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Y LA FILOSOFIA
INES RIEGO DE MOINE
Abstract: This article aims ar demonstrating to what extent Greek philosophical
thought was influenced by an atritude as well as a mystical experience, which in
some way generated a primeval impulse for the western philosophy. If we bear in
mind that the mystic is the original human need of embracing the groundless ground,
the One by antonomasia, prior to all kinds of fragmentation (matter-spirit, cosmoschaos, myth-logos, subject-object, ete), the philosophical, translated into this process
of differentiations, is the expression of the rational push (the mystic?) that reunites
what was separated, thar encounters the lost unity.
A has pucrtas del tercer milenio, en pleno auge del pensar cicntificotécnico, y sumergiclos en las tinieblas de! nihilismo y el posmodernismo,
aun hoy cabe reflexionar una vez más, y quizás hoy más que nunca, sobre
aquel impulso originario del pueblo griego que los llevara a inaugurar en
Occidente ese saber que Hamamos Filosoffa.
Nuestra reflexion se propone mostrar un rasgo peculiar y fontal del
pensamiento filosófico griego, que podemos sintetizar en ef siguiente
planteo: (En qué medida estuvo la filosofia griega infisionada por una
actitud y una cierta vivencia mistica, las que de alguna manera gestaron su
impulso primigenio?, o bien, ges posible hoy desandar el camino del
pensar griego y proponer una hermenéutica desde la óptica de la mistica?
Creemos, a modo de hipötesis inicial, que una respuesta afirmativa no
parece en absoluto desatinada en tanto y en cuanto ambas instancias
aparecen siempre intrinsecamente emparentadas, aunque no de un modo
explicito. Nosotros intentaremos, pues, explicitar lo implicito a partir de lu
indagación de algunas instancias rcligiosas y filosdficas.
Inés Riego de Moine € professora na Universidad Nacional de Cérdoba, Argentina.
AND AAN" 5. 2° sta 1999
Sin Paulo lp. 210-218
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Abstract: This article aims at demonstrating to what extent Greek philosophical
thought was influenced by an attitude as well as a mystical experience, which in
some way generated a primeval impulse for the western philosophy. If we bear in
mind that the mystic is the original human need of embracing the groundless ground,
the One by antonomasia, prior to all kinds of fragmentation (matter-spirit, cosmoschaos, myth-logos, subject-object, etc), the philosophical, translated into this process
of differentiations, is the expression of the rational push (the mystic?) that reunites
what was separated, that encounters the lost unity.
A las puertas del tercer milenio, en pleno auge del pensar cientificotécnico, y sumergidos en las tinieblas del nihilismo y el posmodernismo,
aún hoy cabe reflexionar una vez más, y quizás hoy más que nunca, sobre
aquel impulso originario del pueblo griego que los llevara a inaugurar en
Occidente ese saber que llamamos Filosofía.
Nuestra reflexion se propone mostrar un rasgo peculiar y fontal del
pensamiento filoséfico griego, que podemos sintetizar en el siguiente
planteo: ;En qué medida estuvo la filosofia griega infisionada por una
actitud y una cierta vivencia mistica, las que de alguna manera gestaron su
impulso primigenio?, o bien, ¿es posible hoy desandar el camino del
pensar griego y proponer una hermenéutica desde la Óptica de la mística?
Creemos, a modo de hipótesis inicial, que una respuesta afirmativa no
parece en absoluto desatinada en tanto y en cuanto ambas instancias
aparecen siempre intrínsecamente emparentadas, aunque no de un modo
explícito. Nosotros intentaremos, pues, explicitar lo implícito a partir de la
indagación de algunas instancias religiosas y filosóficas.
