Pitagorismo y modernismo

Autor
Gullon, R.
Erschienen in
Estudios criticos sobre el Modernismo
Jahr
1968
Thema
ACTUALITY
Sprache
Español
Kategorie
C1 General
Archivnummer
863

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Volltext anzeigen13 Seiten

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361 Vayamos anotando estos nombres, porque una de las característiguro el viaje a Egipto y la iniciación en los misterios de este pueblo. cas del modernismo es la mezcla de ingredientes ideológicos de pro- Por eso conviene entender el nombre de Pitágoras como símbolo de cedencias diversas y de patrones adscritos a santorales distintos. No una actitud y de una escuela. La llamada escuela pitagórica tenía tanto siendo hombres de sistema, sino artistas enfrentados con una crisis de religiosa como de filosófica; la música, las matemáticas y los ejercicios gimnásticos eran la base de su pedagogía. Los pitagóricos crefan espiritual de insólitas proporciones, buscaron en el pasado confortación y orientación, sin negarse a nada: misticismo cristiano, orientalismo, en la inmortalidad y en la transmigración del alma y consideraban el iluminismo, teosofía, magia, hermetismo, ocultismo, cabalismo, alquinúmero como primer principio del universo, espíritu y sustancia de La nómina de doctrinas puede alargarse fácilmente, pues la todo y fundamento de la armonía, que es la concordancia de lo disinquietud modernista buscó por todas partes caminos de perfección cordante en una unidad superior. Hay una armonía cósmica determidiferentes de los impuestos por las ortodoxias predominantes. nada por los números, que no sólo rigen la musical o la arquitectónica mia... Dada la simultancidad con que se produjeron en el mundo occisino los movimientos del sol, la luna y las estrellas. El alma misma dental los fenómenos culturales constitutivos de lo llamado modernises armonía y el cuerpo prisión pasajera de la que cabe librarse memo o época modernista no puede sorprender que en Rusia como en diante contemplación, incorporándose a la sustancia del universo; Estados Unidos, en Uruguay como en Irlanda, platonismo y ocultistravés de sucesivas reencarnaciones la purificación se acendra hasta mo, numerología y magia se dieran de alta simultáneamente en las alcanzar la suma pureza. Es lógico que tal doctrina incitara a trasa vagas creencias y en las resplandecientes invenciones de los poetas. cender la realidad mediante experiencias místicas y oníricas a las que Con calificar estas actitudes de idealismo burgués no iremos muy lejos, muchos poetas se sienten temperamentalmente inclinados. Lo sustancial de la doctrina consistía en una concepción rítmica y en todo caso habría de incluirse a Pitágoras y a Platón entre esos del universo y de la vida que los modernistas no sólo aceptaron sino idealistas, convirtieron en idea central determinante de la creación poética. La poesía se les aparecía como articulación rítmica de intuiciones: el ritmo PITÁGORAS y la armonía que de él se derivan son claves de la belleza. Como es- Pitagorismo es palabra de alcance incierto; utilizada con referencia a la historia de las ideas toda cautela será poca. En relación con el modernismo el problema es menos complicado, pues no importa tanto el cuerpo de doctrinas llamado pitagorismo como la idea que de él tuvieran los poetas; interesa menos que esa idea sea inexacta o parcial, que averiguar si, equívoca o no, opera y se refleja en poemas, narraciones, estética... Que Pitágoras sea figura mítica, o casi mítica, de la que en realidad se sabe muy poco; que escribiera o no un libro sobre el número de oro, son datos de interés subalterno para mi procribió Octavio Paz: “las imágenes poéticas son las expresiones, las encarnaciones a un tiempo espirituales y sensibles, de ese ritmo cósmico plural y único” *, El pitagorismo fue visto como un sistema concebido para poner orden en el caos; los números son cifras mágicas que revelan (si acaso no ocultan) la significación secreta de las cosas. El interés por las doctrinas esotéricas y por las formas orientales de religiosidad, especialmente por el budismo, se manifestó de muchas maneras y en muchos lugares. En cuanto al budismo, ese interés se explica si se recuerda que la más obvia característica del modernismo era la negación del Dogma, de los dogmas, y que en el budismo ni pésito, Suele creerse que nacié en el siglo vi antes de Cristo, tal vez en los hay ni puede haberlos, por ser más una forma de vida que una Samos, tal vez en otra parte, Las “biografias” circulantes son puramente novelescas y no ofrecen ninguna garantía *. Ni siquiera es sevida serena de Pitágoras, Santiago de Chile, 1954, o Frangols Millepierres: Pitágoras, hijo de Apolo, Madrid, 1955. 4 He leído algunas en que se describe la vida de Pitágoras como si el 5 autor la hubiera vivido con él. Véanse, por ejemplo, Josefina Maynadé: La “El caracol y la sirena”, en Revista de la Universidad de México, diciembre 1964, p. 8.

