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Historia de las Matemáticas
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Pitágoras. Siglo VI A.C.
Este escrito está de dedicado con admiracion a la figura
humana y científica del Profesor Miguel de Guzmán,
apasionado estudioso de Pitágoras y el Pitagorismo.
El papel que Pitdgoras ha desempeñado en el desarrollo
del pensamiento es de tal importancia que vale la pena
escudrifiar con veneración los muchos rastros que sus
seguidores a lo largo de los siglos nos han transmitido a
fin de entender mejor nuestra propia cultura.
Miguel de Guzmán. El pitagorismo, vanguardia de la cultura. Saber Leer, n°153,
03/2002, p.8
CITAS MEMORABLES SOBRE PITÁGORAS
0.- Aprende lo necesario para que tu vida sea más feliz. Lo mejor en todo es la
justa medida. Reflexiona sobre todo tomando como guía la recta razón.
Pitágoras. Los Versos de Oro (31, 38, 68-69).
1-
Pitagoras
exhort6
al
que
ambicionara
una
auténtica fama
a
ser
individualmente tal como quisiera parecer a los demas. [...|. Pitágoras exhortó a
ejercitarse en el escuchar a fin de capacitarse para hablar. Jámblico, Vida
Pitagórica. (1X.49, p.43 : X.53, p.45).
2.- Para Pitägoras la primera esencia era la naturaleza de los nümeros y
proporciones que se extienden a través de todas las cosas, de acuerdo con los
cuales todo está armónicamente dispuesto y convenientemente ordenado.
Jämblico, Vida Pitagérica., X11.59, p.49.
3.- Pitägoras fue el primero en usar el nombre de Filosofia y se llamó a sí mismo
filésofo o amante de la sabiduria. [...]. “Ninguno de los hombres, dijo Pitdgoras,
es sabio: sólo lo es Dios”. Diögenes Laercio. Vida de los filósofos más ilustres.
Libro I. Proemio. VIII, pp.l 1-12.
4.- En Roma nadie era considerado instruido si no era pitagórico. Cicerón
(Tusculanas, 1.1, XVI).
5.- El mundo platónico de las ideas es la forma revisada y refinada de la doctrina
pitagórica de que el número es la base del mundo real. A.Whitehead.La
Matematica en la Historia del Pensamiento (en SIGMA, el mundo de las ©
Matemdticas, Vol.1, p.332).
6.- En el númeroreside, como lo comprendié Pitágoras con la intima certidumbre
de una sublime intuiciön religiosa, la esencia de todo lo real. [...] La afirmación
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Historia de las Matemáticas
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Pitágoras. Siglo VI A.C.
Este escrito está de dedicado con admiración a la figura
humana y científica del Profesor Miguel de Guzmán,
apasionado estudioso de Pitágoras y el Pitagorismo.
El papel que Pitágoras ha desempeñado en el desarrollo
del pensamiento es de tal importancia que vale la pena
escudriñar con veneración los muchos rastros que sus
seguidores a lo largo de los siglos nos han transmitido a
fin de entender mejor nuestra propia cultura.
Miguel de Guzmán. El pitagorismo, vanguardia de la cultura. Saber Leer, nº153,
03/2002, p.8
CITAS MEMORABLES SOBRE PITÁGORAS
0.- Aprende lo necesario para que tu vida sea más feliz. Lo mejor en todo es la
justa medida. Reflexiona sobre todo tomando como guía la recta razón.
Pitágoras. Los Versos de Oro (31, 38, 68–69).
1.- Pitágoras exhortó al que ambicionara una auténtica fama a ser
individualmente tal como quisiera parecer a los demás. [...]. Pitágoras exhortó a
ejercitarse en el escuchar a fin de capacitarse para hablar. Jámblico, Vida
Pitagórica. ( IX.49, p.43 ; X.53, p.45).
2.- Para Pitágoras la primera esencia era la naturaleza de los números y
proporciones que se extienden a través de todas las cosas, de acuerdo con los
cuales todo está armónicamente dispuesto y convenientemente ordenado.
Jámblico, Vida Pitagórica., XII.59, p.49.
3.- Pitágoras fue el primero en usar el nombre de Filosofía y se llamó a sí mismo
filósofo o amante de la sabiduría. [...]. “Ninguno de los hombres, dijo Pitágoras,
es sabio: sólo lo es Dios”. Diógenes Laercio. Vida de los filósofos más ilustres.
Libro I. Proemio.VIII, pp.11–12.
4.- En Roma nadie era considerado instruido si no era pitagórico. Cicerón
(Tusculanas, I.1, XVI).
5.- El mundo platónico de las ideas es la forma revisada y refinada de la doctrina
pitagórica de que el número es la base del mundo real. A.Whitehead.La
Matemática en la Historia del Pensamiento (en SIGMA, el mundo de las
Matemáticas, Vol.1, p.332).
6.- En el númeroreside, como lo comprendió Pitágoras con la íntima certidumbre
de una sublime intuición religiosa, la esencia de todo lo real. [...] La afirmación
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pitagórica de que el número es la esencia de todas las cosas aprehensibles por los
sentidos siegue siendo la más valiosa proposición de la Matemática antigua.
O.Spengler. El sentido de los números (en La decadencia de Occidente. Cap.I.1).
Austral, Madrid, 1998, pp.132,148.
7.- Pitágoras es un gran pensador cuya escuela estableció una relación entre las
Matemáticas, la Ciencia y la Filosofía que no se ha perdido nunca. J.Bernal.
Historia social de la Ciencia. Península, Barcelona, 1979 vol.1. pp.149–150.
8.- La Matemática nace a la sombra de la metafísica pitagórica fundada en la
omnipresencia y omnipotencia del numero. J.Babini. Arquímedes: El Método.
Eudeba, Buenos Aires, 1966, p.14.
9.- Pitágoras fue el primer pensador que intentó conciliar las Matemáticas con la
Filosofía, una de las mayores aportaciones realizadas a la civilización a lo largo
de toda la historia. Desde entonces, las Matemáticas han mantenido una
estrechísima relación con la Filosofía y la Ciencia, hasta el punto de que algunos
de los más grandes filósofos han sido también grandes matemáticos. B.Mage.
Historia de la Filosofía, Blume, Barcelona, 1988. p.15.
10.- Pitágoras es intelectualmente uno de los hombres más importantes que han
existido y que mayor influencia ha ejercido en la Historia del Pensamiento.
Bertrand Russell. Historia de la Filosofía Occidental, Austral, vol.1, p.65
Pitágoras, entre la historia y la leyenda
Además de su decisiva contribución al acervo matemático griego, Pitágoras es el
principal responsable –a través de la práctica de la demostración– del nacimiento
en Grecia de la Matemática racional como ciencia especulativa y deductiva.
Es sin duda, además, el matemático más conocido. Pero más allá de la
Matemática, en el ámbito más general de la Historia de la Cultura, Pitágoras es
realmente un personaje muy célebre. Su figura es una de las más apasionantes de
la Historia del Pensamiento. Racionalista y místico, filósofo y teólogo,
matemático y experimentador, sabio y profeta, maestro y asceta, psicólogo y
orador, promotor religioso y taumaturgo, interrogador del Cosmos e instaurador
de un estilo de vida, gran conversador y amante del silencio reflexivo, hombre de
carne y hueso y personaje mítico,
Pitágoras es el primigenio inductor de una parte considerable de los elementos
culturales que al configurar en gran medida el pensamiento platónico, influyeron
de forma decisiva sobre la ciencia alejandrina y el primer Cristianismo y dejaron
una estela que ha pervivido a lo largo de los tiempos y ha conformado la
tradición del pensamiento occidental hasta nuestros días, lo que convierte a
Pitágoras en uno de los personajes más influyentes en la Historia de la Cultura y
del Pensamiento.
Como filósofo del número, para Pitágoras y los pitagóricos, Filosofía, Ciencia,
Matemáticas y Religión son aspectos indisociables que se integran en una
apasionada actividad intelectual presidida por un misticismo de carácter
aritmético–geométrico. Al acuñar para la posteridad, en el lenguaje del saber, los
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términos Filosofía («amor a la sabiduría») y Matemáticas («lo que se conoce»,
«lo que se aprende»), Pitágoras es uno de los artífices del milagro griego como
principal instaurador de la tradición filosófica y matemática en occidente,
contribuyendo su legado de forma incuestionable a establecer una íntima y
duradera relación entre Matemática, Ciencia y Filosofía.
Entre la historia y la ficción, la extraordinaria figura de Pitágoras ha sido muy
controvertida, estando inmersa en un halo misterioso que envuelve a leyendas y
tradiciones sobre el personaje. Se ha llegado incluso a dudar de su existencia. El
mismo Aristóteles que vivió tan sólo doscientos años después de Pitágoras, es
muy cauto y no se compromete, a pesar de la tradición, con atribuciones
personales a Pitágoras de doctrina matemática, musical o cosmológica alguna y
prefiere hablar de los pitagóricos más que de Pitágoras, a quien, mencionando
sólo en dos ocasiones, parece poner en entredicho su existencia real. Estas
suposiciones son desmentidas por algunos documentados testimonios de
Heráclito y Herodoto. Actualmente la investigación histórica parece haber
dejado fuera de toda duda la historicidad de Pitágoras, pero de todas formas la
figura histórica de Pitágoras ha sido muy edulcorada por parte de quienes más
que biógrafos son hagiógrafos, sobre todo Diógenes Laercio y Porfirio, del siglo
III d.C. y Jámblico, del siglo IV. Lástima que la obra de Aristóteles Sobre los
Pitagóricos se haya perdido, aunque es plausible que en ella se hallara más
doctrina pitagórica que biografía del maestro. Durante mucho tiempo hubo un
gran escepticismo sobre la verosimilitud de las biografías de Pitágoras,
atribuyéndoles más novela que historia, ante el estilo laudatorio sobre las
peripecias científicas y las enseñanzas religiosas del sumo pontífice del
Pitagorismo. Actualmente, la investigación y la crítica histórica de algunos
eruditos han separado la ganga fantástica de la mena histórica y sobre todo tras la
reciente publicación de la obra de B.L. Van der Waerden Die Pythagoreer
(Zurich, 1979), se tiende a dar más credibilidad a los biógrafos aludidos
considerando que ellos pudieron tal vez disponer de documentos próximos a los
tiempos del Pitagorismo.
