A masterpiece of the lucianic renaissance dialog - the anonymous 'dialogo de las transformaciones de Pitagoras'

Autor
Vian Herrero, A.
Publicado en
Bulletin Hispanique
Año
1992
Tema
PYTHAGORAS
Idioma
Español
Categoría
C7 Filosofía
Número de archivo
1469

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Mostrar texto completo17 páginas

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LUC amas AUVIANHERRERO, A MASTERPIECE OF THE LUCIANIC DIALOGO DE LAS TRANSFORM SO BULLETIN HISP REN ACIONES DE PIDO ANIQUE, 1992, 94, 1, p 5-36 | "THE ANONYMOUS UNA OBRA MAESTRA DEL DIÁLOGO LUCIANESCO RENACENT ISTA : EL ANÓNIMO DIALOGO DE LAS TRANSF ORMACIONES DE PITÁGORAS . Ana VIAN HERRERO Universidad Compluten L'article étudie d'abord les motifs idéologiques et formels que l'anonyme Didlogo de las Transformaciones de Pitdgoras hérite des ouvrages de Lucien, Le Songe ou le Cog en particulier. Il analyse ensuite le cadre de la fiction et les aspects rhétoriques et dialectiques de l'argumentation : les interlocuteurs dans leur mutuelle dépendance, l'ordre et les parties du dialogue, les techniques de la persuasion et la forme narrative du texte, On envisage l'ouvrage à la lumière des anciennes règles du dialogue, enrichies par la théorie de l'argumentation contemporaine, El articulo estudia primero los motivos ideolögicos y formales que el anönimo Didlogo de las Transformaciones de Pitdgoras hereda de las obras de Luciano. EI Suerio o el Gallo en particular. Analiza después el marco de ficciön y los aspectos retéricos y dialécticos de la argumentaciön : los interlocutores en mutua interdependencia, el orden y las partes del diälogo, las técnicas de la persuasiön y la forma narrativa del texto. Se analiza la obra a la luz de la antigua preceptiva sobre el diálogo, enriquecida por la teoría de la argumentación contemporánea. El texto que analizo a continuación se conserva en ejemplar único en un manuscrito de la Biblioteca Menéndez Pelayo de Santander, que editó el mismo Don Marcelino en 1907 y cuyo original estuvo perdido durante casi ochenta afios'. La obra debió de componerse 1. Me ocupé de ello en « El Diálogo de las Transformaciones : hallazgo descripción del manuscrito », Criticón (Toulouse) 31, (1985), p. 143-152. Ahí remito para los detalles, y a la introducción a mi edición del texto en prensa (Barcelona, Sirmio. « El bosque de Aristarco ») para todo lo que se trata a nntinuariäön,

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en los primeros afios de la década de 1530 y conserva parentesco evidente con otro gran didlogo lucianesco de mediados de siglo, El Crotalôn, obra también anönima y sometida, como ésta, a largas especulaciones sobre su controvertida autoria. Mi objetivo presente, dejando al margen otras consideraciones que se estudian en detalle en otros trabajos, es poner de relieve algunos de los muchos valores que este coloquio tiene visto en si mismo, y no s6lo como preludio, ensayo, o hermano menor de El Crotalón. La obra, además, tiene interés elevado desde el punto de vista lingüfstico y está relacionada con el viejo problema de los orígenes de la picaresca y géneros afines, aspectos que en esta ocasión van a quedar fuera de mi análisis. I. - TRAS LA ESTELA DE LUCIANO. El coloquio de Luciano de Samosata titulado El Gallo o el Sueño sirve como modelo principal al Diálogo de las Transformaciones”. Forma parte de los diálogos menipeos del samosatense y es uno de los más complejos desde el punto de vista estructural, estilístico y retórico. Los temas principales (despertar de Micilo de un sueño a la realidad, la crítica filosófica y la denuncia social) sobrevivirán, con adaptaciones, en el texto castellano. La unidad del coloquio griego es sobre todo ideológica : el desprecio por las riquezas y el elogio de la vida sencilla en clave cínica. Esta idea central se desarrollaba estructuralmente con un diálogo de relatos intercalados y cambios de espacio por procedimientos mágicos. La pareja protagonista, Micilo y su gallo, adopta los papeles conocidos de discípulo y maestro. El gallo alecciona moralmente a Micilo para hacerle desistir de su sed de posesiones y convertirlo a la filosofía práctica cínica, que renuncia a las riquezas y a los falsos honores”. La conversión de Micilo se inicia ya en el párrafo 26, aunque el convencimiento total, la cura, sólo se produzca al final, en 33. El Luciano de este diálogo resulta accesible, divulgador y poco profundo ideológicamente, lo que representará una gran ventaja para la posteridad, pues muchos imitadores sucesivos comprendieron la adaptabilidad del mensaje lucianesco a contextos y sociedades diversos. Los principales motivos satíricos que contiene A cmtl OeEe. 7 este diélogo son burlas conocidas desde la Comedia Nueva. A esta caracteristica d umarse Otra que también supieron valorar los adaptadores : su perfección formale El autor castellano toma elementos esenciales de la filosofía y de la forma de este diálogo griego, aunque su versión proceda de la traducción latina de Erasmo y no directamente del original‘. Coincide con el modelo en el argumento básico y en varias de sus transmigraciones*. El propósito ideológico no difiere, pese a la separación cronológica de los textos, sino que se adapta. La realización formal dialogística sí presenta variaciones interesantes que obligan a tratar el asunto con más detenimiento. Valga por ahora dejar constancia de algo : en El Gallo de Luciano, y transcurrida la escena inicial, el ave empieza ya en el párrafo 21 a atacar dialécticamente a Micilo, y no a narrarle sus vidas. En cambio, en el Diálogo de las Transformaciones, el gallo ejemplifica consigo mismo, enseña desde la narración de su caso, por lo que el convencimiento de Micilo se retrasa. En este diálogo, la función de cada relato transmigratorio es paralela a la que desempeñan los cambios de escenario con viaje fantástico a casa de Simón y Eucrates en El Gallo. El relato transmigratorio sucesivo representa el convencimiento o cura definitivos. El autor castellano ha mantenido, pues, la variedad narrativa sin aumentar los mecanismos fantásticos. El esquema básico de Luciano (El Gallo y otras obras*), añadirá otros materiales narrativos e ideológicos que le 4. Para la demostración sobre el importante papel desarrollado por la traducción erasmiana v. L. Schwartz, « Golden Age Satire : Transformations of Genre », MLN CIV (1989), p. 260-282, en especial p. 269-70 y n. 23. 5. El gallo de Luciano, después de ser Pitágoras, tiene las siguientes existencias (aunque no todas narradas) : Euforbo ; Aspasia, cortesana de Mileto ; Crates, filósofo cínico ; rey ; pobre ; sátrapa ; caballo ; chova ; rana y gallo varias veces. El autor castellano mantiene las transmigraciones - o sus equivalentes - de Euforbio (sic), Aspasia (- Clarichea), sätrapa (- Dionisio), caballo (- asno), rana y gallo. 6. Dice Jesús Gómez (El diálogo en el Renacimiento español (Madrid : Cátedra, 1988), p. 122-123) : « ...desde el capítulo 8° hasta el final, el Diálogo de las Transformaciones no traduce ya a Luciano, aunque conserva el esquema del “relato de transformaciones” lucianesco ». Que no traduce literalmente es verdad ; eso lo hace ahora con otros autores como Erasmo o Alfonso de Valdés ; pero sí vuelve a usar al Luciano de El Gallo y de otros diálogos (De los que viven a sueldo, Menipo en los abismos, etc.) y sobre todo al Pseudo-Luciano (para él 2. El texto puede leerse en traducción moderna de A. Espinosa : Luciano, Obras | (Madrid : Gredos, 1981). V. la introducción de J. Alsina al Gallo en ed. cit., y J. Bompaire, Lucien écrivain, imitation et création (Paris : E. de Boccard, 1958), edición citada. Una reciente publicación de M. O. Zappala, Lucian of Samosata in libro imprescindible. the two Hesperias : An Essay in Literary and Cultural Translation (Potomac- 3. V. Carlos García Gual, La secta del perro (Madrid : Alianza, 1987). Luciano) del Lucio o el asno. Las referencias se encontrarán en las notas

