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Studia Philologica Valentina
Vol. 16, n.s. 13 (2014) 165-196
ISSN: 1135-9560
La noción de koinonia y los origenes del
pensamiento utópico
The concept of koinonia and the origin
of utopian thought
David Hernández de la Fuente
UNED
<dhdelafuente@geo.uned.es>
Data de recepció: 01/09/14
Data d’acceptaciö: 24/10/14
En esta contribución, a modo de una recopilaciôn de notas criticas y metodológicas, nos proponemos repasar las implicaciones
del vocablo griego koinonia en la historia del pensamiento utdpico
griego. La palabra koinonia evoca un antiguo debate conceptual
en torno a la comunidad de bienes y familia en el grupo humano,
pero también en cuanto a la politica antigua, la sociedad civil y
su cohesion y relaciones internas desde el mundo clasico hasta el
grupo socio-religioso en la época cristiana. Es un término de larga
trayectoria, pero especialmente usado en la discusión sobre la comunidad politica ideal, que aun hoy centra el debate en el campo
de las utopias antiguas por su uso en el Pitagorismo primitivo y en
los primeros teóricos de la politica, sobre todo en Platôn y Aristôteles. Su uso gira en torno a la noción de compartir la propiedad de
la tierra y la hacienda (el oikos) y también la comunidad familiar.
Es un término importante ademas por sus connotaciones, en ämbito religioso, de vida en común ascética y comunitaria: asi se ve
desde el mundo pitagórico, espejo para la filosofia neoplatónica de
cenobitismos posteriores. La cuestión de la koinonia y del koinon
bios, no en vano, marcará posteriormente, ya en el mundo cristiano, tanto el primer monacato como incluso el concepto cristiano
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ISSN: 1135-9560
La noción de koinonia y los orígenes del
pensamiento utópico
The concept of koinonia and the origin
of utopian thought
David Hernández de la Fuente
UNED
<dhdelafuente@geo.uned.es>
Data de recepció: 01/09/14
Data d’acceptació: 24/10/14
En esta contribución, a modo de una recopilación de notas críticas y metodológicas, nos proponemos repasar las implicaciones
del vocablo griego koinonia en la historia del pensamiento utópico
griego. La palabra koinonia evoca un antiguo debate conceptual
en torno a la comunidad de bienes y familia en el grupo humano,
pero también en cuanto a la política antigua, la sociedad civil y
su cohesión y relaciones internas desde el mundo clásico hasta el
grupo socio-religioso en la época cristiana. Es un término de larga
trayectoria, pero especialmente usado en la discusión sobre la comunidad política ideal, que aun hoy centra el debate en el campo
de las utopías antiguas por su uso en el Pitagorismo primitivo y en
los primeros teóricos de la política, sobre todo en Platón y Aristóteles. Su uso gira en torno a la noción de compartir la propiedad de
la tierra y la hacienda (el oikos) y también la comunidad familiar.
Es un término importante además por sus connotaciones, en ámbito religioso, de vida en común ascética y comunitaria: así se ve
desde el mundo pitagórico, espejo para la filosofía neoplatónica de
cenobitismos posteriores. La cuestión de la koinonia y del koinon
bios, no en vano, marcará posteriormente, ya en el mundo cristiano, tanto el primer monacato como incluso el concepto cristiano
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)de la comunión.1 La discusión que proponemos aquí parte de la
relectura de varios textos clave en torno a este concepto que se
encuentran en las fuentes del antiguo pitagorismo y en el pensamiento de Platón y Aristóteles y, en segundo lugar, de la reconsideración de una monografía ya clásica para la idea de comunismo
y comunidad de bienes y de familias en el pensamiento utópico
griego, el libro de D. Dawson, Cities of the Gods: Communist Utopias in Greek Thought.2
Como se ha podido constatar en esta sucinta presentación, el
vocablo koinonia evoca conceptos de enorme importancia en la
historia del pensamiento político y en las ciencias sociales. Dejando aparte las hondas implicaciones sociológicas de la idea de
la «vida común» o la «comunidad de vida» que, para los grupos
religiosos representan algunas de las postrimerías de este debate,
nos centraremos ante todo en su vertiente política y, en concreto,
en la historia de la formulación teórica de modelos alternativos a
la comunidad política tradicional. Puede decirse que el surgimiento del estado, que encuentra su base en la Grecia clásica, se fundamenta en un triple sentido de la polis: el físico, el constitucional
y el comunitario. En ese último sentido se hablaba de koinonia en
el origen del estado democrático como la comunidad solidaria de
hombres y mujeres nacidos o radicados en la polis. De ahí la gran
relevancia histórico-política del término koinonia en los orígenes
de las ciencias sociales y también en la filosofía política. Valga
como ejemplo la polisemia y los múltiples matices que presenta la
palabra en griego antiguo: si en el mundo pitagórico se subraya
especialmente el valor de la koinonia en el hecho de compartir la
vida con los miembros de la escuela, en Platón designa no solo
una comunidad humana como prerrequisito de la amistad3 o la
educación en la filosofía,4 sino también a la sociedad en su con-
1
Vaya por delante que este término, sobre el que disertaremos a continuación,
da nombre, por cierto, al grupo de investigación interdisciplinario y consolidado de
la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), bajo la denominación
concreta de Koinonía. Grupo interdisciplinario de investigación sobre Trabajo Social,
Historia, Derecho e Intervención Social (Ref. GI62: <www.koinonia.org.es>), en el
que se enmarca una sección de la línea de investigación sobre historia social e
historia cultural del mundo antiguo de la que forma parte este trabajo.
2
Dawson 1992.
3
Platón, Gorgias 507e.
4
Platón, Leyes 861e, Simp.188c.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)junto.5 En su uso por Aristóteles, como se verá, se concreta la
acepción del término que pasa a significar sobre todo la comunidad ciudadana y política.6 Además del sentido filosófico, otras
acepciones de este término griego se refieren al ámbito del derecho
griego (comunidad de matrimonio o de propiedad) y, en época más
tardía, cobrará también un sentido teológico, como comunión con
lo divino, en el griego neotestamentario. Hay que añadir, por último, que autores como Eurípides recogen la acepción de «comercio
sexual» igualmente.7 Propiedad, sexo, familia y vida en común tendrán relevancia a la hora de examinar las implicaciones utópicas
de este término, como veremos.
En primer lugar, en efecto, cabe recordar que el término koinonia, sustantivo del adjetivo koinon («común»), es la palabra griega
por excelencia que designa la «sociedad» o la «comunidad» humana, en el sentido de convivencia y apoyo mutuo entre un grupo de
personas identificadas política y socialmente. El propio adjetivo
koinon tiene también una importante acepción política que sale a
la palestra con la consolidación de la polis como estado de ciudadanos iguales con conciencia comunitaria y colectiva. Con esta visión se consolida la revolución sociopolítica paralela al surgimiento de la guerra hoplítica, un cambio en el que, como tantas veces,
la transformación en los medios de producción y su control por la
fuerza, cambian la faz de la sociedad. Frente a la tradicional manera de luchar de las elites griegas anteriores en duelos singulares
de aristoi8 la introducción de la falange de ciudadanos libres e
iguales, propietarios de pequeñas haciendas familiares, va a revolucionar las condiciones de acceso al poder político y a sentar las
bases de la sociedad de la ciudad-estado griega durante al menos
dos siglos. Todos los ciudadanos que forman la koinonia politike
en pie de igualdad, tanto aristócratas y medianos propietarios,
como modestos campesinos, son iguales en el campo de batalla y
en la lucha hoplítica en la que cada ciudadano cubre a su compañero. Ya no luchan los nobles a la imagen de los héroes homéricos
que, como Héctor, Ájax o Aquiles, peleaban por alcanzar una fama
individual, el kleos inmortal, sino que los ciudadanos en armas
Platón, Político 276b.
Aristóteles, Política 1252a7.
7
Eurípides, Bacantes 1276.
8
Como han señalado autores como Hanson 1989 o Keegan 2014.
5
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)de la falange hoplítica luchan en defensa de lo común (to koinon).
Más allá de los modelos de la épica antigua en busca de la gloria
del héroe aristocrático, sacrificar de la vida del ciudadano en beneficio de la comunidad política y social, la koinonia, que agrupa
ambos sentidos inseparables en la antigua polis, se convierte en
una gesta digna de ser recordada en la posteridad, la única hazaña ciudadana merecedora de tal nombre, independientemente del
estatus social del implicado. Así, puede inferirse de la ideología
que transmiten los versos de ciertos líricos arcaicos.9
El trasfondo de esta nueva guerra es, como recuerda también
Hanson (1995), económico y agrícola, dando fe de la relevancia
de las explotaciones agrícolas en la civilización griega, pero también derivado de un cambio de paradigma político. Y asimismo la
comunidad hoplítica de ciudadanos libres se engendra sobre la
suma de núcleos que suponen las haciendas particulares de los
ciudadanos libres e iguales, entendidas como las unidades con
comunidad de propiedad y familia que son los oikoi.10 Corre parejas el nuevo sentido de comunidad en pie de igualdad en los
años de la consolidación de la falange hoplítica con la idea de
«lo común». Así se ve, por ejemplo, en la notoria proliferación de
inscripciones legislativas a lo largo de los ciento cincuenta años
posteriores a la implantación del régimen democrático en Atenas.