Pitágoras nació en la isla de Samos. Tras una exquisita formación intelectual
bajo la dirección de los filósofos Ferecides y Hermodomas, es probable –y así lo
asegura Jámblico– que visitara a Tales en Mileto y aprendiera directamente de él
–lo que por proximidad cronológica y geográfica habría sido posible–. Avido de
ampliar conocimientos, al haber agotado las fuentes del saber griego de la época,
con un alma helénica, inquieta y viajera, y aconsejado por la experiencia
personal de Tales, Pitágoras habría estado en Egipto y Mesopotamia, donde los
sacerdotes y escribas le debieron inculcar no sólo de la ciencia exotérica, como a
Tales, sino también de la ciencia esotérica que impregnaría toda su elaboración
científica y la transmisión de la misma a sus discípulos. Es posible incluso que
en sus peregrinaciones Pitágoras llegara hasta la India donde habría asimilado
tanto conocimientos matemáticos y astronómicos como mucho bagaje religioso,
en particular las doctrinas sobre la reencarnación y la transmigración de las
almas, que sería un lugar común en la Comunidad Pitagórica. Incluso se le
atribuyen viajes por el Mediterráneo desde Fenicia hasta las Columnas de
Hércules y de aquí a las Galias y a las Islas Británicas para aprender de los
druidas. El saber milenario de egipcios, fenicios, judíos, árabes, caldeos, persas,
indios y druidas habría conformado, según tradiciones legendarias, la
extraordinaria sabiduría de Pitágoras. Al regreso de sus viajes, Pitágoras
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sesienteimbuido de una función casi mesiánica de transmisión de la verdad y el
conocimiento y empieza a exponer doctrina matemática, filosófica y religiosa,
primero en Samos y después en Crotona, colonia dórica de la Magna Grecia,
situada en la costa sudeste de Italia, donde funda una comunidad de carácter
científico y religioso. La leyenda persigue a Pitágoras hasta el umbral de su
muerte que se ha descrito con todo tipo deversiones más o menos peregrinas,
algunas incluso de tipo violento en relación con las frecuentes hostilidades entre
Crotona y Sibaris. Según lo más fiable parece ser que murió en Metaponto, hacia
el año 500 a.C.
Pitágoras: Filosofía, Religión, Ciencia y Matemáticas.
Nicómaco de Gerasa (en Introducción a la Aritmética), Diógenes Laercio (en
Vida de los filósofos más ilustres ) y Jámblico (en Vida pitagórica), entre otros,
atribuyen a Pitágoras los términos Filosofía y Filósofo, como el amor y el
amante de la Sabiduría, respectivamente.
Pitágoras fue el primero en utilizar el término Cosmos para describir el orden y
la armonía inherentes a un universo regido por unas leyes cognoscibles e
inteligibles por el hombre a través del número que es el principio elemental, «la
esencia de todas las cosas», componente esencial de la armonía matemática que
debe guiar, con finalidad religiosa, toda investigación sobre el universo.
Pitágoras alcanzaría esta iluminación, tras sus viajes, a través de su propia
reflexión sobre la sabiduría milenaria de los pueblos de Oriente Próximo. De los
egipcios aprendería que las formas de las figuras geométricas se ajustan a
números y proporciones y de Mesopotamia que los movimientos de los astros
están regidos por leyes numéricas. De su propia experimentación, Pitágoras
deduce que la armonía musical también está regida por el número. De estos tres
hechos, tras una audaz extrapolación, Pitágoras estableció que «el número es la
esencia del universo» y que «el número es la raíz y fuente de la naturaleza
eterna».
Bajo estos presupuestos vitales e intelectuales, Pitágoras funda una comunidad
en la que los aspectos científicos y religiosos están íntimamente asociados de
forma mística. Se trata de una secta animada por el culto ritual que recuerda a los
adoradores de Orfeo, donde las armonías y misterios de la Matemática y de la
Filosofía eran partes esenciales y cuya influencia no tardó en hacerse sentir en
toda la Magna Grecia e incluso en Roma. El principal objeto de las doctrinas
pitagóricas era la purificación del alma o catarsis mediante la permanente
prosecución de estudios filosóficos, matemáticos y cosmológicos, emprendidos
como factores de sublimación espiritual para la dirección de la existencia,
merced a la identificación intelectual –filosófica– con la gran idea divina
ordenadora del universo: el número, que integra y confiere unidad a todo un
sistema de pensamiento filosófico, científico y religioso. Las propias palabras
Filosofía y Matemática parece que fueron acuñadas por el propio Pitágoras para
describir sus actividades intelectuales, como elementos de elevación moral hacia
la salvación.
Los pitagóricos perseguían penetrar en el secreto de la armonía de los números,
ya que desvelado éste creían poder comprender la armonía del universo. Soñaban
con poder captar la esencia del universo bajo la forma de números enteros,
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imaginándose estar tras las huellas del misterio último de las cosas. Los
pitagóricos vinculaban íntimamente Mística, Religión y Ciencia; Geometría,
Música, y Cosmología; Aritmología, Metafísica y Filosofía; cuerpo, alma y
espíritu en una armoniosa síntesis. Quizá resida en esa capacidad unificadora del
Pitagorismo entre lo científico-racional y lo místico-religioso su radicación
profunda en la matriz de la Cultura Griega y por ende en su heredera, nuestra
llamada Cultura Occidental.
Pero más allá de la Filosofía, la Mística y la Religión, Pitágoras y los pitagóricos
aportaron un ingente caudal de conocimientos matemáticos. Proclo escribe Sobre
Pitágoras en su celebre Comentario al Libro I de Los Elementos de Euclides:
«Pitágoras transformó la doctrina filosófica que trata de la geometríaen
enseñanza liberal, examinó desde lo alto sus principios, investigó los teoremas
de un modo inmaterial e intelectual y descubrió la dificultad de los números
irracionales y la construcción de las figuras cósmicas [poliedros].»
Según Proclo, Pitágoras marca un hito en la Historia de la Matemática, al
transformar la Geometría en saber puramente teórico e investigar los teoremas de
forma abstracta, es decir, de manera discursiva e intelectual, trascendiendo el
empirismo y situándose en el umbral de la Matemática racional como artífice
supremo del «milagro griego en Matemáticas», en cuyo ámbito la idea y la
necesidad de la demostración es uno de los componentes capitales del
patrimonio pitagórico, fundamento de la instrucción liberal que proclama Proclo
respecto de Pitágoras, al indicarnos que este sabio fue el primero en someter la
Matemática a la exigencia de la rigurosa deducción lógica, que generación tras
generación, se hizo cada vez más imperiosa.
La evidencia sensible reiterada por la empírica percepción sensorial que va
forjando prescripciones útiles se manifiesta, para Pitágoras, insuficiente en el
plano de las necesidades racionales, lo que obliga a trascender lo que hasta
entonces era la práctica empírica sobre los casos particulares desarrollando
métodos deductivos para demostrar de forma general. Cierto que en muchas
ocasiones una comprobación geométrico-empírica de carácter inductivo puede
satisfacer el espíritu y producir resultados visualmente palmarios, como ocurre
en la inmensa parafernalia de fórmulas aritméticas que los propios pitagóricos
obtienen con el atomismo numérico-geométrico de los números poligonales;
pero hay problemas transcendentales de la Matemática, sobre todo aquellos en
los que subyace la presencia del infinito, en los que sólo una rigurosa
demostración, como acto intelectual puro, más allá de la intuición sensible,
puede ser satisfactorio; por ejemplo, el estudio de la inconmensurabilidad del
lado y la diagonal de un cuadrado o un pentágono, que no es comprobable
empíricamente y que tal vez fue la primera demostración verdaderamente
matemática realizada por los pitagóricos.
He aquí pues, en la demostración, la contribución fundamental del Pitagorismo a
la Matemática, valorado siempre muy por encima de sus magníficas
contribuciones particulares en ámbitos concretos de esta ciencia, siendo
considerada, además, la demostración, como elemento esencial en el tránsito del
mito al logos que tiene lugar en la cultura griega. La demostración va mucho
más allá de la mera persuasión de la Retórica en la que los griegos eran grandes
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maestros, pues, es posible con persuasión argüir lo falso contra lo verdadero (de
ahí los reproches de Sócrates hacia los sofistas). La demostración convence por
la ilación argumental incontrovertible que alcanza algo legítimo mientras no se
pongan en entredicho las leyes de la lógica. Por eso a partir de Pitágoras la
Matemática es universalmente considerada como un manantial primario de
verdad objetiva
La Matemática conduciendo a Pitágoras. Fragmento de la
tabla de Da Ponte Las Artes Liberales (1437). Museo del
Prado. Madrid.
Textos de Bertrand Russell sobre Pitágoras
B.Russell. Historia de la Filosofía Occidental.
Austral, Madrid, 1995, vol.1.
La Matemática como argumento deductivodemostrativo empieza con Pitágoras, estando
unida con una forma particular de misticismo.
La influencia de las Matemáticas en la
Filosofía debida a Pitágoras ha sido desde
entonces muy profunda. (p.67).
Para Pitágoras la contemplación simpática
apasionada era intelectual y desembocó en la
ciencia de las Matemáticas. (p. 71).
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Pitágoras como profeta religioso y como
matemático ha tenido una influencia
inconmensurable, y los dos campos de su
actividad no distan tanto el uno de otro como
puede parecer a una mente moderna. (p.72).
En Platón, San Agustín Tomás de Aquino,
Descartes, Spinoza y Leibniz existe una fusión
íntima de religión y razonamiento, de
aspiración moral y admiración lógica por lo
eterno, que procede de Pitágoras. (p.75).
No conozco ningún otro hombre que haya
tenido mayor influencia en el campo del
pensamiento, porque lo que aparece como
platonismo resulta después de analizarlo,
esencialmente pitagorismo. (p.75).
Platón era lo suficientemente
pitagórico para creer que sin
Matemáticas no era posible una
verdadera sabiduría. (p.144).
En la Filosofía de Platón existe la
misma fusión de intelectoy de
misticismo que en Pitagorismo.
p.162.
SIMBOLISMO DE LOS
COMUNIDAD PITAGÓRICA
ATRIBUTOS
MATEMÁTICOS
http://virtual.uptc.edu.co/ova/estadistica/docs/autores/pag/mat/pitagoras-2.asp.htm
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La Arcadia pitagórica, una atmósfera mística impregnada de música y
simbología matemática, donde la comunidad pitagórica desarrollaba la pasión
por el conocimiento mediante especulaciones filosóficas y matemáticas como
base moral para la consecución de la armonía interior y con el entorno, de
acuerdo con el orden natural de las cosas que emana de Dios, supremo ordenador
cósmico a través del maravilloso poder de la armonía matemática y musical,
metáforas del orden universal.
El Dodecaedro como quintaesencia de la Cosmogonía pitagórica, la sagrada
Tetractys como fuente y raíz de la naturaleza eterna, el triángulo rectángulo
depositario de la inconmensurabilidad, el Pentagrama místico símbolo de
identificación de los pitagóricos y de la salud, son los talismanes de la actividad
intelectual del «modo de vida pitagórico», en el que la música –cuya armonía es
de naturaleza matemática– ejerce una influencia definitiva en el equilibrio
emocional.
La comunidad pitagórica, de carácter científico y religioso, se basaba en un
ideario común fundamentado en todo un cuerpo de doctrina sobre el hombre, el
alma, la sociedad, el cosmos, etc., que conducía necesariamente al estudio, a la
reflexión filosófica y a la especulación matemática y cosmológica, actividades en
las que el adquisición del conocimiento participaba más del carácter de una
iniciación religiosa que de una mera instrucción o investigación, es decir,
religión y ciencia son aspectos íntimamente vinculados en un tipo de vida
llamado pitagórico (Platón, República, 600b) y la actividad científica es una
consecuencia de la doctrina, no el móvil inicial como sería en la Academia
platónica, en el Liceo de Aristóteles o en el Museo de Alejandría.
Pitágoras organizó en su comunidad dos tipos distintos de enseñanza, que darían
lugar según Jámblico (Vida Pitagórica, XVIII.80–87) a dos tipos de miembros
en la primitiva comunidad pitagórica: los Matemáticos («conocedores»), jóvenes
especialmente dotados para el pensamiento abstracto y el conocimiento científico
y los Acusmáticos («auditores»), hombres más simples, pero igualmente
sensibles, que reconocían la verdad de forma intuitiva a través de dogmas,
creencias, sentencias orales indemostrables y sin fundamento, principios morales
y aforismos.