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proporcionan sobre todo Apuleyo, el Pseudo-Luciano, Erasmo y Alfonso de Valdés. La enseñanza moral no esté reñida, sino que se completa en el ejercicio del delectare y la facetudo renacentistas. II. — EL MARCO DE FICCION EL DIALOGO DE LAS TRANSFORMACIONES Y vuelve a insisfir a4 ch Zu La obra castellana, siguiendo a su modelo lucianesco, no tiene 2 Por eso ya viene la mannana, por lo cual quiero concluir por que vayas al trabajo, porque en esperanga de tu suenno no moramos de hambre, que creo que desde las diez encomengamos la prätica sin nos estorbar y son dadas cinco horas. (f. 26 vto. a-b). nada Y Micilo cierra la charla diciendo : prölogo. Todo lo que el lector llega a saber de los interlocutores, de sus ideas, del espacio en el que se desenvuelven y del tiempo en el .pues es venido el día quiero ir al trabajo, y por el buen consuelo que me has dado en tu comer te lo agradeceré, como por la obra lo verás, Quédate con Dios, que yo me voy a trabajar (f. 27 a)?. que conversan tiene que deducirlo de las acotaciones en boca de los personajes. Del espacio en el que la conversación se produce hay El marco de ficciön es, como en Luciano, dramätico y cémico. Sabemos que el canto del gallo despierta a Micilo de un sueño nocturno placentero, y provoca su mal humor’ : Pues segün : 9 menos datos, pero por los fragmentos antes transcritos se puede deducir que la charla transcurre probablemente en la cámara donde Micilo dormía, ya que tiene que irse, y despedirse del gallo, para ir a trabajar (f. 27 a). El entorno de la zapatería aparece siempre marcado por la pobreza : yo conjeturo atin no es la media noche, agora por el gran silencio, ape el gran rigor del frío que aún no me haze cozquillas... (f. 1a). Como yo no tuviese ayer qué te dar de Parece que el silencio de esa noche oscura (- “en esta tan oscura noche”, f. 1 b —), invernal y fría, sólo se interrumpe por los cacareos prematuros, y por tanto impertinentes, del gallo : mas este desventurado velador desde que se puso el sol vozea como si guardase el vellocino dorado (f. 1a). Pero la noche invita a la confidencia, permite hablar sin interrupciones, y ese gallo-Pitägoras, que posee verdaderas dotes narradoras, sabrä cömo vencer las resistencias del zapatero soñoliento. El marco temporal de este diälogo estä mucho mas precisado que el de otros coloquios coetäneos, pues sabemos con exactitud por acotación de tiempo las horas que transcurren desde el principio al fin de la conversación. A medida que el amanecer se va acercando, el ritmo de la plática se acelera. Dice el gallo : ¡ Que si no fuera por sernos ya el día tan cercano para te lo contar muy por estenso, lo cual no me da lugar... ! (f. 26 b). comer te echó unas habas y tú las comiste con muy buena voluntad (f. 2 a). IaI Eoi dea ar Cuando Micilo va invitado a cenar a casa del rico Éucrates tiene que disimular el estado de su “capa despedagada” (f. 2 vto. b) Puesta mi pobre capa de la parte más limpia : | y que sus agujeros menos se paresciesen (f, 3 a). Cuando sueña el sueño de su opulencia : tenía alrededor de mí tanto de tesoro que no pensaba ser yo el que antes solía coser gapatos (f. 4 b), Podría, sin duda, tratarse de exageraciones de Micilo, traicionado por su inmoderada sed de riquezas. Pero no es así, porque el gallo, con un simple demostrativo, certifica el mismo estado de carencia que envuelve el taller del zapatero : Con gran dificultad hallarás en el mundo un rico que no confiese que le sería mejor estar en su mediano estado e en esta pobleza... (f. 11 a ; el subrayado es mío). Maryland : Scripta Humanistica, 1990)), no añade novedad sobre este ni otros 8. Otras precisiones temporales, muy exactas, sobre el día anterior al tiempo

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11 primeros escritos de los pre-arbitristas. La práctica de los oficios y la atención al campo en la España del “castizo horror al trabajo” Y al final, acelera el ritmo de su cuento con el fin de que Micilo pueda ir a trabajar “...porque en esperança de tu suenno no moramos de hambre” (f. 26 vto. a). habría permitido:la indus habría acabado ición de los productos interiores y con la política de importaciones de las cortes El entorno de la conversaciön, sin llegar al locus horridus, dista mucho del locus amoenus t6pico de los diälogos renacentistas, por regla general mäs aristocratizantes e idealizadores. Tiempo nocturno y poco apacible, que el relato del gallo logrará hacer placentero ; y espacio de pobreza y hambre al que el gallo, con su doctrina, encontrará ventajas, si se sabe ser “prudente en la solevar [la pobreza]” (f. 26 vto. b). Como mandan la verosimilitud y el decoro dialógicos, la ironía del marco guarda relación estructural con el tema y el propósito ideológico del coloquio, también en esto muy diferente de otros compañeros de género: el elogio de la vida pacífica e independiente de los simples, los que viven del trabajo manual y desconocen el servicio. Este mensaje es de raíz cínica y querido a Luciano ; autores como Fernando de Rojas, Erasmo o Valdés, también apreciados por el anónimo castellano, lo estimaron en el Renacimiento, junto a otros muchos escritores como Jarava, Villalón, Pedro de Mercado, Pérez de Oliva o Andrés Laguna, que castellanas!®. El Micilo del Diálogo de las Transformaciones apuesta por seguir cosiendo zapatos y vivir independiente y libre ; el de El defendieron tesis similares desde la literatura científica y desde la expresan o las combaten no son inatacables, y las soluciones que se literatura de ficción. Este mensaje, a la altura en la que se escribe, poco tiene que ver con una “moraleja tradicional”?. Bien es cierto que preconizar la aurea mediocritas, el disfrute moderado de los acepten, en última instancia, se conocen de antemano”. Las técnicas Crotalón prefiere entrar al servicio de Demofón, su rico y petulante vecino, pese a los consejos y enseñanzas previas de su gallo. Parece que no despiertan las mismas expectativas utópicas la década de 1530 y la de 1550. IL. — LA ARGUMENTACIÓN : INTERLOCUTORES, PARTES Y TÉCNICAS DEL DISCURSO PERSUASIVO. Toda argumentación dialógica supone un contacto intelectual en el que un interlocutor (como mínimo) intenta influir sobre un auditorio (oyente / —s o lector / -es) y conseguir su adhesión, modificando así un estado de cosas preexistente". Las opiniones son siempre discutibles, las autoridades o interlocutores que las 10. V. N. Salomon, La vida rural castellana en tiempos de Felipe II (Barcelona : Planeta, 1973) ; P. Vilar, Crecimiento y desarrollo (Barcelona : Ariel, 1964) ; A. Milhou, « Aspirations égalitaires et société d'ordres dans la Castille de la première moitié du XVI" siècle » en Les mentalités dans la Péninsule Ibérique et en Amérique Latine au XVI® et XVII® siècles. Histoire et problématique (Tours : Publications de l'Université. Actes du XIII® congrès de la S.H.F., 1978) ; J. 1. Gutiérrez Nieto, « El pensamiento econömico, politico y social de los arbitristas » en El Siglo del Quijote (1580-1680), tomo XXVI de la Historia de Esparia Menéndez Pidal, dir. ]. M* Jover Zamora (Madrid : Espasa-Calpe, 1986), cap. IV, bienes terrenales, nada tiene de novedad ; pero encarnar ese ideal en la vida de un oficial mecánico, la de zapatero remendón, oficio infame en una España carolina que inicia ya la refeudalización castiza del país en vez de industrializar y aprovechar sus fuentes de riqueza, no es sólo una novedad, sino un verdadero atrevimiento. Así leído, el Diálogo de las Transformaciones podría ser un “espejo de oficiales mecánicos”, adelantándose más de dos siglos a la abolición de la deshonra legal (1781) y un par de décadas a los 9. Jesús Gómez (ob. cit., p. 123) cree que preconizar la bienaventuranza de la pobreza con prudencia es una « moraleja tradicional » en la que coínciden El Crotalón y el Diálogo de las Transformaciones. Es lo contrario : usar un tópico para defender una idea nueva, la dignidad de los oficios mecánicos, cuya defensa en el Renacimiento nada tiene que ver con la de los viejos gremios medievales. Por otra parte, El Crotalón y el Diálogo son opuestos en la lección moral : el autor del Diálogo de las Transformaciones aún cree que es posible la revalorización de los oficios mecánicos ; el de El Crotalón, más escéptico, o más desengañado, piensa que es ya, lamentablemente, una batalla perdida, pues Micilo, a pesar de las enseñanzas del gallo y una vez muerto éste, opta por ponerse al servicio de Demofön, su mentiroso y fatuo vecino (canto XX) ; v. A. Vian, « El ritual satírico en El Crotalón ; el planto y la fiesta », CHA 448 (1987), 55-71. + 234-351. 11. Para lo relativo a la argumentación como unión de retórica y dialéctica pueden verse los trabajos de Ch. Perelman, The New Rhetoric and the Humanities (Dordrecht-Boston-Londres : R. Reidel Publishing Co., 1979), Rhétoriques (Bruselas : Publications de l'Université de Bruxelles, 1989) y Ch. Perelman y L. Olbrechts-Tyteca, Traité de l'argumentation (Bruselas : Éditions de l'Université, 19834) ; de este ültimo hay traducciön española reciente (Madrid : Gredos, 1989), pero es recomendable recurrir a la obra en lengua original. V. también L. Olbrechts-Tyteca, Le comique du discours, que he manejado en versiön italiana : Il comico del discorso. Un contributo alla teoria generale del comico e del riso (Milán : ircLvaoe E Feltrinelli, 1977). 12. El hecho de que las opiniones sean discutibles y dependan siempre del medio en el que se emiten es lo que « ...permet de considérer les interlocuteurs de cette espèce de dialogue comme ne défendant pas simplement leur propre point de vue, mais comme exprimant l'opinion « raisonnable » de leur milieu. La