Se puede decir que configuran un espacio público, siguiendo la
terminología de Jürgen Habermas, en la polis de Atenas marcado
por el uso público de la escritura y, en otro sentido, de la oratoria
oficial. Destaca en estas manifestaciones de la voluntad política
el empleo de términos como koinon o demosios en referencia a la
comunidad política. A la vez, el espacio público en el sentido de
discusión sobre la politeia abunda tanto en el ágora como en la
oratoria y la filosofía. Los elitistas simposios y las aristocráticas y
contestatarias hetaireiai de índole oligárquica y conspirativa, a su
modo, también constituyen un ejemplo de espacio público para el
debate político en torno a la mejor koinonia.11
P.e. Calino 1 W = 1 D, 5-9, 14-19.
Es conocida la tesis de Hanson (1995) sobre la importancia de la «granja»
como elemento constitutivo del despegue político de occidente frente al mundo del
antiguo Oriente.
11
Puede verse el reciente tratamiento de Canfora (2014) para el ambiente de
debate en torno a la comunidad política en los diversos niveles del espacio público
ateniense, desde las asambleas a las hetaireai.
9
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)Tras la isonomia de los ciudadanos-soldados, la milicia en defensa de lo común (koinon) y el espacio de lo público (demosios),
la noción de koinonia aparece también en el discurso económico
y social a la hora de plantear la administración de la hacienda u
oikos, tanto de los bienes muebles o inmuebles, como de la familia
extensa que conlleva esta unidad básica de la polis. No de forma
sorprendente, a partir de estas reflexiones sobre cómo administrar el propio oikos, mezcladas con noticias variadas de los viajeros e historiadores que referían otros modelos de gestión familiar
y política, van a surgir cuestionamientos del orden político e ideas
para su mejora y reforma. A la par que los griegos fueron conociendo noticias de allende los mares, de las colonias de nueva fundación o de los pueblos con los que se encontraron, se procedió a
redefinir la propia identidad por el contraste, mientras surgía a la
vez el interés por una teoría política. Tras la consolidación de la
polis, no es extraño que, en sus orígenes, los primeros esbozos de
una teoría política griega se localicen en el contraste con el otro:
los diálogos de Creso y Solón y el logos tripolitikos que transmite
Heródoto dan buena cuenta del uso de la ficción del bárbaro para
teorizar sobre los modelos políticos.12
En todo caso, las ideas de reforma de la polis, a partir de las
premisas que otorga la noción de koinonia, se centran en una mejora de la sociedad reforzando la cohesión entre sus miembros y
se relacionarán a menudo en el pensamiento político griego con
el ideal de una vida en comunidad en cuanto propiedad comunal,
comunidad de familia o comunidad política de especial refuerzo
y excelencia. Tal es también la suma de connotaciones que para
Dawson supone la característica más destacada de la génesis del
pensamiento utópico, en cuanto a las ideas comunistas, en la Grecia antigua.13 Esto acaso se puede explicar mediante la conexión
cultural que existía entre la palabra griega koinonia y el concepto
de oikos, pues en el seno del oikos griego, entendido como familia
extensa y a la vez como hacienda que gestionaba el lote de tierras
hereditarias (kleros), se encontraba esta juntura fundamental entre la comunidad de bienes y la comunidad familiar.
Como se ve, se trata de un debate conceptual muy relevante en
el que hay que partir de las nociones básicas a la hora de entender
12
13
Cf. en general, Barceló y Hernández de la Fuente 2014, en esp. 217 ss.
Dawson 1992, 8 ss.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)qué debemos comprender como koinonia. Desde la idea de oikos y
kleros a la propia noción extensa de la polis o las reglas y condiciones que marcan la pertenencia a un cuerpo de ciudadanos (politai)
y en el marco de una constitución política de la ciudad estado (politeia). Luego, ante los problemas que se plantean en la ciudad-estado tradicional, esta comunidad familiar y de propiedad daría lugar
en el pensamiento utópico a una evolución hacia un modelo de reforma política: la noción de reformar la polis desde el oikos surge a
partir de modelos de la historiografía, la religión o la comedia sobre
todo durante la Guerra del Peloponeso y culmina en la propuesta
que acaso sea su cúspide absoluta o quizá más conocida, la famosa
koinonia de mujeres e hijos que se da en la República de Platón.
En el acervo del saber común de los griegos había ciertos lugares comunes, bien estudiados por Dawson, que inducían a dar
crédito a unas koinoniai utópicas que pudieran mejorar la comunidad política, a partir de la perfección de una vida común en cuanto a propiedades o familias. Estas nociones provenían de campos
muy diversos. En primer lugar, los griegos habían oído también
ciertas noticias —transmitidas por los escritores de viajes, los oradores y los historiadores— sobre comunidades fantásticas y utópicas allende el mundo griego que ponían en común propiedades
y familias, notablemente algunos bárbaros remotos que se supone
que compartían sus bienes y sus mujeres. Tales ejemplos eran
referidos con cierta admiración o como prueba de la convencionalidad de las leyes y de las costumbres por ciertos sofistas, como
Protágoras de Abdera, que los asociaban a sus teorías sobre la
convención frente a la naturaleza y los relacionaban con la situación sociopolítica de la Atenas democrática. En efecto, se contaba
acerca de las costumbres de ciertos extranjeros que eran conocidos por su koinonia de mujeres: la tribu nómada de los agatirsos,
relacionada con los tracios, es descrita por el historiador Heródoto
como un pueblo polígamo, tatuado y amante del lujo que vivía en
la llanura del río Maris.14 Las fábulas sobre la promiscuidad de
las mujeres bárbaras, su polyandria o, lo que es más atractivo, la
imagen de unas mujeres poderosas y masculinizadas que ejercen
el gobierno (gynaikokratia) encuentran múltiples reflejos en la mitología y en la literatura, si se tiene en cuenta en la leyenda la gran
14
Herodoto IV 104.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)cantidad de noticias disponibles sobre las Amazonas, los tracios,
ilirios o chipriotas (incluso sobre nuestros cántabros se contará la
leyenda del gobierno matriarcal en tiempos posteriores).
Otro elemento importante eran los ecos de las supuestamente
excelentes constituciones dorias, como las de Creta y Esparta, y
de instituciones como las comidas en común o el epiklerato más
favorable a la mujer. En cuanto a lo primero, hay que recordar que
la legendaria legislación de ambos lugares —de origen supuestamente divino, pues en Creta se decía provenir de Zeus a través de
Minos y en Esparta de Apolo mediante Licurgo— conformaba las
constituciones más conocidas del mundo griego y casi todas las
investigaciones sobre la ley en la literatura antigua hacían uso de
ellas como modelos.15 Incluso en el propio Platón, pese a sus distancias críticas, el comienzo de las Leyes no deja dudas al respecto, cuando el extranjero ateniense comienza con el juicio crítico de
las constituciones de Esparta y Creta,16 y hay otros ejemplos en la
obra del filósofo en los que se alaba la idiosincrasia de espartanos
y cretenses,17 su sistema educativo y social o se pondera positivamente la tradición de sus gobiernos aristocráticos.18 Especialmente se valoraba en el debate político la costumbre edificante de las
comidas en común, amenizadas por cánticos patrióticos.
En cuanto a la especial situación de la mujer doria hay que
recordar que, a las muchachas o viudas con herencia, figura del
derecho griego llamada epikleros, literalmente «la que está sobre
la herencia», se las denominaba en Esparta y Gortina, muy significativamente, patrouchoi (es decir «las que poseen el patrimonio»):
aunque estaban en general obligadas a casarse con alguien lo más
cercano posible a la sangre de su padre, en los estados dorios estas mujeres tenían cierta independencia y poder en la gestión del
patrimonio y en la toma de decisiones sobre su vida (a la influencia negativa del excesivo poder femenino achacará Aristóteles la
decadencia de Esparta). Por ello, la evocación de las poderosas
mujeres dorias —junto con otros aspectos de la vida comunal espartana, como las comidas en común— era uno de los leitmotiven
más presentes para la reformulación utópica de las koinoniai.
Brisson - Pradeau 2006, vol. l, 334.
Hernández de la Fuente 2010.
17
Platón, Protágoras 342a ss.
18
Platón, Rep. VIII 544. Cf. también Heródoto I 65.