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La diferenciación entre los dos grupos de pitagóricos que se corresponde con las
dos tendencias, la racional y la religiosa –que convergían en el propio Pitágoras,
pero no así en todos los pitagóricos–, tendría una decisiva incidencia sobre la
ulterior evolución de la hermandad. Los Acusmáticos eran devotos religiosos que
se encargaron de velar por la pureza del «modo de vidapitagórico», las esencias
originales y la fidelidad a la primigenia doctrina pitagórica, mientras que los
matemáticos –no comprometidos solamente con el cultivo de las matemáticas,
sino con la totalidad del conocimiento o gnosis– se consideraban continuadores
del espíritu especulativo de Pitágoras y de su natural evolución y magnificación
del acervo científico y matemático..
El misticismo aritmético-geométrico pitagórico. Los números místicos.
Los pitagóricos basaron su filosofía y su modo de vida en el culto a los números
llevándolo hasta el paroxismo. Para los pitagóricos todo era una encarnación del
número.
La fuente primaria más cualificada sobre la Filosofía pitagórica es, sin duda
alguna, el capítulo V del libro I de la Metafísica de Aristóteles –que tiene por
título «Los pitagóricos y su doctrina de los números»–, donde se lleva a cabo
una exposición general del Pitagorismo que empieza con estas palabras
(Metafísica, 985b, 986a):
«Los filósofos pitagóricos se dedicaron al cultivo de las
matemáticas y fueron los primeros en hacerlas progresar; estando
absortos en su estudio creyeron que los principios de las
matemáticas eran los principios de todas las cosas. [...] Supusieron
que las cosas existentes son números –pero no números que existen
aparte, sino que las cosas están realmente compuestas de números–,
es decir, los elementos de los números son los elementos de todos los
seres existentes y la totalidad del universo es armonía y número. Su
razón consistía en que las propiedades numéricas eran inherentes a
la escala musical, a los cielos y a otras muchas cosas. »
Este texto de Aristóteles resume el núcleo de la metafísica pitagórica. El
entusiasmo ante el descubrimiento pitagórico de la base numérica de los
intervalos musicales –los intervalos básicos de la música griega podían
representarse mediante las razones 1/2, 3/2 y 4/3– encendió un chispazo de
inspirada intuición hacia una fórmula de aplicación universal: «si los números
son la clave de los sonidos musicales, ¿no serán también la clave de toda la
naturaleza?». Los pitagóricos vivieron imbuidos de un efervescente entusiasmo
místico hacia los números, hasta el punto de que Filolao (el pitagórico favorito
de Aristóteles) llegó a afirmar:
«Todo lo cognoscible tiene un número, pues no es posible que sin
número nada pueda ser concebido ni conocido.»
Cuando los pitagóricos decían, como médula de su metafísica, que todos los
objetos estaban compuestos de números, que «los números son la esencia del
universo», o que el número es el arjé, el principio elemental –como para otros
filósofos presocráticos era el agua, el aire, la tierra, el fuego– lo entenderían en
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sentido literal, porque los números eran para ellos como los átomos para
Demócrito, pero átomos con magnitud y extensión.
Para los pitagóricos el gran sistema del mundo reposa sobre ciertas bases de las
que el ser, la forma y la acción de todas las cosas, tanto las particulares como las
generales, son una consecuencia natural de la consideración de los números.
Quien conoce sus propiedades y sus mutuas relaciones, conoce las leyes merced
a las cuales la naturaleza existe. Los números determinan el nexo de unión de
todas las cosas y la mecánica del universo entero, son la base del espíritu y el
único medio por el cual se manifiesta la realidad. Según el neoplatónico Porfirio:
«Para Pitágoras los números eran símbolos jeroglíficos mediante
los cuales explicaba las ideas relacionadas con la naturaleza de las
cosas.»
Además, la Geometría permitía someter a los números a operaciones metafísicas
de gran significado simbólico. A esta doctrina pitagórica se la llama, a veces,
misticismo numérico, como queriendo indicar la atribución a los números, no
sólo de un carácter sagrado, sino también de una realidad sustancial descriptiva
tanto de los aspectos cualitativos como de los aspectos físicos de las cosas.
Los pitagóricos denominaron Década a los diez primeros números y en la
consideración de sus propiedades místicas y cabalísticas y de sus virtudes
mágicas desarrollaron, más allá de la Aritmética, un cierto misticismo numérico,
una Aritmología (la palabra número deriva del término griego «Aritmo») al
establecer que cada número poseía sus propios atributos especiales que le
dotaban de ciertas propiedades vitales. Con base en Filolao, Platón –en algunos
de sus Diálogos– Aristóteles –en su Metafísica–, Alejandro de Afrodisias
(comentador de Aristóteles), Teón, Porfirio, Jámblico, Sexto Empírico y
Nicómaco de Gerasa resumimos estos atributos de acuerdo con la tabla sintética
siguiente:
El Número1 o mónada representa el principio activo frente a la diada que es el
principio pasivo. Es la verdadera esencia de todas las cosas, el principio y
fundamento de cuanto existe. Símbolo del buen principio (el Dios único,
expresado en latín por Solus, de donde deriva la palabra Sol). Símbolo de la
razón suprema, asociada al concepto de Dios, inteligente e increado, supremo
paradigma del Bien y la Belleza. Símbolo del Sumo Poder, Creador y
Conservador. Generador de todos los números y de todas las dimensiones.
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Espacio aritmético entre los números enteros y los fraccionarios. Símbolo de
inmutabilidad aritmética (1·1=1, 1/1=1, 11=1).
Para Filolao «el uno es el Padre de los Seres, Padre y Demiurgo del mundo,
artífice de la permanencia de las cosas.»
El Número 2 o díada, es el símbolo de la diversidad, de la opinión, de la
contraposición, y en particular de la expresión de los contrastes de la naturaleza
y de la mayoría de las cosas que afectan al ser humano en forma de dualidad
(noche y día, luz y oscuridad, humedad y sequedad, calor y frío, salud y
enfermedad, dulce y amargo, bueno y malo, grande y pequeño, belleza y fealdad,
etc.).
Aristóteles resume esta dualidad en la
Metafísica (986a): «Otros pitagóricos
admiten diez principios coordinados entre
sí en este orden [cuadro adjunto]».
Es la llamada «lista pitagórica de los
contrarios», de sorprendente similitud con
la doctrina del Yin-Yang de la filosofía
china, que indicaría que todos los
fenómenos se originarían por la interacción
de dos fuerzas cósmicas o principios
antagónicos.
Aunque el esquema pitagórico estaría
enraizado en los valores, por la posición que ocupa lo bueno en la izquierda del
cuadro y lo malo en la derecha. También Diógenes Laercio (Libro VIII.
Pitágoras.15) atribuye esta dualidad a Pitágoras.
El Número 5 tenía un gran simbolismo para los pitagóricos, como conjunción de
los principios masculino y femenino y por tanto símbolo del matrimonio
(2+3=5); también de lo par y lo impar; como número esférico o circular porque
sus potencias termina en cinco; como menor número cuyo cuadrado es suma de
cuadrados (52=32+42, representación aritmética del triángulo divino), en relación
con el Teorema de Pitágoras. Además, cinco son los sólidos poliedros regulares
(tetraedro, octaedro, cubo, dodecaedro e icosaedro), conocidos más tarde por el
nombre de Cuerpos Platónicos al ser tomados por Platón de los pitagóricos.
El número 5 corresponde al Pentagrama místico
pitagórico, Pentalfa, o estrella de cinco puntas –
obtenida al trazar las diagonales de un pentágono
regular o prolongando sus lados– emblema de la
salud y símbolo de identificación de los
pitagóricos como miembros de una comunidad.
El Pentagrama místico fue uno de los tópicos
geométricos más importantes de la Escuela
Pitagórica por sus bellísimas propiedades
geométricas de las que nace su simbolismo místico. Esta figura geométrica pudo
estar en la base del más importante hallazgo científico de los pitagóricos –el
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descubrimiento de las magnitudes inconmensurables–, una de las causas de la
profunda crisis que arruinó a la cofradía pitagórica.
Una de las curiosas propiedades del Pentagrama, que imponía respeto a los
pitagóricos era su «unicursalidad»: «la estrella pentagonal puede ser trazada
por el movimiento de un punto sin pasar dos veces por el mismo lado».
Una segunda propiedad profundamente aritmológica en su esencia inspiraba a
los pitagóricos un entusiasmo místico, relacionando el pentagrama con la palabra
salud (ugieia = higieia, de donde deriva higiene). Aunquela palabra ugieia tiene
seis letras, a veces se producía una contracción que hacía desaparecer la primera
i (como atestiguan algunas inscripciones), quedando entonces con cinco letras
ugeia, que se situaban sobre cada uno de los vértices del Pentagrama, que de
esta forma se convertía en el anagrama supremo de la salud.
El número 5 es, además, el centro aritmético de los 1 4 7
nueve primeros números de la década 2 5 8
1,2,3,4,5,6,7,8,9, siendo, asimismo, la media
aritmética de sus equidistantes (1 y 9, 2 y 8, 3 y 7, 4
y 6) según manifiesta el Esquema de Teón de 3 6 9
Esmirna.
El Número 10 es el de mayor carga simbólica y el más sagrado de todos los
números. Puesto que los cuatro primeros números contienen el secreto de la
escala musical, su suma (1+2+3+4=10), el número diez, la década, puede
«parecer que abarca», como dice Aristóteles, «la naturaleza toda del número»,
sería en sí «algo perfecto», y representa el número del universo, la suma de todas
las posibles dimensiones geométricas. Para Filolao la Década era «grande,
todopoderosa y generadora de todo, comienzo y guía tanto de la vida divina
como de la terrestre» y para Sexto Empírico «la razón de la composición de
todas las cosas.»
El número diez, cuya veneración, no es
tributaria, paradójicamente, de la anatomía de la
mano del hombre, es la quintaesencia del
misticismo pitagórico. Los pitagóricos lo
representaban mediante 10 puntos, piedrecillas o
alfas dispuestos bajo la forma de un triángulo
equilátero. A este anagrama, representación
visual y geométrica del hecho de que
10=1+2+3+4, le llamaron la Tetractys de la Década. Tenía, para ellos tanta
significación esotérica como el Pentagrama místico, y su importancia simbólica
deriva de que por él juraban en sus ceremonias más solemnes, sobre todo en el
rito iniciático de incorporación a la comunidad: «¡lo juro por Aquel que ha dado
a nuestro alma la Tetractys, fuente y raíz de la Naturaleza eterna!» (Versos
Dorados, 47) juramento referente al secreto sobre el contenido de la enseñanza
pitagórica (Porfirio, Vida de Pitágoras, 20)..
La Cosmología pitagórica
La veneración hacia el número diez tiene para los pitagóricos una implicación
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cosmológica transcendental en su doctrina acerca de la configuración del
universo, al ser la inspiradora del primer sistema astronómico no geocéntrico.
Según Aristóteles (Metafísica, 986a):
«[...] Como creen [los pitagóricos] que la década es perfecta y que
abarca la naturaleza entera de los números, afirman que también
los cuerpos que se mueven en torno de los cielos son diez, pero al
ser nueve solamente los visibles, se inventan, por esta razón, el
décimo, la anti-tierra, [...].»