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argumentativas usan todo lo que puede influir sobre el auditorio de interlocutores, incluyendo el orden en el que se presentan los argumentos y sin descuidar las condiciones psfquicas, sociales, intimas, etc. de los oyentes ; son precisos también un lenguaje comin, por pertenecer a un medio similar, y unas reglas derivadas de la vida social, que establecen cômo puede darse una conversaciôn ; el conjunto de estos elementos es un minimo indispensable, y constituye las condiciones previas a la argumentación. Esta es siempre selectiva, elige los elementos, la manera de hacerlos presentes, los jerarquiza y justifica, etc. ; erfstico)'é; en el debate se,dan a conocer los argumentos y se 12 tampoco hay que descartar temas secundarios o incluso frívolos, que contribuyen al buen funcionamiento de un mecanismo social indispensables. Para que se sostenga la discusión los interlocutores deben también prestarse atención mutua, y las técnicas de persuasión variarán en función de las circunstancias argumentativas!*. El orador, si quiere persuadir, tiene siempre que adaptarse al auditorio, que nunca es idéntico al del principio y evoluciona en la misma medida en la que la argumentación progresa. Es ese juego de reciprocidades el más rico de desvelar literaria y argumentativamente en un diálogo literario, puesto que conviven el auditorio particular (diálogo) con el universal (los lectores)'5. Por otra parte, la adhesión del oyente no debe obtenerse sólo por la supremacía de un orador, sino que aquel debe inclinarse ante la evidencia de la « verdad » sólo a través de la discusión (el punto de vista es, mayoritariamente al menos, heurístico y no eSvaEmpSilNehA prueba su validez. El ar 13 nto presentado a un solo oyente es, desde la Antigüedad, superior‘al dirigido a un vasto auditorio; el orador, así, está obligado a tener en cuenta las reacciones, negativas y dudas de su interlocutor, a probar el punto en discusión, a informarse de las razones de la resistencia del otro (o de los otros), a penetrarse de sus objeciones, etc. Cualquier orador actúa sobre el entendimiento y la voluntad ; una elección incluye elementos racionales e irracionales, ya que las facultades no están tan separadas ; por tanto, si quiere desencadenar una acción, el interlocutor deberá ejercer las pasiones, emocionar para que la adhesión sea intensa, se venza la inercía, etc. La eficacia de una intervención sólo puede juzgarse en función del objetivo que se propone el orador ; la intensidad de la adhesión no puede medirse por el grado de probabilidad concedidoa la tesis admitida, sino por los obstáculos que la acción supera, los sacrificios y opciones que entraña, y que la adhesión permite justificar (juicios del o de los dialogantes, indicios de su confesión, silencios, reconocimientos, concesiones, etc.). El acuerdo preliminar, casi ritual, suele condicionar ya el debate o las pruebas. En tanto avance la argumentación, se establecerán de modo Fists A>T progresivo otras premisas nuevas, y habrán de estabilizarse y hacerse explícitos los acuerdos o rechazos, jalonados en diversas etapas, que determinan el orden de la argumentación. El orden y el método son esenciales en la persuasión de un interlocutor, ya desde las etapas previas a la discusión, durante la misma — atendiendo a los cambios de actitud y compromisos engendrados por el discurso —, y en la conclusión. El orden y las partes del discurso son una forma de condicionamiento del auditorio”. controverse concernant ces opinions a pour effet d'étendre ou de modifier le champ du raisonnable » (v. Ch. Perelman, « La méthode dialectique et le rôle de l'interlocuteur dans le dialogue » en Rhétoriques, p. 60). 13. V. Ch. Perelman y L. Olbrechts-Tyteca, ob. cit., p. 11, y §§ 2, 13, 14, 29, 30, 49 y Ch. Perelman, The New Rhetoric, p. 10 y s. En esos aspectos de elaboración se distinguen la argumentaciön (lucha de varias interpretaciones, ambigiiedad) y la demostracién (univoca). 14. V. Ch. Perelman, The New Rhetoric, p. 14, 58 y Traité..., 8 3 (definición del auditorio en retérica, p. 25 y s.). Parto, como aqui, de la base, de que el auditorio (universal o particular) es una construcción del orador. 15. A veces si el auditorio particular es de élite, como ocurre en muchos diálogos — no sólo renacentistas —, es una forma de auditorio universal, una norma, el modelo al que deben ajustarse los demás hombres para ser dignos de llamarse así : cada interlocutor de Sócrates es portavoz, quizás el mejor, de los que sostienen un punto de vista determinado, por lo que deben atenderse sus objeciones para facilitar la adhesión del auditorio universal. El oyente único encarna con frecuencia en un diálogo al auditorio universal ; no se lo elige en ese caso por sus cualidades sino por sus funciones, (v. Traité..., §§ 6, 7, 8, y The New Diesen «= TE MO eadr eBaeset ayfde De las distintas partes que componen una argumentación es el exordio (en un diálogo tiende a llamarse, aunque no son conceptos idénticos, la preparación)? lo que intenta influir de modo más 16. « Ce n'est que dans les dialogues éristiques, oú l'on s'efforce de mettre l'adversaire en difficulté quoi qu'il dise, en recourant à des sophismes, que les prémisses ne jouent guére de róle important. Par contre, dans les dialogues critiques ou dialectiques, le rôle des prémisses et l'adhésion de l'interlocuteur sont essentiels. » (v. Ch. Perelman, « Dialectique et dialogue », en Rhétoriques, ob. cit., p. 13). 17. Id., Traité..., §§ 103-105. 18. Los términos proceden de C. Sigonio, De dialogo liber (Venecia : Ziletum,

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directo en las disposiciones del auditorio. Su objetivo es conciliarse con él, ganar su benevolencia, despertar su curiosidad e interés y proporcionar elementos de los que surjan argumentos espontäneos ; suele asegurar todo lo relativo a la calidad de los oradores y al objeto y oportunidad del discurso. los que el diálogo adquiere el cariz de coloquio polémico (pro y res mantíenen su discrepancia ínterl contra), cuandosambos 14 Desde un principio se debe enunciar la tesis no problemätica, que no requiere preparaciön especial y que orienta el discurso, aunque en sf mismo ello sea también un compromiso del orador. Es lo que Sigonio llama la proposiciön. Al hacerlo de inmediato ilustra a los oyentes y gana terreno. Otras veces puede ser conveniente retrasar el compromiso y planteamiento de la tesis a tenor del desarrollo de la discusiön, porque eso permite al orador tener en cuenta las objeciones del auditorio y presentar luego una proposiciön que éste aceptarä sin duda. La prueba sélo ha de aparecer cuando ya se haya creado el ambiente propicio para que se admita lo mas fácilmente posible. Dicha fase es la que Sigonio llama, con término poco afortunado, demostración o prueba (probatio). La táctica varía según el auditorio y por tanto según los diálogos. Todo lo dicho puede analizarse en nuestro texto anónimo. + En el Diálogo de las Transformaciones, el coloquio preambular o preparación es eminentemente dramático y tiene función múltiple : crear las premisas previas del discurso, retratar ante el lector a ambos interlocutores en una situación cotidiana y cómica (el despertar malhumorado de Micilo por los cacareos del gallo) y presentar el motivo de la conversación : convencer al zapatero de que su estado es el mejor de los posibles. El gallo aparecerá desde el principio como amonestador y experto ; por su parte el zapatero es agudo pero vive fascinado por la riqueza. Esa relación maestro — discípulo, todo lo irónica que se quiera (puesto que el « sabio » y orador principal es un gallo parlante que ha sido, entre otras muchas cosas, el filósofo Pitágoras) no se va a alterar de principio a fin ; estamos ante un diálogo pedagógico que va a presentar ante el lector el proceso de aprendizaje de Micilo, un representante de los « simples » que vive descontento con su fortuna, y con el que, además, puede y debe identificarse el lector'?. Si hay momentos en sobre las riquezas (capítulos Ë& VI), esa contienda es breve, y la unidad de punto de vista — el del maestro, naturalmente — se alcanza pronto en la obra, aunque la garantía de la cura, igual que en El Gallo de Luciano, no se obtenga hasta el final. En la preparación, por tanto, aparecen ya muchos de los procedimientos de los que se va a servir el autor : monólogo del gallo, monólogo del maestro en alternancia con réplicas breves del discípulo, diálogo de segundo grado o diálogo con verba dicendi en boca de uno de los interlocutores del marco, y digresión. La preparación de este diálogo es excepcionalmente larga, lo que seguramente, junto con el indisimulado lucianismo, hubiera disgustado a Carolo Sigonio”, El diálogo preambular se dilata con digresiones, procedimientos de entrelazamiento, de énfasis y suspensión, de enlace y disociación : vencida ya la sorpresa de Micilo por el hecho de que un gallo hable, y conocido ya el origen —el mitológico y el pitagérico— de animal tan portentoso, el zapatero pide al ave que le cuente sus existencias previas. Éste, en lugar de hacerlo inmediatamente solicita a Micilo que le cuente antes su sueño ; el zapatero está a punto de hacerlo, pero el gallo le pide entonces que le refiera la cena a la que asistió el día anterior, lo que éste hace. La proposición se hace esperar tanto que condiciona la estructura dialéctica de todo el diálogo, y en particular de su porción más importante, el debate. Por fin, bajo forma de un argumento de autoridad por la experiencia”, podemos leer la esperada proposición : Galllo]. - {...] Y hablo esto por saberlo, como lo sé muy bien, porque yo soy insperimentado en todas las vidas de los hombres : en un tiempo fue rico y en otro pobre, como agora, si esperas, lo oirás. Miícilo]. - Pues, por Dios, qu'es razón que tú nos cuentes cómo fueste transformado y qué has pasado en cualquier estado de tu vida. oponen puntos de vista y el lector (o a veces un juez) es árbitro o testigo de la contienda, y con el diálogo dialéctico, en el que el punto de vista del autor se reparte entre los interlocutores (v. A. Vian, « Fábula y diálogo en el Renacimiento : confluencia de géneros en el Coloquio de la mosca y la hormiga de Juan de Jarava », en Arcadia. Estudios y textos dedicados a Francisco López Estrada, Dicenda núms. 6 y 7 (1987-1988), vol. II, p. 449-494 ; en especial $ 11. 2. c., p. 472-475). 20. Recomienda entrar rápidamente en el debate o contentio para no cansar al lector; v. su ob. cit. f. 34 vto. - 35, y más recientemente J. Gómez, ob. cit. p. 46. 19. Llamo diálogo pedagógico a aquel en el que el punto de vista del autor se identifica en lo fundamental con el del maestro, y el del lector con el del discípulo ; en contraste con el diálogo polémico o erístico donde los interlocutores 21. Sigo en lo fundamental la terminología de Ch. Perelman y L. OlbrechtsTyteca (Traité..., §§ 44-105) para la designación de los distintos tipos de argumentos y técnicas argumentativas.

