 17
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)marco del último gran sistema presocrático, la doctrina natu
ralista elaborada por el médico y científico del siglo v a.C.,
Diógenes de Apolonia. En efecto, éste identificó en el aire,
en virtud del papel que juega en la respiración animal, el prin
cipio vital por excelencia, la cuxÆ, pero además de esto lo
vio como la fuente no sólo de las facultades sensoriales, sino
incluso del raciocinio mismo, que denominó nÒhsiw, según se
desprende de sus propias palabras:
¶ti d¢ prÚw toÊtoiw ka‹ tãde megãla shme›a. ênyrvpoi går ka‹ tå
êlla z«ia énapn°onta z≈ei t«i é°ri. ka‹ toËto aÈto›w ka‹ cuxÆ
§sti ka‹ nÒhsiw, …w dedhl≈setai §n t∞ide t∞i suggraf∞i §mfan«w,
ka‹ §ån toËto épallaxy∞i, époynÆiskei ka‹ ≤ nÒhsiw §pile¤pei.
Además de esto hay los indicios de peso que siguen. En efecto,
los hombres y los demás animales que respiran viven con el aire.
Y éste es para ellos tanto el alma como la facultad de pensar,
como se pondrá claramente en evidencia en este tratado, y si
éste se aleja [aquellos] mueren y la facultad de pensar viene a
menos.
(Diog. Apoll. 64 B 4 D.-K.)
Dejando de lado por el momento la asociación entre fuerza
vital o cuxÆ y el noËw/nÒhsiw como capacidad de pensar (o de
formarse imágenes mentales), es conveniente examinar ahora
la fortuna del alma etérea en el campo de las creencias re
ligiosas. Según una idea que vimos típica del orfismo y del
pitagorismo, el alma fue concebida como un espíritu rarefacto
llegado al cuerpo desde lo alto con el viento, visión que acabó
cristalizándose en la muy famosa doctrina de la dicotomía
fundamental alma/cuerpo, la cual fue característica no sólo del
helenismo clásico y posterior, sino dejó además una impronta
conceptual muy fuerte sobre el cristianismo judaico. En efec
to, según la oposición polar que establecen ya los testimonios
arcaicos de dicha doctrina, el alma recorre una trayectoria
aérea en su viaje de transmigración, pues su origen está en
el cielo y, además, en su calidad de elemento vital e impere
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)cedero, se une temporalmente al cuerpo caduco constituido
de materia terrena, donde permanecerá aprisionada como en
una tumba durante un cierto tiempo, para después liberarse y
regresar al dominio celeste.23 Estamos, pues, frente a una con
cepción órfica o pitagórica que gozó de una gran fortuna,
como documentan numerosos testimonios (cabe destacar aquí
los múltiples pasajes platónicos en que se atribuye a Sócra
tes),24 según la cual el cuerpo sería una especie de cárcel tem
poral para el alma, es decir, una envoltura mortal que aquélla
abandonará una vez expiada su pena para luego volver a re
volotear libre en el aire, doctrina que aparece ligada notoria
mente con el nombre del pitagórico Filolao de Crotona.25 Sin
embargo, no se puede afirmar en este caso que se trate de una
concepción exclusiva ni del pitagorismo ni del orfismo, pues
la creencia en la dualidad cuerpo/alma, más precisamente en la
conjunción temporal de dos elementos que se encuentran en
oposición polar, está ampliamente atestiguada en la época ar
caica y clásica. En efecto, frente a los abundantes e induda
bles testimonios proporcionados por los textos de inspiración
órfico-pitagórica,26 existe también una consistente documenta
Una formulación elegante de este principio en Epich. fr. 213 K.-A. (= 23 B 9
D.-K.; transmitido por [Plut.] cons. ad Apoll. 15 p. 110 A): sunekr¤yh ka‹ diekr¤yh
23
kép∞lyen ˜yen ∑lyen pãlin, / gç m¢n efiw gçn, pneËma dÉ ênv: t¤ t«nde xalepÒn; oÈd¢ ßn.
Compárese por ejemplo Plat. Phaed. 61e y Gorg. 493a; en Plat. Men. 81a81e, Sócrates justifica el empleo de su método ‘mayeútico’ con base en la doctrina
de la metempsícosis, lo que haría posible la anãmnhsiw.
25
Clem. Strom. III 17 (= Philol. 44 B 14 D.-K.): martur°ontai d¢ ka‹ ofl palaio‹
24
yeolÒgoi te ka‹ mãntiew, …w diã tinaw timvr¤aw è cuxå t«i s≈mati sun°zeuktai ka‹
kayãper §n sãmati toÊtvi t°yaptai. Platón, que hizo suya la ideología pitagórica
acerca de la inmortalidad del alma y que vuelve una y otra vez sobre el tema en
sus diálogos socráticos, confirma también el origen pitagórico de la concepción del
cuerpo como prisión del alma, atribuyéndola nada menos que a la enseñanza de
Filolao (cfr. los dos primeros pasajes platónicos citados en la nota anterior).
26
Para la presencia de esta concepción en el pitagorismo antiguo cfr. [Pyth.]
Carmen aur., vv. 70 s.: µn dÉ épole¤caw s«ma §w afiy°rÉ §leÊyeron ¶lyhiw, / ¶sseai
éyãnatow yeÚw êmbrotow, oÈk°ti ynhtÒw (cfr. Emp. fr. 112, v. 4 D.-K.: xa¤retÉ: §g∆ dÉ
Ím›n yeÚw êmbrotow, oÈk°ti ynhtÒw, ktl.); la dualidad alma/cuerpo como reflejo de la
oposición cósmica cielo/tierra aparece también claramente en la laminilla órfica de
5/6/08 13:43:51
Pagina 19
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)ción que confirma el arraigo de dicha concepción dualista del
hombre en los siglos vi y v a.C., de lo que se pueden aducir
elocuentes ejemplos literarios y epigráficos.27
Así pues, nos encontramos aquí frente a un elemento doc
trinal que habría de quedar asociado tradicionalmente con la
concepción helénica del hombre, y que, bajo el decisivo em
puje recibido por parte del platonismo, pasaría a formar parte
de las constantes culturales de Occidente. Se trata, como ya
hemos anunciado, de la concepción del hombre como un con
glomerado de dos componentes: el cuerpo, de origen terreno,
que acoge temporalmente en su seno al alma, de origen celes
te. Dicho enlace se disuelve cuando el alma abandona la pe-
sada envoltura corpórea, que es reabsorbida por la tierra, y
emprende el vuelo hacia lo alto para reunirse con el éter in
mortal, su fuente y destino final. Ahora bien, pese a la con
siderable antigüedad que, como vimos, se debe atribuir a la
concepción pneumática del alma y a la doctrina de la cíclica
fusión y separación de dos elementos heterogéneos (cuerpo/
alma) operada en el hombre individual, su presencia registró
un notable incremento a partir de la segunda mitad del siglo
v a.C., hecho que se puede poner en relación con la creciente
difusión de la enseñanza pitagórica, emanada desde el sur de
Italia, hacia la parte oriental del mundo griego (incluida Ate
nas), a donde la habrían llevado los prófugos supervivientes
de las matanzas perpetradas en contra de las fraternidades pi
tágoricas por parte de las facciones contrarias a su hegemonía
política en las ciudades de la Magna Grecia.