Aristóteles desarrolla estas ideas más ampliamente en su obra Del Cielo (293a):
«La mayoría de los pueblos dicen que la tierra está situada en el
centro del universo, [...], pero los filósofos pitagóricos sostienen lo
contrario. Dicen que en el centro está el fuego y que la tierra es uno
de los astros que, al moverse circularmente en torno al centro, da
lugar al día y a la noche, [...].»
Ocho cuerpos celestes: la tierra, la luna, el sol y los cinco planetas conocidos
(Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), giran en órbitas circulares
concéntricas en torno al fuego central –«Trono de Zeus»–, situado en el centro
del universo. Con la Esfera de las estrellas fijas se llega al valor nueve. Como
falta uno para alcanzar el valor diez de la Tetractys, emblema sagrado de los
pitagóricos, se añade al sistema –«de modo que toda su teoría fuera coherente»–,
como dice Aristóteles, la antitierra, situada en la órbita más interior, en equilibrio
con la tierra, alineada con ésta y con el fuego central y con el mismo período de
revolución diaria que ella. El sol no era el centro del universo, ni era el creador
de su propio calor, sino que era una especie de cristal reflector que recogía la luz
y el calor del fuego central, en torno al cual giraba con un período de un año. Las
estrellas fijas permanecían estacionarias, mientras que la tierra mantenía, durante
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su movimiento, el mismo hemisferio deshabitado hacia el fuego central de modo
que sus habitantes no podían ver jamás ni el fuego central ni la anti-tierra.
Al desplazar a la tierra del centro del universo, la cosmología pitagórica supone
un heroico salto de imaginación científica. No se trata de una mera fantasía
arbitraria. De hecho el sistema proporcionaba una explicación plausible de los
eclipses. No es exactamente una anticipación de la teoría heliocéntrica, pero
algunos estudiosos de la Historia de la Cosmología lo consideran de rango
superior en importancia a la identificación del fuego central con el sol.
La teoría pitagórica es de una gran originalidad. Para Tales y otros filósofos
presocráticos como Anaxímenes, Heráclito, Parménides y Empédocles la tierra
estaba ciertamente en reposo en el centro del universo esférico y más tarde
Eudoxo y por supuesto Aristóteles volvieron a situar con firmeza la tierra en el
centro, del que no se movería hasta los primeros balbuceos heliocéntricos de
Aristarco. Para pensadores como G. Bruno el giro copernicano no sería una
novedad sino la restauración de la antigua Cosmología pitagórica. Así pues,
como en otros muchos aspectos del pensamiento pitagórico, carácter místico y
religioso, no le resta valor científico.
Clasificación y denominación pitagóricas de los números.
Según Isidoro de Sevilla (Etimologías, III.2): «Pitágoras fue el primero que
escribió sobre la ciencia del número», es decir, a Pitágoras se debe la primera
depuración filosófica o teórica de la Aritmética –la liberación de la Ciencia del
Número de la práctica de artesanos y mercaderes que constituían la llamada
Logística–. Sobre ello escribe Aristóxeno:
«Pitágoras honró a laAritmética más que ningún otro. Hizo grandes
avances en ella, sacándola de los cálculos prácticos de los
comerciantes y tratando todas las cosas como números».
Los pitagóricos realizaron diversas clasificaciones y acuñaron numerosos
nombres para los diversos tipos de números. Pero debido a su proceder místico,
muchas de sus definiciones son bastante abstrusas de forma que conviene a veces
recurrir a los preliminares del Libro VII de Los Elementos de Euclides, donde se
recogen gran parte de ellas, en el lenguaje inteligible y riguroso característico del
gran compilador de la Matemática griega elemental. Veamos los nombres y
definiciones de algunos números:
Números pares e impares: definiciones 6 y 7 de Euclides VII.
Los números pares e impares se subdividen en cuatro clases: (Definiciones VII.8
a VII.10):
Parmente par: cuando su mitad es par (son de la forma 2n·[2k+1], n>1).
Imparmente par: cuando su mitad es impar (son de la forma 2·[2k+1],
n>1).
Parmente impar: cuando al ser dividido por un número impar da uno par
(son de la forma 2n·[2k+1]·p, n>1).
Imparmente impar: cuando no tiene más que divisores impares.
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«Es divisor de» (Euclides D.VII.3). «Es múltiplo de» (Euclides D.VII.5).
Números primos (Euclides D.VII.11) y compuestos (Euclides D.VII.13).
Números lineales, planos y sólidos:
Lineal: es el que no tienen divisores (es decir, los primos).
Plano: es el producto de dos números que son sus lados (Euclides,
D.VII.16).
Sólido: es el producto de tres números que son sus lados (Euclides,
D.VII.17).
Cuadrado: es el producto de un número por sí mismo (Euclides,
D.VII.18).
Cúbico: es el producto de un número por sí mismo dos veces (Euclides,
D.VII.19).
Números perfectos, deficientes y abundantes. Números amigos.
Deficiente: es un número que es menor que la suma de sus partes alícuotas.
Abundante: es un número que es mayor que la suma de sus partes
alícuotas.
Perfecto: es un número que es igual que la suma de sus partes alícuotas.
Números amigos: son números en los cuales cada uno es igual a la suma
de los divisores del otro.
Los números perfectos y los números amigos han causado siempre una gran
fascinación, por eso la búsqueda de números perfectos y amigos ha desplegado
un derroche de tinta matemática desde los primeros tiempos pitagóricos hasta
nuestros días, en los que se aplican potentes instrumentos de computación. Los
primeros pitagóricos sólo conocían los números perfectos 6 y 8. Euclides define
el número perfecto en D.VII.22.
A los números amigos, literalmente habría que llamarlos números enamorados.
Los pitagóricos sólo conocieron el par 220, 284:
284 = 1+2+4+5+10+11+20+22+44+55+110(suma de los divisores
de 220),
220 = 1+2+4+71+142(suma de los divisores de 284) .
Jámblico atribuye el descubrimiento de los números amigos al propio Pitágoras,
embelleciendo el relato del mismo con la siguiente anécdota: «Siendo
preguntado Pitágoras –¿qué es un amigo?, contestó –Alter ego. Por analogía
aplicó el término amigos a dos números cuya suma de partes alícuotas es igual
al otro».
La Música pitagórica y la Teoría de las medias
Según Nicómaco, Gaudencio, Porfirio, Diógenes Laercio, Teón de Esmirna,
Jámblico, Boecio y otros pitagóricos, Pitágoras estudió, quizá por primera vez en
la historia, las primeras leyes cuantitativas de la Acústica, al determinar el
fundamento matemático de la armonía musical con la realización de la primera
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experiencia científica que consigna la historia, mediante la construcción de un
instrumento, el monocordio (Jámblico, XXXVI.119; Diógenes Laercio,
VIII.12),con el propósito de interrogar a la naturaleza y obligarla a responder a
una cuestión concreta: ¿cuál es la relación precisa, si es que existe, entre la
armonía musical y los números? Pitágoras descubre que las cuerdas que daban el
tono, la cuarta, la quinta y la octava, tenían longitudes proporcionales a 12, 9, 8 y
6. Y puesto que las razones entre los números 12, 9, 8 y 6 son iguales a las que
hay entre 1, 3/4, 2/3 y 1/2, que son las más sencillas que se pueden formar con
los números de la sagrada Tetractys, 1, 2, 3 y 4, Pitágoras dedujo que ésta es «la
fuente y raíz de la Naturaleza eterna» como dicen los Versos Dorados. Como en
tantos aspectos pitagóricos los números de la Tetractys eran la piedra angular de
la armonía musical. Mediante una mística extrapolación, la Tetractys sería la
fuente del conocimiento de las raíces de la armonía del Cosmos divino,
alcanzable a través del número.Si en el número está la clave del tono musical, en
él residirá también la clave de toda la naturaleza y en ultima instancia aparecía la
matriz de la filosofía pitagórica: «el número es la esencia de todas las cosas».
Con este feliz descubrimiento Pitágoras instaura algo nuevo en la Historia del
Pensamiento: el método experimental y la expresión en fórmulas matemáticas de
las leyes de la naturaleza.
La teoría musical de Pitágoras tiene que ver también con la Teoría de las medias
de raíz pitagórica. Así lo señala el pitagórico Arquitas: «En música hay tres
medias: la media aritmética, la media geométrica y la subcontraria, llamada
también armónica».
Dados dos números a y b, se definen las medias aritmética, m, armónica, h, y
geométrica, g, de la forma:
, verificándose que :
Estas relaciones son verificadas por las proporciones musicales que
se derivan de la cuaterna de números 12, 9, 8, 6 del experimento pitagórico sobre
el monocordio:
El fundamento matemático de la armonía musical se
representa en la tablilla sostenida por un joven discípulo de
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Pitágoras. En la parte superior de las cuerdas de la lira
aparecen con tipografía romana los números 6, 8, 9, 12, de las
proporciones musicales. Las consonancias musicales se
denominan de forma literal y numérica: diatéssaron (6/8,
9/12); diapente (6/9 y 8/12); diapasón u octava (6/12).
Además, en la parte inferior del diagrama de Rafael aparece el
número 10 bajo la forma de la sagrada Tetractys como
emblema pitagórico que resume las razones musicales.
la Armonía de las Esferas
La doctrina pitagórica de la Armonía de las Esferas es la quintaesencia de la
belleza en la explicación pitagórica del Cosmos divino armonizado de forma
fascinante por la concordancia de las proporciones aritméticas y musicales, que
extrapoladas al universo entero determinarían que los cuerpos celestes debían
emitir en sus movimientos unos tonos musicales armoniosos cuya combinación
producía una maravillosa melodía permanente: «La Música de las Esferas». Tal
vez Pitágoras se remontaría a la Mitología puesto que en el himno de Ares,
Homero se dirige a los planetas como si fueran un coro de voces divinas.
Además, conocemos la afición de los pitagóricos a los ritos de Orfeo vinculados
al poder del número y de la música. De modo que Pitágoras racionalizaría el
sistema y la daría un valor místico y científico. Según relata Jámblico (Vida
Pitagórica XV.65, pp.52–53):
«Sirviéndose de un poder divino, inefable y difícil de comprender,
Pitágoras aplicaba sus oídos y concentraba su mente en la sublime
sinfonía del universo, él sólo escuchando y entendiendo, según sus
manifestaciones, la universal armonía y concierto de las esferas y
de los astros que se mueven en ellas. Esta armonía produce una
música más plena e intensa que la terrenal por el movimiento y
revolución sumamente melodioso, bello y variopinto, producto de
desiguales y muy diferentes sonidos, velocidades, volúmenes e
intervalos.»