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religiön. Ser budista es conducirse de suerte que el ciclo muerte-renacimiento-muerte-renacimiento se interrumpa y deje abierta la puerta estrecha por donde se entra al nirvana, que no es un paraiso sino un estado inefable de paz y serenidad, más allá de la vida y de la muerte, Esa interrupción se logra mediante un prolongado esfuerzo de la voluntad para aniquilar pasiones y deseos, haciendo de la vida antesala de la inmensa calma eterna a la que se quiere acceder. No hay lugar para la predestinación y el fatalismo; se vive para el futuro y el camino de perfección es áspero; cada desfallecimiento es una regresión y obliga a recomenzar la ascensión, renaciendo en otra envoltura. Ya vemos cómo estas creencias coinciden con lo sustancial de la doctrina pitagórica: el empeño por lograr la armonía, es decir, la perfección, y la seguridad de poder alcanzarla mediante la ascesis purificadora unió budismo y pitagorismo en la imaginación de los escritores. En 1845 Gérard de Nerval habia dicho en Vers dorés (amparado por una cita pitagórica) cómo en todas las cosas palpita el espíritu: Pitagorismo y modernismo .— 363 otro cuento de Rubén, la señorita Amelia se mantiene perennemente nina, invulnerable al tiempo que todo lo transforma? El mundo, lejos de parecerles cada dia mas explicable, les parecfa lleno de enigmas, y los grandes inventos, que Antonio Machado satirizaría con humor oscuro, no reducían el misterio ni en una partícula. La curiosidad por las ciencias ocultas, signo de la época, en Dario llegö a ser extremada, asi como en Valle Inclän, en quien el interés por el hermetismo y la numerologia le llevö a escribir La lémpara maravillosa, pequeño tratado de estética esotérica. Y la doctrina, o mas bien el nombre que mejor sintetiza estas actitudes, es la —o el— de Pitägoras. Que el pitagorismo sea una de las corrientes más profundas y reveladoras del modernismo es cosa fácil de comprobar: basta ver la frecuencia con que el nombre de Pitágoras o alusiones a sus doctrinas aparecen en la prosa y el verso de los escritores de entonces, desde Rubén Darío a Juan Ramón Jiménez, desde Antonio Machado a Leopoldo Lugones, pasando por los más esotéricos, don Ramón del Valle Respecte dans la béte un esprit agissant; Chaque fleur est une áme á la Nature éclose; Un mystére d'amour dans le métal repose; y casi a un siglo de distancia le haría eco Miguel de Unamuno al describir en los ojos del perro (“Al perro Remo”) el espíritu extraño y sobrecogedoramente afín que desde ellos le miraba. Víctor Hugo comunicaba con el más allá por medios pueriles y maravillosos y, a finales del siglo xıx, W. B. Yeats, miembro de la Sociedad Teosófica y de la cofradía ocultista The Golden Dawn, se ocupaba en establecer las correspondencias entre el mundo natural y el espiritual. Presencias singulares cercaban a los poetas. Poe había imaginado la experiencia del muerto-vivo, del Valdemar mantenido en la frontera de la muerte, ya cadáver y todavía pensante, por el poder del magnetismo. Leopoldo Lugones trajo a nuestras literaturas fuerzas misteriosas que Rubén Darío declaraba haber visto en acción. En las narraciones de ambos aparece lo fantástico y, a veces, la explícita condenación de la ciencia, como en el caso de “Fray Pedro”, de Dario, donde la muerte del protagonista es consecuencia de un experimento científico descrito como sacrilego. ¿Quién podría decir por qué, en Inclán y Julio Herrera y Reissig. Valle Inclán escribió numerosos poemas impregnados de ocultismo y reminiscencias mágicas. El pasajero es un libro paralelo en poesía a La lámpara maravillosa en estética, Según afirma en una de sus composiciones —“Rosaleda”— le fue revelado el secreto de “los números dorados” y, en consecuencia, el del verso pitagórico. En “La rosa del sol”, traspasado por el fuego de Apolo, inspirado por la geometría, se anima a cantar “el Pitagórico Yámbico, Dorado Número del Sol” (con derroche de mayúsculas) y en “Rosa métrica” fundía con el impulso erótico las alusiones a la geometría y al número celeste. Herrera y Reissig es acaso el más específicamente pitagórico de los modernistas, a quienes en Los peregrinos de piedra veía como “liras de la orquesta de Pitágoras”. En Los parques abandonados hay un soneto titulado “El abrazo pitagórico”, donde el problema de la dualidad en la unidad se resuelve de forma misteriosa y bella: Un rapto azul de amor, o Dios, quien sabe, nos sumó a modo de una doble ola, y en forma de “uno”, en una sombra sola, los dos crecimos en la noche grave...

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las palabras viejas Que esta corriente no la vieran ciertos criticos no es para extrañar a nadie, si se recuerda la limitaciön que muchos se impusieron al estudiar ese periodo de la historia del pensamiento y del arte, reduciéndose a los fenómenos de superficie. Las confusiones derivadas de incluir en los estudios literarios el concepto político-social llamado “generación del noventayocho”, han sido y siguen siendo grave obstáculo para la comprensión de la literatura contemporánea. Algunos poetas, como 365 que han de volver a sonar’, Las palabras viejas —y los grandes nombres— seguian sonando, y no es accidental la coincidencia de esos tres. El desco de la inmortalidad, si no la creencia en ella, y el imaginar como posible la reencarnaciòn, incliné a asociar almas del pasado entre las cuales parecian darse coincidencias, seres excepcionales a quienes se imaginaba vivien- Bacarisse en los años veinte y Octavio Paz recientemente, demostraron mejor sensibilidad y visión más penetrante, pero son excepciones y por eso destacan frente a la masa de comentaristas rutinarios *. a la meditación como en teoría pudiera exigirse, fue por dos razones: SÓCRATES, BUDA, CRISTO aceptado por amor al prójimo como modos de ascender en la escala de perfección no menos legítimos que la contemplación; la otra, ya la do el último instante del itinerario vital, aptos para participar en la beatitud suprema. Si por acaso no se trataba de figuras tan inclinadas la una, considerar ciertos tipos de acción redentora y de sufrimiento he indicado: el desinterés de los poetas por la coherencia lógica; es- La aceptación del pitagorismo —y del budismo— no excluyó en muchos casos la pervivencia de un cristianismo ideal unas veces manifestado como reminiscencia de la persona y la palabra de Jesús y miento. otras como aspiración a la fraternidad universal. En Antonio Machado tagórico en su raíz que no es ni más ni menos “el doble” de Antonio encontramos esta curiosa identificación entre Buda y Cristo, escalonada Machado, el crítico y maestro un tanto pedante a quien se reserva el significativamente en un poema, tras mencionar a Pitágoras: taban interesados —y eso les bastaba— en la coherencia del senti- Separándose de toda posición esotérica, Juan de Mairena, tan pipapel de exponer en prosa lo que el poeta no querría o no podría cantar, da testimonio de la inclinación epocal a agrupar ciertas figuras, Siembra la malva; aunque con su mezcla de buen sentido y rezagado positivismo, la juspero no la comas, dijo Pitágoras. tifique con otras razones. Pero no son ellas tan importantes como el Responde al hachazo, hecho de que la asociación se imponga y la mente reconozca las se- —ha dicho cl Buda jy el Cristo! — con tu aroma, como el sándalo. Bueno es recordar mejanzas: “reparemos —decía Mairena— en que la humanidad produce muy de tarde en tarde hombres profundos, quiero decir hombres que ven un poco más allá de sus narices (Buda, Sócrates, Cristo); los cuales no abusan nunca de la retórica, no predican nunca al conven6 Otra excepción es la del argentino Carlos Alberto Loprete, que señaló cómo “el refinamiento del gusto artístico se aparejaba en los poetas modernistas con una concepción metacientifica del mundo exterior. La literatura decadentista les había aproximado a ignotos mundos ocultos. Los maestros franceses de la llamada decadencia habían hecho menudear en sus páginas caravanas de seres malignos, excéntricos y hasta diabélicos”. (La literatura modernista en Argentina, Ed. Poscidón, Buenos Aires, p. 18.) Claro es que aquí y en las líneas siguientes de esta obra se plantea otro problema: la presencia en la literatura modernista de elementos reveladores de la tendencia a la desintegración y distorsión de la realidad característica del género llamado grotesco. cido, y son, por ello mismo, los únicos hombres que han tenido alguna virtud suasoria. Y esto es tan cierto que hasta pudiera probarse con números. Son hombres de buen gusto, dotados siempre de ironía, nunca pedantes —ni siquiera escriben—, rara vez a la moda y a los cuales, porque nunca pasaron, hay siempre que volver” *. O sea: ana7 “Proverbios y cantares, LXV”, Nuevas canciones, en Obras, Poesía y prosa, edición Albornoz de Torre, p. 263. Juan de Mairena, en ibidem, p. $81.