Inés Riego de Moine é professora na Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)I. Para delimitar el significado de la palabra “mistica” comenzaremos diciendo que ella estuvo originariamente asociada a las religiones de
los misterios o cultos mistéricos de Grecia. De existencia paralela a la
religión oficial, los misterios órficos, dionisíacos y eleusinos gozaban de
gran popularidad en los distintos pueblos de la Hélade, arrastrando a
miles de devotos hambrientos de espiritualidad a participar de sus ceremonias. “El mís-tico (mpjstes) — como lo aclara el teólogo William Johnston —
era el inicia-do que bajo juramento de secreto prometía callar o, literalmente,
tener cerra-da la boca (myo) sobre la actividad interna de su recién fundada
religión”?
De aquí en más, el “cerrar los ojos” al mundo, a todas las cosas
externas, se constituyó así en el significado profundo de la palabra mística. De este modo, el neoplatonismo, y en adelante toda la tradición cristiana, tomó este sentido de lo místico como el eje primordial de su doctrina: para poder elevarse hasta el Uno es necesario cerrar los ojos del
cuerpo y abrir el ojo interior del alma que busca la sabiduría.*
La mística se constituye así en una vivencia especial, aunque no
extraordinaria, que busca el encuentro y la unión del hombre con lo
divino a partir de esta actitud fundamental de clausura y apertura, de
bucear en las profundidades del alma para adentrarse en el propio fundamento, es decir, la divinidad. Expresado filosóficamente y desde una acepción general, la esencia de lo místico es la necesidad humana originaria
de abrazar el fundamento sin fundamento, lo Uno por autonomasia anterior a todas las fragmentaciones: cosmos-caos, mito-lógos, ser-ente, materia-espíritu, sujeto-objeto, etc. La filosofía, desde la perspectiva del fenómeno místico, aparece así como un gran rodeo, cuyo camino es la razón,
destinado a re-unir lo separado, a re-encontrar la unidad perdida. Se busca
salvar racionalmente aquello que el místico persigue en su experiencia: el
origen, el fundamento, el uno. Se confía en el lógos, que “salva” racionalmente la multiplicidad, así como se confía en la mística que “salva”
existencialmente la finitud.
1. Es significativo hacer notar que mystes tiene la misma raíz que mystérion: misterio,
dogma, secreto, objeto sagrado; y que, a su vez, ambas palabras, mystes y mystérion
derivan del verbo myo, significa cerrarse, cerrar lo ojos, callar.
2. JOHNSTON, WILLIAM. El ojo interior del amor. Trad. de Pedro Santidrián. Edic. Paulinas,
Madrid, 1987, p. 13.
3. Cfr. Ibid., p.13
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)Avalando esta hipótesis ha dicho Salvador Pániker en su obra “Filosofía y Mística”: “La relevancia histórica de los griegos está en que decidieron confiar en el lógos, en el lenguaje, en la inteligibilidad, en la posibilidad de reunir (/égun) lo disperso. Para lo cual, previamente, se ha tenido
que dispersar lo que originariamente es no-dual. (....) El /6gos es el
recentísimo descubrimiento que hace posible, a la vez, la parcelación
(lógica) del mundo y su reunificación.”
Ahora bien, a nuestro entender, la gran pregunta que exige este
planteo es la siguiente: ¿Es lícita esta trasposición de un discurso religioso
a un discurso filosófico para comprender la influencia real de la mística
dentro del marco conceptual de la filosofía griega? O, dicho de otro modo,
¿podemos, desde la filosofía, legitimar esta idea que sustenta la fecundación del pensamiento filosófico griego por la mística, más allá del plano
estrictamente religioso?
II. Para poder responder con rigor a estas preguntas es necesario
hacer un poco de historia y remontarnos a la primitiva vivencia religiosa
del pueblo griego. Siguiendo los estudio críticos de Erwin Rohde en su
magnífica obra Psyque, se puede decir que el fenómeno místico comienza
a desarrollarse en Grecia a partir del culto a Dioniso que “...fue, sin duda,
el que suministró el primer germen a la creencia acerca de la inmortalidad
del alma.”? Aparece en Grecia esta idea de la eternidad de la vida del
alma, ligada de manera esencial a otra idea que se considera fundamento
de aquella, esto es, la naturaleza divina del alma. Ambas creencias constituyen la fuente religiosa primordial a partir de la cual se genera todo el
movimiento místico.