Petelia (Orph. 1 B 17, 6 s. D.-K.): efipe›n: ÑG∞w pa›w efimi ka‹ OÈranoË ésterÒentow, /
aÈtår §mo‹ g°now oÈrãnion: ktl.É
27
Entre los testimonios literarios, cabe resaltar Eur. fr. 839 Kann. vv. 8 ss.:
xvre› dÉ Ùp¤sv / tå m¢n §k ga¤aw fÊntÉ efiw ga›an, / tå dÉ épÉ afiyer¤ou blastÒnta gon∞w /
efiw oÈrãnion pãlin ∑lye pÒlon. Por otro lado, resulta obligado citar aquí la famosa
inscripción (sobre la cual véase E. Rohde, Psyche, vol. II, p. 258, n. 2) en honor de
los atenienses caídos en Potidea en 432 a.C. (C.I.A. 1, 442; ahora en P. A. Hansen
[ed.], Carmina epigraphica Graeca saeculorum viii-v a. Chr. n., Berolini-Novi
Eboraci 1983, 10, 6): afiy¢r m¢n fsuxåw Íped°xsato, sÒ[mata d¢ xyÒn] tÒnde.
5/6/08 13:43:52
Pagina 20
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)En vista de la extensa especulación sobre el alma documen
tada para los pitagóricos, no resultará en absoluto extraño
constatar que algunas de las primeras formulaciones explícitas
de la asociación del alma con las funciones intelectivas se
hayan producido también en el ambiente pitagórico magnogreco. En efecto, según los testimonios que hemos presentado
arriba, los pitagóricos pensaban que el alma individual, en
cuanto fragmento inmortal del alma cósmica, estaba dotada
de la capacidad de transmigrar de uno a otro cuerpo, es de
cir, era la portadora de la energía vital que animaba a éste.
Sin embargo, más aún que una mera chispa divina dadora
de vida, el alma era aparentemente concebida por Pitágoras
y sus seguidores como la sede de capacidades de orden más
propiamente intelectual, pues de acuerdo ya con los testimo
nios más antiguos sería en ésta donde se almacenarían los
conocimientos adquiridos a lo largo de las sucesivas reen
carnaciones, en especial de los personajes meritorios, quie
nes tendrían acceso a dicho caudal de saber acumulativo a
través del ejercicio de la énãmnhsiw.28 Asimismo, a conse
cuencia también de la doctrina de la metempsícosis, el alma
parece haber sido concebida nada menos que como la fuen
te de la identidad personal, al grado de llevar consigo los
rasgos caracterizantes que permiten reconocer al individuo pese
Hay un probable testimonio de esto en un fragmento de Empédocles, trans
mitido en las biografías de Pitágoras escritas por los neo-platónicos Porfirio y
Jámblico, que describe las capacidades intelectivas extraordinarias de una figura
veneranda identificada por ellos como Pitágoras, poniendo énfasis en su “riqueza
de ingenio” y en su capacidad de ver cada una de las cosas en el lapso de sus
“diez y veinte vidas humanas” (Emp. 31 B 129 D.-K.): ∑n d° tiw §n ke¤noisin énØr
28
peri≈sia efid≈w, / ˘w dØ mÆkiston prap¤dvn §ktÆsato ploËton, / panto¤vn te mãlista
sof«n <tÉ> §piÆranow ¶rgvn: / ıppÒte går pãshisin Ùr°jaito prap¤dessin, / =e›É ˜ ge t«n
ˆntvn pãntvn leÊssesken ßkaston / ka¤ te d°kÉ ényr≈pvn ka¤ tÉ e‡kosin afi≈nessin.
5/6/08 13:43:52
Pagina 21
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)a encontrarse bajo una forma física inesperada, en virtud del
continuo cambio de cuerpo a que está sujeto.29
Por otro lado, también la antigua concepción del alma pneu
mática muestra claras connotaciones intelectuales en otros pre
socráticos, sobre todo a partir de Anaxímenes, para quien el
aire, en tanto substrato de todas las cosas, desempeña a nivel
cósmico las mismas funciones que el alma individual en cada
persona, es decir, es responsable de la cohesión y organización
del todo. Se trata, en efecto, de un principio vital que, a más
de imprimir el impulso motriz a la materia, contiene simultá
neamente la capacidad de dar lugar a una disposición ordenada
de las cosas, de integrarlas en un cosmos. Esto concuerda ple
namente con la concepción que vimos propia del pitagorismo
antiguo, según la cual, al final de la progresión cosmogónica
que conduce de los números (surgidos de la interacción entre
el “Uno” — o “mónada”— y la “Díada” indeterminada) a los
“cuatro elementos” (fuego, agua, tierra, aire), aparece un
cosmos animado (¶mcuxow) y dotado de intelecto (noerÒw).30
Asimismo, la especulación pitagórica acerca de los números
como principio de todas las cosas del universo desembocó en
la veneración especial de ciertas cifras, a las que atribuyeron
propiedades especiales: cabe destacar aquí el lugar especial
ocupado por el diez, denominado perfecto,31 cuya génesis se
visualizó en la adición de los cuatro primeros naturales (1 + 2
+ 3 + 4 = 10) y que, representado en forma figurada a través de
c∞foi, se convirtió en la llamada tetraktÊw, junto al p°ntalfa
29
Esto se puede inferir, en efecto, de la parodia que de Pitágoras hace Jenófa
nes en este fragmento (Xen. 21 B 7 D.-K.): ka¤ pot° min stufelizom°nou skÊlakow
pariÒnta / fas‹n §poikt›rai ka‹ tÒde fãsyai ¶pow: / ÑpaËsai mhd¢ ῤãpizÉ, §pe‹ ∑ f¤lou
én°row §st¤n / cuxÆ, tØn ¶gnvn fyegjam°nhw é¤vnÉ.
Véase Diog. Laert. VIII 24-33 (= Pyth. Schule 58 B 1a D.-K.), citado arriba
en el texto.