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367 logias en el espíritu y en la actitud les hacen parecerse: pertenecen a Han tomado sus medidas sor no se alejó del poeta tanto como en principio parecía. el corazón y la mente una estirpe de hombres que en ellos llegó a lo más excelso. El profe- Y menos se había alejado al situar a Sócrates y a Cristo como complementarios, coincidentes en reconoces Ja existencia del prójimo, de quien es diferente y reclama el reconocimiento de esa diferencia. En la crónica del modernismo tal vez no se halle exposición más clara de esa complementariedad que sugiere una unidad superior o, mejor dicho, una progresión hacia lo perfecto que culmina en Cristo; aporta éste algo que en Sócrates todavía falraba: “no basta la razón —habla Mairena—, el invento socrático, para crear la convivencia humana; ésta precisa también la comunión cordial, una convergencia de corazones en un mismo objeto de amor. Tal fue la hazaña del Cristo, hazaña prometeica y, en cierto sentido, satánica” ?. Y sin entrar en el problema planteado por esta última afirmación, comprobemos que Sócrates y Cristo afirmaron “a su vecino, al owo yo” y al hacerlo establecieron para siempre la dignidad del hombre. Miguel de Unamuno había dicho en verso algo sustancialmente idéntico, hasta el punto de parecer muy posible que el comentario de Mairena partiera de unas líneas del Rector de Salamanca: La humanidad, hija de Dios, que Sócrates con la razón, que es astrolabio y brujula, descubriera, Tú, Cristo, conquistaste con tu espada de amor, que es brasa pura IV, Indicindose asi la progresión de lo racional a lo cordial, que decide la superioridad de Cristo sobre el filósofo. Y Machado, corroborando la intuición unamunesca y anticipando la explicación o glosa de su alter ego, Mairena, llegó a pensar la identificación de lo racional y lo cordial como consecuencia de esfuerzos complementarios de Sócrates y Jesús. (Y ya sabemos lo que son los complementarios en la terminología machadiana: el otro me complementa porque es la parte de mi ser que no soy yo.) Dijo así don Antonio: Sócrates y cl Cristo ya: un mismo radio tendrán !, Y prolongó el paralelo en el Juan de Mairena, donde así como Sócrates aparece vencedor “de la sofistica protagórica, alumbrando el camino que conduce a la idea, a una obligada comunión intelectiva entre los hombres, triunfa el Cristo de una sofística erótica que fatiga las almas del mundo pagano, descubriendo otra suerte de universalidad: la del amor” *, Gran conversador, apasionado del diálogo, Mai- ©“œm— rena unía las dos almas maravillosas en altísima apreciación de sus virtudes dialécticas, pensando con toda razón que la vida civilizada sólo empieza de veras cuando cl hombre se acostumbra a escuchar a su vecino. En una lección del curso sobre el modernismo, profesado en la Universidad de Puerto Rico el año 1953, decía Juan Ramón Jiménez : “Cristo es, para Unamuno, un Dios-hombre, un poeta, un contemplador. Vive entre las gentes. Sócrates, Buda, Cristo, puntos de contacto. Discutiendo y hablando en las plazas y en los templos. Vida pública breve. Se supone anduvo por Asia. Contemplación” ®. Al sintetizar de este modo la imagen de Cristo, enlazándola con las de Sócrates, Buda y Cristo, no hacía sino mantenerse en la atmósfera ideológica descrita. Desde sus tempranos versos a Máximo Jérez (1881), cantando, ¡nada menos!, a un discípulo de Augusto Comte, juntaba Rubén Darío a Sócrates con Jesucristo en la relación de los grandes perseguidos de la Humanidad. En ese primer momento el niño de catorce años no dice todavía lo suyo, sino lo de los demás, e inevitablemente el mísmo año 81 cantará “A la razón” y mezclará a Cristo, Visnú, Buda y Brahama entre los nombres convocados al olvido. Algo más tarde, en la epístola “A Juan Montalvo” (1884) atribuye a Platón la sabiduría divina. Y a nadie sorprenderá que siendo Rubén tan fatalmente erótico ll “Proverbios y cantares, XLIV”, Nuevas canciones, p. 117; en Obras, página 756. 9 Ibidem, cap. XV, p. 399. 10 “Luna”, en El Cristo de Velázquez, ed. Austral, pp. 19-20. 12 Juan de Maireno, XV, Obras, p. 399. 3 Juan Ramón 1963, PP. LL4-LIS. Jiménez: El modernismo, Ediciones Aguilar, México,

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369 fundiera en otro poema (“A una mujer”) la “maravilla griega” y la ¡Oh, tú quimera platónica, “virgen cristiana”. unida al ser por un guión, armonía Cosmogónica En distinta dirección y con diferente propósito un crítico contemporáneo, escribiendo sobre el modernismo teológico, ha dicho cosas que hacen pensar en nuestros modernistas. “¿Insistiendo tanto en la dimensión escatológica del Evangelio no se crean dificultades insuperables? La opinión católica no está siempre tan alejada de Harnack como parece. Éste descompone el Evangelio de Jesús en dos elementos: ‘un sentimiento moral que nos parece admirable, y un sueño que no osamos encontrar ridiculo’. Y si la esperanza mesiánica de Jesús ebria de Revelación! ¡Yo oficiaré en lo más hondo de tu Estética alegórica, dueña del beso sin fondo de erudición pitagórical 17. Y la armonía es fecunda porque implica un acto de amor, un coha sido pura ilusión, cosa inconsistente y falsa, no fue él, al morir por la causa de la fe, quien ha sido el más sabio, sino Sócrates muriendo por la causa de la razón” '*. Me interesa subrayar la continuidad de la asociación de Sócrates y Cristo, siempre apuntando a la exaltación nocimiento de lo que está fuera de nosotros y de lo que no somos de lo que en el hombre es más noble. Todavía, al redactar esta página, leo en cierta reseña de un reciente libro de ética, lo siguiente: “Lo mejor puede poscerlas, dejándose poseer por ellas. El mismo Valle nosotros. Si una partícula del universo nos entrega su secreto, el universo entero empezará a hacerse inteligible. Por su receptividad, por su aptitud para integrarse e identificarse con las cosas, es el poeta quien decía: “donde los demás hombres sólo hallan diferenciaciones, los poeque es ‘nuevo’ en la ‘nueva moralidad”, vista desde una perspectiva tas descubren enlaces luminosos de una armonía oculta” #, y para cristiana, es el reconocimiento de que ‘la vieja religión" es efimera y describir esa operación de comprensión e identificación utiliza una reciente si se compara con lo que Jesús decía. Bajo las incrustaciones