“Este pensamiento — señala Rohde — se fragua enteramente en el
seno de la mística, una segunda religión, que sin atraer apenas sobre sí la
atención de los adeptos de la religión nacional se organiza a la sombra de
algunas sectas secretas, actúa con su influencia sobre algunas escuelas
filosóficas, y a través de estas escuelas, ofrece como enseñanza al mundo
de oriente y occidente, y a todo lo largo de los siglos, el verdadero concepto de la mística: la unión esencial, la comunicación por vía religiosa
4, PANIKER, SALVADOR. Mística y Filosofía. Una lectura de los griegos. Edit. Anagrama.
Barcelona, 1992, p. 79.
5. ROHDE, ERWIN. Psique. Trad. de Salvador Fernández Rodríguez. Edit. Labor. Barcelona, 1973, p. 306, Vol. II.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)del espiritu del hombre con el espiritu divino, y la naturaleza divina y la
vida eterna del alma”.* Esta unión esencial, que buscaba derogar el profundo abismo que separaba a los hombres de los dioses en la religión
homérica, se lograba mediante ritos religiosos consistentes en danzas solemnes, donde los danzantes caen en éxtasis, en un estado orgiástico de
excitación que conmociona su ser entero suprimiendo de momento las
leyes de la vida normal. Este estado les produce la liberación del alma de
las ataduras del cuerpo y los pone en comunicación con la divinidad. En
palabras de Rohde: “Ahora están cerca, dentro del dios, en un estado de
entusiasmo, los que se encuentran en tal estado son énthoi’, viven y están en el interior del dios; en su yo limitado sienten y gozan la plenitud de
una fuerza vital infinita.”
Es importante señalar que el culto dionisíaco originario de Tracia
pasó a Grecia propagándose rápidamente, aunque no sin encontrar resistencia. Resultó para los griegos irresistible y fascinante el entusiasmo
delirante que envolvía a los seguidores del culto. Con el paso del tiempo
se produce en Delfos, centro del culto apolíneo, una curiosa alianza.: el
culto de Dioniso, aclimatado ya en Grecia, se une al culto de Apolo, su
divino hermano, confirmándose en un modo cultual la unión de estos
dioses opuestos cuyos caracteres contradictorios, pero a la vez unidos,
tomaría la filosofía de todos los tiempos como las dos caras emblemáticas
de la realidad: lo apolíneo y lo dionisíaco. Ambos dioses compartían las
ofrendas en las fiestas trietéricas y sus imágenes ocupaban los frontones
del templo de Delfos.? Aún cuando esta fusión condujo a la moderación
del culto dionisíaco, se mantuvo cierta tendencia al desenfreno extático,
como prueba irrefutable de la introducción definitiva en Grecia de la gran
corriente mística.
En síntesis, se puede afirmar que la inquietud religiosa del pueblo
griego traspuso los límites del culto oficial al introducir un germen místico
en el cuerpo mismo de la religión griega, esto es, el éxtasis (ékstasis)
como experiencia central de los oficios délficos. De este modo el elemento místico se arraigó en la genuina religión griega conformando, junto
6. Ibid., p. 305, Vol. II.
7. Vale tener en cuenta que la raíz de enthusiasmös, entusiasmo, inspiración divina, es la
misma que la de énthoi, que significa literalmente “en dios”, los inspirados por el furor divino.
8. ROHDE, E., op. cit. p. 315, Vol. II.
9. Cfr. ibid., p. 340, Vol. II.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)al riquisimo mundo del mito, el suelo nutricio de donde se alimentaria la
filosofia griega.