31
Entre los abundantes testimonios acerca de la veneración del diez entre los
pitagóricos cabe destacar un detallado pasaje de los Theolog. Arithm., p. 74, 10
(= Philol. 44 A 13 D.-K.), así como el fragmento Philol. 44 B 11 D.-K.
5/6/08 13:43:53
Pagina 22
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)o pentãgrammon uno de los símbolos más importantes de los
pitagóricos.32 En efecto, el 4, que como vimos era en potencia
también el 10, se convirtió en el eje de un simbolismo que,
consagrado en el máximo juramento de los pitagóricos,33 iden
tifica la tetraktÊw con la “fuente de la naturaleza perenne” y
asocia asimismo el 4 con el alma, en cuanto estaría compuesta
justamente por una tétrada: noËw, §pistÆmh, dÒja, a‡syhsiw.34
Estos cuatro elementos del alma, por su parte, a más de ser la
fuente de todas las artes y ciencias, lo serían también de �������
la ra-
35
cionalidad misma del hombre. Por lo tanto, al parecer tene
mos aquí ya plenamente desarrollada la concepción según la
cual el alma tiene a su cargo todas las funciones psíquicas e
intelectivas del organismo vivo, pluralidad operativa que, desde el punto de vista antiguo, se explica hablando de “partes del
alma”. Según ésta concepción, en efecto, el alma se instala en
el cuerpo, que de otro modo estaría inerte, y una vez dentro
de éste desempeña múltiples papeles, pues a más de proveer la
chispa vital que lo impulsa, monopoliza y controla también
la producción de todos los impulsos más propiamente psíqui
cos, como las pasiones, los afectos y la sensación, e incluso
las funciones intelectivas, como el raciocinio y la adquisición
del conocimiento.
Así pues, a partir de las consideraciones anteriores, estamos
ahora en posición de señalar un claro vínculo entre las concep
32
El p°ntalfa o pentãgrammon es la estrella de cinco puntas, que parece haber
sido construida a partir de la prolongación de las diagonales de un pentágono regu
lar y fungió como una especie de ‘logotipo’ de la escuela pitagórica.
33
Cfr. Luc. de lapsu in sal. 5: efis‹ d¢ o„ ka‹ tØn tetraktÁn tÚn m°giston ˜rkon
aÈt«n, ∂n tÚn §ntel∞ aÈto›w ériymÚn épotele›n o‡<ontai tÚn> d°ka, Ígie¤aw érxØn §kãlesan: œn ka‹ FilÒlaow §st¤.
La tetrapartición del alma aquí descrita tiene un paralelo también pitagórico
en los cuatro principios del ser racional enunciados en Philol. 44 B 13 D.-K.
35
Aquí el testimonio más completo es Aët. I 3, 8 (D. 280) (= Pythag. Schule 58
B 15 D.-K.), que por cierto transmite el juramento pitagórico en la siguiente forma:
34
oÈ må tÚn èmet°rai kefalçi paradÒnta tetraktÊn / pagån éenãou fÊsevw =¤zvmã tÉ
¶xousan —para los pasajes paralelos véanse las referencias indicadas por Diels-
Kranz ad loc.
5/6/08 13:43:53
Pagina 23
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)ciones del alma descritas anteriormente y la asociación, cons
tante en el pensamiento presocrático, entre el papel de subs
trato material o érxÆ asignado a una sola substancia, a la que
se atribuye justamente la función de dar el impulso motriz y la
vida y se designa a menudo con el preciso nombre de “alma”,
y el de ser ésta misma el principio inteligente de organización
de las cosas, responsable de controlar todo y de disponer cada
elemento en su justo sitio, dando lugar a un cosmos.
Ahora bien, en vista de la difusión que dicha concepción
hilozoísta parece haber alcanzado en el pensamiento preso
crático, es natural esperar que la asociación arriba descrita
estuviera presente también en otros autores del mismo perío
do, situación que de hecho se verifica con especial flagrancia
nada menos que en Heráclito, cuyo sistema de pensamiento
exhibe una particular mezcla de racionalismo y misticismo en
buena parte comparable a la del pitagorismo. Es bien conoci
do, en efecto, que el filósofo de Éfeso, tras haber señalado en
el fuego el substrato material del todo, colocó a dicha érxÆ
en el centro de un complejo ciclo de transformaciones que, sin
embargo, obedecen a una ley inexorable y perfectamente re
gular.36 Más aún, Heráclito ve en la vida, tanto a nivel cósmi
co como a escala humana, un juego de fuerzas contrarias que
entablan una lucha incesante por prevalecer una sobre la otra,
según un principio que atinadamente equiparaba al modelo de
la guerra,37 confrontación que veía más precisamente sujeta
a un equilibrio, ciertamente dinámico pero aun así contenido
dentro de límites precisos, en donde nada rebasa su justa me
dida.38
36
Cfr. Arist. Metaph. A 3, 984a 7 (= Hipp. 18 A 7 D.-K.) y Simpl. Phys. 23, 33
(Heraclit. 22 A 5 D.-K.).
37
Cfr. Heraclit. 22 B 53 D.-K.: PÒlemow pãntvn m¢n patÆr §sti, pãntvn d¢ basileÊw, ka‹ toÁw m¢n yeoÁw ¶deije toÁw d¢ ényr≈pouw, toÁw m¢n doÊlouw §po¤hse toÁw d¢
§leuy°rouw, y Heraclit. 22 B 80 D.-K.: efid°nai d¢ xrØ tÚn pÒlemon §Ònta junÒn, ka‹
d¤khn ¶rin, ka‹ ginÒmena pãnta katÉ ¶rin ka‹ xre≈n.
38
Cfr. Heraclit. 22 B 94 D.-K.: ÜHliow går oÈx ÍperbÆsetai m°tra: efi d¢ mÆ, ÉErinÊew min D¤khw §p¤kouroi §jeurÆsousin.