del dogma y las excrecencias del sentimentalismo piadoso hay un Jesús que, cuando menos, merece ser tomado tan en serio como Sócrates; es decir, un Jesús secularmente pertinente cuya noción del amor convivial es la clave de la equidad en la ley y de muchas más cosas” '”, Relación socrático-cristiana de comprensión y de amor; relación pitagórica de armonía con el universo. En ambos casos, la tendencia es la misma. Si en cuanto nos rodea hay un alma, un espíritu, comunicar con ellos, situarnos en relación armoniosa con ellos, será ejercicio satisfactorio, de efecto bienhechor: “con una alegría coordinada y profunda me sentí enlazado con la sombra del árbol, con el vuelo del pájaro, con la peña del monte”, dijo Valle Inclán *. Y más elipucamente Herrera y Reissig: 3 imagen cuya procedencia salta a la vista: “transmigrar en el Alma del Mundo”. RITMO Y UNIDAD, LEYES DE LA POESÍA Platón, Pitágoras, Cristo, Buda... desfilan por versos ulteriores del poema de Herrera y Reissig acabado de citar. En el “Atrio”, antepuesto al libro Ninfeas, de Juan Ramón Jigrénez, preguntaba Rubén Darío al joven amigo si se sentía “con la sangre de la celeste raza / que vida con los números pitagóricos crea”, es decir, con la sangre de los poetas, y en un soneto fechado en abril de 1908 declaraba ei empeño de pitagorizar y cómo en su alma se habían confundido las almas de Pitágoras y Orfeo: En las constelaciones Pitágoras leía, Poulat: Histoire, dogme et critique dans la crise moderniste, Ed. Casyo en las constelaciones pitagéricas leo; terınan, p. 73. 15 William R. Miller, “Christianity's ‘New Morality' ”, The New Republic, September 3, 1966, p. 23. 16 La lámpara maravillosa, I, 3, Austral, p. 24. 17 “La vida”, Poesías completas, Aguilar, p. 358. Ibidem, 1, 6, p. 33. MODERNISMO. — 24

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371 ———nÀ.—————_—m&m——-__.m______trr—t—<—rT€r——_m—————€y6m>_ pero se han confundido dentro del alma mia ceguera que alardear de ella como si fuera un tipo de visión privileel alma de Pitágoras con el alma de Orfeo !%. giada. Y que tiene razón Paz al decir que “la nostalgia de la unidad cósmica es un sentimiento permanente del poeta modernista” lo de- La cancién sometida al imperio del conocimiento, la musica aspimuestra el ejemplo de Juan Ramón Jiménez, en quien hasta el fin se rando al ritmo perfecto y vivificante, y como previsible coda una nota de indecisa religiosidad. En “Lirica”, de El canto errante, suena esa desde los poemas del Cuaderno Negro, escritos en Moguer a princimantuvo el deseo de escribir un libro “platónico” titulado Unidad; música “pitagórica”, y antes en un soneto de Prosas profanas se dijo con admirable concisión la necesidad de vivir armoniosamente en la pios de siglo y todavía inéditos, hasta cuando poco antes de morir unidad total: Ramón unidos en la armonía eterna”), la continuidad de esa nostalgia Ama tu ritmo y ritma tus canciones bajo su ley, así como tus versos; eres un universo de universos, redactó en Puerto Rico el epitafio para su tumba (“Zenobia y Juan es evidente. Y Valle había escrito: “la belleza es la intuición de la unidad” 2, Si, según observamos, parece exagerado afirmar que la escatología y tu alma una fuente de canciones. del cristianismo “apenas tiene sitio” en la cosmovisión de los moder- La celeste unidad que presupones nistas, también vimos cómo acierta Octavio Paz al decir que “la figura hará brotar y al resonar en ti mundos diversos; tus números dispersos pitagoriza en tus constelaciones 29, misma de Cristo no es sino una de las formas en que se manifiesta el Gran Ciclo” *. La concepción del Gran Ciclo es pitagorismo puro, entendida rectamente o mal entendida, pero asimilada en forma suficiente por los poetas de la época. Y no digo sólo los de lengua es- Quiso Darfo hacer del ritmo y de la unidad leyes de la poesía y del universo, acaso porque también él sentía la poesía como enajenación y el poeta le parecía destinado a vivir fuera de sí, en “el Alma del Mundo”. Las constelaciones a que se refiere son las pitagóricas, como se deduce de los alejandrinos de 1908, y las personales, símbolo de la dispersión de intuiciones que corresponde integrar en el poema, según vemos en el soneto de Prosas. Exhortación a la armonía de donde y por la cual brotará la canción. Unidad y pluralidad no se contraponen; se resuelven en la poesía, como hizo César Vallejo, con acento tan personal, en su pitagórico Trilce. Octavio Paz, que ha comentado hermosamente los poemas de Rubén, los relaciona con la corriente ocultista solicitada por éste para encontrar respuesta a los problemas del ser. Los poetas palpan, como nosotros no podemos hacerlo, figuras cuyo contorno sólo a medias pueden describir; intuyen correspondencias y un sistema donde otros no acertamos a ver sino el caos *!. Pero mejor será reconocer nuestra 19 20 21 “En las constelaciones”, Obras completas, Aguilar, p. 1157. “Ama tu ritmo.,.”, Prosas profanas, O. C., p. 693. Una curiosa alusión a esas correspondencias se encuentra en boca de pañola; por la misma corriente navegaba Stephan George al publicar en 1907 Sétimo anillo, pitagórico desde el título, sétimo libro de los suyos, dividido en siete partes y, como explica el crítico inglés C. M. Bowra, con una estructura que “sugiere conexiones, harto difíciles de captar, con el supuesto carácter mágico o místico del numero siete” #, En Rusia, donde las afinidades con el modernismo de lengua española fueron sorprendentes, el poema “Números” del prefuturista Don Farruquiño, el sacrilego mozo de las valleinclanescas Comedias bárburas. En un pasaje de Cara de plata (jornada segunda, escena primera), le oímos decir: “Cada vino reclama su sacramento. Rueda blanco, propio para acompañar una tortilla de chorizos. Espadeiro de Sainés, bueno para refrescar en el monte o en una romería o en un juego de bolos. Rivero de Avia, para las empanadas de lamprea y las magras de Lugo. Cada vino tiene su correspondencia en la vida, igual que todas las cosas. El mundo es armonía y concierto pitagórico .. ¡Y nadie me rebata, si no está ordenado de teólogo!”, 2 Lámpara, p. 26. 3 Octavio Paz: “El caracol y la sirena”, Revista de la Universidad de México, diciembre 1964, pp. 8 y ss. The Heritage of Symbolism, Schoken Books, New York, 1961, p. 122. En el sistema pitagórico el número 7 es símbolo de la razón.