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Galllo]. - Pues öyeme, y ten por prosupuesto que en toda mi vida nunca yo vi estado de hombre más bienaventurado qu'el tuyo (f. 5 a-b)2, De los procedimientos antes enumerados, el de la digresiön es el mäs inesperado, por ser escaso en.un coloquio preambular de un diälogo renacentista. Aqui tiene efecto argumentativo, pues al no ser el gallo un interlocutor « normal », necesita mäs tiempo y mäs täcticas para conciliarse con su oyente y ganarse su benevolencia y su interés ; tiene que esforzarse más por mostrar su competencia, su honestidad, su respeto por los hechos, su prestigio. Aparentemente, ante Micilo, carece de credibilidad, por lo que es para el gallo imprescindible ganarse primero la confianza, desmentir las sospechas e insistir en la comunidad con su oyente, en su identidad de valores. La digresión le permite también tener en cuenta las objeciones de Micilo y presentar su tesis de manera que sea más fácilmente aceptada ; el gallo no inicia la prueba hasta que no ha creado el ambiente propicio para ello. De todos modos, la digresión es una técnica presente en todo el Diálogo de las Transformaciones e indica que son importantes los argumentos secundarios que revierten en la argumentación principal. Por ejemplo, el relato sobre la transmigración en Euforbio está interrumpido por breves digresiones : una que manifiesta la intriga y curiosidad de Micilo sobre sus propias existencias previas (cap. VI, f. 5 vto. a) y otra en la que se plantea la veracidad o no de los relatos homéricos (ibíd.). La vida de Epulón el rico también se narra de forma digresiva (cap. IX), de modo que se pasa casi imperceptiblemente, y basado en un enlace individuo — grupo, de contar la biografía de Epulón a una digresión moralizadora general sobre la vida de los ricos (9 vto. b - 11 a). Se confirma así que la forma de argumentar de este diálogo pedagógico es difusa, a la vez amplificatoria y enfática, muy atenta al papel de los argumentos secundarios como reforzadores del razonamiento central, lo que implica también por parte del autor una voluntad de representar artísticamente la imagen de una conversación accidental y libre, donde se permiten los saltos de tema, el énfasis, los rodeos, las rupturas y el fluir abigarrado y plural de las palabras y los relatos. Por otra parte, es característico de toda argumentación, y no sólo de ésta, la falta de límites claros. Los puntos de partida y el resultado no están nunca estrictamente delimitados, pero los eslabones EL DIÁLOGO DE LAS TRANSFORMACIONES intermedios lo están aún menos, y no hay límite absoluto o rígido para la acumulación de argumentos, que puede reforzarse con otros razonamientos convéliiites o complemen-tarios, etc. Por lo general, son normas de conveniencia, y sobre todo la atenciön del oyente, las que imponen limites temporales y espaciales a una argumentación”, Tanto Micilo como el gallo, y no sólo uno de los dos, tienen la función de impulsar y ordenar el relato, aunque el saber de cada uno sea distinto : por ejemplo, los dos pueden hacer preguntas instrumentales al otro interlocutor, con el fin de que avancen el relato o la plática. Dice Micilo pidiendo información : ¿ De qué manera es eso ansí ? porque lo deseo mucho saber (f. 1 vto, b). En otro momento, es el gallo quien, para examinar lo que sabe Micilo, pregunta : Dime, Micilo, ¿ ofste algún tiempo de un Pitágoras sabio ? (f. 1 vto, b). También dosifican los dos lo relatado, pese al desigual nivel de conocimientos, con el propósito de ordenar la conversación : Esto te baste de Euforbio y de las cosas de Troya, dice el gallo (f. 5 vto. b). Y a su vez, Micilo : Díme agora, después de que dexaste de ser Pitágoras, ¿ en quién fueste transformado y qué cuerpo tomaste ? (f. 6 b). Las funciones de maestro y discípulo están bastante difuminadas, o suavizadas, hasta el capítulo VIII, porque en este primer tercio de la obra Micilo es muy activo : su enfado primero y su susto después la hacen tomar la palabra (f. 1 a-b). Él es quien cuenta el origen mitológico del gallo (f. 1 vto. b) con una erudición poco propia de un zapatero remendón, salvo si está avalado por la auctoritas cómica de Luciano y representa al auditorio universal. También sabe quién fue Pitágoras y algunas de sus recomendaciones y preceptos. Se revela además muy deductivo y muy listo, pues usa argumentos cuasi-lógicos, descubre contradicciones e incompatibilidades y emplea esos conocimientos para exigir veracidad a su interlocutor (f. 2 a). Tentado por la posesión de riquezas, conoce en cambio los peligros a los que se 22. Es significativo ese nos cuentes de Micilo, que no puede ser mayestático... ¿ Habrá traicionado un duende al autor, quien parece estar pensando más en los lectores plurales (auditorio universal) que en un Micilo singular ? 23. Ch. Perelman y L. Olbrechts-Tyteca, Traité..., § 100.

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exponen las gentes por adquirirlas, lo que contra toda previsiön constituye a sus ojos, en una argumentaciön por el sacrificio, razonamiento irrefutable de su valor intrinseco (f. 4 vto. a - 5 a). Cuando el gallo cuenta los viajes cientificos que hizo a Egipto e Italia siendo Pitägoras, el zapatero contesta de este modo : El Micilo de los ocho primeros capítulos — el que coincide con la traducción más fiel de Luciano — es un discípulo particularmente 18 de 19 vista dialógico: al final del capítulo VIII ya está” convencido de que «no hay estado más quieto » que el suyo (f. 9 vto. a), y pide al gallo que le cuente más transmigraciones, sólo — o casi— por el placer y la curiosidad de oírlas contar. Hasta aquí, el razonamiento ha avanzado, como en la dialéctica platónica, paso por paso, con la confirmación y Ya yo he ofdo eso y cömo de los italos fueste creido. Mas dime agora la verdad ; qué fue la causa que te moviö que constituyeses ley que no comiesen carne ni habas ningün hombre ? (f. 6 a). aprobación explícita del interlocutor ; el paso a la tesis siguiente no puede realizarse hasta que el oyente, con su adhesión, garantiza la verdad de cada eslabón argumentativo®, Micilo demuestra así una curiosidad intelectual y un rigor poco frecuentes en un discípulo cómico, aunque sea renacentista : él tiene información de oídas, pero ahora, aprovechando ocasión tan insólita y propicia como es poder escucharlo de labios del mismo que lo experimentó, quiere saber la verdad, confirmar sus informes orales. Es éste un momento clave del diálogo ; el gallo ha vencido una dificultad no chica : convencer a Micilo, con argumentos del orden y de lo existente, de la quietud de su estamento. Pero quietud no equivale a felicidad por las posesiones (lugar de cualidad), sino a la tranquilidad que supone el carecer de ellas, lo que es bien distinto. Las técnicas, a partir de ahora, tienen que cambiar por fuerza, y en También sabe quién fue Dionisio el tirano de Siracusa y también utiliza la información para exigir veracidad a su interlocutor (f. 6 b). Puede incluso dejar hablar al gallo para luego contradecir su discurso con un argumento ad personam, consiguiendo así sonsacar nuevos informes : particular las actuaciones del discípulo. El gallo, estratégicamente, cuenta su existencia de Epulón, como forma argumentativamente Mas antes yo he oído dezir que lo hazías por exercitar tu crueldad argumentación por el análisis, direccional, destinada a obtener la enfática y amplificatoria de insistir en lo mismo, siempre a base de lugares dentro de la categoría de « lo preferible ». Se instala una adhesión última del oyente. Desde el final del capítulo VIII Micilo castigando los mochachos... (f. 7 b). Sus conocimientos y memoria son excelentes : recuerda al galloDionisio lo que en un tiempo le dijera una vieja siracusana, hasta el punto de llegar a avergonzar a su maestro, que prefiere no rememorar algunos detalles de sus pasadas existencias : ¡ Oh Micillo, todo me lo has de dezir, que no calarás algo ! (f. 7 vto. a), Este último ejemplo caracteriza con igual intensidad al zapatero y al gallo. El ave hace una concesión bien calculada y muy galana, figura de comunión por la cual se concilia con el zapatero, muestra su solidaridad y estima, no provoca hostilidad y sugiere al oyente la idea de que decidirá en libertad. Este discípulo muestra recelos hacia la coherencia excesiva, por lo que el gallo tiene que asumir cierto grado de incoherencia como indicio de sinceridad y seriedad. El maestro aquí se parece más al sacerdote que al propagandista?. apPtoELisUr. deja de ser activo en la discusión y es el gallo quien monopoliza el turno de palabra : la toma en el capítulo IX y la deja al final del XIII sin que el zapatero haya despegado los labios. Valga como ejemplo del cambio de estrategia el final del capítulo IX : es el mismo gallo quien, sin perder el turno de palabra, reorienta el relato, dando por terminada su digresión sobre las penalidades de los ricos (primera etapa de su argumentación por el análisis) y volviendo a sus transmigraciones : Pues sobre todos mis males te quiero contar los trabajos que pasé después (f. 11 a). Una consecuencia del cambio de estrategia hacia el género epidíctico y el monólogo platónico-ciceroniano será, como era de esperar, la importancia que adquiere el diálogo de segundo grado con sus verba dicendi**, Cuando un orador sabe que el conjunto de 25. V. Ch. Perelman, Rhétoriques, p. 53 26. V. los capítulos X a XIII y XIV a XIX. Ni que decir tiene que puede cambiar 24. Ibid., §§ 72 y 9. el capitulo aunque permanezca el interlocutor. V. también los capitulos VI y VII.