15
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)En un tercer punto, estaba la religión, con los conceptos tradicionales sobre la edad de oro como utopía en un pasado legendario (como evocaba Hesíodo en Trabajos y días) o en el más allá
de los misterios, que prometían un mundo mejor en otro lugar, y
una felicidad que a veces regresaba pasajeramente, a lo que acaso
dedica menos atención Dawson. Los hombres de la edad de oro
pasaban su vida en ausencia de dolor, penas y conflictos, eternamente jóvenes y gozando de comidas comunes que se les daban
espontáneamente.19 El viejo mito de las edades de Hesíodo, y su
variante mistérica de las islas de los bienaventurados que aparece
en Píndaro y otros autores, se actualiza en la polis y vuelve a los
hombres gracias a la compasión de los dioses. Este mito cíclico
y recurrente de la edad de oro es de interés para el pensamiento
utópico por la idea de su retorno prometido, ya circular, ya periódico. Los textos sagrados del orfismo también hablaron de la
posibilidad de alcanzar la edad de oro paradisíaca para los justos
bajo el gobierno del viejo Crono en un más allá utópico y es Dioniso el dios que parece regir ese mundo áureo del más allá en sus
regresos periódicos al nuestro.20
Como quiera que sea, el debate sobre la reforma de la sociedad
a partir de una aplicación al conjunto de la polis de recetas utópicas basadas en sus elementos básicos, se agudiza en la época
de la guerra del Peloponeso, sobre todo en su fase final. Sus
ejemplos afloran especialmente en Atenas, que es el laboratorio
de toda esta génesis del pensamiento utópico, en un momento
marcado por el declive de la ciudad en la guerra, condicionado
por la sofística y para el que la comedia de Aristófanes es un
testimonio clave. La necesidad de cambiar los mecanismos políticos saltaba a la vista en este momento. El gobierno del demos a
partir del sistema asambleario clisténico había caído en la paradoja de tornarse ciertamente tiránico para muchos de los griegos
sometidos a su imperio, siguiendo la famosa expresión tucididea
que haría de Atenas una «ciudad tirana».21 Este momento crucial es abordado por Aristófanes echando mano del recurso a
los temas utópicos, como se ve en la comedia Lisístrata. En ella
se debate acerca de la Tagespolitik ateniense, sí, pero también
Hes. Erg. 117-118.
Hernández de la Fuente 2009.
21
Barceló y Hernández de la Fuente 2014, 248 ss.
19
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)se abordan temas de interés general para la koinonia futura: y
su reforma, no por casualidad, se efectúa en el plano literario a
partir del oikos y de sus tareas típicas y en torno al papel de la
mujer como gobernante del mismo. Así, para su reforma política,
la Lisístrata aristofánica ideará una utopía de un gobierno basada en las technai típicas de las mujeres, es decir, las artes del
telar. De tal manera se podrá obtener una mayor cohesión social,
como tejiendo una tela:22
Πρῶτον μὲν χρῆν, ὥσπερ πόκον, ἐν βαλανείῳ
ἐκπλύναντας τὴν οἰσπώτην ἐκ τῆς πόλεως, ἐπὶ κλίνης
ἐκραβδίζειν τοὺς μοχθηροὺς καὶ τοὺς τριβόλους ἀπολέξαι,
καὶ τούς γε συνισταμένους τούτους καὶ τοὺς πιλοῦντας ἑαυτοὺς
ἐπὶ ταῖς ἀρχαῖσι διαξῆναι καὶ τὰς κεφαλὰς ἀποτῖλαι·
εἶτα ξαίνειν εἰς καλαθίσκον κοινὴν εὔνοιαν ἅπαντας
καταμειγνύντας· τούς τε μετοίκους κεἴ τις ξένος ᾖ φίλος ὑμῖν,
κεἴ τις ὀφείλῃ τῷ δημοσίῳ, καὶ τούτους ἐγκαταμεῖξαι·
καὶ νὴ Δία τάς γε πόλεις, ὁπόσαι τῆς γῆς τῆσδ’ εἰσὶν ἄποικοι,
διαγιγνώσκειν ὅτι ταῦθ’ ἡμῖν ὥσπερ τὰ κατάγματα κεῖται
χωρὶς ἕκαστον· κᾆτ’ ἀπὸ τούτων πάντων τὸ κάταγμα λαβόντας
δεῦρο ξυνάγειν καὶ ξυναθροίζειν εἰς ἕν, κἄπειτα ποῆσαι
τολύπην μεγάλην κᾆτ’ ἐκ ταύτης τῷ δήμῳ χλαῖναν ὑφῆναι.
Primero habría que, como el vellón en la pila, sacando con el lavado
la grasa de la ciudad, sobre una cama varearla hasta echar fuera
a los malos y quitar las cerdas, y a esos que se conglomeran y se
apelmazan por los cargos, separarlos cardando y quitarles ... las
cabezas; luego cardar, en una cestilla, la buena voluntad recíproca
mezclando; y a los metecos y si hay algún extranjero amigo vuestro y si alguno debe al tesoro, a estos también meterlos juntos; y,
por Zeus, las ciudades que son colonias de esta tierra, reconocer
que son para vosotros como copos de lana, cado uno en su sitio; y
luego, cogiendo los copos de todos ellos, traerlos y reunirlos en un
montón, y hacer así una gran pelota y luego con ella tejer un manto
para el pueblo.
Aristófanes, Lisístrata 575-587. Traducción de F. Rodríguez Adrados
Si la Lisístrata finaliza con una utópica comida en común entre
atenienses y espartanos, propiciada por la insólita gynaikokratia
22
Platón usará también el símil del tejedor en su Político.
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Página 11
Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)que ha conducido, por medio de una huelga sexual, al fin de las
hostilidades, en otra célebre comedia, Las asambleístas, se repite
el esquema del gobierno femenino. Hay que pensar que el propio título de la obra era una enorme paradoja, pues el rol social
de las mujeres les impedía participar en la asamblea política: su
papel estaba ceñido al mantenimiento y conservación del oikos
y sacarlas de ese ámbito era el juego utópico que nos ofrece el
comediógrafo. Desde luego que es fantástico aplicar las artes de
las mujeres —el tejer, como en el caso de la Lisístrata— al juego
de la política ideal o de las propuestas utópicas, basadas en las
mencionadas nociones como pilares básicos. No por casualidad
está relacionado el poder femenino —y su metafórica traslación al
plano político— con el tejer. Tampoco es ocioso que se relacione
con la idea de las relaciones sexuales que, como vemos desde los
modelos evocados de la barbarie hasta la República de Platón, están en el trasfondo del debate utópico sobre la koinonia familiar y
la comunidad de mujeres.
En Las asambleístas las mujeres dan un paso adelante para
regir la política de la ciudad y se visten como hombres: la propuesta que se hace en la asamblea política es muy notable y la recoge
aquí Praxágoras.
μή νυν πρότερον μηδεὶς ὑμῶν ἀντείπῃ μηδ᾽ ὑποκρούσῃ,
πρὶν ἐπίστασθαι τὴν ἐπίνοιαν καὶ τοῦ φράζοντος ἀκοῦσαι.
κοινωνεῖν γὰρ πάντας φήσω χρῆναι πάντων μετέχοντας
κἀκ ταὐτοῦ ζῆν, καὶ μὴ τὸν μὲν πλουτεῖν, τὸν δ᾽ ἄθλιον εἶναι,
μηδὲ γεωργεῖν τὸν μὲν πολλήν, τῷ δ᾽ εἶναι μηδὲ ταφῆναι,
μηδ᾽ ἀνδραπόδοις τὸν μὲν χρῆσθαι πολλοῖς, τὸν δ᾽ οὐδ᾽ ἀκολούθῳ:
ἀλλ᾽ ἕνα ποιῶ κοινὸν πᾶσιν βίοτον καὶ τοῦτον ὅμοιον.
Atención, y que nadie me contradiga ni me interrumpa antes de
dar a conocer mi pensamiento y de haberme oído hablar. Propongo
que todos los bienes sean comunes (koinonein) y que todos participen por igual de ellos y vivan de ellos, y que no sea uno rico y
otro pobre, ni cultive uno un campo enorme y otro no tenga dónde
caerse muerto; que no haya quien tenga cien esclavos y quien carezca de uno solo servicio: sino que establezco una vida común e
igual para todos.
Aristófanes, Las asambleístas 588 ss.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)En línea con las ideas del comunismo utópico, se propone que
todas las cosas sean comunes, es decir, que se cree una koinonia
global, agrupando todos los oikoi en una sola gran hacienda común: el estado. O, como dice más adelante Praxágoras, «hacer de
nuestra ciudad una sola morada, derribando todas las paredes.»
También, al modo dorio, los ciudadanos comerán en esas grandes
comidas que eran el modelo de gran parte de esta corriente de debate utópico que trasluce en la comedia, o, en palabras de Praxágoras «todos los pórticos y tribunales se convertirán en comedores». Dawson ha notado sagazmente que la clave de la cuestión y
de este debate utópico reside en resolver la pregunta de por qué la
koinonia de propiedad deriva necesariamente en el pensamiento
utópico griego en una koinonia de mujeres, es decir por qué de la
hacienda se pasa al sexo.23 Dawson piensa con mucha razón que
tal vez aquí confluyan varias tradiciones míticas del conglomerado
heredado relacionadas con la Edad de Oro (frecuentemente parodiada en la comedia)24 y con la idea del gobierno femenino. En todo
caso hay que recordar también que ya Aristóteles, al trazar una
breve historia de las doctrinas políticas griegas, presenta una interesante subdivisión entre constituciones teóricas de pensadores
que incluyen la comunidad de bienes y la igualdad entre los sexos
—en referencia a su maestro Platón— y las teorías de otros, tal vez
no filósofos, que conservan la propiedad privada y las distinciones
entre sexos, permaneciendo más cerca del actual estado de la política en las ciudades-estado griegas.
Es interesante comenzar la discusión sobre el nacimiento de
la utopía en torno a la koinonia griega con la obra de Aristófanes,
pues, pese a ser un testimonio, el de Las asambleístas, relativamente tardío, está ofreciendo un tratamiento cómico y popular de
algunos de los temas que, heredados de la génesis de la teoría política en Heródoto y de su desarrollo en la sofística, estaban especialmente vivos en el debate ciudadano de la época final de la Guerra del Peloponeso y sobre los que una década después volvería la
República de Platón. Las diferencias, ciertamente, son claras, pero
salta a la vista incluso en un tratamiento paródico como este (o el
de la Lisístrata y las Tesmoforiantes anteriormente), la relevancia
del tema de la comunidad familiar (i.e., sexual, de mujeres) y la
23
24
Dawson 1992, 38-39.