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Briusov lleva como epigrafe una cita de Pitagoras en que se mencio- Pitagorismo y modernismo 373 Orfeo que, como sabemos, le sonaba siempre en el oído interior? nan los “números soberanos”, tan presentes en La lámpara maravillosa, No sé; pero sin duda es la misma en que pensó un poeta hoy olvidado de Valle Inclán. El ruso quería dar a la poesía el rigor y la perfección al redactar la convocatoria para el homenaje a Antonio Machado cede una ciencia, rechazando la confusión y el d peu prés de los poco lebrado en la primavera de 1923. Guillermo de Torre ha recordado exigentes; no otra cosa pretendía el gran don Ramón, perfeccionista que Mauricio Bacarisse invitó entonces a otros escritores jóvenes para igualmente, que en su libro programático habla, como Briusov, de que un domingo de mayo se trasladaran a Segovia y visitaran a Maaprendizajes ingratos, al final de los cuales es posible alcanzar “el éxchado con el fin de expresarle la admiración que por él sentían. Decía tasis de las cimas”. Y para Juan Ramón los números expresan lo in- Bacarisse que el autor de Soledades poscia “el divino secreto, órfico decible y son símbolos que, como los de la lírica, aparecen en un y pitagórico, de la música, al son del cual se aman el cielo y la tieespacio abstracto. rra” %. Sorprende la sagacidad de la alusión, por desgracia perdida Los “mundos de constelaciones” presentes en la poesía de Rubén Darío no están lejos de los evocados en el poema “Autoconsciencia” y olvidada por la insistencia en presentar a Machado como el “poeta del noventayocho”. (del libro La estrella, 1922), de Andrei Biely; unos y otros sólo se En un poema publicado inicialmente en 1916” anticipó don Anhallan al alcance de los contemplativos..., es decir, de los soñadores. tonio la visión de un mundo envuelto en niebla, en la niebla escogida A Biely se le ha llamado “mistico abstracto” * por creer en realidades por Unamuno como metáfora central de su novela más ambiciosa, espirituales semejantes a las que nuestros modernistas captaban, y por para mostrar lo borroso de la vida y del ser. En ese poema hallamos interesarse en la antroposofía y el ocultismo. De misticismo se trata, una asociación insólita: “Pitágoras alarga a Cartesius la mano” y vemos en una u otra versión. Valle dijo que los caminos de la belleza son calificada a la extensión como “sustancia del universo humano”. Contra “los místicos caminos de Dios”, innumerables según es sabido: para lo afirmado por cronistas virtuosos que necesitan preservar la “orialcanzar la ideal perfección cada estrella y cada pájaro señalan su propio ginalidad” machadiana, como Bernarda Alba la doncellez de sus hijas, rumbo. y protestan contra toda tentativa de situar al poeta en el contexto de En Rubén, alma más cristiana que la de cualquiera de sus coctála literatura de su época, fue Machado uno de los más vigorosamente neos (salvo, tal vez, la de Amado Nervo), Pitágoras está cerca de asociados a la renovación rubendariana y no es raro ver prolongados Cristo, y en el poema “La Cartuja”, impregnado por el sentimiento de en él (incluso al final de su vida) motivos, temas y preocupaciones la escisión entre los yos antagónicos, el fauno lúbrico y el asceta imque afloraron en Darío. Hablar de “influencias” al modo de los posiposible, describe en densa estrofa la anhelante forma en que se le tivistas es otra forma de no entender; además de ser un error, ese presenta el sentimiento religioso: tipo de divagación impide hacerse cargo de algo tan sencillo como es Sentir la unción de la divina mano, la relación de clima, inclinaciones y continuidad que une a los poetas, ver florecer de eterna luz mi anhelo, tan grandes ambos, con su propia grandeza, que lejos de estorbarse y oir como un Pitágoras cristiano la música teológica del cielo. Lo que esa música sea no es fácil decirlo: ¿música del maravilloso silencio en que se declara el equilibrio de las constelaciones, o la de se complementan. Sólo situando la obra en su medio natural —la corriente variable y caudalosa de la poesia— se podrá ver hasta qué punto la del uno es continuación, desviación o variación de la del otro, y la de ambos de la de Herrera, Lugones, Unamuno, Juan Ramón Bis 2 3 PF. D. Reeve, On some Scientific Concepts in Russian Poetry at the Turn of the Century, Wesleyan University Press, 1966, p. 21. Citado en Guillermo de Torre: El fiel de la balanza, Taurus, Madrid, 1961, P. En la revista Cervantes, año I, n.° 3, octubre 1916.