La música cósmica se produce porque los cuerpos celestes, al ser de tamaño tan
grande y moverse a velocidades gigantescas, emitían a través deléter un conjunto
de sonidos de la misma manera que los cuerpos terrenales producen vibraciones
cuando se mueven en el aire, como por ejemplo las velas de un barco cuando
suenan con la brisa. Pero los hombres no pueden escuchar la melodía del barco
cósmico porque han crecido acostumbrados a ella, lo mismo que el herrero se ha
acostumbrado al ruido de sus martillos. Además, los cuerpos celestes que giran
sin tregua en sus órbitas circulares, producen permanentemente armonías, de
modo que al no haber intervalos de silencio no se puede apreciar la música
cósmica. Es decir, el sonido armonioso de las esferas nos es congénito, pero no
lo podemos oír ya que el sonido y el silencio se perciben por mutuo contraste. En
realidad la música de los hombres no es más que un eco de la Música de las
Esferas, pero su instinto innatoque hace que su alma resuene con la música, le
proporciona un indicio de la naturaleza de las armonías matemáticas que se
hallan en su fuente cósmica. El sonido emitido por cada esfera corresponde a un
tono diferente de la escala musical, dependiendo de los radios de sus órbitas
como los tonos musicales emitidos por la cuerdas dependen de su longitud. La
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vida en la Tierra se ve afectada por la Música de las Esferas porque ésta
gobierna los ciclos temporales de las estaciones, los ciclos biológicos y todos los
ritmos de la naturaleza. He aquí en breve síntesis la doctrina pitagórica de la
Armonía de las Esferas, desarrollada de forma clara y crítica por Aristóteles en
su obra Del Cielo (290 b y siguientes.)
La doctrina de la Armonía de las Esferas prendió en la imaginación de escritores
de las generaciones posteriores, variando los detalles según la evolución de las
teorías sobre el movimiento planetario. Platón, Plinio, Ptolomeo, Cicerón,
Plotino, Jámblico, San Agustín, Boecio, Filón, Casiodoro, San Isidoro,
Shakespeare y otros muchos, aluden a ella frecuentemente. Pero quizá sea en la
Oda a Salinas de Fray Luis de León donde la mística pitagórica alcanza la más
bella descripción poética de la Música de las Esferas.
La idea pitagórica de la Música de las Esferas no deja de ser una especulación
fantástica que hoy «nos suena a música celestial», pero tanto Kepler como
Newton le escribieron pentagrama y Einstein fugas y límites. Kepler basó en ella
su inspiración en la búsqueda de la armonía del movimiento planetario, y en
efecto, una ferviente combinación de mística pitagórica y meticulosa
experimentación permitió a Kepler encontrar sus famosas Leyes.
Como es natural la doctrina de la Armonía de las Esferas ha tenido su influencia
sobre la música sinfónica, de modo que la crítica musical ha querido ver
reminiscencias pitagóricas en algunas composiciones como La Creaciónde
Haydn, Así habló Zaratustra de R.Strauss y La Consagración de la Primavera
de Stravinski. Modernamente también Vangelis parece haberse inspirado en
laMúsica de las Esferas para la realización de algunas de sus composiciones,
sobre todo en los de la serie televisiva Cosmos de C.Sagan.
Los números poligonales
Los pitagóricos solían representar los números mediante puntos en un pergamino
o piedrecillas en la arena y los clasificaban según las formas poligonales de estas
distribuciones de puntos, es decir, asociaban los números a figuras geométricas
obtenidas por la disposición regular de puntos, cuya suma determina el número
representado. Así obtenían los diversos tipos de números poligonales o
figurados:
Los número triangulares: 1, 3, 6, 10, 15, ...
Los número cuadrados: 1, 4, 9, 16, 25, ...
Los números pentagonales: 1, 5, 12, 22, 35, ...
...............................................................................
Los números poligonales aparecieron en los albores de la Escuela Pitagórica
como un elemento esencial de su misticismo numérico: «no sólo las cosas son en
esencia números sino que los números son concebidos como cosas», de modo
que las expresiones «números triangulares» o «números cuadrados» no son
meras metáforas sino que esos números son, efectivamente, ante el espíritu y
ante los ojos, triángulos y cuadrados.
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.La asociación del número con la imagen geométrica permitió a los pitagóricos la
representación visual de los números combinando las dos esencias con que tiene
que ver la Matemática: el número y la forma, confiriendo a los números
propiedades y relaciones entre ellos que son completamente independientes de
todo simbolismo introducido para representarlos, otorgándoles de este modo un
carácter universal e inmutable.
La consideración de los números poligonales y su representación geométricovisual permitía, por una parte, constatar que ciertos números tienen
características diferentes que otros a tenor de las diferentes configuraciones
geométricas a que dan lugar, y por otra, el descubrimiento de forma geométricoempírica, casi corpórea, de importantes propiedades de los números y la
obtención de interesantes relaciones entre ellos. La polifiguración numérica
llevaba a extender conceptos de la Aritmética como generalización de la
experiencia práctica, desarrollando un atomismo numérico bellamente ilustrado
en una geometría de números figurados. Éstos, que son las primeras y las más
simples estructuras de la Geometría numérica están en el corazón de las
Matemáticas y constituyen la matriz del desarrollo ulterior de la Teoría de
Números.
A partir de las distribuciones geométricas de puntos que hicieron los pitagóricos
con los números poligonales, aparecían, como evidencia empírico–visual,
numerosas propiedades de los números enteros, al considerar la relación entre
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órdenes consecutivos de números de un determinado tipo y relaciones entre
números poligonales de tipos diferentes. Así por ejemplo, si llamamos T(n),
C(n), P(n), H(n) al n-ésimo número triangular, cuadrado, pentagonal y
hexagonal, respectivamente, los siguientes esquemas gráficos nos proporcionan
importantes propiedades aritméticas de los números enteros:
Los números poligonales han sido uno de los tópicos más atractivos de la
Historia de la Aritmética tratado por matemáticos de la talla de Nicómaco,
Diofanto, Mersenne, Euler, Gauss, Lagrange, Legendre y Cauchy. Forman parte
de las raíces históricas de la Teoría de Números, apareciendo en numerosos
ámbitos como por ejemplo en el Triángulo de Pascal. Juegan un importante papel
en el Análisis combinatorio, intervienen en el Binomio de Newton y en el
Cálculo de Probabilidades y fueron ampliamente utilizados por Fermat, Pascal,
Wallis y Roberval para la obtención de sus resultados sobre cuadraturas. En la
actualidad el estudio de los números poligonales ha alcanzado un valor práctico
en una incipiente aplicación criptográfica a la seguridad en las comunicaciones,
de modo que, como en otros muchos otros aspectos, Pitágoras se sitúa en el
umbral del pensamiento matemático.
La expresión de los diez primeros números poligonales.
El Teorema llamado de Pitágoras
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Una tradición muy persistente con base documental en Vitrubio, Plutarco,
Diógenes Laercio, Ateneo y Proclo, atribuye el Teorema de Pitágoras al propio
Pitágoras. Pero los descubrimientos arqueológicos de los restos de las culturas de
Mesopotamia, Egipto, India y China, han revelado que estas civilizaciones
conocían aspectos del Teorema de Pitágoras muchos siglos antes que este sabio.
Las referencias prehelénicas al Teorema no contienen, sin embargo, pruebas del
mismo, mientras que es generalizada la creencia de que fue Pitágoras el primero
en proporcionarnos una demostración lógica del Teorema, lo que hará justo que
éste haya pasado a la historia con su nombre.
Diógenes Laercio en su Vida de filósofosrecoge (Pitágoras VIII.7) una referencia
de un tal Apolodoro «El Calculador» sobre Pitágoras, en la que asegura que este
filósofo sacrificó una hecatombe (cien bueyes), habiendo hallado que en un
triángulo rectángulo «la potestad de la línea hipotenusa es igual a la potestad de
las dos que lo componen». Continua diciendo que Apolodoro compuso un
epigrama en verso: «Pitágoras hallada / aquella nobilísima figura / bueyes mató
por ello en sacrificio». Estas anécdotas son, sin duda, ficticias, porque
contradicen la filosofía pitagórica sobre la transmigración de las almas, pero han
contribuido a magnificar la leyenda que envuelve a Pitágoras, y además
determinaron que en la Edad Media al Teorema de Pitágoras se le llamara
«Inventum hecatombe dignum».
La tradición ha establecido que Pitágoras
habría dado una prueba empírica del
Teorema con base en las figuras adjuntas.
Muchos historiadores admiten que la demostración
de Pitágoras se basaría en su propia Teoría de las
Proporciones –imperfecta por aplicarse sólo a
cantidades conmensurables–, de modo que la
prueba de Pitágoras podría haber sido alguna de las
dos siguientes :
Sea ABC un triángulo rectángulo, con el ángulo
recto en A, y sea AD perpendicular al lado BC.
Según Euclides VI.8 los triángulos DBA y DAC
son ambos semejantes con el triángulo ABC y semejantes entre s
Prueba 1. De la semejanza de los triángulos ABC, DBA y DAC resulta:
BA/BD = BC/BA , AC/CD = BC/AC (Euclides VI.4). De aquí se hayan las
expresiones del llamado «Teorema del cateto»: BA2 = BD·BC , AC2 = CD·BC,
que al sumarlas, se obtiene: BA² + AC² = (BD+CD)·BC = BC·BC = BC²,
es decir: BA2 + AC2 = BC2.
En esta demostración del Teorema de Pitágoras –basada en el Teorema del
cateto–, se descompone, de forma implícita, el cuadrado sobre la hipotenusa,
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BCIK,en dos rectángulos, BDJK y DCIJ, cada uno de ellos con el mismo área
que cada uno de los cuadrados construidos sobre los catetos –el rectángulo
BDJK de área como el cuadrado ABEF sobre el cateto AB –ya que BA2
=BD·BK, y el rectángulo DCIJ de área como el cuadrado ACHG sobre el cateto
AC –ya que AC2 = CD·CI–.
Debemos observar que la figura exhibida forma parte de la figura que utiliza
Euclides en su demostración del Teorema de Pitágoras en la Proposición I.47 de
Los Elementos de Euclides, y además, puntualizar que variantes de esta prueba
se encuentran en el hindú Bhaskara, en Leonardo de Pisa (Fibonacci)y en Wallis.
Prueba 2. De la semejanza de los triángulos ABC, DBA y DAC resulta, según
Euclides VI.19 («la razón entre las áreas de los triángulos semejantes será igual
al cuadrado de la razón de semejanza»): DBA/AB² = DAC/AC² = ABC/BC².
Pero de las propiedades de la suma de proporciones (Euclides 5.12) resulta:
ABC/BC2 = DBA/AB2;= DAC/AC2;= (DBA+DAC) / (AB2+AC2) = ABC /
(AB2+AC2) por tanto se tiene: AB2+AC2 = BC2.
Como vemos, estas pruebas del Teorema de Pitágoras mantienen su plena
vigencia en los libros de texto de matemáticas escolares elementales.
Quizá ningún teorema de la amplia Matemática haya recibido tantas
demostraciones diversas como el Teorema de Pitágoras. De todas ellas la más
famosa es sin duda la realizada por Euclides en la Proposición I.47 de Los
Elementos. En la Edad Media esta Proposición se la consideraba la base de toda
sólida formación matemática. En algunos centros docentes además de exigir,
para obtener el grado de maestro, un profundo conocimiento del Teorema, se
obligaba a exhibir una nueva y original demostración del mismo, por eso el
Teorema de Pitágoras alcanzó la honrosa designación de «Magister matheseos».
Este hecho y la gran significación del teorema explica la razón de las
innumerables demostraciones que los matemáticos y no matemáticos de todas las
épocas y personajes tan diversos como filósofos, monjes, políticos, juristas,
ingenieros y artistas, han encontrado del más famoso Teorema de la Geometría.