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Página 13
Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)de la gynaikokratia. Sobre esto último, aunque ciertamente muy
atenuado, también volverá Platón cuando atribuya a la mujer un
papel importante, tanto en la República como, especialmente, en
las Leyes.
Pero mucho antes de Aristófanes o Platón, tal vez la primera
escuela filosófica que trata el tema de la koinonia fuera la secta pitagórica, que más que una escuela en el sentido posterior del término —derivado, por cierto, del griego schole, como el ocio elevado
en el debate, a menudo político, entre hombres de bien— se aproxima a un modo de vida común: el bios pitagórico, al que dedican
sendos libros los neoplatónicos Porfirio y Jámblico, no es sino una
comunidad de vida, o una vida en común (koinos bios), al margen
de la polis en general, que debía incluir cierto modo de comunidad de propiedades y también de familias, aunque sobre estos
se discute mucho.25 No cabe descartar que en la redacción de las
biografías de los mencionados filósofos neoplatónicos que hemos
conservado, y que datan muy verosímilmente del siglo IV, haya influido de alguna forma el debate contemporáneo del ascetismo y el
cenobitismo cristiano. Sin embargo, tanto Platón como otras fuentes antiguas certifican que la vertiente política de Pitágoras y su
escuela, aparte de centrarse en las teorías de proporción matemático-musical que podrían ser aplicadas a la comunidad humana,
estaba especialmente enfocada en el modo de vida pitagórico como
koinonia tou biou:26 así aparece en la única mención a Pitágoras
en la República de Platón (600 ab), que subraya precisamente el
concepto de la synousia, en el sentido de la vida en común de los
miembros de la escuela del sabio de Samos.27
Frente a las propuestas de reforma utópica posteriores que
surgen del contraste con otros modelos, el pitagorismo tiene muy
clara la necesidad de una segregación del grupo cenobítico de la
sociedad general para intentar refundarla. Lo primero para lograr
la mejor sociedad es la «comunidad de vida», el koinon bios, del grupo. Se basa en parámetros ascéticos, rigoristas, de implicaciones
científico-religiosas, que primero constituirán la sociedad interior
y perfecta y luego cambiarán la sociedad general. Quizá sigan ahí
Véase la primera parte de Hernández de la Fuente, 2011 [20142].
Dawson 1992, 16 ss.
27
Aunque esta palabra implica mucho más, como se analiza en Hernández de
la Fuente 2010, 110-112, en el plano mítico en Platón.
25
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)los modelos que los estudiosos de la sociología de la religión han
planteado para la dicotomía iglesia-secta.28 Hay que subrayar la
implicación política de la comunidad de vida pitagórica —frente a
la falta de interés de otros grupos religiosos como los órficos, por
ejemplo, en la polis— que hace de esta escuela algo más que un
grupo sapiencial y religioso y lo hace susceptible de comparación,
en cierta manera, con la forma en que las elitistas hetaireiai trataron de interferir en el curso de la política de la sociedad general.
La concepción de la amistad (philia) de los pitagóricos, una fuerte
solidaridad interna que llegaba a poner en común no solo intereses filosóficos sino también políticos y económicos,29 convirtió
a sus comunidades en la Magna Grecia en verdaderos grupos de
presión con influencia más allá de sus esferas particulares, llegando a dominar la política de las ciudades de la zona, como se ve
en ciertos episodios clave en los que se consulta a Pitágoras sobre
cuestiones de política tanto interior como exterior y de mediación
social en casos de conflicto entre ciudadanos. Pitágoras aparece
como un legislador de cara al interior de su escuela y pronto será
imitado en el exterior, como recoge Jámblico, admirado como mediador y líder carismático.
νόμους τε παρ’ αὐτοῦ δεξάμενοι καὶ προστάγματα ὡσανεὶ θείας ὑποθήκας,
ὧν ἐκτὸς οὐδὲν ἔπραττον, παρέμειναν ὁμονοοῦντες ὅλῳ τῷ τῶν ὁμιλητῶν
ἀθροίσματι, εὐφημούμενοι καὶ παρὰ τῶν πέριξ μακαριζόμενοι, τάς τε οὐσίας
κοινὰς ἔθεντο […] πολιτεία δὲ ἡ βελτίστη καὶ ὁμοδημία καὶ ‘κοινὰ τὰ φίλων’
Recibieron leyes de él y mandatos como si fueran preceptos divinos, fuera de lo cual nada se hacía, y vivían juntos en comunidad
de espíritu toda la congregación de acólitos, bendecidos y estimados felices por los que les rodeaban, puesto que tenían todas las
cosas en común […] Y también la mejor constitución y la concordia, la «comunidad de los amigos».
Jámblico, Vid. Pit. VI 30, 32.
Hay quien quiere localizar el origen de ciertas nociones básicas
del pensamiento político griego, como la del equilibrio y la armonía
precisamente en la escuela de Pitágoras. Según la teoría que se le
28
29
Burkert 1982.
Cf. Konstan 1997.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)atribuye en torno a la ordenación armónica de las series numéricas y los intervalos que condicionan cualquier relación matemática o composición musical, la armonía entre los seres humanos se
configura, en su teoría de la amistad, como una auténtica política
pitagórica, enunciada por vez primera en el discurso dirigido a la
asamblea de Crotona por Pitágoras, que recoge su tradición biográfica.30 Ahí estaría la idea de la armonía política que hace de los
conciudadanos, miembros de la koinonia pitagórica, auténticos
amigos, en un orden (kosmos) proporcionado. La interacción entre
ellos conforma un equilibrio áureo, un logismos («cálculo» o «razonamiento») que aparecerá más tarde en uno de los más célebres
pitagóricos posteriores, Arquitas de Tarento.31 En efecto, la idea de
regular la koinonia mediante la proporción geométrica aparece por
primera vez en el fragmento 3 de Arquitas —un pensador que realmente llegó a tener responsabilidades políticas en su ciudad—, en
lo que representa una aplicación del equilibrio áureo a la política.
No es ocioso pensar que luego recogerá estas ideas probablemente
el Platón de la República.
La koinonia defendida por los antiguos pitagóricos en sus comunidades del sur de Italia, en lo que de ellas podemos conocer, se
vio reflejada tanto dentro como fuera de su sociedad carismática,
por seguir la terminología de Max Weber. En primer lugar, cabe
destacar la fuerza de ley de los dicta pitagóricos. La relación entre
Pitágoras y la ley divina en que se convierten al instante las palabras inspiradas del maestro —el ipse dixit— se pone aquí de manifiesto. En la historia de la legislación griega se puede comparar con
los orígenes religiosos de la ley, por ejemplo, en figuras míticas de
legisladores como Minos o Licurgo. En la vertiente política Pitágoras aparece como legislador en los fragmentos de los aristotélicos
Dicearco de Mesina y Aristóxeno de Tarento.32 Para Dicearco, Pitágoras es ante todo un guía político y moral. Para Aristóxeno, en
cambio, es un mítico educador político de todo el mundo antiguo.
Pero, en segundo lugar, cabe recordar que la secta pitagórica
tuvo funciones de mediación social también entre los ciudadanos
30
Cf. Kahn, 2001, 47; Konstan, 1997, 115. Para una interpretación de la vertiente política del antiguo pitagorismo, combinada con su faceta religiosa, véase
Hernández de la Fuente, 2011 [20142], 120-132.
31
Estrabón I 3 4. Cf. Huffman 2005.
32
Cf. Dicearco F 33 W, Justino XX 4.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)de la polis crotoniata y de otras poleis, que se sometían voluntariamente a sus arbitrajes, como confirma algún otro pasaje de
Jámblico.33 También ha quedado atestiguada en las fuentes por
varios episodios, como la recepción de embajadores de Síbaris por
Pitágoras en nombre de Crotona,34 la evidente influencia política
que tuvo el pitagorismo sobre la sociedad exterior. Los miembros
de dicha escuela, al decir de Jámblico «hicieron guardar las leyes
y dirigieron algunas ciudades de Italia, revelando y aconsejando
las mejores medidas que pudieron concebir, pero absteniéndose
de recibir un sueldo público… [los itálicos] quisieron que los asuntos constitucionales fueran administrados por aquellos. En esta
época parece que las mejores constituciones se dieron en Italia y
Sicilia.»35 Aunque no parece que ni Pitágoras mismo ni sus seguidores hubieran desempeñado cargos públicos, sí cabe decir que
el maestro y sus seguidores eran consultados como consejeros
políticos de primer orden en asuntos públicos cuya importancia lo
requiriese.36 Desde luego que la herencia más importante que se
le atribuyó a la koinonia pitagórica advino con la idea común de
que había sido adaptada en el comunismo de Platón, como figura
en este pasaje de Jámblico:
ἀρχὴ τοίνυν ἐστὶ δικαιοσύνης μὲν τὸ κοινὸν καὶ ἴσον καὶ τὸ ἐγγυτάτω ἑνὸς σώματος
καὶ μιᾶς ψυχῆς ὁμοπαθεῖν πάντας, καὶ ἐπὶ τὸ αὐτὸ τὸ ἐμὸν φθέγγεσθαι καὶ τὸ
ἀλλότριον, ὥσπερ δὴ καὶ Πλάτων μαθὼν παρὰ τῶν Πυθαγορείων συμμαρτυρεῖ.