III. Otra instancia histörica de particular importancia para el tema que
nos ocupa es el orfismo, movimiento cuyo caräcter oscilaba entre lo religioso y lo pseudo-filoséfico. Los 6rficos aparecen en Grecia como comunidades culturales cerradas unidas en torno a determinadas creencias y
rituales. “La secta de los örficos — según lo expresa Rohde — había llegado
a establecer una doctrina orgánica y bien delimitada. En esto se aparta lo
mismo de la religión de la ciudad que de las otras asociaciones de culto de
aquella época.”
La antropología dualista, de influencia decisiva en la filosofía, tuvo su
origen en las creencias órficas basadas en el mito que describe el origen
dual de los hombres: el elemento divino procede de Dioniso-Zagreus, hijo
de Zeus, en tanto el principio maligno deriva de la naturaleza de los
Titanes, que habían devorado a Dioniso, y de cuyas cenizas renacen los
hombres. Ellos tienen que liberarse del componente titánico — el cuerpo —
para retornar a lo divino del elemento dionisíaco — el alma. Siguiendo el
contenido esencial del mito, se evidencia con claridad el componente
místico del orfismo: la experiencia de la muerte y la resurreción, basada
en el origen dual del hombre, y su necesidad de retorno a la divinidad.
Ahondando un poco más, la esencia del orfismo puede ser explicada
en el siguiente texto de Pániker: “...la finalidad de los iniciados es asegurar su inmortalidad a través de un camino ascendente de liberación. Partiendo de la idea de pecado original y del cuerpo como prisión impura
del alma, se introduce así el mecanismo de la transmigración, y un complicado ritual de purificación donde la salvación se encuentra en una
identificación sacramental con el dios salvador.”!! De este modo la ascética o camino de purificación se convierte en el principio fundamental de
la “vida órfica”, cuyo punto culminante, la suma de toda moral, es la
entrega del hombre a la divinidad. La mística aparece así en el orfismo
ligada intrínsecamente a la ascética, entendida como un proceso de sucesivas purificaciones en las que el alma se va liberando de todo lo que
obstaculiza su unión con lo divino. Leemos en Psyque: “El alma viene de
10. Ibid., p. 374, Vol. II.
11. PANIKER, S., op. cit., p. 26.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)dios y tiende hacia él, ni nada tiene que hacer en la tierra...; debe liberarse de la vida y purificarse de todo lo terreno”.’* Y más adelante: “El
cuerpo mortal era su muerte. Ahora es libre, ya no sucumbira a la muerte,
vivira como un dios eternamente porque procede de la divinidad y su
naturaleza es divina.”!5
De todo la expuesto podemos inferir que en estas doctrinas, órfica y
dionisíaca, sin olvidar los cultos eleusinos que por una cuestión de espacio no desarrollaremos aquí, se muestra con evidencia el gran legado
místico que se volcará a la filosofía pero envuelto en el ropaje transparente del lógos. Será un gradual y ascendente camino en donde será posible
ir separando religión de filosofía, mito de lógos, en un proceso paulatino
de autodiferenciación en el que la filosofía es el protagonista principal.
Werner Jaeger en su Paideia nos ha dicho que “... debemos considerar la
historia de la filosofía griega como el proceso de progresiva racionalización
de la concepción religiosa del mundo implícita en los mitos.”'* Pero el
empuje místico seguirá presionando intentando reunir lo separado, intentando volver, a través de los primeros balbuceos del pensar, al origen nodual, no-fragmentado, de la realidad.