El Teorema de Pitágoras aparece por doquier en la Matemática. Es la base de
multitud de teoremas geométricos, de la trigonometría y de la Geometría
analítica. La ecuación pitagórica x2+y2=z2 es la ecuación de la circunferencia, la
base de la fórmula cos2a+sen2a=1 y el origen del Análisis indeterminado de
Diofanto y Fermat. También pudo ser el germen del dramático alumbramiento de
la inconmensurabilidad en la Escuela pitagórica.
La aparición del Teorema de Pitágoras en el horizonte histórico cultural pero
también en el horizonte escolar señala el primer salto intelectual entre los
confines de la especulación empírica y los dominios del razonamiento deductivo.
Así pues, estamos ante un auténtico paradigma para la Matemática y sobre todo
para la Educación matemática. Por esto y por su universalidad el Teorema de
Pitágoras pertenece al imaginario cultural de casi todos los pueblos.
La Divina Proporción y el Pentagrama pitagórico.
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Uno de los tópicos pitagóricos más fascinantes y que más influencia ha tenido
sobre el Arte, la Mística, la Biología e incluso la Magia ha sido la Sección Áurea
o Divina Proporción.Euclides introduce la noción en la Definición VI.3 de Los
Elementos:
«Se dice que un segmento está dividido en media y extrema razón
cuando el segmento total es a la parte mayor como la parte mayor
es a la menor».
Importantes especulaciones filosóficas, teológicas, naturales y estéticas han
surgido en torno a la Divina Proporción desde que la humanidad empieza a
reflexionar sobre las formas geométricas que conforman el mundo, siendo el
Pitagorismo quien comienza a dar consistencia racional a toda esta doctrina.
Puede decirse que donde haya una especial intensificación de la belleza y la
armonía de las formas, ahí se encontrará la Divina Proporción, por ejemplo en
muchos aspectos de la naturaleza, de donde muchos artistas extraerán su
inspiración. La Divina Proporción, sobre todo en forma de rectángulo áureo (con
las dos dimensiones en proporción áurea), constituye uno de los métodos
canónicos de composición para obras de arte más utilizados por toda clase de
artistas a lo largo de toda la Historia del Arte interviniendo, además, en el canon
ideal de la belleza humana, en particular en las dimensiones del rostro y de la
mano.
Buena parte de la Geometría pitagórica en relación con la sección áurea, tuvo
que ver con el pentágono regular. Ya se comentó que la figura de la estrella de
cinco puntas que se forma al trazar las cinco diagonales de un pentágono llamada
Pentagrama místico era una especie de símbolo de identificación de la Escuela
Pitagórica; por eso los pitagóricos estudiaron exhaustivamente la construcción y
propiedades del pentagrama. El Pentagrama místico pitagórico se obtiene a
partir de tres triángulos isósceles iguales que tienen los ángulos iguales dobles
del ángulo desigual. Este tipo de triángulo –llamado áureo porque los lados
iguales están en proporción áurea con el lado menor– se
construye en la Proposición 10 del Libro IV de Los
Elementos de Euclides, cuyo contenido es de raíz
pitagórica en su mayor parte. En la siguiente
Proposición, la IV.11, se construye efectivamente el
Pentagrama a base de inscribir en un círculo un
pentágono regular y trazar las diagonales, las cuales de
forma sorprendente se cortan determinando segmentos
que están en proporción áurea siendo el segmento mayor igual al lado del
pentágono (Euclides XIII.8).
El pentagrama místico de Pitágoras fue un diagrama simbólico esencial del
esoterismo geométrico de los pitagóricos que trasmitido desde la antigüedad
hasta el siglo XVIII forma parte de dos tradiciones culturales importantes: los
trazados de los arquitectos y las estrellas pentagonales del simbolismo mágico
europeo, corrientes subterráneas que emergen a la luz a través de la obra de Luca
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Pacioli LaDivina Proporción, que con finalidad teológica racionaliza los arcanos
del misticismo geométrico pitagórico, exhumando una ciencia geométrica en
cuyas fuente beberán Alberti, Durero y otros muchos artistas del Renacimiento.
Monedas griegas con el Pentagrama pitagórico halladas en
Metaponto (450 a.C).
El descubrimiento de las magnitudes inconmensurables.
La grandeza sublime del Teorema de Pitágoras y la mágica belleza del
Pentagrama místico pitagórico fueron dos caballos de Troya para la Geometría
griega, porque llevaban en su interior el germen de la profunda crisis de la secta
pitagórica donde aparecieron. Los Pitagóricos, que, como filósofos presocráticos,
habían considerado como núcleo dogmático de su Filosofía que «los números
son la esencia del universo», encuentran que las consecuencias de su Teorema
atentan contra los fundamentos de su doctrina, que les había llevado a establecer
un paralelismo entre el concepto numérico y la representación geométrica. En
efecto, el cuadrado que es una de las figuras geométricas más simples,
proporciona un terrible ente geométrico, la diagonal, que no es conmensurable
con el lado. Lo mismo sucede entre la diagonal y el lado del pentágono. La
creencia de que los números podían medirlo todo era una ilusión. Así quedaba
eliminada de la Geometría la posibilidad de medir siempre con exactitud. Se
había descubierto la magnitud inconmensurable, lo irracional –no expresable
mediante razones–, «el alogon», que provocaría una crisis sin precedentes en la
Historia de la Matemática. La sacudida que la aparición del nuevo ente provocó
en la Matemática griega puede calibrarse por la leyenda apocalíptica que relata
un viejo escolio (atribuido a Proclo) del Libro X de Los Elementos de Euclides:
«Es fama que el primero en dar al dominio público la teoría de los
irracionales, perecería en un naufragio, y ello porque lo
inexpresable e inimaginable debería siempre haber permanecido
oculto. En consecuencia, el culpable, que fortuitamente tocó y
reveló este aspecto de las cosas vivientes, fue trasladado a su lugar
de origen, donde es flagelado a perpetuidad por las olas.»
En el mismo tono apocalíptico escribe Jámblico (Vida Pitagórica. XXXIV, 246–
247, p.141):
«Se dice que primero que reveló la naturaleza de la
conmensurabilidad e inconmensurabilidad a los indignos de
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participar de tales conocimientos fue aborrecido [por la comunidad
pitagórica] hasta el punto de que no sólo lo expulsaron de la vida y
de la vivienda en común, sino que incluso le erigieron una tumba
como si él, que había sido una vez compañero, hubiese abandonado
la vida entre los hombres. [...] Otros afirmanque la divinidad se
enojó contra quien divulgó la doctrina de Pitágoras, pereciendo
como un impío en el mar por sacrílego al haber revelado la
doctrina de los números irracionales y la inconmensurabilidad.»
Las circunstancias concretas del primer reconocimiento de inconmensurables son
tan desconocidas como la fecha en que tuvo lugar. Aunque Proclo –en sus
Comentarios–, lo atribuye al propio Pitágoras cuando escribe que este filósofo
«descubrióla dificultad de los números irracionales» suele admitirse que fue
hacia el 480 a.C. por Hipasos de Metaponto. El descubrimiento pudo tener lugar
al intentar reiteradamente de forma empírica encontrar una unidad que permitiera
medir, de manera exacta, simultáneamente la diagonal y el lado del cuadrado o
bien la diagonal y el lado de un pentágono regular.
El descubrimiento de la inconmensurabilidad marca un hito en la Historia de la
Geometría, porque no es algo empírico, sino puramente teórico. Con el
descubrimiento de los inconmensurables quedaban afectadas y debían ser
reconstruidas todas las pruebas pitagóricas de los teoremas en los que haya que
comparar razones de magnitudes geométricas. Se explica, pues, el consiguiente
secretismo de los pitagóricos sobre la cuestión irracional y la leyenda del castigo
por su divulgación. Leyendas y conjeturas aparte, se comprende que el
descubrimiento de las magnitudes inconmensurables produjera un escándalo
lógico en todo el ámbito pitagórico, ya que exigía una revisión a fondo de los
fundamentos de su Matemática y su Filosofía, pero fue no sólo la cuna de la
Geometría griega sino uno de los componentes esenciales del milagro griego en
Matemáticas.
La tempestad provocada por el descubrimiento pitagórico de los irracionales
precipitó la primera crisis de fundamentos en la Historia de la Matemática,
propiciando «el horror al infinito», que caracteriza casi toda la Matemática
griega posterior. Como reacción al lenguaje ingenuo de los pitagóricos, mezcla
de brillantes ideas matemáticas, actitudes místicas y aforismos religiosos, se
impondrá el severo rigor de Los Elementos de Euclides. Pero el desarrollo de La
Geometría al margen de la Aritmética, la ausencia de un Álgebra simbólica y la
conversión de toda la Matemática en Geometría, con un estilo sintético de
exposición que oculta la vía heurística del descubrimiento, fue el efecto más
inmediato.
La Cosmogonía poliédrica pitagórica.
Diversos historiadores de las Matemáticas admiten que las antiguas
civilizaciones egipcias y babilónicas tenían conocimiento del cubo, tetraedro y
octaedro y que este saber se trasmitiría a Grecia a través de los viajes de Tales y
Pitágoras.
Proclo en sus Comentarios al Libro I de los Elementos de Euclides atribuye a
Pitágoras la construcciónde «las figuras cósmicas», nombre relacionado con su
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uso en la elaboración de una cosmogonía pitagórica que asociaría los cuatro
elementos primarios –fuego, tierra, aire y agua–, con los cuatro sólidos–
tetraedro, cubo, octaedro e icosaedro–, respectivamente, mientras el dodecaedro
como símbolo general del universo se relacionaba de forma mística con el
Cosmos, representación del universo armónico ordenado por el número.
Aecio (basándose en Teofrastro) atribuye a Pitágoras la cosmogonía descrita con
estas palabras (W.K.C.Guthrie. Historia de la Filosofía griega. Vol.1. Gredos,
Madrid,1999, p.256):
«Por ser cinco las figuras sólidas, denominadas sólidos
matemáticos, Pitágoras dice que la tierra está hecha del cubo, el
fuego de la pirámide [tetraedro], el aire del octaedro y el agua del
icosaedro, y del dodecaedro está compuesta la esfera del todo.»
También Filolao y en parte Simplicio aseguran lo mismo, mientras que algunos
escoliastas del Libro XIII de Los Elementos de Euclides aseguran que los cinco
cuerpos platónicos no tuvieron su origen en Platón, sino que el cubo, la pirámide
[el tetraedro] y el dodecaedro derivaban de los pitagóricos y las otras dos formas
de Teeteto.
Los pitagóricos estaban fascinados por los sólidos regulares, sobre todo por el
dodecaedro, debido a la presencia del emblemático pentágono en sus caras,
generador al trazar las diagonales de la estrella pentagonal, llamada Pentagrama
místico, que era el símbolo de identificación de los miembros de la secta
pitagórica y responsable, junto con el Teorema de Pitágoras, de la aparición de la
inconmensurabilidad.
La construcción del dodecaedro era un secreto guardado celosamente, hasta el
punto de que se fue fraguando una leyenda sobre el terrible fin de quien osó
divulgar sus misterios, relatada entre otros autores por Jámblico (Vida
Pitagórica, XVIII.88, p.97):
«De Hipasos cuentan que fue uno de los pitagóricos que por haber
divulgado por escrito por primera vez la esfera de doce pentágonos
[la construcción del dodecaedro inscrito en una esfera] pereció en el
mar por impío.»