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375 Jiménez... (y Whitman, Blake, Verlaine, Yeats, Block, Rilke .). Al a la sombra lila de los abedules, junto al arroyo, en el valle retumbamorir Dario, escribiö Machado expresivas lineas de despedida: dor”, el necesitado para identificarse con la tierra y sentirse “hijo de “Si era toda en tu verso la armonia del mundo, / ¿dónde fuiste, Dario, la armonía a buscar?”; más tarde recogió en Nuevas canciones un la augusta madre”, de la naturaleza #. El enajenamiento, la sensación poema en donde densa y estremecidamente describe el éxtasis que su conocimiento y amigo tanto pugnara por alcanzar: superar, integrándolas. de lo otro como fuera y distinto de lo uno es el primer paso hacia el reconocimiento de las diferencias que es necesario En el silencio sigue DUDAS la lira pitagórica vibrando, el iris en la luz, la luz que llena mi estereoscopio vano. Han cegado mis ojos las cenizas del fuego heraclitano. El mundo es, un momento, transparente, vacío, ciego, alado. Imaginar que la inquietud existencial y el sentimiento de angustia nacen con los modernistas 0, si se prefiere pensar en los precursores, con Kierkegaard, sería volverse de espaldas no ya a la literatura sino al hombre. El ser pensante, mucho antes de Descartes, se sentía vivir cuando dudaba, cuando el vaivén del pensamiento le hacía reconocer en la inquietud de la vida, en el desasosiego la prueba de su existencia. El vibrar de esa lira mágica (y mágico, mágica son palabras claves Cuando no solamente se reconoció fugaz sino vocado a la aniquilación para comprender al Machado hondo) ha propiciado la situación única en la nada, extraños miedos dictados por lo desconocido le desconde concentración y enajenamiento que permite oir la música celestial, certaron y, a veces, le hicieron desear no haber nacido. Segismundo, aquella “melodía ideal” a la cual se había referido Darío en el prólogo y muchos con él, pensaron el nacer como una culpa que exige castigo. a Prosas profanas antes de afirmar, anticipando a Unamuno: “la mú- Rubén Darío escribió un poema en donde cristalizaron, con sus sica es sólo de la idea, muchas veces”. Y la idea es —en los dos— idea pura y no la construcción mental de los ideólogos, con quienes temores, inquietudes que siendo tan personales eran también muy geni uno ni otro simpatizaban gran cosa. de cómo en la intuición del pocta se fundieron preocupaciones que, En estos versos el andaluz hace lo que aconseja el nicaragüense: nerales. El poema, harto conocido, se titula “Lo fatal”, y es ejemplo casi con las mismas palabras, otros expusieron antes. En 1829 Gocthe “canta para los habitantes de tu reino interior”, que no eran ya ninfas, había dicho a Eckermann: reinas o diosas, sino reflejo de inquietudes o inquietudes proteicas, en no sabe de dónde viene, ni a dónde va; sabe poco del mundo y, sobre “el hombre es una criatura confundida; las cuales, bajo diversas formas, encarnaban las preguntas sobre el ser todo, poco de sí mismo”. Más tarde, Rosalía de Castro, en dos poemas y el existir que el poeta incesantemente se formulaba. ¿Cómo calificar la intuición de Machado? ¿Qué sensaciones le hicieron sentir el mundo expresó ese otro sentimiento que Darío recogió en la composición citada. Para decir lo que Goethe serenamente expusiera, Rosalía afir- “transparente, vacío, ciego, alado”? Busquemos la respuesta otra vez mó y preguntó: en el contexto del modernismo; recordemos que Valle habla de “goce” KT y de “terror” para referirse al alma desprendida de todo. El silencio sra .o.... Abismo arriba y en el fondo abismo: vibrante, la transparencia y el hueco son quizá instantes que preceden ¿qué es al fin lo que acaba y lo que queda? a los descritos por Valle, dilatándose “como círculos de largas vidas” ¿Qué somos? ¿Qué es la muerte? para que las cosas se abran y rindan su secreto; el silencio “pitagórico” es el solicitado por el alma de Herrera y Reissig para soñarse “frente a las sombrías siluetas de las montañas, o bien echado junto “A la ciudad de Minas”, en Prosas, Editorial Cervantes, Valencia, 1918, p. 165.

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377 Y anticipando el anhelo de descanso sentido por el fatigado viajero ridad latina”, la reputó inútil para adentrarse en las secretas galerías — del viajero Darfo, por ejemplo— canté la delicia de pasar sübitamente a la inconsciencia: del alma por las cuales transitaba entonces —“misterioso y silencioso”, de repente Rubén dixit... Antonio Machado. En El canto errante reiteró su inquietud, tiñéndola igualmente de pitagorismo: quedar convertido en päjaro o fuente ¿De dónde viene mi canto? en árbol o roca, Y yo, ¿adónde voy? José Asunción Silva se había formulado igualmente la pregunta sobre el destino, sobre el sentido de la vida y el de la muerte, en términos que sonarán familiares a los lectores de Unamuno: Y esta claridad latina, ¿de qué me sirvió a la entrada de la mina del yo y el no yo...? ¿Qué somos? ¿A dó vamos? ¿Por qué hasta aquí vinimos? Unas vagas confidencias ¿Conocen los secretos del más allá Jos muertos? del ser y el no ser, ¿Por qué la vida inútil y triste recibimos? y fragmentos de conciencias de ahora y ayer. ¿Por qué nacemos, madre, dime por qué morimos? Entonces Rubén vino y en la página final de Cantos de vida y esperanza se hizo eco de la confusión evocada por Goethe, de las pregunras y los deseos de Rosalía, de las interrogaciones de Silva, de lo que Gauguín gritaba desde Tahití en un cuadro famoso, de las sugerencias y reminiscencias pitagóricas, de las sombras y el miedo pululantes en torno suyo: porque ésta ya “fragmentos de conciencias”, sf; pero ¿de qué conciencias?, ¿de una o de muchas? El ser, devanándose y recreándose, imagina su inmersión en un inacabable proceso de cambio, como el ir y venir de una brisa sin memoría que por milagro moviera desde dentro y no desde fuera flores y hojas. Estos fragmentos no son recuerdos, aunque la