IV. Mucha tinta ha corrido en los libros de filosofía intentando interpretar en toda su riqueza el fenómeno de los primeros filósofos griegos,
el extraordinario legado de los presocráticos. No es nuestra intención aquí
encontrar interpretaciones novedosas, sino simplemente poner de relieve
una veta poco transitada: la posibilidad de encarar una hermenéutica que
tenga en cuenta no solo lo vigencia del mito dentro del lógos (como se ha
venido haciendo hasta ahora), sino también la presencia de la mística
dentro de la filosofía como una recóndita estructura inconsciente que la
penetra sutilmente. Así como los mitos constituyeron verdaderos estímulos para el ejercicio del lógos, de la misma manera un cierto componente
místico impulsó a estos primeros sabios, a los que Aristóteles llamaba
physikoi, a buscar el principio, arché, común a todas las cosas, leit motiv
de su especulación. Ellos fueron los que instauraron la noción de ser
como presencia y la idea de verdad como alétheia, el ser como patencia
12. ROHDE, E., op. cit., p. 383, Vol. II.
13. Ibid., p. 386, Vol. II.
14. JAEGER, WERNER: Paideia. Trad. de Joaquín Xirau y Wenceslao Roces. Fondo del
Cultura Económica. México, 1980, 54 edic. p. 151.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)develada. Respecto a ello opina Paniker: “Antes de que las relaciones
lögicas emancipadas comiencen a enmarañarlo todo, el ser no es un concepto sino una presencia. Una presencia que mantiene todo su vigor
ambivalente. Lo que sale a la luz ama ocultarse, viene a decir Heráclito.
Comprender una cosa es también no comprenderla. El ser es tanto luz
como oscuridad, tanto esencia como enigma..”!5
Esta ambivalencia de lo presente era pensada como la manifestaciön
pendular de los contrarios, cuya tensiön mostraba al mismo tiempo la
complejidad de lo real y la apertura a lo enigmätico. Lo divino — tò theion
— indicaba justamente esta instancia desconocida que se pretendia develar:
así el ápeiron de Anaximandro o el Noüs de Anaxagoras fueron las primeras formas de referirse al fundamento o
al ser.
En suma, el ser de los presocraticos es una presencia que pugna
por manifestarse, es lucha con el no-ser, es nacimiento, es presencia pero
a la vez ausencia. Todavia el simbolismo abstracto de la filosofia es incipiente; lo real, lo vivo, atin no ha sido apresado por lo simbélico, que en
cierta forma lo ahoga impidiéndole mostrarse tal cual es. Aün sigue latente el impulso mistico que busca elevarse sobre lo entitativo y abrazar
lo uno.
La primera trasposiciön filoséfica de una planteo netamente mistico,
con componentes érficos, la encontramos en la célebre sentencia de
Anaximandro que nos es grato recordar aquí: “Donde tuvo lo que es su
origen, allí es preciso que retorne en su caída, de acuerdo con las determinaciones del destino. Las cosas deben pagar unas a otras castigo y pena
de acuerdo con la sentencia del tiempo.”** Sean cuales sean las interpretaciones posibles, es innegable que la expresión de Anaximandro, vista
desde la perspectiva de la infinito, afirma que lo finito, el individuo, es
una arbitrariedad, una injusticia que deberá ser expiada y su liberación es
la vuelta al origen, el retorno a lo infinito. Anaximandro intuye el misterio
esencial, la dialéctica bipolar de finito-infinito, de ente-ser, una de las
notas inmemoriales que rescata la filosofía desde el subsuelo de la mística. Donde fue el origen, allí es necesario volver. Este es el mandato
fundamental e inexorable, tanto de la mística como de la filosofía.
15. PANIKER, S., op. cit., p. 37.
16. Anaximandro citado por JAEGER, W., en op. cit. p. 158.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)V. Con esta brevisima referencia a Anaximandro hemos querido mostrar una de las instancias filosóficas más significativas del período
presocrático y de indudable valor para el análisis de nuestra temática, sin
olvidar los riquísimos aportes que un Heráclito o un Parménides habrían
brindado a la dilucidación de la misma.
Otro referente fundamental que representa el punto culminante de la
especulación filosófica griega es Aristóteles. El es el gran racionalizador,
pero también el que toma conciencia de los límites de lo inteligible. En su
titánico esfuerzo por hacer inteligible lo individual, la materia, el individuo concreto, sin diluirlo en lo universal, Aristóteles tropieza siempre con
esos límites y reconoce que la racionalidad total no es posible, que lo real
incluye ciertos elementos irreductibles a los parámetros lógico-racionales.