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argumentos de una tesis encubre incompatibilidades e incoherencias, elige algunos de entre esos argumentos, o usa medios para asegurar una coherencia o para dificultar una refutaciôn ; por diálogo se acaba por simple agotamiento, y porque llega el día y, con él, la hora desir al trabajo. Micilo, admirado de su interlocutor ejemplo, hace que entren a razonar varios personajes, quienes permiten dejar sitio a todas las alternativas y no sacrificar nada de los argumentos incompatibles, o prevenir sus inconvenientes”. Por qué estado fue para él el mejor (f. 26 vto. b). Su maestro, sin 20 otra parte, el discurso continuado, según los preceptos de la retórica, pretende persuadir gracias a una suma de procedimientos diversos que se apoyan los unos a los otros y cuya eficacia reside más en el efecto de conjunto que en la solidez individual de cada argumento”, En el capítulo XIV, tras una intervención de Micilo, en tono admirativo y sólo destinada a impulsar el relato, vuelve el gallo a tomar la palabra durante tres capítulos (XIV a XVID, interrumpidos sólo por otro leve e irónico comentario de Micilo (f. 14 vto. a). El capítulo XVIII que es proporcionalmente muy extenso, es casi en su totalidad un monólogo del gallo. Éste ha seleccionado para contar a su discipulo aquellos puntos de la conversaciôn de camino mantenida por italianos y tudescos que él escuchó siendo burro y que más le interesan para que su interlocutor aprenda. Continúa, pues, la argumentación por el análisis. Si el zapatero ya sabía que en su estado había paz y quietud, necesita confirmar a través de la vida peregrina de los soldados y durante el resto de la charla, que esa paz es un bien superior a la posesión de riquezas (lugar de cualidad), y que no la disfruta ningún otro estamento social, en el mundo de los humanos o, metafóricamente, en el de los animales. Los peregrinos, frente a los servidores palaciegos, pueden ser libres, pero tampoco son felices, porque no reside la moral social en un grupo semejante ; su libertad es la del vagabundo incontrolado e incontrolable, no la del oficial mecánico y hombre de bien. portentoso, pide el et plimientoige la última promesa : que le diga abandonar el lugar de cualidad pero introduciendo la reciprocidad y la analogía, le resume las ventajas de ser rana y las de ser « simple », y el zapatero, convencido ahora de su buena suerte, se va a trabajar (f. 27 a). El autor (y, en partes importantes del diálogo, su delegado en el texto, el gallo) ha jugado globalmente con dos estilos : el rápido, favorable al razonamiento según Aristóteles, y el lento, que es creador de emoción”. Como un buen orador, tiene que dominar el tiempo y adaptarlo a la atención del oyente ; por eso concede a cada parte de la exposición un lugar proporcional a la importancia que quiere verle atribuir en la conciencia del o de los destinatarios ; silencia algunas premisas discutibles para no atraer sobre ellas la atención, y prolonga la expectativa sobre temas que interesan para aumentar la presencia ; en este segundo caso, la técnica preferida será la repetición, la acumulación, la insistencia evocando detalles, el énfasis, etc. El Diálogo de las Transformaciones, desde el punto de vista argumentativo y dialéctico, es convergente y compósito ; la longitud de la preparación diluye en parte el debate y convierte a la demostración o prueba del maestro en una buena disculpa para contar por contar, ya que Micilo, por fin despabilado y convencido a medias desde el capítulo VIIP®, gusta también de escuchar por “escuchar. La dispersión de argumentos convergentes no excluye el efecto de convergencia, pero lo atenúa. El deseo de narrar no compite y anula, sino que es, el proceso de la argumentación y la El capítulo XIX tiene características similares al anterior : es muy largo y totalmente monologado, salvo una pequeña intervención, incisiva otra vez, de Micilo (f. 25 vto. a). Los capítulos XX a XXII son muy breves, y el diálogo se precipita hacia el final. Un relato tan extenso y preciso en los detalles como el del gallo-asno ha dejado exhausto al maestro, que se ha cansado ya de narrar. Su vida como ramera Clarichea — dice — « no tengo ya fuerca para te lo contar por estenso » (f. 26 b). Esta renuncia tiene efecto argumentativo, pues, la simple alusión — frente al silencio — devuelve la eficacia al aserto como argumento secundario. El prueba : éste se caldea y adorna con relatos tan amenos como pedagógicos, se hace narrativo. Las existencias del gallo, sus « novelle », son el diálogo, lo que se somete a discusión, razonamiento y conversación. No hay mejor avenencia que ésta entre un maestro y un discípulo de diálogo unidos por el « plaisir du récit ». Para aumentar la adhesión, el orador se ha servido de medios retóricos, como amplificar y valorar, propios del género epidíctico, y como la pregunta-respuesta sancionadora de acuerdos ; se ha hecho educador y apela a valores incontestados e 29. Ch. Perelman y L. Olbrechts-Tyteca, Traité..., § 37. 27. V. Ch. Perelman y L. Olbrechts-Tyteca, Traité..., $ 102. 28. Ch. Perelman, Rhétoriques, p. 53. 30. Ibíd., $ 6 para la distinción entre convencer y persuadir en teoría de la

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incontestables, que gozan del prestigio de la comunidad ; emplea argumentos que Aristöteles llamaba didäcticos ; procede por afirmaciön sin comprometerse en prolongar una controversia pro y contra. Intensifica la adhesión en lugar de hacer sólo propaganda”. introducidas por primera vez con una intensidad sín precedentes : me refiero, a un humor singular, a la confluencia de especies IV. — ARGUMENTACION Y FORMA NARRATIVA : ADAPTACIONES DE LOS PERSONAJES DEL MARCO Y TECNICAS DEL DIALOGANTE MAESTRO El autor del Didlogo de las Transformaciones, siguiendo los ejemplos de Luciano y Erasmo, no limita a sus interlocutores a la función plana de portavoces ideológicos, sino que los caracteriza cómicamente, dentro pues del tercer estilo, con rasgos muy ricos : se enfadan, se quieren, se punzan, se amonestan, sienten vergúenza o nostalgia, se ríen o lloran, son exigentes o estrategas con su interlocutor, complacientes o tiránicos, irónicos o admirativos, respetuosos o incisivos. El autor, por un espléndido juego dramático y dialéctico de acotaciones informa al lector de todas esas cualidades y hace vivir y humanizarse a los personajes del marco. Los tratadistas del diálogo no recomendaban otra cosa : también las ideas caracterizan literariamente ; la teoría de la argumentación moderna es asimismo muy consciente de la importancia de los sentimientos en el discurso razonador : para describir el poder de los argumentos del adversario son cruciales sus reacciones, su comportamiento, su seguridad o inseguridad, su ira o su afecto, sus posibles alejamientos del tema central, si pregunta en lugar de responder, si se calla, etc. ; todos ellos son indicios de la fuerza de los argumentos del orador, e incluso aludir y comentar esas reacciones puede incrementar la propia fuerza”. Si esa humanización de los interlocutores ocurre desde los tiempos más remotos del diálogo cuando el autor pertenece a la categoría 23 literarias, O de BE imientos à los autores toman prestados a otros géneros, sobre todo al drámático y al narrativo. Esta es la razön por la que el género se convierte, en la primera mitad del siglo XVI hispánico, en un campo de experimentación para todos aquellos escritores que quieren investigar y ensayar nuevas maneras de contar ficciones?. El autor del Diálogo de las Transformaciones se esmera en dos aspectos : la caracterización de Micilo y su gallo, y la técnicas del dialogante maestro para propiciar la « iluminación » del zapatero. Se analizarán ahora ambos aciertos del autor. La acotación, en sus distintas modalidades, es la técnica más utilizada para individualizar a los interlocutores. Los personajes, como en toda mímesis argumentativa, evolucionan al entrar en relación y pueden aprender el uno del otro. Están en dependencia mutua. Algunos ejemplos ilustran esta idea : En la primera escena, ante un Micilo malhumorado que practica la violencia verbal y casi la física (f. 1 a), encontramos a un gallo respetuoso, que aconseja y amonesta cariñosamente a su dueño, de cuyas habas depende, y a quien destina, como mínimo, un argumento por las consecuencias y otro pragmático : Mi senor amo Mifci]llo, en verdad que pensaba yo que te hazía muy agladable servizio si te manifestase la mannana con mi canto, por que levantándote antes del día pudieses hazer gran parte de tu labor si antes qu'el sol saliese tuvieses cosidos unos çapatos. Trabajo sería más provechoso para tu comer ; y si más te aplaze el dormir, yo te contentaré callando, y me haré más mudo que los peces de la mar. Mas mira bien que, aunque durmiendo te parescas ser rico, no seas pobre cuando despiertes (£ 1 b). de los grandes creadores, es también algo intrínseco a todo diálogo humanístico de calidad. En lo relativo al diálogo lucianesco, tanto el fundador como sus seguidores renacentistas confieren al género virtudes específicas no ajenas a la historia del diálogo, pero sí 31. Ibíd., $12. 32. C. Sigonio, por ejemplo, recomienda que se reflejen sentimientos como la ira o la indignación si las situaciones los requieren ; el diálogo debe adaptarse a las costumbres, al género y carácter de les interlocutores, a su edad y sexo : v. ob. cit., f. 19 vto. Erasmo, S. Speroni, T. Tasso, R. Espinosa, S. Pallavicino, etc. también insisten en la misma idea. En el pensamiento actual v. Ch. Perelman y L. Olbrechts-Tyteca, Traité..., $ 98. 33. Desde el erasmismo de la primera mitad de siglo se cultiva el diálogo asociado a formas narrativas breves, procedimiento ya practicado por Platón y por Luciano, y recogido - aunque de diferente forma - por Castiglione y por Erasmo mismo ; éste, en sus Colloguia somete a Jos interlocutores a la amplificatio específica del diálogo. V. para ello mi Diálogo y forma narrativa en « El Crotalón »: estudio literario, edición y notas, (Madrid : Universidad Complutense - Servicio de Reprografia, 1982), cap. III ; también M. Bataillon, « Erasmo cuentista. Folklore e invención narrativa » en Erasmo y el erasmismo (Barcelona : Crítica, 1977), p. 80109 y una síntesis más reciente en J.Gómez, ob. cit., p. 109-149.