Y también, más adelante (en Vida Pitagórica, XXXIV, 247, p.141), Jámblico
escribe:
Dicen que la divinidad se enojó contra quien divulgó la doctrina de
Pitágoras, pereciendo como un impío en el mar por sacrílego el que
reveló cómo la estructura del icoságono (esto es el dodecaedro, una
de las cinco figuras llamadas sólidas) se inscribía en una esfera.»
Este texto recuerda la descripción apocalíptica de muchos escritores acerca de la
maldición que cayó sobre Hipasos de Metaponto por haber revelado la aparición
de lo inconmensurable. La analogía entre ambas leyendas avalaría la tesis de que
el advenimiento de la inconmensurabilidad habría tenido lugar a través del
pentágono de las caras del dodecaedro.
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Aunque lo aseguren las fuentes mencionadas, la crítica histórica considera
improbable que Pitágoras hubiera planteado la cosmogonía descrita, ya que, por
una parte, fue Empédocles de Agrigento el primero que distinguió
explícitamente los cuatro elementos primarios –fuego, tierra, aire y agua–, y por
otra, según mencionan diversas fuentes, los primeros pitagóricos habrían
reconocido sólo el tetraedro, el cubo y el dodecaedro, atribuyéndose el octaedro
y el icosaedro al brillante matemático de la Academia, Teeteto, que realizó
importantes aportaciones sobre los inconmensurables y que fue honrado por su
amigo Platón con el nombre de uno de sus Diálogos (142a–210d)..
El Quadrivium Pitagórico.
Mediante lo que se considera la primera aplicación histórica de la Matemática a
la descripción de las leyes de la naturaleza, Pitágoras encuentra el fundamento
matemático de la consonancia musical. ¿Quién podría imaginar que el espacio, el
número y el sonido se combinaban en una correlación armoniosa? La Aritmética
y la Geometría entraban en una comunión divina con la armonía musical que es
patrimonio de la Estética y en ultima instancia aparecía la matriz de la Filosofía
pitagórica: «el número es la esencia de todas las cosas». Si en el número está la
clave del tono musical en él residirá también la clave de toda la naturaleza. Así
pues, la Aritmética y la Geometría se vinculan con la Música, que de esta forma
se convierte en una rama de las Matemáticas.
Para Pitágoras la congruencia de lasconsideraciones científicas sobre los
números, las figuras y las notas musicales, es decir, la concordancia de las
proporciones aritméticas, geométricas y musicales, y su extrapolación al
Cosmos, determina que los astros emiten en sus movimientos unos tonos
musicales armoniosos cuya combinación producía una maravillosa melodía
perpetua: «La Música de las Esferas». El misticismo aritmético de la Década
también había llevado a Pitágoras al establecimiento del primer sistema
cosmológico no geocéntrico. Ambos elementos pitagóricos, la Música de las
Esferas y su Cosmología incluyen también a la Astronomía en el ámbito
matemático, el cual quedaasí completado en lo que con posterioridad –a partir de
Boecio que acuñaría el término en su obra aritmética– se llamó las cuatro Artes
del Quadrivium pitagórico –Aritmética, Geometría, Música y Astronomía–, que
junto con las tres Artes del Trivium –Gramática, Retórica y Dialéctica–
constituyen las Siete Artes liberales del curriculum medieva
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El Quadrivium pitagórico. Fragmento del códice de Nicolo da
Bologna Las Virtudes y las Artes de 1355. Biblioteca
Ambrosiana de Milan.
Las cuatro Artes Liberales del Quadrivium pitagórico –
Aritmética, Geometría, Música y Astronomía– se representan
de manera alegórica en forma de figuras de mujeres que llevan
cada una de ellas atributos e instrumentosmatemáticos
distintivos. Las damas son como musas de los sabios
matemáticos que las acompañan –en este icono la Aritmética
infunde la sabiduría a Pitágoras, la Geometría a Euclides, la
Música a Tubalcaín y la Astronomía a Ptolomeo–. En otras
representaciones del Quadrivium pitagórico es la Música quien
asiste a Pitágoras, siendo entonces la Aritmética la consejera de
Boecio.
Los cuatro Mathemata fueron considerados por Platón en La
República como enseñanzas preliminares que había que
dominar antes de emprender el camino de la Filosofía.
El legado de Pitágoras. Herencia y vigencia del Pitagorismo.
La pervivencia de la estela pitagórica a lo largo de los siglos es uno de los
fenómenos culturales más interesantes de la Historia del Pensamiento. Con
Pitágoras nace por primera vez en la historia la confianza ilimitada en nuestra
capacidad para explorar este universo, entendiendo por tal todo lo que el ser
humano, que es razón y sentidos, puede percibir, incluyendo el universo interior.
Por tanto podríamos calificar de pitagórica la fe que ha presidido la tarea humana
de ir haciendo comprensible para el hombre el Cosmos global (macrocosmos y
microcosmos) y que ha inspirado toda la actividad científica durante los últimos
2500 años.
La comunidad pitagórica de índole religiosa, científica y filosófica alumbró el
llamado Pitagorismo, uno de los movimientos intelectuales más influyentes y
persistentes en la Historia de la Cultura. A partir de rudimentos órficos,la
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concepción pitagórica del Cosmosamalgama elementos filosóficos, racionales y
matemáticos con poéticos, religiosos y místicos, buscando la comunión con lo
divino en la contemplación racional del universo, alcanzando una síntesis
sumamente atractiva no sólo para sus coetáneos sino para muchas corrientes de
inspiración pitagórica durante muchos siglos. Pitágoras alcanza una armoniosa
síntesis entre la mística del espíritu religioso oriental –del que se impregna en
sus viajes a Oriente– y la científica visión del universo, desarrollando un potente
movimiento cultural que llegó a ser mucho más que una Escuela de
Pensamiento, un auténtico estilo de vida: «el modo de vida pitagórico», del que
habla Platón en La República (Libro X, 600b).
De la Filosofía pitagórica arrancan dos sistemas de pensamiento muy diferentes.
Los aspectos más abstractos y lógicos fueron adoptados por Parménides, y muy
contaminados de misticismo, constituyen la base del idealismo platónico. En
sentido opuesto, el atomismo numérico-geométrico pitagórico (por ejemplo, los
números poligonales), recogido por Leucipo, adoptará un contenido materialista
en el atomismo de Demócrito.
La mayor parte de la doctrina del Timeo –que Platón no pone en labios de
Sócrates sino de un pitagórico natural de Lócride, ciudad próxima a Crotona–, y
en particular la cosmogonía poliédrica de Platón es pitagórica. De hecho la
filosofía platónica tendió a ser interpretada como Pitagorismo por sus
contemporáneos y sucesores. Así sucedió ya no sólo con la cosmogonía del
Timeo, sino también con la concepción platónica del almay la Teoría de las
Ideas, por citar algunos de los aspectos más sobresalientes de la Filosofía de
Platón. El propio Aristóteles, que fue miembro de la Academia Platónica durante
veinte años, escribe refiriéndose a Platón (Metafísica, I.6, 987b): «Su Filosofía
sigue, en la mayoría de las cosas, la de los pitagóricos.» También B. Russell se
expresa de forma parecida (Historia de la Filosofía Occidental. v.I.p.75): «[...] lo
que aparece como Platonismo [en muchos Diálogos de Platón] resulta después
de analizarlo, esencialmente Pitagorismo». La famosa inscripción que se
encontraba en el umbral de la entrada de la Academia Platónica «No entre nadie
ignorante en Geometría» es de indudable origen pitagórico, como actitud
reverencial del gran filósofo ateniense hacia las Matemáticas. Podemos, por
tanto, asegurar la decisiva influencia de la Filosofía pitagórica sobre Platón,
quien con su incomparable profundidad filosófica y su inefable sensibilidad
estética, fue el prominente vehículo de transmisión de gran parte del
pensamiento pitagórico a la posteridad, en particular a la ciencia alejandrina y a
la primitiva iglesia cristiana, ambas empañadas de Platonismo.
La desaparición de la Escuela pitagórica produjo una cierta diáspora hacia la
región griega del Ática que compondría el germen de la futura Academia
Platónica, pero la tradición pitagórica no se interrumpió en tierras italianas,
sobresaliendo sobre todo las figuras de Filolao que sistematizó y difundió la
doctrina pitagórica y Arquitas de Tarento (en cuyas fuentes directas bebería
Platón). El propio Cicerón asegura que «el verbo de Pitágoras no ha dejado de
resonar en Roma», y es más que «en Roma nadie era considerado instruido si no
era pitagórico» (Tusculanas, I.1, XVI). La influencia pitagórica continúa en la
Roma imperial; citemos a Séneca y Moderato de Cádiz (por aludir a dos figuras
de raíces hispánicas), a San Agustín (que en su aplicación de la doctrina de los
números lleva el misticismo pitagórico hasta el paroxismo), a los reconocidos
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pitagóricos Nicómaco de Gerasa (de quien Proclo decía que era una
reencarnación del mismo Pitágoras) y Teon de Esmirna, a los célebres biógrafos
de Pitágoras, Porfirio y Jámblico, al propio Proclo y a toda una pléyade de
pitagóricos menores cuya doctrina, en amalgama bastarda con aspectos de la
joven Iglesia de Cristo, hará aparecer la Gnosis pitagórica con Simón el Mago,
que en el curso de los siglos evolucionará, a través de corrientes subterráneas de
la cultura que tienen que ver con sus propios orígenes órficos, hacia las
tendencias de Filosofía Hermética que llegan hasta Agrippa de Nettesheim,
Paracelso, Goethe, y alcanzan a las logias actuales.
La Edad Media también sufrió la influencia del Pitagorismo. Por ejemplo, la
doctrina de la Armonía de las Esferas encuentra en el Medioevo su más gloriosa
expresión en la arquitectura de la grandes abadías y catedrales conscientemente
diseñadas según las proporciones de la armonía aritmética, geométrica y musical,
metáfora del orden universal. Además, las cofradías de constructores y artesanos
medievales trasmitieron de generación en generación un ritual iniciático en el
que la Geometría pitagórica desempeñó un papel preponderante, interviniendo en
la construcción de las grandes catedrales góticas donde hayamos toda una
enciclopedia gráfica en los trazados de rosetones en los que el místico símbolo
pitagórico del Pentagrama irradia luminosa magnificencia a través de los
vitrales.
En el Renacimiento la figura de Pitágoras tiene gran incidencia sobre el
pensamiento de Nicolas de Cusa, de Jerónimo Cardano y sobre todo de Giordano
Bruno, quien llegaa escribir: «[...] quedé muy sorprendido al conocer las
doctrinas pitagóricas».