τοῦτο τοίνυν ἄριστα ἀνδρῶν κατεσκεύασεν, ἐν τοῖς ἤθεσι τὸ ἴδιον πᾶν ἐξορίσας,
τὸ δὲ κοινὸν αὐξήσας μέχρι τῶν ἐσχάτων κτημάτων καὶ στάσεως αἰτίων ὄντων καὶ
ταραχῆς· κοινὰ γὰρ πᾶσι πάντα καὶ ταὐτὰ ἦν, ἴδιον δὲ οὐδεὶς οὐδὲν ἐκέκτητο. καὶ
εἰ μὲν ἠρέσκετό <τις> τῇ κοινωνίᾳ, ἐχρῆτο τοῖς κοινοῖς κατὰ τὸ δικαιότατον, εἰ
δὲ μή, ἀπολαβὼν ἂν τὴν ἑαυτοῦ οὐσίαν καὶ πλείονα ἧς εἰσενηνόχει εἰς τὸ κοινὸν
ἀπηλλάττετο. οὕτως ἐξ ἀρχῆς τῆς πρώτης τὴν δικαιοσύνην ἄριστα κατεστήσατο.
Así pues, el principio de la justicia es la comunidad y la igualdad,
que se debería experimentar de la misma manera que si se tuviera
un mismo cuerpo y una sola alma, llamando con igual nombre lo
mío y lo ajeno, como atestigua también Platón,37 que lo aprendió de
Jámblico, V. Pyth. 124
Jámblico, V. Pyth. 133, 177.
35
Jámblico V. Pyth. 129.
36
Cf. Riedweg 2002 [2005], 60-61.
37
El comunismo de las obras políticas de Platón encontraría, según los neopitagóricos, un precedente en Pitágoras. Cf. Platón, Resp. 462b ss.
33
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)los pitagóricos. Pitágoras, pues, logró esto entre los seres humanos
de la mejor manera, tras expulsar de los caracteres todo lo privado
y acreciendo lo común incluso en cuanto a las posesiones más básicas, por ser causa de discordias y disturbios civiles. Pues [entre
los pitagóricos] las cosas eran comunes y las mismas para todos y
nadie adquiría nada de forma privada. Y si alguien estaba a gusto
en la comunidad, hacía uso de las cosas comunes de la manera
más justa, pero si no lo estaba, tomaba de nuevo su patrimonio y
lo recuperaba incluso acrecentado para marcharse. De esta forma
Pitágoras estableció así la justicia de una manera excelente desde
su primer principio.
Jámblico, Vid. Pit. XXX 167-168
Hay que recordar ahora el comunismo que evoca el dicho koina ta philon, que tal vez evoca la feliz edad de oro del mito o de la
religión antigua, con abundancia y felicidad común.38 Este célebre motto, procedente de la paremiología, también sería adaptado por la política ideal de Platón no solo en la República sino en
las Leyes y habría de devenir también posteriormente un tópico
literario y filosófico en relación con la edad de oro y el communis
usus omnium rerum.39 En cuanto a lo que quería decir este modo
de vida pitagórico Dawson afirma que no es el modo de vida casi
monástico que describe muchos siglos después Jámblico: incluso el círculo interior de los pitagóricos —que en cierto modo coincide con los cenobitas cristianos— parece vivir su fraternidad en
comidas en común y tiempo en común, más bien que viviendo
juntos en un sentido literal, y seguramente la koinonia de vida
hay que entenderla así, con mantenimiento de su propiedad y
vida privada.40
Se puede argumentar, contra lo que aduce Dawson, que sí
existía una cierta comunidad de bienes, puesto que, además del
koina ta ton philon de los pitagóricos, hay que señalar la existencia de las magistraturas intrapitagóricas de los llamados «económicos» (oikonomikoi) o administradores de bienes y los «políticos»
(politikoi). En el marco de la koinonia pitágorica, como analizaremos a continuación, sí parece haber existido un tesoro común
Hesíodo, Op. 112, Píndaro, Ol. II 68 ss.
Ovidio, Met. I 135, Séneca, Ep. CX 38, Octavia 403.
40
Dawson 1992, 44, n. 5.
38
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)administrado por estos personajes. De nuevo, el aspecto económico de la idea de koinonia resulta clave aquí, en cuanto que los
llamados oikonomikoi ponían en común las propiedades. Según
se deduce de varios testimonios de Jámblico parece que unos se
dedicaban a gestionar el oikos pitagórico, es decir, la vivienda y
el patrimonio común, mientras que los segundos tenían parte en
las relaciones del grupo con la sociedad externa.41 Veamos uno de
los textos en cuestión:
καὶ ὅντινα δοκιμάσειεν οὕτως, ἐφίει τριῶν ἐτῶν ὑπερορᾶσθαι, δοκιμάζων πῶς ἔχει
βεβαιότητος καὶ ἀληθινῆς φιλομαθείας, καὶ εἰ πρὸς δόξαν ἱκανῶς παρεσκεύασται
ὥστε καταφρονεῖν τιμῆς. μετὰ δὲ τοῦτο τοῖς προσιοῦσι προσέταττε σιωπὴν
πενταετῆ, ἀποπειρώμενος πῶς ἐγκρατείας ἔχουσιν, ὡς χαλεπώτερον τῶν ἄλλων
ἐγκρατευμάτων τοῦτο, τὸ γλώσσης κρατεῖν, καθὰ καὶ ὑπὸ τῶν τὰ μυστήρια
νομοθετησάντων ἐμφαίνεται ἡμῖν. ἐν δὴ τῷ χρόνῳ τούτῳ τὰ μὲν ἑκάστου
ὑπάρχοντα, τουτέστιν αἱ οὐσίαι, ἐκοινοῦντο, διδόμενα τοῖς ἀποδεδειγμένοις
εἰς τοῦτο γνωρίμοις, οἵπερ ἐκαλοῦντο πολιτικοί, καὶ οἰκονομικοί τινες καὶ
νομοθετικοὶ ὄντες.
Después de ponerlos así a prueba, les dejaba en observación durante tres años, a fin de probar que tenían firmeza y una verdadera
buena disposición para el aprendizaje y si estaban suficientemente
preparados para la fama de forma que pudieran despreciar todo
honor. Después de esto ordenaba a los que llegaban ante él que
guardaran silencio durante cinco años, poniendo a prueba la resistencia que tenían, pues esta es la más difícil de todas las formas
de dominio de uno mismo, el control de la lengua, según se nos ha
revelado por quienes han establecido las regulaciones de los misterios. Durante este período los bienes de cada uno de ellos, es decir
sus posesiones, quedaban en común y eran entregados a los discípulos destinados a ello. Estos recibían el nombre de «políticos»,
expertos unos en administración de bienes (oikonomikoi) y otros en
legislación (nomothetikoi).
Jámblico, Vid. Pit. 72.
Seguramente la realidad se descubra analizando con algo de
detalle la escala jerárquica como la transmiten las fuentes acerca de los pitagóricos. Dentro del grupo hay que mencionar ciertas distinciones que se refieren a la actividad filosófica y política.
41
Jambl. Vit. Pyth. 72, 74.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)Por un lado, aquellos miembros más cercanos al maestro eran los
llamados «pitagóricos» y se ocupaban especialmente de política,
además de sus estudios sobre religión y matemáticas.42 A ello hay
que añadir la progresión sapiencial desde la iniciación en el grupo,
pues los principiantes comenzaban atendiendo las palabras del
maestro desde fuera de una cortina, sin poder verle en absoluto:
tales eran los «exotéricos». Luego, si los jóvenes superaban todas
las pruebas, pasaban al interior del círculo y a convertirse en homakooi, o «cooyentes», nombre genérico para los seguidores de Pitágoras, que le «escuchan conjuntamente». Esto sugiere un nuevo
grado de división jerárquica dentro de la secta entre los esotéricos
y los exotéricos (los de dentro y los de fuera).43 En tercer lugar se
ha hablado de los «matemáticos» frente a los «acusmáticos», siendo los primeros quienes conocían los mathemata de Pitágoras y
eran capaces de racionalizar sus teorías y dichos, y los segundos
quienes simplemente memorizaban los akousmata a modo de conjuros o letanías, sin penetrar en su significado.44
En todo caso, reforzando la argumentación frente a la tesis de
Dawson, lo anterior parece señalar que las propiedades en común
eran administradas por estos magistrados y hay que dar por hecho
que al entrar en la secta el patrimonio de cada cual quedaba puesto a disposición del «tesoro común» pitagórico, bajo la administración de una categoría especial llamada politikoi o «administradores», en su doble subdivisión de «económicos» y «legisladores», que
muy verosímilmente se ocupaban del patrimonio interno de la secta y de regular sus relaciones con el exterior, respectivamente. En
esta dinámica entre mundo exterior e interior cabe interpretar el
testimonio de Focio45 acerca de la subdivisión del grupo: afirma el
Patriarca de Constantinopla, en su epítome de la vida pitagórica,
que existían grupos de «reverentes» para la contemplación, «matemáticos» para las doctrinas esotéricas y que «los que se ocupaban
de los asuntos humanos se llamaban políticos». Es de notar esta
suerte de comunismo primigenio en los miembros de la sociedad,
que para unos autores se sigue de la máxima de «las cosas de los
Jámblico, Vit. Pyth. 80.