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Pagina 24
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)Así pues, el todo según Heráclito es la manifestación de un
orden preciso y está animado por una vitalidad cuyo símbolo
es el fuego eterno, pero en virtud de ese mismo orden está tam
bién sujeto a un ciclo de encendido y apagado por medidas,39
en que el fuego funciona ni más ni menos como el sustrato
o principio de trueque a partir del cual y hacia el cual todos
los demás componentes del mundo, que se miden justamen
te con base en él,40 cambian según una proporción fija. Con
todo, las transformaciones que tienen lugar en este proceso
están perfectamente definidas y se insertan en un ciclo preci
so, sucediéndose ahí en un orden y verificándose con cuotas
absolutamente regulares:41 más aún, las mutaciones o tropa¤
del fuego siguen una dirección determinada y luego, tras al
canzar el límite máximo en un sentido, invierten la marcha y
toman el mismo camino pero en sentido opuesto, pues, según
el propio Heráclito, la “vía ascendente y descendente es una y
la misma”.42 Así, a través de la infalible compensación de una
transformación ocurrida en un sentido con su inversa en senti
do opuesto, se regresa siempre al estado original de equilibrio y
se mantiene constante el orden del mundo, de modo que aquél
“reposa mientras se transforma”.43 Así pues, los fragmentos
de Heráclito parecen proyectar un panorama en que, en virtud de
un ciclo recurrente, una vez concluido todo el proceso cada
cosa vuelve a su punto de partida: el equilibrio original queda
así siempre restablecido en virtud de la semejanza que dicha
39
Heraclit. 22 B 30 D.-K.: kÒsmon tÒnde, tÚn aÈtÚn èpãntvn, oÎte tiw ye«n oÎte
ényr≈pvn §po¤hsen, éllÉ ∑n ée‹ ka‹ ¶stin ka‹ ¶stai pËr ée¤zvon, èptÒmenon m°tra ka‹
éposbennÊmenon m°tra —cfr. Heraclit. 22 B 31 D.-K. (en una nota posterior).
Heraclit. 22 B 90 D.-K.: purÒw te éntamoibØ tå pãnta ka‹ pËr èpãntvn ˜kvsper
xrusoË xrÆmata ka‹ xrhmãtvn xrusÒw.
40
Cfr. Heraclit. 22 B 31 D.-K.: purÚw tropa‹ pr«ton yãlassa, yalãsshw d¢ tÚ m¢n
¥misu g∞, tÚ d¢ ¥misu prhstÆr [...] <g∞> yãlassa diax°etai, ka‹ metr°etai efiw tÚn aÈtÚn
lÒgon, ıko›ow prÒsyen ∑n µ gen°syai g∞.
41
Heraclit. 22 B 60 D.-K.: ıdÚw ênv kãtv m¤a ka‹ …utÆ.
Es así como Plotino refiere la intuición de Heráclito en Enn. IV 8, 1 (= Hera
clit. 22 B 84a D.-K.): metabãllon énapaÊetai.
42
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Pagina 25
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)transformación cíclica guarda con la circunferencia, en que
“el principio y el fin coinciden”.44 Por consiguiente, todas las
alteraciones se contrarrestan mutuamente y apuntan al mante
nimiento del orden, sin el cual el cosmos no sería más que “un
montón de cosas regadas al azar”.45
En consideración de lo anterior, se impone la conclusión de
que, a los ojos de Heráclito, detrás del perenne conflicto que
enfrenta a los opuestos, el todo constituye un conjunto organi
zado y perfectamente equilibrado en el que la palabra clave es
el orden, un orden que se identifica por cierto con el proyecto
implícito en el substrato material, el fuego eterno, que es tam
bién el motor fundamental de todas las cosas. Dicho substrato
es identificable, además, con el principio inteligente o LÒgow,
el cual constituye en el sistema de Heráclito una ley universal
que controla el desarrollo y, llegado el momento, el final de
todo. En efecto, el mismo fuego justiciero que dicta el desti
no último del mundo a través de la §kpÊrvsiw, es también el
responsable de su ordenamiento o disposición cósmica, de lo
cual nos da testimonio un comentario sobre algunos fragmen
tos de Heráclito que capta con bastante fidelidad el espíritu de
su doctrina:
L°gei d¢ ka‹ toË kÒsmou kr¤sin ka‹ pãntvn t«n §n aÈt«i diå purÚw
g¤nesyai l°gvn oÏtvw: tå d¢ pãnta ofiak¤zei KeraunÒw, tout°sti kateuyÊnei, keraunÚn tÚ pËr l°gvn tÚ afi≈nion. L°gei d¢ ka‹ frÒnimon
toËto e‰nai tÚ pËr ka‹ t∞w dioikÆsevw t«n ˜lvn a‡tion: kale› d¢
aÈtÚ xrhsmosÊnhn ka‹ kÒron: xrhsmosÊnh d° §stin ≤ diakÒsmhsiw
katÉ aÈtÒn, ≤ d¢ §kpÊrvsiw kÒrow. pãnta gãr, fhs¤, tÚ pËr §pelyÚn
krine› ka‹ katalÆcetai.
Sostiene que el juicio del mundo y de todo lo que hay en él tiene
lugar a través del fuego, expresándolo de este modo: “El Rayo
timonea todas las cosas”, esto es, las dirige, llamando ‘rayo’ al
44
45
Heraclit. 22 B 103 D.-K.: junÚn går érxØ ka‹ p°raw §p‹ kÊklou perifere¤aw.
Heraclit. 22 B 124 D.-K.: Àsper sãrma efik∞ kexum°nvn ı kãllistow, fhs‹n ÑHrã-
kleitow, [ı] kÒsmow.
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Pagina 26
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)fuego eterno. Sostiene también que dicho fuego tiene entendi
miento y es responsable de gobernar el todo. No obstante, lo
llama “menester y saciedad”: según él, ‘menester’ sería la dispo
sición ordenada del mundo, mientras que ‘saciedad’ sería la con
flagración. Dice, en efecto, que “el fuego vendrá a juzgar y a
hacerse cargo de todo”.
(Hippol. IX, 10 = Heraclit. 22 B 63-66 D.-K.)
La facultad intelectiva reconocida al fuego por nuestro comen
tarista, aunada a la capacidad directiva que, según la metáfora
aparentemente acuñada por el propio Heráclito (ofiak¤zei: ‘ti
monea’), este filósofo atribuye expresamente a su principio,
delata la estrecha filiación del sistema del efesio con las con
cepciones de los pensadores que, según vimos, asociaron la
érxÆ material con la fuerza vital que anima a los seres y con
el plan racional que subyace a la organización del todo. Por
lo tanto, esto pone al fuego heracliteo en el mismo plano que
el aire de Anaxímenes en su papel de alma cósmica (que tam
bién aparece en las doctrinas pitagórica y órfica), en la medida
en que estamos autorizados a identificar en el fuego heracliteo
un proyecto inteligente, la fuente misma del orden del mundo.