mente trate de configurarlos así, ni tienen perfil preciso ni forma identificable. Lo que Rubén Darío insinúa y en otras Dichoso el árbol que apenas es sensitivo, y más la piedra dura, Con estas líneas presenta otra cuestión, o, mejor dicho, la cuestión se presenta de otra manera: no siente, partes afirmará es la posibilidad de esa adscripción del alma a una cadena de mutaciones, mediante la reviviscencia que los griegos llaSer, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror... No sé si tendría sentido plantear aquí preguntas que en un estudio ni de dónde venimos! Fusión admirable, involuntaria en el sentido de espontánea, de lo que tiene más de obsesión que de tema. Hijo por elección de “la cla._ ¡xq¡RoO0o—— 2% Rosalía de Castro, En las orillas del Sar, Obras dista el ciclo de las reencarnaciones sólo podía romperlo el esforzado y tenaz empeño purificador. jy no saber adónde vamos, 1944, PP. 387 y 385. maron metempsicosis. Más arriba vimos cómo según la doctrina bucompletas, Aguilar, a fondo del problema de la reencarnación serían inesquivables, como, por ejemplo, la de si puede hablarse de continuidad del ser cuando en la mutación se pierde la memoria, elemento unificador. Más acertado parece admitir la aceptación de tales creencias como necesidad estética, sin discutir el grado de convicción intelectual de quienes las incorporaban a la poesía. Desechados los mitos de la resurrección de la

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379 carne y la vida perdurable; frente a la nada, suprema creación del Unamuno, portavoz máximo de las inquietudes de la época, escri- Gran Cero (nombre que Antonio Machado asignó a Dios para exprebía en 1924 palabras tan “modernistas” como éstas: “Y, por mi parte, sar el vacío), con el fin de esquivar la comprobación de la eternidad me ha ocurrido muchas veces, al encontrarme en un escrito con un como inmenso abismo hueco y la de hallarse irremisiblemente convohombre, no con un filósofo ni con un sabio o pensador, al encontrarcados a la nada, los modernistas buscaron otras doctrinas y otra esme con un alma, no con una doctrina, decirme: piritualidad. La burocratización de las religiones y la erosión de las yo!’. Y he revivido con Pascal en su siglo y en su ámbito, y he recreencias les dejó desamparados frente a la muerte. vivido con Kierkegaard en Copenhague y así con otros. ¿Y no será Apoyándose unas veces en creencias recibidas de niño, buscando consuelo para su desesperación en la figura de Cristo, trató Darío de *¡Pero este he sido ésta acaso la suprema prueba de la inmortalidad del alma? ¿No se sentirán ellos en mí como yo me siento en ellos? Después que muera otras se dejó llevar por la corriente del tiempo, que lo sabré si revivo así en otros. Aunque hoy mismo ¿no se sienten alarrastraba revueltas ideas mal aprendidas, nietzscheanismo de segunda gunos en mi, fuera de mi, sin que yo me sienta en ellos?” Y. Lo submano, orientalismo desfigurado. Pitagorismo y budismo sugerian algurayado —por mi— hace superfluo el comentario. Aquí la transmigración opera a la inversa, hacia lo pasado y no hacia lo futuro, y había confortarse; nas posibilidades salvadoras, es decir, negadoras de la aniquilación la concepción cíclica de la vida y la idea del eterno retorno de ser así, pues la rectificación unamuniana a las teorías de la recueran, al menos líricamente, una alternativa a la nada cuya vigencia rrencia consistía en entenderla al revés, como un desandar lo andado, tendía a imponerse. como un volver a vivir la historia retornando a los orígenes. total: Lo tardío de esta página permite comprobar la duración y perREENCARNACIONES sistencia de las ideas del retorno en el largo medio siglo modernista. Nietzsche no fue, después de todo, sino el articulador de inquietudes El contradictorio Unamuno llamó “trágica ocurrencia” y “buforeveladas en formas distintas, orientadas en la dirección del pensanería” a la doctrina del eterno retorno según la expusiera Nietzsche *, miento pitagórico. En las primeras páginas de una novela que a pocos y atribuyó su invención al miedo a la muerte total, al miedo a la se les ocurriría ligar con el modernismo según fue entendido hasta muerte sin inmortalidad que el filósofo alemán sentía *. Estos ataques, hace poco, en Du cóté de chez Swann, de Marcel Proust, pueden traducidos a nuestro lenguaje, pueden explicarse como expresión de leerse afirmaciones semejantes (expresadas en forma distinta) a las la ambivalente actitud de Unamuno frente a quien tanto se le parecía; de Unamuno: no me parece exagerado afirmar que al combatirlo combatía inclinal'ouvrage: ciones personales contra las cuales le era forzoso luchar por nocivas Charles-Quint, Cette croyance survivait pendant quelques secondes à “il me semblait que j'étais moi-même ce dont parlait une église, un quatuor, la rivalité de François 1“ et de y hasta corruptoras. Los supuestos del eterno retorno no podían satismon réveil; elle ne choquait pas ma raison, mais pesait comme des facer su ansia de inmortalidad; revivir sin recordar no era revivir; écailles sur mes yeux et les empéchait de se rendre compte que le vivir es recordar y la angustia de la eternidad únicamente se curaría con la certeza de que el alma renaciente recordara las existencias desvanecidas, al modo como el maduro escritor rememoraba en Salamanca la infancia de aquel “otro” yo que fuera niño en Bilbao. 0 “La lanzadera del tiempo”, Obras completas, Vergara-Aguado, vol. X, página 536. 3 “Rousseau, Voltaire y Nietzsche”, O. C., vol. IV, p. 851. bougeoir n'était plus allumé. Puis elle commençait à me devenir inintelligible, comme après la métempsycose les pensées d'une existence antérieure 32 3 .”*, La identificación en Proust es cósmica y en Unamuno La agonía del cristianismo, cap. II, O. C., vol. IV, p. 837. A la recherche du temps perdu, edición La Piélade, vol. I, p. 3. El subrayado uquí, y en las citas siguientes de Valle-Inclán y López Velarde, es mío.