En expresiones de Pániker: “...la gran peculiaridad de Aristóteles reside,
pues, en que ya no descalifica a lo que se resiste al intelecto.”!”
Uno de los problemas más fascinantes y discutidos de la filosofía
aristotélica, que pone de relieve este carácter ambigúo de lo real es el de
la naturaleza del alma. Entendida como principio vital de todo lo viviente,
y definida como “primer acto del cuerpo natural que tiene vida en potencia”,'* cobra especial complejidad cuando se trata del alma humana.
En el hombre, además de los principios vitales elementales, el alma
nutritiva y el alma sensitiva, habita el alma intelectiva o entendimiento —
noú — cuya existencia es separable de las afecciones del cuerpo. Leemos
en De Anima: “Y este entendimiento es separable, impasible y no mixto,
ya que por su naturaleza está en acto....Pero el entendimiento activo —
nou kata dynamin — no es tal que ahora entienda, y luego no. Solo
cuando está separado es lo que es, inmortal y eterno.”
Esta sugestiva cita es una de las tantas de esta obra de madurez en
donde el Estagirita nos expresa su creencia: la naturaleza del alma humana tiene un componente supra-racional, divino, que constituye su núcleo
esencial. Es lo que viene “desde fuera”, “algo de más divino e impasible”? que habita en el hombre.
Si bien su intención final fue comprender el alma del hombre concreto como un principio individual indisolublemente unido a un cuerpo,
17. PANIKER, S. op. cit., p. 220.
18. De Anima, 412 a.
19. De Anima, 430 a.
20. De Anima, 408 b.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)como forma que determina una materia — unión sustancial —, no podía
olvidar sus raíces platónicas: el noûs contempla y aprehende en las intuiciones intelectuales las verdades eternas. Mediante la distincién entre
psyché y noüs no hacia mas que confirmar la antigua doctrina teolögica.
“Este espiritu — noûs — era también para el filésofo un ser de naturaleza
anäloga a la divinidad. Para él, la especulaciön pura.... “es un privilegio
concedido a la divinidad y a los seres divinos.””!
Una vez mas aparece la instancia mistico-religiosa inserta en los
desarrollo metafisicos del genio de la racionalidad griega. El componente
divino de la naturaleza humana, el noûs, es el punto más álgido de su
especulaciön filosöfica, el mäs discutido, el que nos deja mäs perplejos.
Es que nos resistimos a admitir, por nuestros cerrados esquemas mentales,
lo más genuino del espíritu griego, la razón vital de su existencia, esto es,
que su filosofia tenia un componente salvifico elemental, que buscaba dar
razones a los problemas raigales del existir. Pero lo salvifico va ligado a
lo místico, pues compete a la esencia de lo místico la finalidad salvífica
del hombre.
VI. Retomando nuestro planteo inicial, creemos haber dasarrollado
algunas reflexiones que nos permiten confirmar las cuestiones formuladas
y concluir que:
1. La vivencia mística tuvo gran incidencia en el desarrollo filosófico
de los griegos, tanto en sus albores como en su momento de mayor
esplendor.
2. La fecundación del pensar filosófico griego por la mística nos
permite relacionar ambos discursos, el religioso y el filosófico, sin temor a
confundir sus contornos ni a infringir sus respectivas legalidades, pues lo
netamente vivencial del empuje místico está siempre más allá de todo
discurso.
3. Es lícito realizar investigaciones sobre filosofía griega tomando
como criterio la perspectiva del misticismo, pues ello permitiría una comprensión más profunda del alcance de este legado filosófico.
4. Quedaría por dilucidar aún de qué modo “lo que salva” o “componente salvífico” operaría como nexo entre lo místico y lo filosófico.
21. ROHDE, E. op. cit., p. 523, Vol. II.