Por otra parte, la identidad fuego = logos que se desprende de
la caracterización del fuego en el pasaje anterior como un ser
capaz de pensar, encuentra por cierto su confirmación en otros
reportes doxográficos sobre Heráclito, como el muy detallado
de Sexto Empírico, quien se refiere a la concepción del logos
en términos que corresponden enteramente a los aplicados al
fuego en el texto de arriba:
tÚn d¢ lÒgon kritØn t∞w élhye¤aw épofa¤netai oÈ tÚn ıpoiondÆpote,
éllå tÚn koinÚn ka‹ ye›on. T¤w dÉ §st‹n otow, suntÒmvw Ípodeikt°on:
ér°skei går t«i fusik«i tÚ peri°xon ≤mçw logikÒn te ¯n ka‹ fren∞
rew. […] toËton oÔn tÚn ye›on lÒgon kayÉ ÑHrãkleiton diÉ énapno∞w
spãsantew noero‹ ginÒmeya, ka‹ §n m¢n Ïpnoiw lhya›oi, katå d¢
¶gersin pãlin ¶mfronew: […] diå toÊtvn går =ht«w parastÆsaw
˜ti katå metoxØn toË ye¤ou lÒgou pãnta prãttom°n te ka‹ nooËmen
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)Ùl¤ga prosdiely∆n §pif°rei [sigue Heraclit. 22 B 2 D.-K. —véa
se abajo]. ≤ dÉ ¶stin oÈk êllo ti éllÉ §jÆghsiw toË trÒpou t∞w toË
pantÚw dioikÆsevw.
[Heráclito] revela como árbitro de la verdad no al logos cualquie
ra, sino al que es común y divino. Es preciso indicar de manera
sucinta la identidad de éste: la opinión de nuestro filósofo natu
ralista es que se trata de lo que nos envuelve, pues es racional
y dotado de juicio. […] Según Heráclito, al aspirar ese logos
divino a través de la respiración adquirimos la inteligencia, y en
los sueños la olvidamos, para volver a estar cuerdos al despertar.
[…] Tras haber mostrado perspicuamente con estas palabras46
que todo lo hacemos y pensamos por participación del logos
divino, y tras haber expuesto algunas pocas cosas más, agrega:
[…].47 Ésta [i.e. la frÒnhsiw] no es más que una explicación del
modo en que es gobernado el mundo.
(Sext. adv. math. VII 127-133 = Heraclit. 22 A 16 D.-K.)
De la consideración de los dos pasajes arriba citados, donde
el carácter racional (frÒnimon � logikÒn ... ka‹ fren∞rew) y la
capacidad de gobernar el todo (t∞w dioikÆsevw t«n ˜lvn � t∞w
toË pantÚw dioikÆsevw) se atribuyen por igual al fuego y al
logos, parece poder establecerse sin lugar a dudas la ecuación
fuego = logos.48 Por otra parte, en el hecho de que el logos sea
concebido como una substancia dotada de razón que nos ro
dea y cuyo entendimiento se transfiere a los seres individuales
justamente a través del mecanismo de la respiración, tenemos
Se refiere al trozo que omitimos en nuestro texto, que cita Heraclit. 22 B 1
D.-K.: toË d¢ lÒgou toËdÉ §Òntow ée‹ éjÊnetoi g¤nontai ênyrvpoi ka‹ prÒsyen µ ékoË46
sai ka‹ ékoÊsantew tÚ pr«ton: ginom°nvn går pãntvn katå tÚn lÒgon tÒnde épe¤roisin
§o¤kasi, ktl.
47
En este punto cita Heraclit. 22 B 2 D.-K., que transcribimos y traducimos
más abajo en el texto.
48
Así opinan W. K. C. Guthrie, A History of Greek Philosophy, Cambridge
1962, vol. I, p. 432; y G. R. S. Kirk, Heraclitus: the Cosmic Fragments, Cam
bridge 1954, p. 396: “Unchanged fire is the most active kind of matter and in its
purest form or aither (so we may conjecture) it possesses directive capacity, it is
the embodiment of the Logos … and it is wise”.
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)un paralelismo insoslayable para la animación cósmica e in
dividual destacada arriba en las cosmogonías presocráticas de
Anaxímenes, Pitágoras, Diógenes de Apolonia y los órficos.
Por consiguiente, parece perfectamente legítimo establecer para
el sistema de pensamiento de Heráclito la equivalencia tripar
tita fuego = logos = alma. En efecto, que Heráclito concebía el
alma como idéntica al substrato ígneo de donde surgen todas
las cosas y a donde éstas regresan finalmente al disolverse en
la §kpÊrvsiw, queda plenamente confirmado por pasajes como
los siguientes, en que los términos ‘fuego’ y ‘alma’ resultan
intercambiables:
cux∞isin yãnatow Ïdvr gen°syai, Ïdati d¢ yãnatow g∞n gen°syai,
§k g∞w d¢ Ïdvr g¤netai, §j Ïdatow d¢ cuxÆ.
La muerte para las almas es convertirse en agua, para el agua la
muerte es convertirse en tierra, de la tierra surge el agua y del
agua el alma.
(Heraclit. 22 B 36 D.-K.)
Con el empleo de la palabra ‘alma’ en este contexto, donde apa-
rece insertada expresamente en un proceso físico de metamor
fosis sucesivas en las que el trastrocamiento de una substancia
anterior en otra nueva conlleva la ‘muerte’ o disolución de la
primera,49 cabe comparar en especial otro fragmento de He
ráclito que describe el ciclo de las tropa¤ o mutaciones del
fuego:50
La concepción del alma que se disuelve al volverse más húmeda se atribuye
de nuevo a Heráclito en Numen. fr. 35 Thedinga, apud Porphyr. antr. nymph. 10:
49
˜yen ka‹ ÑHrãkleiton cux∞isi fãnai t°rcin µ yãnaton Ígr∞isi gen°syai. t°rcin d¢
e‰nai aÈta›w tØn efiw g°nesin pt«sin. éllaxoË d¢ fãnai z∞n ≤mçw tÚn §ke¤nvn yãnaton
ka‹ z∞n §ke¤naw tÚn ≤m°teron yãnaton.
50
Acerca del mismo ciclo de transformaciones nos informa una serie de pará
frasis, que reproducen con mayor o menor exactitud la concepción de Heráclito.
Cfr. Maxim. Tyr. XII 4 p. 489: z∞i pËr tÚn g∞w yãnaton ka‹ éØr z∞i tÚn purÚw yãnaton, Ïdvr z∞i tÚn é°row yãnaton, g∞ tÚn Ïdatow. Plut. de E ap. Delph. 18. 392c: purÚw
yãnatow é°ri g°nesiw, ka‹ é°row yãnatow Ïdati g°nesiw. Marc. Anton. IV 46: ˜ti g∞w yãnatow Ïdvr gen°syai ka‹ Ïdatow yãnatow é°ra gen°syai ka‹ é°row pËr ka‹ ¶mpalin.
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Pagina 29
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)purÚw tropa‹ pr«ton yãlassa, yalãsshw d¢ tÚ m¢n ¥misu g∞, tÚ d¢
¥misu prhstÆr.