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381 —Yo he sido un rey, estrictamente personal, pero el sentimiento de reconocerse en otros, he sido un esclavo, de ser en lo otro, es anälogo, y la metäfora del novelista declara sin y no hay nada, lugar a dudas cuál era la equivalencia en que estaba pensando. Ortega loco, bribón, granuja, y Gasset, paradigma de lucidez intelectual, todavía divagará aunque en tono de juego, con la idea del dharma y otras prolongaciones de que yo mo haya sido. Sobre mi pecho la tendencia orientalizante. miriadas de cabezas se inclinaron, Pensando la cuestión desde la vertiente de la poesía Valle Inclán dijo que “el poeta, como el místico, ha de tener percepciones más allá Octavio Paz ha señalado en “La última odalisca”, de López Vedel límite que marcan los sentidos, para entrever en la ficción del molarde, cinco versos escritos con el mismo espíritu, síntesis de las mento, y en el aparente rodar de las horas, la responsabilidad eterna. creencias a que estoy refiriéndome: [...] El inspirado ha de sentir las comunicaciones del mundo invisiMi carne pesa y se intimida ble, para comprender el gesto en que todas las cosas se inmovilizan porque su peso fabuloso como en un éxtasis, y en el cual late el recuerdo de lo que fueron y es la cadena estremecida el embrión de lo que han de ser. [...] Cuando mires tu imagen en el de los cuerpos universales espejo mágico, evoca tu sombra de niño. Quien sabe del pasado, sabe que se han unido con mu vida. del porvenir. Si tiendes el arco, cerrarás el círculo que en ciencia astrológica se llama el Anillo de Giges” *. He aquí revueltas líricamente, como se debe, algunas ideas claves del modernismo: Las vidas incorporadas a la vida; el pasado inmemorial gravieternidad tando sobre el hombre, que así revela, como dice Paz: “panteismo y, de lo momentáneo (expuesta por Unamuno de otra manera), metano del todo explícitos, reencarnación y Karma” *. Mejor que no sean morfosis, eterno retorno, concepción cíclica y circular de la existencia... Cerrar el círculo es inscribir la vida en esa corriente anticipatoria explícitos, sino ambiguos, pues la misión del poeta no es explicar sino del futuro y rememorante del pasado. Si el enigma no se resuelve, al Darío, uno de los que transmiten la respuesta del poeta a preguntas menos se plantea en fórmulas asequibles, no a la razón, pero a la intuición. Las formas en que ésta cuaja dependen de quien las siente, así es, pero cabe preguntarse desde qué envoltura carnal habla quien expresar. Ambiguo también el poema Rubén formuladas por él y por otros. El título —se dirá— aclara el tema, y mas bajo obvias diferencias se trasluce una identidad sustancial. El crítico norteamericano Ellmann ha señalado la importancia de estas ideas en la poesía de Yeats: “entre las ideas reaparecientes en su verso, la más seductora para la imaginación era la de la reencarhabla en el verso. Se entenderá mejor esa composición leyendo primero otra, algo anterior, muy clara en intención y en realización. Me refiero al poemita titulado “Reencarnaciones”, escrito en Guatemala en 1890: Yo fui coral primero, nación. La noción de que el alma pasa de un ciclo de vida a otro, después hermosa piedra, estaba empapada de folklore y de religiones antiguas” *. Y no sobrará quizá mencionar al menos un ejemplo: el del poema “Motuni Chatterjee” donde cl brahman aconseja al discípulo que rece cada noche, después fui de los bosques verde y colgante hiedra; después yo fui manzana, labio de niña, diciéndose en la plegaria: una alondra cantando en la mañana; y ahora soy un alma 4 “Metempsicosis”, de Lámpara, I, 7, pp. 34 y 36. 3 Richard Ellmann, The Identity of Yeats, Oxford University Press, 1964, p. 43. % Cuadrivio, p. 111.

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383 que canta como canta una palma directa de indicar la situación: ser arrojado a los perros, comido por de luz de Dios al viento. ellos, es hacerse como ellos; perro será en el futuro quien les fue asimilado, después de pasar en la vida por el estado intermedio de ser- Las reencarnaciones describen una ascensiôn y por su progresiôn ordenada y su ininterrumpido crecer y pujar hacia la altura, sin riesgo aparente de retroceso, eliminan todo patetismo. Una descarnada observacién de los procesos mutativos de la materia orgänica condujo a Pio Baroja a describirlos en sentido contrario: cuando en Camino de vidumbre, con la cadena “al pescuezo”, cuando en forma todavía humana fue ya tratado animalescamente. Leopoldo Lugones, autor de otro poema titulado igualmente “Metempsicosis”, incluido en la primera parte (llamada, con toda intención, “primer ciclo”) de Las montañas del oro, cuenta cómo el alma perfección reflexiona con cierta complacencia sobre la podredumbre —de un obispo—, pasa del hombre a la larva, de la larva al gusano, del gusano a la tierra y la flor. En “Metempsicosis”, escrito en 1893 ”, Rubén baja a los infiernos y expone el proceso de una degradación. Como en “Reencarnaciones”, el poema empieza con una afirmación de lo que ayer fue el sujeto, pero en lugar de exponer las mutaciones sin sustanciarlas, se concentra en el momento culminante de una vida en el instante de maravilloso delcite que un hombre pagó con la esdel poeta transmigra al perro que ladraba al mar “sobre el filo alto de la roca” *, pero sus versos no tienen la concisión y la energía de Jos de Rubén Darío, donde la regresión a la animalidad parece el equivalente del infierno cristiano. No se olvide que para el budismo y el pitagorismo seguir viviendo es una condena; la vida, y más cuanto más baja sea, aleja y hace imposible ese extraño paralelo del paraíso que es el nirvana. # clavitud, la abyección y la muerte: Leopoldo Lugones, Obras completas, Aguilar, 3.* ed. 1959, p. 73. Yo fui un soldado que durmió en el lecho de Cleopatra la reina. Su blancura y su mirada astral y omnipotente ...r..o.oonn.ooor.oormn9...o.neo.nn.rtmr9r.2.or.no..o....... tuve al pescuezo. Fui comido un día por los perros. Mi nombre, Rufo Galo. Eso fue todo. ESTubia> No puedo comentar pormenorizadamente esta página, bella y desatendida por la crítica; debo limitarme a resumir su significación respecto a las reminiscencias orientalizantes en el modernismo. No se dice en el poema (relativamente extenso: veinticuatro líneas, contando las seis en que se repite el estribillo, “eso fue todo”) desde qué estado y bajo qué forma habla el hombre, pero no vacilamos en afirmarle caído, degradado, acaso por sugestionarnos esa línea: “Fui comido un día por los perros”. Tal declaración es una sugerencia, una manera in3 “Reencarnaciones”, O. C., p. 1051; “Metempsicosis”, en El canto errante, O. C., p. 798. me—. CA iTiCOS Mav Ste N°85 mo \asa SERE