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Entre consejo y consejo, el orador ha aprovechado para introducir, atin de forma timida, lo que se constituirä en el objeto del acuerdo agrupado en torno de la categoria de « lo preferible » (valores generales : la felicidad y el trabajo ; jerarquías : la libertad es superior a la riqueza ; y lugares comunes de lo preferible, donde dominarán los argumentos de superación y de cualidad). El susto de Micilo al oír hablar a un gallo con voz humana tiene - Offte:{he], gallo, comital 25 condición que no sea suenno lo que me contaré ‚mas que me dig # la muy verdadera ocasión que te movió a hablar como hombre (f. 1 vto. a). Forma simple, por parte del discípulo, de poner de relieve la pareja filosófica apariencia /realidad (aquí sueño/realidad), de gran rendimiento argumentativo, pues otro de los elementos de su mutua dependencia será esa dialéctica entre la experiencia y la incredulidad, pieza clave de la estrategia estética del autor. su eco en una amonestación ad personam del ave (- « tú me paresces muy sin letras » (f. 1 b) -) acompañada de un argumento de comparación, irónico, con el caballo de Aquiles, que recitaba versos en pleno campo de batalla profetizando lo por venir (f. 1 vto. a). El motejar a Micilo de ignorante surte un rápido efecto, pues en los capítulos inmediatos el zapatero va a sentirse obligado a exhibir conocimientos y contar todo lo que sabe de las existencias previas del gallo : su origen mitológico como paje de Marte (f. 1 vto. b), las recomendaciones de Pitágoras a sus discípulos (f.2 a), las tribulaciones y andanzas del tirano Dionisio (f. 6 b), de nuevo la fama de Pitágoras como agorero (f. 25 vto. a), etc. Lo que aparentemente podía ser, como antes se dijo, una falta contra el decoro del personaje, es exactamente lo inverso : un hecho argumentativo cuidadosamente motivado. Claro que esa ingenua competencia que Micilo establece con el maestro no va a ser gratuita ; le servirá, como ya se vio, para confirmar la veracidad de lo que el gallo le cuenta, es decir, para hacerlo dependiente de él y ponerlo a prueba como narrador y como maestro. El autor ha sido hábil para que el elogio ritual de las virtudes del maestro no se convierta en una zalamerfa rutinaria del discípulo ni en un torpe ejercicio de « autobombo ». Sin dejar de ser maestro y discípulo, no cabe duda de que al gallo le ha salido el alumno respondón y que va a tener que ganarse con cierto esfuerzo la condición de « sabio », usando, como aquí, un argumento de jerarquía y experiencia : Pues yo soy Pitágoras, por lo cual te ruego que no me maltrates con estas enjurias, pues no conosciste mis costumbres (f. 2 a). Se introduce así uno de los elementos de la superioridad del gallo sobre Micilo : todo lo que dice lo conoce por experiencia, lo ha vivido de veras, no lo ha oído contar. Y esa será la única fórmula que a la larga dé resultado con Micilo, quien todavía medio adormilado le había dicho : Cuando Micilo ya ha perdido el enfado, el miedo y el sueño, empieza a ver las ventajas del relato del gallo : Yo te ruego me lo cuentes porque a mí me será muy sabroso oírte, y tanto que si alguno me preguntase cuál quería más, oírte a ti o volver aquel dichoso suenno que sonnaba hast'aquí, juzgaría ser iguales los tus sabrosos cuentos con aquella sabrosa posesión de riquezas en que yo me sonnaba estar (f. 2 b), Este argumento de identidad (total) resulta clave para el proceso : ya es igual de placentero el relato del gallo que soñar con la opulencia, aunque todavía sigamos en el ámbito de la apariencia o del sueño. Lo que todavía no sabía él, es que a su gallo le gustaba escuchar cuentos tanto como a él. Desde que le pide que relate sus transmigraciones hasta que las cuenta de hecho, tiene Micilo que extenderse en dos buenos episodios : el del convite en casa de Éucrates y el de su propio sueño (capítulos III y IV). El gallo ha puesto a punto las técnicas de dilación y de frenado, con el único fin de presentar sus pruebas cuando el momento sea propicio. Las tensiones iniciales casi han desaparecido ; el gallo se ha conciliado con su oyente ; con el fin de asegurar su estima aplica la regla de justicia : se apiada tanto de Micilo por la vergúenza pública y la tristeza con las que tiene que enfrentarse al ser excluido a última hora del convite (f. 3 vto. a), así como por la estupidez y suciedad del viejo achacoso que le toca padecer (f. 3 vto. a - 4 a), que asume solidariamente los enfados de su dueño : Mucho me ha parescido bien tu buena fortuna, mas no puedo estar en mí de enojado de aquel malaventurado filósofo, e con cuantas impurtunaciones estorbaba tu plazer tan sabroso (f. 4 a). Precisamente porque la relación es ya afectuosa, sus críticas y amonestaciones pueden llegar a ser duras, y puede devaluar la opinión del zapatero insistiendo en su carácter redundante : Dexa ya, mi buen Mida, de más fabular del oro con esa tu insaciable avaricia. Ciego estás, pues solamente pones tu bienaventuranca en la

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Puede reirse incluso de él, como muestran las acotaciones, empleando un argumento de la dirección en su forma de vulga- = € vai (£. 5 a). El gallo recrimina y deja sentada su superioridad, la que le da la experiencia : [...] Y hablo esto por saberlo, como lo sé muy bien, porque yo soy insperimentado en todas las vidas de los hombres : en un tiempo fue rico y en otro pobre [...] (£. 5 a). A partir de ahí, será el maestro indiscutible, aunque su discípulo sea particularmente despierto. Sólo tendrá una limitación : conoce las existencias previas — tanto las propias, de las que conserva memoria, como las ajenas —, pero ignora lo que está por venir (f. 5 vto. a), con lo que lo suponemos un gallo sufrido y beatífico, sin la faceta demoníaca que le prestaría el ser adivino del futuro y casi arúspice. Esta limitación lo reforzará como orador, al ser digno de inspirar más confianza en Micilo, y así alejar temores y recelos. La conquista del magisterio que hace el gallo es laboriosa, tanto por las exigencias de rigor que le impone el discípulo como porque la relación está sembrada de sentimientos que hacen cercana y cálida la argumentación. Por ejemplo, el gallo es auto-critico con su transmigración pitagórica y quiere crear secreto entre los dos porque tiene vergiienza de reconocer que oscurecía las cosas sencillas con el fin de deslumbrar a las gentes ignorantes : Aunque tengo vergüença de lo dezir, oírlo has con tal condición que lo calles (f. 6 a). Esto era en Luciano una manera más de hacer un chiste antipitagórico, sin mayor trascendencia literaria. Pero en este nuevo texto cobra un vigor y un valor adicionales. Al presentarlo como confesión, provoca un alza en la estima que de él tiene su adversario, pues ha ganado sinceridad, objetividad, prudencia, se ha hecho más creíble y se ha reforzado. La vergüenza, sentimiento . por lo demás muy rentable en la literatura cómica, parece ser uno de los estados de ánimo más frecuentes en el gallo, pues también la experimenta al recordar desde esta nueva atalaya su vida como Dionisio : ... ¡ Oh Micillo, vergüenga tengo de te lo dezir... ! (f. 6 vto. a). 27 Y_ La actitud puede suscitar indistintamente una respuesta doble de x A Aicilo. Bien ad àA rización o contagio : Milcilo]. - [...] Mas dime, gallo ¿ por qué te ries ? Galllo]. - Ríome porque tú también, Micillo, estás en la misma necedad qu'está el inorante vulgo en la opinión que tienen [de] los ricos EL DIALOGO DE LAS TRANSFORMACIONES = 4 |tin tono ie lente y amistoso que, por medio efecto en su interlocutor: compannero tuyo como yo (f. 6 vto. a.). Dimelo; no tengas vergüenga de lo contar a un tan amigo y | Se O bien lo contradice en sus relatos, presentando argumentos de incompatibilidad para obligarle a confesar la verdad : ie Mas antes yo he ofdo dezir que lo hazfas por exercitar tu ss Srueldad... (f. 7b). En este segundo caso, el gallo se sentirá incómodo por verse _ descubierto, pero el truco también servirà para que tome en | consideracién a su interlocutor y para que no pretenda engafiarlo Rive o, más exactamente, decirle sólo medias verdades: Dr S sid i Oh Micillo, todo me lo has de dezir, que no calarés algo ! 3125 oes mt (f.7 vto. a). Ties | Esta concesi6n, de nuevo pretende acabar con los recelos a la |coherencia excesiva y impresión de sinceridad, además de + transmitir a Micilo la idea de un ser totalmente reformado. Como fos otras concesiones, evita el peligro de desmesura y expresa el hecho = que el gallo está abierto a acoger parte de los argumentos de su = discipulo. Claro que también es una forma de fortalecer su propia ra y de mostrar, desde su ultima transmigraciön,juego limpio dad. | mg continuaré con su sermén sobre lo poco envidiable que es; la vida de los ricos; es una muy extensa argumentaciön por el aná Donna basada en lugares de la cualidad y de lo existente ; discurre sobre las obligaciones de los potentados y de los |gobernnantes, para transitar por los distintos estamentos (con Eargumentos de división o partición, e inclusión de la parte en el te do), y acabar con un argumento ad hominem; conociendo las iciaentaciones de Micilo se valora la habilidad del gallo para pasar de Èeciprocidad. La argumentación que atañe al grupo es más la vida de los reyes a la de sus servidores por medio de la noción de ompleja que la que atañe a la persona y sus actos, porque la ànoc ción degrupo es más indeterminada; la interacción individuo — 7| grupo puede usarse para valorar o devaluar a uno o a otro. Tan az es el argumento que ése es el primer escalön del icimiento de Micilo, y el gran cambio en la arquitectura del