Las mutaciones del fuego: primero mar, del mar la mitad se con
vierte en tierra, la mitad se vuelve incandescente.
(Heraclit. 22 B 31 D.-K.)51
En especial, Heráclito parece haber insistido, enfocándola
desde diferentes perspectivas, en la conversión del agua/mar
en fuego/alma, con la salvedad de que parece haber aplicado a
esta última el nombre de énayum¤asiw,52 término que la define
por cierto como una exhalación caliente y seca, presumible
mente por parecerle esta condición, con todo y que tiene en el
agua su punto de partida, la única congruente con la naturaleza
ígnea de su principio.53 Aristóteles, por su parte, en un recorri
do por las diferentes concepciones del alma sostenidas por los
pensadores antiguos, confirma la interpretación anterior de la
doctrina de Heráclito, en el sentido de que el alma, visualiza
da como una exhalación caliente o énayum¤asiw, sería la érxÆ
dotada de eterno movimiento que constituye la base de todas
las cosas.54 Adicionalmente, hay, testimonios que establecen
una conexión entre la énayum¤asiw cósmica en calidad de alma
universal resultante de la mutación en fuego de la humedad que
hay en el mundo y la correspondiente énayum¤asiw particular
Nuestra fuente en este caso es, como para muchos otros fragmentos de Herá
clito, Clemente de Alejandría (V 105 [II 396, 13]), quien glosa del siguiente modo
el pensamiento del efesio: dunãmei går l°gei ˜ti tÚ pËr ÍpÚ toË dioikoËntow lÒgou ka‹
51
yeoË tå sÊmpanta diÉ é°row tr°petai efiw ÍgrÚn tÚ …w sp°rma t∞w diakosmÆsevw, ˘ kale›
yãlassan, §k d¢ toÊtou aÔyiw g¤netai g∞ ka‹ oÈranÚw ka‹ tå §mperiexÒmena.
52
Léase al respecto Heraclit. 22 B 12 D.-K.: ZÆnvn tØn cuxØn l°gei afisyhtikØn
énayum¤asin, kayãper ÑHrãkleitow: boulÒmenow går §mfan¤sai, ˜ti afl cuxa‹ énayu
mi≈menai noera‹ ée‹ g¤nontai, e‡kasen aÈtåw to›w potamo›w l°gvn oÏtvw: potamo›si
to›sin aÈto›sin §mba¤nousin ßtera ka‹ ßtera Ïdata §pirre›: ka‹ cuxa‹ d¢ épÚ t«n
Ígr«n énayumi«ntai(?).
53
Es indicativo de esta elección lexical el hecho de que énayum¤asiw se oponga
a étm¤w, que es una exhalación de vapor.
54
Arist. de an. 405a 24: ka‹ ÑHrãkleitow d¢ tØn érxØn e‰na¤ fhsi cuxÆn, e‡per tØn
énayum¤asin, §j ∏w tîlla sun¤sthsin: ka‹ ésvmat≈tatÒn te ka‹ =°on ée¤.
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Pagina 30
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)o alma individual, emparentada con el alma cósmica de la que
proviene y es fiel reflejo a escala.55 Por lo tanto, la concordan
cia de estos testimonios con los fragmentos de Heráclito arriba
citados demuestra de manera virtualmente incontrovertible
que en el lenguaje de este pensador pËr y cuxÆ resultan ser
simplemente dos términos para designar una misma realidad
conceptual, pues ambos son aplicables indistintamente al subs
trato primigenio que da origen a todo y en el que al final todo
se disuelve, atravesando por una serie de transformaciones
rigurosamente codificadas. Por otro lado, según señalamos
ya, la identificación de uno y otra con el lÒgow se desprende
netamente de la atribución al fuego de un carácter racional y
de la concepción del lÒgow como un alma cósmica que nos
envuelve y de la que recibimos la inteligencia a través de la
respiración.
Estamos, en suma, ante una muestra indiscutible de la carac
terística indiferenciación presocrática entre material y espi
ritual, misma que señalamos antes a propósito de otros pen
sadores arcaicos, la cual aparece en la doctrina de Heráclito
asociada con otra concepción muy difundida en el pensamiento
griego antiguo. En efecto, según hemos podido señalar arriba a
propósito de diferentes doctrinas presocráticas, una constante
de las cosmogonías antiguas era el establecimiento de un pa
ralelismo entre el universo y el individuo. A partir de aquí se
especulaba que así como hay una substancia impalpable que
nos rodea y que absorbemos al interior de nuestro cuerpo al
respirar, recibiendo de ella la fuerza vital junto con la capaci
dad de pensar (o inteligencia), así también hay una substancia
que abraza al cosmos (tÚ peri°xon), constituida de la forma más
55
Esto se puede inferir de testimonios como los agrupados bajo Heraclit. 22 A
15 D.-K., esto es Macrob. Somn. Scip. 14, 19: (animam) Heraclitus physicus scintillam stellaris essentiae; y Aët. IV 3, 12 (D. 389): ÑHrãkleitow tØn m¢n toË kÒsmou
cuxØn énayum¤asin §k t«n §n aÈt«i Ígr«n, tØn d¢ §n to›w z≈ioiw épÚ t∞w §ktÚw ka‹ t∞w
§n aÈto›w énayumiãsevw, ımogen∞.
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Pagina 31
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)pura de la materia o, más precisamente, del residuo de la érxÆ
primigenia, fuente eterna (es decir, divina) de la vida cósmica
y sede del principio inteligente que gobierna todas las cosas.
Esto fue reconocido ya por Aristóteles en la Física, en el marco
de su exposición acerca de las categorías fundamentales de la
ciencia que se ocupa de la naturaleza (es decir, la ‘física’), don
de destaca que la especulación acerca de tÚ êpeiron es común
a la mayor parte de los presocráticos, quienes identificaron en
éste el origen del todo.56 Un poco más adelante, el Estagirita se
refiere con mayor precisión a dicha concepción presocrática de
la érxÆ ilimitada (o infinita), la cual, según nos informa, habría
sido vista por los filósofos naturalistas antiguos como un ser
divino, esto es, inmortal e incorruptible, que abarca o envuelve
todo y que todo controla.57 Sobre este aspecto encontramos
una confirmación puntual en varios fragmentos de Heráclito,
que nos hablan de un principio racional que tiene a su cargo la
dirección de todo y del que los hombres toman prestada la ca
pacidad de pensar, la cual es por lo tanto la misma para todos,
aunque sin ser propia de ninguno, pues su fuente está en el
ye›ow lÒgow del que todo mundo participa. Éste, en efecto,
parece ser el sentido que con mayor probabilidad se puede
atribuir al fragmento identificado como el exordio del escrito
de Heráclito,58 donde echa en cara a los hombres su carencia de
entendimiento antes y después de haber escuchado el lÒgow, por
lo que obran sin tener conciencia de lo que hacen, sometidos al
imperio de dicha ley que controla todo. De ahí que el filósofo
56
Arist. Phys. 203a 1: shme›on dÉ ˜ti taÊthw t∞w §pistÆmhw ofike¤a ≤ yevr¤a ≤ per‹
aÈtoË: pãntew går ofl dokoËntew éjiolÒgvw ∏fyai t∞w toiaÊthw f ilosof¤aw pepo¤hntai
lÒgon per‹ toË épe¤rou, ka‹ pãntew …w érxÆn tina tiy°asi t«n ˆntvn, ofl m°n, Àsper ofl
PuyagÒreioi ka‹ Plãtvn, kayÉ aÍtÒ, ktl.