Jambl. Vit. Pyth. 89.
44
Para los diversos grupos de la secta, cf. Burkert 1962a [1972], 192 ss. y
Hernández de la Fuente 2011 [20142], capítulo 2 epígrafe 3 de la primera parte.
45
Focio, Bibl. cod. 249.1.
42
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Página 20
Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)amigos son comunes» y para otros simplemente refleja la amistad
pitagórica como solidaridad sectaria.46 En todo caso, más adelante
Jámblico dice que los bienes depositados en el periodo de prueba
para ingresar en la escuela eran devueltos con creces si el proceso
no culminaba con bien, aunque no hay que descartar que hubiera
un tesoro común pitagórico más allá de la fase de admisión en la
secta. Parece que unos se dedicaban a gestionar el oikos pitagórico, es decir, la vivienda y el patrimonio común.
Se puede hablar tal vez de un plano más racional y filosófico
en la escuela, encarnado por los matemáticos y políticos (que se
rigen por las enseñanzas o mathemata y practican la politike techne), frente a otro más irracional o místico, que representan los
acusmáticos (que siguen los akousmata y la mantike techne).47 Las
subdivisiones jerárquicas de los pitagóricos que se han transmitido —en las que las clases superiores y más cercanas al saber
puro viven en común— se pueden ciertamente asociar al modo de
vida que practica solamente una elite en lo que Platón refleja en
la República: es decir, que semejaría la vida de los guardianes, la
clase de los sabios gobernantes de Platón, que podría estar asociada directamente con el modo de vida pitagórico, casi como una
forma de ascetismo individual.48 Más adelante Aristóteles también
discutirá a los precursores de la koinonia de Platón en el libro segundo de la Política, pero curiosamente no menciona a Pitágoras,
en la línea de la suerte de damnatio memoriae que a veces parece
haber sufrido este sabio y su escuela primitiva, a los que se suele englobar en la obra de Aristóteles con la cómoda etiqueta de
«los llamados pitagóricos». En todo caso, interesa aquí subrayar la
idea de que, pese a la incertidumbre que rodea todo lo que está relacionado con el primitivo mundo pitagórico, desde muy temprano
les pareció a muchos autores —incluso antes que Jámblico— que
había un vínculo entre la elite política de la República de Platón y
el precedente de la vida común pitagórica. Ciertamente había diferencias obvias también, puesto que el comunismo pitagórico no
parece haber tenido ningún papel constitucional, ni parece haber
existido una comunidad de mujeres.
Cf. Konstan 1997, 115, 82.
Cicerón, De leg. I. 12, De Off. I 7; Diog. Laercio VIII 10.
48
Cf. para el comunismo pitagórico, de nuevo, Dawson 1992, 16-18.
46
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Página 21
Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)En todo caso, las herencias pitagóricas en la teoría política de
Platón siguen el hilo de la discusión en torno a la koinonia de
bienes y familia. No es este ciertamente el lugar para exponer la
teoría política platónica en torno a estos temas —ni mucho menos
la compleja e irresoluble cuestión de la influencia del pitagorismo
en el filósofo ateniense—49 sino solo para esbozar algunas ideas
sobre el particular. Desde luego que la República puede leerse
como una aplicación teórica hasta el último extremo de la idea
de justa proporción natural a la política. Platón, como catalizador
de las doctrinas políticas anteriores, y seguramente de la indagación cósmica de los pitagóricos, presenta la idea de la armonía,
la amistad y la proporción (philia) en la buena distribución de los
tipos de hombres como base del sistema de la República (524b), en
la creencia de que un fundamento filosófico-racional y un equilibrio áureo es el mejor esquema tanto para el estado como para el
alma. En las Leyes (645a-b) será la «buena y vieja ley» (el nomos,
seguramente en su sentido matemático-musical) la que habrá de
imperar entre los hombres, lo que parece encontrar inspiración
directa en el logismos pitagórico.
La idea de proporción se convierte en Platón en un modo de
determinar racionalmente que el orden natural constituye también un orden moral, ya que en todo se encuentra la presencia
del número, siendo la armonía política la más excelsa realización
de la justicia social. Se trata, así, de un proyecto de reforma de la
sociedad basado en una suerte de redistribución secundum naturam de la ciudad en koinoniai separadas, a partir de premisas
filosóficas y científicas. La división proporcionada de la sociedad
en clases separadas según su naturaleza —en los diversos grados
que se ven en la República y las Leyes— impone que cada parte
realice solo y exclusivamente las tareas para las que está dotada
en una división de funciones que se deduce de la teoría del alma
platónica y que da fe de la hábil combinación entre abstracción
teórica y aplicación práctica a la política. La clase productora deberá ser vigilada por la clase de los guardianes con la intermediación de los auxiliares, y todo será gobernado por la elite superior
de los guardianes, que están más cerca de la idea del bien y viven
en una comunidad casi perfecta, en koinonia de bienes y mujeres,
49
Para una interpretación parcial, cf. Hernández de la Fuente 2011 [20142],
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Página 22
Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)y dedicados a la contemplación del kosmos y a la dirección suprema del estado.
Pero preferiremos ahora centrar el tema de la comunidad de
bienes y de mujeres, siguiendo el hilo anterior, en la disyuntiva
entre utopía y realidad que subyace tras el pensamiento político
de Platón. El juego de espejos entre la polis que le tocó vivir al filósofo, las tradiciones utópicas y las posibles puestas en práctica
de las ideas políticas a veces provoca más de un problema a los
estudiosos de la República y de las Leyes. Entre medias, el importante aporte que representa el Político acerca de la naturaleza del
gobernante y sus modelos, completa un complejo tríptico para su
exégesis, a lo que se suma el juego constante con los modelos míticos y con el campo de la expresión literaria. Una de las cuestiones
básicas es si Platón está teorizando como paradigma genérico y
filosófico o si hay realizabilidad en las propuestas. O, en palabras
de Dawson, la contraposición entre la lexis, la mera enunciación
mítico-literaria, y la praxis o la realidad de la política en acción.50
El tema lo plantea el propio Sócrates en la República, donde nos
da una clave al respecto:
Οὐκ ἄρα, ἔφη, τά γε πολιτικὰ ἐθελήσει πράττειν, ἐάνπερ τούτου κήδηται.
Νὴ τὸν κύνα, ἦν δ’ ἐγώ, ἔν γε τῇ ἑαυτοῦ πόλει καὶ μάλα, οὐ μέντοι ἴσως ἔν γε τῇ
πατρίδι, ἐὰν μὴ θεία τις συμβῇ τύχη.
Μανθάνω, ἔφη· ἐν ᾗ νῦν διήλθομεν οἰκίζοντες πόλει λέγεις, τῇ ἐν λόγοις κειμένῃ,
ἐπεὶ γῆς γε οὐδαμοῦ οἶμαι αὐτὴν εἶναι.
Ἀλλ’, ἦν δ’ ἐγώ, ἐν οὐρανῷ ἴσως παράδειγμα ἀνάκειται τῷ βουλομένῳ ὁρᾶν καὶ
ὁρῶντι ἑαυτὸν κατοικίζειν. Διαφέρει δὲ οὐδὲν εἴτε που ἔστιν εἴτε ἔσται· τὰ γὰρ
ταύτης μόνης ἂν πράξειεν, ἄλλης δὲ οὐδεμιᾶς.
—Si estos son —dijo— los intereses del sabio, este no querrá intervenir en política.
—No, por el perro —dije yo— sino que solamente se ocupará de
su propia ciudad y mucho, pero seguramente no de la patria, a no
ser que concurra alguna circunstancia divina.
—Me doy cuenta —dijo—. Te refieres a la ciudad cuya fundación hemos descrito y que existe solamente en nuestras palabras,
pero no creo que exista en ningún lugar de la tierra.
—Pero —respondí yo— seguramente existe en el cielo como paradigma para el que quiera mirar hacia él y, al mirarla, gobernarse
50
Dawson 1992, 71 ss.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)a sí mismo. Pues no importa mucho si existe en algún sitio o si
existirá alguna vez. El sabio seguirá solamente las leyes de esta y
no de ninguna otra ciudad.
Platón, República 592a-b
Como de este pasaje emblemático, de muchos otros lugares
se desprende la ambivalencia de los diversos tratamientos políticos de Platón entre la realidad y la utopía. A partir de esta
dualidad se ha generado un fecundo debate académico al respecto, sobre todo a la hora de conciliar las propuestas de los
tres diálogos políticos del filósofo. La tesis mayoritaria sobre el
particular afirma la coherencia del pensamiento político de Platón en una triple escala en la que la República funcionaría como
el paradigma ideal de sociedad —allí donde se presenta la perfecta concreción de la koinonia superior para la elite gobernante— y las Leyes como una concreción un tanto más pragmática
que rebaja las expectativas de esta clase superior o extiende
un modelo posibilista,51 con el modelo legalista del Político entre medias, que interesa especialmente destacar para entender
esta gradación política y de realizabilidad. Hay que decir que
este esquema ya no es compartido por todos los estudiosos, por
supuesto, y hay otros puntos de vista que proponen que las
Leyes no son una aplicación de la República sino más bien una
construcción completa de una nueva politeia que parte de premisas muy diferentes: un ejemplo clave se podría hallar en la
abundante utilización del símil del mito de la edad de oro en los
diálogos tardíos de Platón (Político 272 y Leyes 713), donde se
presenta una versión alegórica del mito de Crono que sigue ese
leitmotiv como modelo para la vida humana.52
Desde luego que ya no es posible explicar el desarrollo del pensamiento de Platón, o las aparentes contradicciones entre República y las Leyes, según la discutida tradición biográfica del filósofo y
siguiendo la añeja tesis de Wilamowitz. Hay que superar el atractivo de explicar las renovadas propuestas políticas de Platón tras la
República con el recurso a la simplificación a partir de los desenga-
Un esquema de las relaciones entre estos diálogos en Horn et al., 2009, 168-181
Sobre el mito del Político, cf. Hernández de la Fuente 2014. Cf. también el
artículo de Montserrat Molas en este volumen.