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diälogo : del predominio de la dialéctica de preguntas y respuestas a los mismos resultados : que la felicidad no viene de las riquezas, ni tampoco del matrimonio, culminando en un razonamiento por lo 28 se pasa al predominio del discurso epidictico y la narraciôn — siempre sometidos en última instancia a diálogo —, aunque ambas formas estén presentes con intensidad desigual a lo largo de todo el coloquio. El gallo necesita ahora trazarse una estrategia para no perder de vista el último objetivo, que Micilo acepte la felicidad de su estado entreverada con la hojarasca placentera de la narración, lo que ya le exige el zapatero (f. 9 vto. a). Que piense que la enseñanza no es igual de sabrosa que el sueño anterior, sino más sabrosa que aquél. Recalca el argumento fundamental por el análisis con un relato redundante, una tautología de resultados enfáticos (Epulón el rico, f.9 vto. b- 11 a) ; es una argumentación por el ejemplo que permite la generalización. Epulón o, antes, el tirano Dionisio actúan como antimodelos ; se ensombrece intencionadamente la realidad y se la transforma en mito obviando los rasgos positivos que pudieran tener las vidas de los antimodelos. Sigue después no con una probable : « Mira si.tién [los ricos] = 29 aquí qué desear » (f. 13 vto. b). apes > Bes; Pie N yey Queda claro que icilo busca: ya sobre todo el entretenimiento : Mas dime agora, porque rescibo gran deleite [en] te ofr, ; qué fueste de ti después que fueste Epulön el rico ? (f. 13 vto. b). El gallo entonces, continuando la argumentación por el análisis, demuestra con su narración, no sólo que la felicidad no reside en la riqueza, sino que ésta puede ser condenada con diversas -penitencias en el infierno pitagórico, por ejemplo con la condición de asno (argumento pragmático). Su deseo de complacer a Micilo es tan vivo que acepta contar otro relato de ingrato recuerdo : Mas yo tengo por bien padescer cualquiera dolor que de contarte mis trabajos se me puede seguir por te complazer yo (f. 14 vto. b). transmigración nueva sino con el relato de una condición fluctuante en sus vidas, el matrimonio con cuatro mujeres Aunque el truco del argumento por el sacrificio es eficaz, lo es en « mientra viví » (f. 11 a)%, Si bien este relato es una anomalía en la clave cómica, ya que no es convincente el sufrimiento ; el dolor no motivación dialógica — o al menos un desvío secundario del orden es tanto, porque muy pronto lo « vemos » reírse de sí mismo recordando cómo, siendo burro, se cayó en un charco por ir prendido de la conversación de sus amos (f. 19 b). Ni que decir tiene que el relato irá orientado dialécticamente a completar la argumentación por el análisis y el repaso de estamentos (incluido el eclesiástico, tomado sobre todo de Valdés y de Erasmo) con el que obsequia a Micilo. cronológico habitual, una diversión? por medio de un probable argumento del despilfarro —, no es en cambio gratuito para exhibir sentimientos del gallo. Si antes sentía vergiienza, ahora lo vemos autocompadecerse y llorar al acordarse de la mala vida que le dieron sus cuatro esposas : Yo fui casado con cuatro mujeres mientra viví, que si me oyes me maravillaré cómo no lloras como yo en acordarme de la mala vida que me dieron, porque sepas que no hay dolor hasta en el casar (f. 11 a). También está más afectuoso con Micilo, a quien ya no llama « mi señor amo Micilo », sino « Micilo amigo » (f. 12 a), « amigo Micilo » (f. 12 vto. b), « amigo » (f. 13 b). El relato cuádruple sirve sólo para recordar al zapatero su propio dilema, dos hipótesis que conducen | El zapatero, mientras tanto, no deja de comportarse como un verdadero personaje menipeo: es crítico, incisivo, punzante. Parece que es la faceta de la personalidad que más desarrolla en la última parte del diálogo ; por ejemplo, empleando un argumento de la dirección en forma de propagación : ¡Oh donosa transformación, de rey y filósofo en asno! (f. 14 vto. a). 34. Este relato cuádruple no se introduce dialógicamente con la técnica habitual, y tiene, por ello, trazas de ser una interpolación ; no es una transmigración y se sabe después que la existencia que sucede « cronológicamente » a la de Epulón no es ésta de hombre casado sino la de asno. Para otros problemas y consideraciones sobre este episodio, v. la introducción a la ed. cit. del Diálogo en prensa. 35. Diversión en el sentido que le dan Perelman y Olbrechts-Tyteca de argumentos aparentemente irrelevantes que desde ese momento quedan inutilizados (v. Traité..., § 101). Otras veces sus ironías pueden salir rimadas : ¡ Oh qué admirable transformación, de asno en rana, de rana en ramera galana! (f. 26 a). Este argumento de la dirección con cambio de naturaleza resulta revelador de cómo ciertas formas expresivas pueden producir un efecto estético (ligado a la armonía, el ritmo, la rima) con

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trascendencia argumentativa, aunque no sea analizable en funciön directa de la argumentación. Son métodos de producir admiración, alegría, relajo, excitación, subidas o caídas de la atención, etc. La mayoría de sus punzadas van dirigidas a su interlocutor, pero Una buena prueba de la conciliación de ambos interlocutores y de cómo el gallo-Pitágoras va A sient incömodo es la siguiente. a Los amos del burro, Pierres y Periquin, discuten sobre agiieros ; el - primero cree en ellos y el segundo rebate sus ideas hasta que lo ‘+ ce. Micilo punza como un Diögenes 0 un Menipo : éste no puede ya molestarse porque comparten ambos el punto de vista, es decir, en vez de discutir, comentan, ya no queda del diálogo como contraste ideológico más que el recuerdo; han surtido su efecto las figuras de comunión. Véanse por ejemplo estos tres casos. En el primero de ellos, Micilo se despacha a cuenta de los soldados y de la guerra, recibiendo confirmación de su crítica ; aparece como argumento de analogía para descalificar las relaciones de servidumbre, y sirve, por tanto, como renovación del | ..._ | Pues tú, Pitágoras, ¿ por qué no diste en aquel arte tu parescer, que biense te entendía, pues fueste discípulo de los magos ? (f. 25 vto. a). Micilo acaba de invertir cómicamente un argumento de prestigio “introduciendo una técnica de ruptura, la incompatibilidad entre _ persona y acto. El gallo, introduce con celeridad una técnica de frenado: distingue lo esencial (persona) de lo transitorio (acto) y corrige de modo contundente la incompatibilidad, sentenciando con lacónica cortesía : objeto de acuerdo inicial : ¡ Oh válame Dios, qué donoso interés para ir a pelear ! Paresce verdaderamente a los letrados que en corte del rey toman sueldo e salarios de sennores obligándose a les defender cualesquiera pleitos que se le(s] ofrezcan, aunque sean sin justicia ni razón (f. 18 a). 31 Porque mientras fue asno no pude hablar (f. 25 vto. a.) Esta técnica de atenuación abunda en crear ese clima de sinceridad y de ponderación del que ya se habló y contribuye a alejar la idea de que la argumentación es, como en efecto ocurre, un procedimiento, un artificio”. En el segundo denuncia, aplicando las nociones de contradicción e incompatibilidad, los mismos vicios que el gallo está criticando : ¡Oh nefandisimo jénero de simonía ! j Que en las cosas de la iglesia, que va tanto interés a nuestra salud, no haya otra mayor dificultad para las alcancar si no es annadir dinero ! (f. 19 a). | La transformación en asno es la última con relevancia narrativa. - Las dos siguientes (rana, ramera). apenas están desarrolladas 5 proporcionalmente, y las últimas sólo están enumeradas (gañán del | campo, criado de un avariento, pavón, gallo). Todas ellas En el tercero « reprueba » con ironía la crítica eclesiástica del gallo, haciéndose un guiño cómplice entre los dos : constituyen figuras de renuncia. El detenimiento con el que ha | contado las penitencias a las que Minos lo sometió por haber sido | rico supone algo más que un dilatado argumento ad hominem para Mira, gallo, avísote no hables de la iglesia ni de las cosas sagradas de la cristiandad... (f. 19 b). Este tercer caso es interesante como paliativo específico en boca de Micilo : cuando se teme usar ciertos argumentos es muy útil dejarlos sobreentendidos ; la insinuación, la alusión, o la simple amenaza a favor o en contra de utilizarlos da lugar a eficacísimas figuras de renuncia que no expresan sólo la moderación del orador ; así ocurre con la reticencia, que permite evocar una idea y al tiempo dejar su desarrollo al oyente, o con la preterición, que permite el sacrificio imaginario de un argumento ; imaginario porque el sacrificio satisface a las conveniencias y da a entender que los demás argumentos ya emitidos son lo suficientemente fuertes como para que se pueda prescindir de é1TM. 36. Ibíd., § 102. .. | elzapatero. Es el final de la argumentación por el análisis y ha | Îlegado el momento de la cura. Es también el momento de evitar los riesgos de la amplitud. En definitiva, con el fin de aumentar la eficacia persuasiva, el autor del Diálogo de las Transformaciones ha humanizado a los personajes del marco. Su acierto reside en no presentar la doctrina 5 de modo fríamente edificante, lo que impediría la identificación del # lector del siglo XVI, sino en « personas » cercanas, un zapatero _ temendön y un gallo, animal de las fábulas que razona como un _ hombre. Pasar de Epulön a burro puede ser, además de un 37. Ibid., § 98.