Arist. Phys. 203b 10-14: diÒ, kayãper l°gomen, oÈ taÊthw érxÆ, éllÉ aÏth t«n
êllvn e‰nai doke› ka‹ peri°xein ëpanta ka‹ pãnta kubernçn, Àw fasin ˜soi mØ poioËsi
parå tÚ êpeiron êllaw afit¤aw, oÂon noËn µ f il¤an: ka‹ toËtÉ e‰nai tÚ ye›on: éyãnaton
går ka‹ én≈leyron, Àsper fhs‹n ÉAnaj¤mandrow ka‹ ofl ple›stoi t«n fusiolÒgvn.
57
58
Heraclit. 22 B 1 D.-K.
5/6/08 13:43:57
Pagina 32
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)de Éfeso fustigue en otro fragmento a la masa, que se engaña
creyendo que piensa autónomamente, sin percatarse de que
sólo en función del junÚw lÒgow le es otorgada dicha facultad
de pensar:
diÚ de› ßpesyai t«i <jun«i, tout°sti t«i> koin«i: junÚw går ı koinÒw. toË lÒgou dÉ §Òntow junoË z≈ousin ofl pollo‹ …w fid¤an ¶xontew
frÒnhsin.
Por ello se debe seguir a lo que es común [junÒw = koinÒw]. Con
todo, aunque el logos sea común, la muchedumbre vive como si
tuviera un pensamiento propio.
(Heraclit. 22 B 2 D.-K.)
Sin embargo, al igual que gran parte de las enseñanzas del
efesio, también esta doctrina heraclitea del origen común de
todo pensamiento en el lÒgow universal trae implícita una con
secuencia paradójica o cuando menos imprevisible en un pri
mer acercamiento. En efecto, una serie de reportes doxográ
ficos nos transmite una opinión de Heráclito según la cual el
hombre carece por naturaleza de razón, la cual se encontraría
solamente en la substancia que lo envuelve, que es de natura
leza divina.59 Se trata, a todas luces, de la versión heraclitea
de una antigua y difundida concepción poética,60 cuyas raíces
se remontan a la épica, según la cual el conocimiento verda
dero es monopolio de los dioses, mientras que los hombres
son criaturas que “no saben nada”, sujetas a la voluntad de
aquéllos.61 Es sin duda en apego a esta noción arcaica que en
Esto se deduce del testimonio de Sext. adv. math. VIII 286: ka‹ mØn =ht«w
ı ÑHrãkleitÒw fhsi tÚ mØ e‰nai logikÚn tÚn ênyrvpon, mÒnon dÉ Ípãrxein fren∞rew tÚ
peri°xon, y del de Apoll. Tyan. Ep. 18: ÑHrãkleitow ı fusikÚw êlogon e‰nai katå
fÊsin ¶fhse tÚn ênyrvpon.
60
Cfr. en particular Heraclit. 22 B 78 D.-K.: ∑yow går ényr≈peion m¢n oÈk ¶xei
gn≈maw, ye›on d¢ ¶xei.
59
61
La concepción de la mutabilidad y de la falibilidad humanas, eficazmente
expresadas en los términos §fÆmerow y émÆxanow/émhxan¤a, que marcan un neto con
traste con la omnipotencia y la eternidad divinas, es un lugar común bien conocido
de la poesía griega arcaica, sobre el cual conviene remitir a la brillante exposición
5/6/08 13:43:58
Pagina 33
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)los fragmentos heracliteos una y otra vez sale a flote la idea de
que los hombres son semejantes a personas que duermen y, por
ende, no cobran conciencia de (“olvidan”) lo que les pasa,62 o
bien que estando despiertos viven en un mundo común, mien
tras que al dormirse cada quien se retira al suyo propio.63 Es
posible, además, que Heráclito haya conectado la concepción
tradicional apenas mencionada, según la cual las facultades
cognoscitivas humanas serían sumamente limitadas en com
paración con la capacidad divina de abarcar todo el saber sin
esfuerzo alguno, con la dimensión cósmica del alma, concebida ésta como el principio inteligente de organización del uni
verso, en el siguiente fragmento:
cux∞w pe¤rata [fi∆n] oÈk ín §jeÊroi ı pçsan §piporeuÒmenow ıdÒn:
oÏtv bayÁn lÒgon ¶xei.
Aquél que recorre todos los caminos no podría descubrir [a me
dida que avanza] los límites del alma, pues ésta posee un logos
tan profundo.64
(Heraclit. 22 B 45 D.-K.)
Es natural, en efecto, que Heráclito, quien reprocha severa
mente de carencia de razón incluso a intelectuales notables
que el vulgo considera sus autoridades, condenando expre
samente el método acumulativo del saber que aquéllos prac
tican, consistente en una multiplicación de las pesquisas por
por parte de H. Fränkel, “efhmeros als Kennwort für die menschliche Natur”, en
Wege und Formen frühgriechischen Denkens, München 19551; 19602, pp. 23-39.
62
Cfr. el final de Heraclit. 22 B 1 D.-K.: toÁw d¢ êllouw ényr≈pouw lanyãnei
ıkÒsa §gery°ntew poioËsin, ˜kvsper ıkÒsa eÏdontew §pilanyãnontai.
63
Heraclit. 22 B 89 D.-K.: ı ÑHrãkleitÒw fhsi to›w §grhgorÒsin ßna ka‹ koinÚn
kÒsmon e‰nai, t«n d¢ koimvm°nvn ßkaston efiw ‡dion épostr°fesyai.