Pero la mayor influencia del pensamiento filosófico y matemático pitagórico
tiene lugar en la Filosofía de la Estética, de modo que todas las cuestiones
tratadas –el concepto de Cosmos como universo ordenado a través de la armonía
matemática y musical, el fundamento aritmético de la armonía musical, la Teoría
de las Medias y Proporciones, la Música de las Esferas, el Quadrivium
pitagórico, la Divina Proporción y los Poliedros regulares, son tópicos
pitagóricos de gran incidencia en la Historia del Arte. La fuente primigenia de la
armonía y la proporción en el Arte del Renacimiento se remonta a las
concepciones matemáticas del pensamiento pitagórico, que al descubrir las
sorprendentes relaciones proporcionales de la consonancia musical creyó haber
alcanzado la verdad absoluta de la estructura armónica del universo, tomándolas
como principio generador en el macrocosmos y en el microcosmos del orden y la
armonía, basados en los números. Estas ideas, reveladas por Pitágoras y
plasmadas en el Timeo por Platón, han sido de trascendental importancia en la
Historia de la Cultura, en general, pero sobre todo en el Arte, que al intentar dar
expresión a ese orden se apoya en la verdad irrebatible de los números y las
relaciones espaciales, que parecen revelar esa armonía preestablecida, ya que
para muchos artistas la armonía espacial será el eco visible y el espejo de la
armonía cósmica pitagórica, de ahí que para los teóricos y artistas del
Renacimiento la armonía como esencia y fuente de la belleza, se concibe como
la perfecta relación entre el todo y las partes y de éstas entre sí, en términos de
proporciones y razones matemáticas. La concreción práctica de las concepciones
pitagóricas sobre la armonía en la configuración de las proporciones artísticas en
el Renacimiento se resume en la aplicación de dos tipos canónicos de
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proporciones: las conmensurables relativas a las consonancias musicales y las
inconmensurables vinculadas a la Divina Proporción. Ambas derivan de la
tradición pitagórica. Sirva como frase emblemática la plasmada por L.B.Alberti
en De re Aedificatoria (1450-1485):
«Tengo que afirmar de una vez por todas la opinión de Pitágoras de
que la recta naturaleza está en todo,[...], y que los números
determinantes de que la concordancia de las voces sea agradable a
los oídos oídos son exactamente los mismos que deleitan nuestra
vista y nuestra mente»
Pitágoras es uno de los artífices de la revolución científica de la Filosofía jónica
por haber encontrado, de forma empírica, el fundamento aritmético de la
armonía musicalmediante la primera experiencia científica de la que hay
constancia histórica, de modo que Pitágoras probablemente fue quien primero
estudió las más antiguas leyes cuantitativas de la Física, siendo el primer sabio
convencido de que los fenómenos de la naturaleza podrían entenderse y
explicarse por medio de la Matemática. Las investigaciones de Pitágoras sobre la
música constituyen las primeras leyes matemáticas completamente generales
aplicadas a desvelar los misterios de la naturaleza, el primer intento en la
tradición occidental de reducir las leyes de la física a relaciones matemáticas, el
primer paso hacia la matematización de la experiencia humana. En la
Astronomía le cabe a Pitágoras el gran mérito de haber establecido el primer
sistema cosmológico no geocéntrico. Aunque no se trata de un sistema
propiamente heliocéntrico tuvo una gran influencia en la revolución copernicana.
El espíritu pitagórico pleno de pasión mística por el conocimiento reaparece en
momentos históricos en los que la evolución del pensamiento científico realiza
un viraje esencial. Tal es el caso de Kepler que, convencido de que la armonía
matemática pitagórica debía haber presidido la labor del creador, aplica la
mística de la Cosmogonía pitagórica y de la Música de las Esferas, para
alumbrar sus famosas leyes planetarias.
Para muchos pensadores Pitágoras es el fundador de la Filosofía y de la
Matemática europeas. Así lo expresa literalmente el filósofo y matemático
A.N.Whitehead en su obra Science in the Modern World de 1925. De hecho fue
Pitágoras, como se ha dicho, quien acuñó para siempre, los términos Filosofía y
Matemáticas. Pitágoras es el iniciador del método deductivo en Matemáticas que
hace de esta disciplina una ciencia racional independiente del empirismo.
Pitágoras planta la semilla del razonamiento geométrico que germinará con sus
sucesores pitagóricos, florecerá en la Academia Platónica y fructificará con
Euclides. Fue, pues, Pitágoras quien inició «el milagro griego» de realizar la
organización racional de la Matemática, añadiendo el elemento de estructura
lógica a la Geometría. Es decir, el mérito de Pitágoras, más allá de la
magnificación inconmensurable del acervo matemático –buena parte del
contenido de Los Elementos de Euclides es de procedencia pitagórica–, fue la
propia instauración de la Matemática como ciencia racional a través de la idea y
la práctica de la demostración. Según B.Russell (Historia de la Filosofía
Occidental, vol.1, p.67):
«La Matemática como argumento deductivo-demostrativo empieza
con Pitágoras, estando unida con una forma particular de
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misticismo. La influencia de las Matemáticas en la Filosofía debida
a Pitágoras, ha sido desde entonces muy profunda.»
La demostración es, pues, la aportación esencial de Pitágoras a la Matemática.
Con Pitágoras, además, el talento griego para la generalización, para la
extracción de la ley universal a partir de los casos concretos –en sentido
aristotélico: la «forma» a partir de la «materia»–, había empezado ya a causar su
efecto. Por eso Pitágoras marca también un hito en la Historia de la Matemática.
A partir de Pitágoras la Matemática es universalmente considerada como un
manantial inagotable de verdad objetiva, la ciencia por excelencia, «la reina de
las Ciencias» que diría Gauss.
Para los pitagóricos la Matemática era la ciencia tipo paradigma del
conocimiento; todo su sistema tiende al matematismo que impregna la ciencia de
hoy. Y más que la Matemática en general, la ciencia de los números: la
Aritmética. La suprema máxima pitagórica que resume su Metafísica «el número
es la esencia de todas las cosas» es un antecedente de la célebre frase de Galileo
en Il Saggiatore resumida en la forma:
«El libro de la naturaleza está escrito en lenguaje matemático.»
Actualmente el aforismo pitagórico, más allá de su sentido alegórico, es una
auténtica realidad; y ello por varias razones. Hoy muchas disciplinas científicas,
incluso dentro del ámbito social, están fuertemente matematizadas. Es más, la
propia Matemática, tras las penosas crisis de fundamentos de siglos pasados, ha
encontrado sus cimientos lógicos en un proceso de aritmetización progresiva,
que permite completar la cita de Gauss: «[...] y la Aritmética es la reina de la
Matemática», dando pleno significado a la célebre frase de Kronecker: «Dios
creo los números naturales y todo lo demás es obra del hombre», que debemos
interpretar como un mayestático pronunciamiento pitagórico, que prepararía la
celebre frase de B. Russell publicada en La Nation (27-10-1924):
«Quizá lo más extraño de la ciencia moderna sea su regreso al
Pitagorismo.»
Más aún, hoy, a través del proceso informático de digitalización, puede llegar a
ser un número –sucesiones de ceros y unos– buena parte de la creación del
intelecto humano desde una argumentación discursiva hasta una composición
musical o una pintura en un lienzo y gracias a tal estructura magnética ser
trasmitido, de forma casi instantánea, por vía telemática, a cualquier lugar del
orbe terráqueo. Así que Pitágoras, el filósofo del número está de plena
actualidad.
También en el terreno de la Educación Pitágoras es un pionero ya que el
Quadrivium pitagórico –Aritmética, Geometría, Música y Astronomía–
sancionado por Platón en La República, se convierte en la médula de una
instrucción liberal dominando gran parte del pensamiento pedagógico casi hasta
nuestros días.
Si a propósito del Teorema de Pitágoras habíamos dicho que «este teorema
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pertenece al imaginario cultural de casi todos los pueblos», a estas alturas
podemos extrapolar la expresión para afirmar categóricamente que la propia
figura de Pitágoras pertenece al imaginario cultural de casi todos los pueblos.
Pitágoras no sólo es el instaurador de la tradición filosófica, científica y
matemática en Occidente sino que su proyección ulterior en la Historia de la
Ciencia, de la Matemática, de la Filosofía y del Pensamiento y la Cultura en
general, es inmarcesible e imperecedera. No es extraño que el gran filósofo y
matemático B.Russell comience el capítulo dedicado a Pitágoras de su Historia
de la Filosofía Occidental, con esta palabras (vol.I, p.65):
«Pitágoras es intelectualmente uno de los hombres más importantes que han
existido y que mayor influencia ha ejercido en la Historia del Pensamiento.»
Sellos emitidos en Grecia el 20 de agosto de 1955 con ocasión
de un Congreso sobre Pitágoras conmemorativo del 2500
aniversario de la fundación de la primera Escuela de Filosofía
de la historia. El primero representa al propio Pitágoras
retratado en una moneda encontrada en Samos y el segundo es
una imagen visual del Teorema de Pitágoras aplicado al sagrado
triángulo egipcio.
EPÍLOGO:PITÁGORAS FILÓSOFO Y MATEMÁTICO
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Pitágoras filósofo. Grabado de History of
Philosophy. Thomas Stanley, 1660.
La extensa e intensa actividad intelectual de
Pitágoras y su Escuela ha dejado un legado que
está en la raíz de la Filosofía, la Ciencia, la
Matemática, la Cosmología, la Música, ..., y ha
tenido influencia decisiva en el Arte, la
Educación, la Literatura, la Religión, la Mística,
la Ecología, e incluso en la Magia y el
Esoterismo.
Para Pitágoras Filosofía, Ciencia, Matemáticas,
Cosmología y Religión, son aspectos
indisociables que conforman un estilo de vida:
«el modo de vida pitagórico», imbuido por un
entusiasmo místico que promueve una pasión
por el conocimiento mediante la especulación
filosófica y matemática como parámetros esenciales cotidianos de la existencia.
El Pitagorismo, tamizado por la Filosofía platónica, está en la base de la
fundamentación filosófica e ideológica del Cristianismo. En Pitágoras
encontramos el primer antecedente histórico del sincretismo cultural OrienteOccidente, del pacifismo,del feminismo,del socialismo, del vegetarianismo, del
ecologismo y de otros muchos «ismos» y tendencias que hoy son lugares
corriente en nuestra cultura. Pitágoras es «el filósofo del número» artífice
máximo del «milagro griego». Su figura histórica crea «las raíces de la Filosofía
y de la Matemática», por eso su entidad intelectual es tan inconmensurable, que
debemos situarla en «el umbral del pensamiento occidental», como «cuna del
saber y del conocimiento»
Pitágoras con los atributos de matemático: el
Dodecaedro, la Tetractys, el Triángulo
Rectángulo, el Pentagrama Místico y la Música.
Ilustración de Pedro Lario Cruz,09/ 2000.
Pitágoras y los pitagóricos aportaron un ingente
caudal de conocimientos matemáticos que
fluíanen el ambiente místico y filosófico de la
Escuela Pitagórica:
La doctrina aritmética incluye la Aritmología
pitagórica de los números místicos, la
clasificación de los números, los números
perfectos y amigos y los números poligonales.
Es lo que se llama el misticismo aritméticogeométrico, que incluye el descubrimiento del
fundamento aritmético de la armonía musical y la construcción del primer
sistema cosmológico no geocéntrico.
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La doctrina geométrica clásica atribuye a los pitagóricos infinidad de teoremas
elementales sobre triángulos, polígonos, rectas paralelas, círculos, esferas, etc.,
resultados que conforman gran parte de los trece libros de Los Elementos de
Euclides. Los pitagóricos aplicaban una teoría restringida de figuras semejantes
(válida únicamente para el caso conmensurable) y según testimonio de Proclo
conocían los poliedros regulares. Además, se consideran tópicos pitagóricos el
famoso Teorema sobre el triángulo rectángulo y la Divina Proporción, ambos
depositarios históricos del descubrimiento de las magnitudes inconmensurables.
Pero lo más importante del legado pitagórico matemático es la propia
instauración la Matemática como ciencia racional a través de la práctica de la
demostración.
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Autor: PEDRO MIGUEL GONZÁLEZ URBANEJA pgonzale@pie.xtec.es
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