51
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Página 24
Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)ños en Sicilia y con el trasfondo de la siempre polémica Carta VII53
y el tema de la «segunda navegación». Es sabido que Platón utiliza
esta expresión proverbial (deuteros plous), que existía en el habla
cotidiana, para designar un medio de segundo orden que permite
alcanzar un fin.54 En el Político parece implicar que, tras el ordenamiento ideal, todo intento de legislación es un deuteros plous, una
«segunda navegación», para una ciudad que parecería tal vez la
«segunda mejor».55 Según esta visión el filósofo habría descendido
a tierra desde aquel paradigma «en el cielo» de la República para
marchar en pos de una propuesta más pragmática, como la de las
Leyes, es decir, hacia una reforma posible de la ciudad-estado. El
Político es la clave de esta inflexión: en él, a la hora de sentar las bases de una nueva koinonia, el verdadero gobernante aparece como
un hombre cuya palabra se convierte en derecho y que gobierna en
virtud de un conocimiento de índole superior revelado gracias a la
filosofía y muy cercano al bien divino. Pero de nuevo hay una brecha entre lexis y praxis, teoría y práctica, modelo político ideal del
mundo mítico-literario y deuteros plous pragmático de la política. A
falta de ese tipo de gobernante las leyes pueden proporcionar una
solución provisional para un buen funcionamiento de la sociedad
y la política. En las Leyes parece que hay una puesta en práctica
de esa solución, una concreción de la República como un ideal político y de la defensa del imperio de la ley que hace el Político en las
condiciones no ideales de la contemporaneidad que vivió el filósofo.
La propuesta platónica de su gran último diálogo de recurrir a la
legislación enlaza desde luego con toda la tradición del nomos griego tradicional y de los patria o leyes tradicionales y no escritas. Las
leyes que deben regir en la comunidad política serán generales y
tenderán a la conservación de la tradición heredada, a la que cada
forma de estado deberá atenerse.
En cuanto a la aproximación de Dawson, comienza siguiendo
el modelo tripartito tradicional acerca de la realizabilidad de las
dos ciudades platónicas, pero innova en cuanto a una «tercera
vía» inferior de reforma pragmática.56 En primer lugar, habría un
diseño para la mejor construcción política, en absoluto, que es el
Cf. el comentario de Cano Cuenca 2014, 134 y ss.
Platón, Fedón 99a-102a.
55
Platón, Político 293e, 297e4, 300c2.
56
Dawson 1992, 73.
53
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)que aparece en la República. Luego habría otro para la segunda
mejor, la ciudad de las Leyes, y otro para la tercera mejor en algunas alusiones a ciertas incursiones posibles y de carácter legislativo en la política real de las ciudades-estado contemporáneas. En
todo caso, huelga decir que, en primer lugar, la mejor politeia sería
aquella en la que habría una koinonia total tanto en la propiedad
como en cuanto a la familia, con una puesta en común de las mujeres y los niños. Solo esa ciudad paradigmática podría alcanzar
unidad perfecta gracias a una educación común en la virtud. En
cuanto a su realizabilidad, tal ciudad, que desde luego no existe,
no parece que pudiera existir alguna vez. Solo ocurriría si hubiera
un ser humano de carácter excepcional, a modo de los personajes
del mito de las edades, que pudieran llevarla a la práctica.
ὅταν εἰς ταὐτὸν τῷ φρονεῖν τε καὶ σωφρονεῖν ἡ μεγίστη δύναμις ἐν ἀνθρώπῳ
συμπέσῃ, τότε πολιτείας τῆς ἀρίστης καὶ νόμων τῶν τοιοῦτων φύεται γένεσις,
ἄλλως δὲ οὐ μή ποτε γένηται. ταῦτα μὲν οὖν καθαπερεὶ μῦθός τις λεχθεὶς
κεχρησμῳδήσθω, καὶ ἐπιδεδείχθω τῇ μὲν χαλεπὸν ὂν τὸ πόλιν εὔνομον γίγνεσθαι,
τῇ δ’, εἴπερ γένοιτο ὅ λέγομεν, πάντων τάχιστόν τε καὶ ῥᾷστον μακρῷ.
Cuando en un ser humano sucede que el poder más alto coincide
con la inteligencia y la prudencia, entonces se produce por naturaleza el nacimiento de la mejor forma de gobierno y de las leyes correspondientes. De otra manera, esto no ocurre nunca. Pero
hagamos como si un oráculo nos hubiera relatado un mito que
demostrara que es difícil, por un lado, que una ciudad llegue a
adquirir un buen orden político y legal, pero que, por otra parte, si
en verdad se llegara a dar esto de lo que hablamos, sería así lo más
fácil y sencillo con mucho.
Platón, Leyes 712a.
En ausencia de ese tipo de personaje la segunda mejor construcción política sería, por supuesto, aquella que se parece lo más
posible a la primera pero a la vez que es capaz de ser puesta en
práctica. Tal sería, por ejemplo, la idea de la fundación de una
ciudad —en concreto, la colonia cretense de Magnesia— que supone el argumento de las Leyes, de honda impronta doria y que
sigue el nomos tradicional, con una notoria influencia de la ley
sacra. En tercer lugar, dice Dawson, la tercera mejor ciudad se
describirá más tarde (aunque esto no lo llegó a completar Platón),
por las alusiones que este autor ve a un tercer nivel de reforma en
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)las Leyes (709e; 710d; 738 etc.). A esto se suma que, tomando en
consideración el modelo mítico de la edad de Crono como si fuera
el paradigma divino y perfecto de ciudad, por encima incluso de la
alta utopía de la República, Dawson lo sitúa como inspirador absoluto de toda la política platónica, al realizar un cuadro con sus
otros modelos en orden descendente (República, Leyes y las reformas prácticas en ciudades reales), que corresponderían al mundo
de la realidad histórica o edad de Zeus.57
La crítica principal que se le puede hacer a este esquema es,
sin duda, que la República es claramente, como reconoce el propio
Sócrates, un paradigma irrealizable, no susceptible de ser conseguido en la edad histórica y en el plano humano. Tal vez se debería
considerar en otro plano mítico-religioso, aunque esta vez no de la
religión tradicional —como la edad de oro o mito de Crono— sino
de la nueva religión filosófica de Platón, con su ascenso al bien y
con su recurso a los cuerpos astrales.
Mención especial merece, desde el punto de vista de la koinonia, la propuesta de las Leyes como realización pragmática. Si
pensamos un momento en el significado de la palabra nomos, que
no por casualidad da título a la obra, hay que recordar su procedencia del verbo nemo y su noción de «reparto»: esto puede inducir
a una relectura sobre el tema de cómo se explicita la comunidad
de bienes y de familias en esta obra. Nomos, además, es una palabra utilizada especialmente en la música y la poesía para designar
la regla ajustada para obtener la armonía y el ritmo. La politeia
que se propone en las Leyes, según la sugerente interpretación de
Bobonich (2002), «reparte» los matices comunistas de la República
y los extiende a toda la sociedad. Mientras que en la República la
koinonia de mujeres, bienes e hijos se circunscribía a las clases
dominantes, sobre todo los guardianes, en las Leyes, a tenor de
esta propuesta, se extendería a toda la ciudad.58 Así la «segunda
mejor» ciudad se referiría, más que a una recreación de la kallipolis de la República, a una nueva construcción política en la que el
comunismo de aquella se extendiera a toda la sociedad. Un ejemplo clave sería, en otro sentido, la importancia que se le confiere
a la mujer en las Leyes: Platón, que había sostenido la necesidad
de darle un papel de igualdad en la constitución ideal e irrealiza57
58
Dawson 1992, 66.
Bobonich 2002, 10-13, 385-389.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)ble de la República, se implica esta vez en su realizabilidad en la
comunidad política que se esboza en las Leyes, tal vez siguiendo
el leitmotiv de las koinoniai utópicas anteriores que hemos visto,
otorgando a las mujeres un papel importante en la educación y en
la participación política.59
Como ya había destacado Aristóteles, uno de los problemas de
la República era que, pese a unificar y clasificar el cuerpo ciudadano, nunca se concretaba el papel de los productores en esa sociedad con un comunismo en la cúspide ni se aclaraban los medios
de control de las masas para la aceptación de tal sistema político
y económico en un grado extremo de control.60 Esto, en cambio, si
se explicita en las Leyes de forma razonable y realizable, con un
gran apoyo de la tradición de la legislación doria. Platón fue claro
en que el ideal absoluto debería incluir la abolición de la tenencia
de tierras al menos para alguna parte de los ciudadanos, pero es
en las Leyes cuando se concreta: un modelo para la propiedad
común de las tierras entre una elite ciudadana que está apoyada
por la importación de esclavos y trabajadores extranjeros.