64
Para el texto y la interpretación del fragmento, que difieren de lo que ofrecen
Diels-Kranz y otros intérpretes, sigo la propuesta hecha por Gabor Betegh en su
ponencia “Heraclitus 22 B 45: Its Text and Interpretation”, presentada en el Secundum Symposium Heracliteum (UNAM, 23-26 de junio de 2006), que será incluida
en las Actas correspondientes (actualmente en prensa). Para el alma cósmica en
Heráclito se puede consultar también, del mismo autor, “Eschatology and Cosmology”, en M. M. Sassi (ed.), La costruzione del discorso filosofico nell’età dei
presocratici, Pisa, Edizioni della Normale, 2006.
5/6/08 13:43:58
Pagina 34
Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)las más diferentes vías,65 declarara inalcanzables por vía expe
rimental las fronteras del alma-cosmos, cuyo logos divino la
volvería inaccesible para las limitadas capacidades humanas.
Además, parece justificado poner en relación esta postura ne
gativa hacia la posibilidad del saber humano con la perentoria
exhortación del mismo Heráclito —contenida en el fragmento
Heraclit. 22 B 50 D.-K., que citamos al inicio de este trabajo— a reconocer la unicidad de la sabiduría, para lo cual éste
invoca expresamente la autoridad del lÒgow. Por otro lado, la
concepción de que hay una fuente única del saber, idéntica al
principio de organización que implanta el orden sobre la en-
gañosa multiplicidad visible, con énfasis particular en la natu
raleza eminentemente epistémica de dicho principio conduc
tor, aparece claramente expresada en este pasaje:
©n tÚ sofÒn, §p¤stasyai gn≈mhn, ıt°h §kub°rnhse pãnta diå pãntvn.
Una sola cosa es lo sabio, conocer el proyecto que gobierna todo
por todos los medios.
(Heraclit. 22 B 41 D.-K.)
En la misma línea de pensamiento parece colocarse un frag
mento como el siguiente, que asocia tÚ sofÒn con otra mani
festación singular, que es homónima de la divinidad suprema
que tiene en sus manos el control de todo:
©n tÚ sofÚn moËnon l°gesyai oÈk §y°lei ka‹ §y°lei ZhnÚw ˆnoma.
Una sola cosa, la única sabia, no quiere y sí quiere recibir el
nombre de Zeus.
(Heraclit. 22 B 32 D.-K.)
Con su postura exclusivista acerca del principio epistémico se
vincula también la descalificación, por parte de Heráclito, de
En Heraclit. 22 B 40 D.-K. se fustiga a Hesíodo, Pitágoras, Jenófanes y
Hecateo por su acumulación de conocimientos no basada en el reconocimiento
del dogma heracliteo de que tÚ sofÒn es ßn; en Heraclit. 22 B 42 D.-K. se denosta
severamente a Homero y Arquíloco; en Heraclit. 22 B 56 y 105 D.-K. se ridiculiza
la sabiduría de Homero y en Heraclit. 22 B 57 y 106 D.-K. la de Hesíodo.
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)todos los intentos anteriores por captar el sentido de la sabi
duría, de la que sólo él habría reconocido la posición especial:
ıkÒsvn lÒgouw ≥kousa, oÈde‹w éf ikne›tai §w toËto, Àste gin≈skein
˜ti sofÒn §sti pãntvn kexvrism°non.
De cuantos escuché los discursos, ninguno llega al grado de re
conocer que lo sabio es algo separado de todas las cosas.
(Heraclit. 22 B 108 D.-K.)
Por otro lado, frente a la afirmación categórica de la singulari
dad y de la posición autónoma y única de tÚ sofÒn, cuya natu
raleza divina y capacidad de control lo identifica como virtual
sinónimo del fuego/alma y del lÒgow, otros pasajes de Herá
clito enfocan el problema del origen del pensamiento desde
el punto de vista humano, sosteniendo que dicha facultad es
común a todos los hombres:
junÒn §sti pçsi tÚ fron°ein.
Es común para todos el pensar.
y en
(Heraclit. 22 B 113 D.-K.)
ényr≈poisi pçsi m°testi gin≈skein •vutoÁw ka‹ svfrone›n.
Todos los hombres participan del conocerse a sí mismos y del
ser sensatos.
(Heraclit. 22 B 116 D.-K.)
La atribución en estas sentencias de un alcance universal a la
facultad del frone›n (svfrone›n) y del gin≈skein (•vutoÊw), sin
embargo, crea un aparente contraste con lo que el propio Herá
clito afirmaba en algunos pasajes citados un poco antes, donde
planteaba más bien una situación de absoluta inalcanzabilidad
para la sabiduría única, tÚ sofÒn, que parece lícito identificar,
como vimos, con el principio inteligente que gobierna todo, el
lÒgow. La paradoja aparente que de ello resulta se desvanece,
no obstante, en cuanto se toma en consideración una decla
ración del propio Heráclito, citada más arriba, según la cual
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Bekijk in PDF(opent in een nieuw venster)“Aunque el logos sea común, la muchedumbre vive como
si tuviera un pensamiento propio” (Heraclit. 22 B 2 D.-K.).
En efecto, el logos, que en calidad de principio material se
manifiesta como fuego, es también el alma universal o subs-
trato común del que todo proviene y al que todo regresa, y
además el mismo que, junto con la vida, otorga a cada uno,
transitoriamente, la capacidad del pensamiento racional. La
inteligencia individual, pues, como señalábamos antes, sería
una suerte de préstamo temporal o participación pasajera en el
logos cósmico, porque según Heráclito todas las cosas vuel
ven, una vez cumplido su ciclo vital, al punto de donde sur
gieron, a la fuente común de todo.
Así pues, creemos haber mostrado en estas páginas cómo
en la doctrina de Heráclito, pese a su complejidad y aparente
oscuridad de lenguaje, se desarrolla enormemente la concep
ción epistémica del alma, pues asistimos por primera vez a
una diferenciación explícita, a nivel verbal, de las diferentes
funciones que, según todas las doctrinas presocráticas arri
ba consideradas, están englobadas en ella. Por otro lado, es
notable en Heráclito el énfasis especial en el logos, que redi
mensiona grandemente el enfoque antiguo hacia el alma como
depositaria del conocimiento. Cabe señalar, no obstante, la
persistencia en Heráclito de la indiferenciación entre material
y espiritual —un rasgo común a todo el pensamiento preso
crático, por cierto—, en virtud de la cual el substrato material
de los seres les transmite igualmente el impulso vital y, en
especial, la capacidad misma del discernimiento. Dicha postu
ra teórica, que tiene sin duda resabios de misticismo arcaico,
reaparece con diferentes matices en los sistemas elaborados
por pensadores presocráticos contemporáneos y posteriores,
incluso en los de aquellos que se propusieron construirlos so
bre fundamentos más rigurosamente lógicos. A estos sistemas,
sin embargo, cuyo número y complejidad es también conside
rable, dedicaremos una contribución sucesiva.
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