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argumento de la direcciön, un castigo ejemplar precisamente por amenazar a una persona concreta de existencia irrepetible, como Micilo, no a una figura abstracta, como un gallo que se reencarna, lo que resultaria poco temible para el lector. Micilo cobra una importancia extraordinaria como representante del destinatario del texto, como « auditorio universal ». En segundo lugar, el gallo se sirve de unas técnicas adecuadas al aprendizaje de Micilo. El autor delega su funciön narradora en él, narrador perfecto, que ha experimentado todas las vidas y tiene en su mano todos los recursos y todos los argumentos, que pueden ser de autoridad y de prestigio. En el gallo proteico concurren varias facetas como narrador y como perfecto maestro : ...los desafueros que hazían a los venteros y caminantes (...) ¿ quién año no te acabaría de contar todas sus ? ; En un r te lo hubiese de dezi * la verosimilitud : Como precepto de la teoría literaria renacentista también afecta al diálogo ; el gallo debe ajustarse a él y es, seguramente, lo que representa mayor esfuerzo. Micilo es incrédulo ante el prodigio de un gallo parlero, y desconfía de todo lo que pueda contarle ; se afirma dialécticamente aplicando técnicas de frenado, por ejemplo en forma de advertencia, con la vieja oposición filosófica sueño / realidad : Oírte [he], gallo, con tal condición que no sea suenno lo que me * la amenidad : contares, mas que me digas la muy verdadera ocasión que te movió a El gallo domina la técnica de la amplificaciön ; sabe bien que para lograr la eficacia persuasiva necesita prender a Micilo en su relato, encarecer lo que va a contar a un interlocutor que parte del estado de incredulidad, y que precisa más que cualquier otro disociar las nociones de apariencia / realidad : , 33 hablar como hombre (f. 1 vto. a). El « portento » podría tener explicación « literaria » nada sorprendente para el Renacimiento, adicto a la transmisión de fábulas llenas de animales parlantes*. Pero al « portento » se une Pues 6yeme, Micillo, que tú oirás de mí un cuento muy nuevo e inclefble, que te hago saber qu'este que agora te parezca gallo no ha mucho tiempo que fue hombre (f. 1 vto. b). En medio de una extensa argumentaciön de la cualidad sobre los males de los principes y los ricos, cuya vida no es envidiable, implica varias veces a su interlocutor para acercar la ensefianza : De todo esto dí, Micillo, el buen rey ¿qué sintirá ? ¿ con qué sosiego podrá dormir (...) ¿ Pues qué te contaré de (...) (f. 8 b) [...] Pues si miras... (...). óyemelo y cree... (f. 8 vto, a). O usa los lugares de la cualidad fundidos con colores retóricos que encarezcan su relato : ¿ Quién contaría agora, Micillo, por orden, los sobresaltos, las malas comidas y bebidas que yo pasé ? Hallarías de verdad que son los ricos verdaderos (£. 10 vto. b). infelices sin algún E desca nso ni plazer (...) i pl ...que si me oyes me maravillaré cómo no lloras co acordarme... (£ 11 a). sé is 38. Dice J. Gómez (ob. cit., p. 124) : « En profundidad, El Crotalón y el Diálogo de las Transformaciones no son diálogos entre el gallo y el zapatero, sino monólogos del zapatero ». En realidad, aquí parece acogerse el texto a simbologías más evidentes, tradicionales y folklóricas que la del alma-gallo. El Renacimiento interpretó la literatura fantástica y la visión onírica de diversos modos : como una apertura al otro mundo, como modo de resolver un problema, como forma de evasión, como conocimiento de uno mismo, etc. En los siglos XV y XVI la visión onírica se asocia con frecuencia a la fantasía lucianesca (Gallo, Sueño, Aficionado a las mentiras), casi siempre como sueño lúcido ; pero cuenta también la muy influyente tradición del Somnium Scipionis (v. ahora M. O. Zappala, ob, cit. p. 226-227). Por otra parte, para explicarse la verosimilitud de las ficciones lucianescas, basta con saber que los animales parlantes de las fábulas tienen una larga tradición literaria y auctoritas, lo que no contradice, sino que refuerza y apoya el concepto de verosimilitud renacentista : v A. Vian, Diálogo y forma narrativa..., 1, cap. v. A los símbolos del gallo allí recogidos hay que añadir la identificación entre gallo y prelado (vigente en Covarrubias) en un poema didáctico de la clerecía medieval, el Carmen de gallo (« Multi sunt presbyteri »), de fines del siglo XIII o principios del XIV, en el que los deberes y tareas de los sacerdotes se comparan con la vida y actividades del gallo : v. H. Rheinfelder, « Materialien zu Multi sunt presbyteri », ZRPh 67 (1951), p. 124-130. Por si fuera poco, la idea de transformación no parece ajena al pensamiento renacentista, si creemos a P. de Medina : « El hombre pide los que estuvieron convertidos en naturaleza de peces, aves, o que el fuego los consumió, cómo se levantarán en sus mismos cuerpos para venir al juicio » (Libro de la verdad, ed. A. González Palencia (Madrid : CSIC, 1944), diálogo XXXVII de la 22 parte, p. 476 b).

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el que Micilo descubra al gallo en lo que él cree algün renuncio, por lo que la sospecha se multiplica y lo acusa de contradicción o incompatibilidad : ... porque ni este acontescimiento es verisimile ni razonable creer, e además por haber visto en tídos cosas muy ajenas de Pitágoras. (f. 2 a). EL DIÁLOGO DE LAS TRANSFORMACIONES la exhaustividad; vent: 5 Esta exigencia, a veces tiránica, de verosimilitud literaria, obliga al gallo a exhibir sus mejores plumas y a derrochar los argumentos de experiencia si quiere ser creído : su condición de experto y de testigo ocular, que ha vivido, como reclamaba el saber humanista, todo lo que cuenta : 4 x _ZADe Al zapatero, además, no le basta con el saber de oídas ; necesita el testimonio de la experiencia : Díme la verdad, que ya no tienes qué perder (f. 6 b). r _ Elgallo combina dos principios en su narraciôn, el relato ab initio _ Puede incluso exigir veracidad con argumento del despilfarro : 7 ti oy la variedad. Los dos son imprescindibles para facilitar la enseñanza y las condiciones de la charla según el exigente y curioso 4 Ya yo he oído eso y cómo de los italos fueste creído. Mas dime agora la verdad ¿ qué fue la causa que te movió que constituyeses ley que no comiesen carne ni habas ningún hombre ? (f. 6 a). 35 ri Yo te ruego que me ensefies mi bienaventuranga, y cuenta desde que fueste nascido hasta ahora que eres gallo ; y cómo fueste en cada | uno transformado, y qué te acaesció en cada una de tus transformaciones, porque nescesariamente paresce que han de ser cosas diversas y notabres (f. 5 b). o En efecto, si el orden, como se dijo, es pieza clave de la persuaSión, el gallo cuenta sus transmigraciones en sucesión cronológica, desde Euforbio hasta « ...agora gallo » (f. 26 vto. a), lo que, por _ ejemplo, no ocurre en El Crotalön. Las existencias del gallo se narran ab initio y usque finem : una vez que « Apolo traxo mi ánima ti ala tierra y la invistié de cuerpo humano » (f.5 b) empiezan las | existencias no olímpicas. De Euforbio no conocemos más que las 1° andanzas bélicas troyanas ; de Pitägoras sabemos ya datos de juventud y madurez ; pero de Dionisio, Epulón y el asno se nos | cuentan sendos relatos « desde el principio », los más extensos del Y hablo esto por saberlo, como lo sé muy bien, porque yo soy Diálogo. El resto de las vidas del gallo se narran muy sucintamente insperimentado en todas las vidas de los hombres [...] (f. 5 a). | 0 sólo 6yemelo y cree que lo dirá hombre espirimentado y que todo ha pasado por míl...] (f. 8 vto. a). allá del marco, la técnica de extender el tiempo narrativo hasta los primeros días de una biografía y aparezca en los relatos se enuncian. Tiene importancia el hecho de que exista, más dependientes de esa cornice. Da idea de hasta qué punto se había Gracias a su experiencia multiforme conseguirá imponerse al zapatero, que reconoce la evidentia nacida de otro argumento asentado el procedimiento en cierta literatura de ficción pragmático : seguida, novela picaresca. Hay un esfuerzo narrador consciente por | parte del autor del Diálogo de las Transformaciones para trabar la Admirado me tienes, oh fortunoso Pitágoras, con tan inumerables trabajos, y tan bien representados que con mils] mismos ojos me los hazes ver, Basta que me pensaba yo qu'esos grandes Pontífices se tenían la suprema felicidad, porque pensaba yo que los grandes Pontífices junto con los grandes tesoros y riquezas y el gran mando no tenían que desear otra cosa alguna. Agora que tengo visto su dolor parésceme que ellos viven en el estado más mísero de los mortales (f. 22 vto, b). Los Papas y la Iglesia del pasado se habían sujetado a la argumentación del Ser perfecto como modelo, como guía en todas las circunstancias de la vida y válido para cualquier tiempo ; ese paradigma, como en los discursos de Erasmo y de Valdés, entra en colisión con la realidad fenoménica y también se ha convertido, como los otros, en antimodelo. LT enacentista, es decir, relatos y diälogos de transformaciones y, en arquitectura « biográfica » de su coloquio. El gallo pone en relación unas existencias y otras. Bajo el orden cronológico subyace, en _ forma de gran argumento de la dirección, otro pedagógico y | expiatorio : pedagógico hacia Micilo ; expiatorio hacia el propio gallo, que en cada muerte y resurrección nace, como en la literatura | Carmavalesca, nuevo y mejor desde el punto de vista moral. Mejor - dicho, experimenta primero un crescendo de maldad para después | adquirir, también escalonadamente, una bondad cada vez mayor. Dice el decreto infernal de Minos aplicando la regla de justicia : y Ú « Porque los ricos en el mundo mientra viven cometen nefandísimos pecados, robos, usuras, latrocinios, fuergas, teniendo a los pobres en menosprecio, es determinado por toda nuestra infernal congregación

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que sus cuerpos padezcan penas entre los condenados y sus ánimas vuelvan al mundo a informar cuerpos de asnos, hasta que conforme a sus obras sea nuestra voluntad » (f. 14 a-b). Así deja Pitágoras-Epulón de ser rico para convertirse en burro, la existencia más trabajada y miserable de todas las suyas y, quizás por eso, la más detallada y morosa narrativamente, la más emotiva. Esta transmigración tiene que producir efecto disuasorio en Micilo, que, a través del relato del gallo, puede escarmentar en cabeza ajena. Vuelve a aparecer el argumento de la dirección en forma de cambio de naturaleza. Pitágoras-asno tuvo tiempo de enmendarse y por eso pasa después a tener una de sus vidas más placenteras : Plugo a Dios que me dieron por complida la penitencia por las deudas de Epulón y fue convertido allí en rana (f. 25 vto. b). Cuando, los soldados, siendo asno Pitágoras, lo venden a unos peregrinos alemanes, el burro razona otra vez en tono de confesión, refrescando la sensación de sinceridad tantas veces aludida : ...y más que tenía yo mucho deseo de ir a Italia, porque después que yo fue Pitágoras no había vuelto por allá, y por ver las novedades que de allá contaban todos lo[s] que de allá venían. (f. 18 vto. a). Es decir, el gallo asume sus existencias previas y tiene memoria de cada una de ellas. Esta manera de combinar el orden cronológico y el pedagógico-expiatorio sirve al mismo fin : la demostración o prueba del Diálogo. En última instancia, el beneficiario de ese aprendizaje será Micilo y, por su intermedio, el lector. Otras virtudes adornan a este pequeño diálogo, hermoso eslabón en la cadena que a través del lucianismo y la sátira menipea desemboca en el artificio literario de la picaresca. Ponerlas de relieve será motivo de otro u otros trabajos.