Aristóteles, por su parte, retoma el tema de la koinonia y su tratamiento teórico confiriéndole la máxima importancia ya desde el comienzo de su Política. Así se ve en sus conocidas líneas definitorias:
Ἐπειδὴ πᾶσαν πόλιν ὁρῶμεν κοινωνίαν τινὰ οὖσαν καὶ πᾶσαν κοινωνίαν ἀγαθοῦ
τινος ἕνεκεν συνεστηκυῖαν (τοῦ γὰρ εἶναι δοκοῦντος ἀγαθοῦ χάριν πάντα
πράττουσι πάντες), δῆλον ὡς πᾶσαι μὲν ἀγαθοῦ τινος στοχάζονται, μάλιστα
δὲ καὶ τοῦ κυριωτάτου πάντων ἡ πασῶν κυριωτάτη καὶ πάσας περιέχουσα τὰς
ἄλλας. αὕτη δ’ ἐστὶν ἡ καλουμένη πόλις καὶ ἡ κοινωνία ἡ πολιτική.
Puesto que consideramos que toda ciudad-estado es una cierta comunidad (κοινωνίαν) y que toda comunidad se ha constituido por
causa de algún bien (ya que por lo que se considera un bien todos
actúan siempre), es evidente que todas las comunidades tienden
a alcanzar algún bien, especialmente hacia el más importante de
todos la más importante de todas y que contiene las demás. Y esta
es la que llamamos ciudad-estado o comunidad política.
Aristóteles, Política 1252a1 ss.
59
60
Freudiger 1995, 19, 27 ss.
Dawson 1992, 89 ss.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)La ciudad estado es la comunidad por excelencia, el marco
donde han de realizarse todas las koinoniai, las puestas en común
de seres humanos en una colectividad en aras de algún bien: la
ciudad estado es, por supuesto, la colectividad de ciudadanos más
importante y que incluye las demás formas de comunidad, tanto
de bienes como de familias. Esta koinonia de koinoniai, por así
decir, es el medio natural de vida del hombre griego como evidencia Aristóteles en su Política (1253a) al decir que el hombre es un
«animal político» (zoon politikon), o sea, un ser cuyo medio natural
es la polis. Así se destacaba ante todo que el nombre de polis no
podía aplicarse a cualquier núcleo de población urbano, sino solo
al que diera cobijo a una comunidad política (koinonia politike),
formada por ciudadanos que comparten un ideal de virtud individual y colectiva. Allí donde estén sus ciudadanos se encuentra la polis, más allá de cualquier otra consideración, politai que
comparten un sistema organizativo para sus vidas, unos valores y
leyes propias, unas tradiciones ancestrales y religiosas, independencia política y legislativa (eleutheria y autonomia) y una capacidad de autoabastecimiento (autarkeia).
El término koinonia alcanza en Aristóteles su definición como
la palabra griega por excelencia que designa la «sociedad», la comunidad y la participación comunitaria. Por contraste con lo anterior, cuando en el pitagorismo y en el platonismo el debate en
torno a la koinonia se centra en el bios koinos y en la comunidad
de bienes y mujeres, con Aristóteles el vocablo se centrará semánticamente en la comunidad por excelencia: la ciudad-estado,
abandonando un tanto sus núcleos menores, notablemente los
oikoi como comunidad de tierras, propiedad y familia. En efecto,
si en el pensamiento de Platón koinonia designaba no solo una comunidad política sino también educativa o filosófica, Aristóteles lo
ciñe en su Política a la comunidad ciudadana y política. Considera
el filósofo que, desde el núcleo básico de la sociedad, la familia
(oikos) y la estirpe (genos), como se ha visto, hay un desarrollo
ulterior de diversos modelos estatales en progresión hasta llegar
a la koinonia politike, alma de la polis, la comunidad política, que
puede luego concretarse en diversos modelos constitucionales (politeiai), como el monárquico, el oligárquico o el democrático. El
animal cívico que es el hombre, dotado de palabra (phone) y razón
(logos), ha de comunicarse con sus semejantes para organizarse y
sobrevivir en comunidad (koinonia). Su actuación en comunidad
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)ha de estar guiada por la justicia y, en la perfección de su ser en
sociedad, se debe atribuir a cada cual lo que le es propio, pues la
propia idea de la política conlleva la necesidad social de una justicia equitativa, tal y como afirma Aristóteles al cierre del capítulo
I del libro primero:
φύσει μὲν οὖν ἡ ὁρμὴ ἐν πᾶσιν ἐπὶ τὴν τοιαύτην κοινωνίαν· ὁ δὲ πρῶτος συστήσας
μεγίστων ἀγαθῶν αἴτιος. ὥσπερ γὰρ καὶ τελεωθεὶς βέλτιστον τῶν ζῴων ἄνθρωπός
ἐστιν, οὕτω καὶ χωρισθεὶς νόμου καὶ δίκης χείριστον πάντων. χαλεπωτάτη γὰρ
ἀδικία ἔχουσα ὅπλα· ὁ δὲ ἄνθρωπος ὅπλα ἔχων φύεται φρονήσει καὶ ἀρετῇ, οἷς
ἐπὶ τἀναντία ἔστι χρῆσθαι μάλιστα. διὸ ἀνοσιώτατον καὶ ἀγριώτατον ἄνευ ἀρετῆς,
καὶ πρὸς ἀφροδίσια καὶ ἐδωδὴν χείριστον. ἡ δὲ δικαιοσύνη πολιτικόν· ἡ γὰρ δίκη
πολιτικῆς κοινωνίας τάξις ἐστίν, ἡ δὲ δικαιοσύνη τοῦ δικαίου κρίσις.
La naturaleza arrastra pues instintivamente a todos los hombres a
la asociación política. El primero que la instituyó hizo un inmenso
servicio, porque el hombre, que cuando ha alcanzado toda la perfección posible es el primero de los animales, es el último cuando
vive sin leyes y sin justicia. En efecto, nada hay más monstruoso
que la injusticia armada. El hombre ha recibido de la naturaleza
las armas de la sabiduría y de la virtud, que debe emplear sobre
todo para combatir las malas pasiones. Sin la virtud es el ser más
perverso y más feroz, porque sólo tiene los arrebatos brutales del
amor y del hambre. La justicia es una necesidad social, porque el
derecho es la regla de vida para la asociación política, y la decisión
de lo justo es lo que constituye el derecho.
Aristóteles, Política 1253a29-39
La virtud individual y colectiva y la justicia social se perfeccionan en la comunidad política. Esta idea de la cooperación de los
seres humanos, que ya estaba en Platón,61 implica en Aristóteles el
ideal de convivencia en una comunidad política (koinonia politike).
El término koinonia, que no había sido usado con un sentido político tan hondo por pensadores anteriores y pasará a designar desde entonces por excelencia la «sociedad», la comunidad humana y
la participación comunitaria. En el pensamiento de Aristóteles se
amplía el campo conceptual del término que denota especialmente
la comunidad ciudadana y política, una participación comunitaria
(koinonia) que está fundada sobre la razón (logos), prerrogativa ex61
Platón, República 368b.
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Ver en el PDF(se abre en una ventana nueva)clusivamente humana. Para Aristóteles la razón es lo propio de los
seres humanos frente a los demás animales y entre todas las otras
diferencias, que incluyen el discernimiento del bien y el mal o lo
justo y lo injusto, destaca la idea de la participación comunitaria
que funda la familia y la sociedad.
A los efectos de la filosofía política, se ha tomado como referencia indiscutible en la modernidad la koinonia politike aristotélica,
cuya traducción aproximada podría ser «comunidad», «asociación»,
«sociedad política» o «sociedad civil», y que pasará al mundo romano a través de pensadores como Cicerón. En latín, communitas y
societas se propondrán como traducciones de este concepto de la
filosofía política griega en una dualidad que se ha prolongado en
castellano (comunidad y sociedad) y en otras lenguas modernas
(como Gemeinschaft y Gesellschaft en alemán). En la posteridad,
y hasta llegar a la filosofía actual, el debate en torno a la noción
de koinonia ha implicado una discusión conceptual de hondo calado sobre esta dicotomía que han tratado pensadores como Carl
Schmitt, Hans-Georg Gadamer, Jean-Luc Nancy o Roberto Esposito. La discusión actual en torno a la comunidad política y a la
sociedad civil parte, en todo caso, de la expresión aristotélica koinonia politike y su equivalente latino communitas o societas civilis.
Podemos añadir también que desde la perspectiva actual de la
teoría política y de las ciencias sociales y jurídicas, este debate ha
sido directamente heredado por la investigación actual en temas
como la ciudadanía democrática, la relación entre la sociedad civil
y estado del bienestar, y las formas de intervención social en los
ámbitos personal, grupal y comunitario. Más allá de su vertiente
utópica en el antiguo pitagorismo y en los proyectos platónicos,
esto es lo que más trascenderá hasta el pensamiento actual de la
koinonia antigua, pero la cuestión ya rebasa nuestras modestas
intenciones en esta contribución.
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RESUMEN
La comunidad de vida, propiedad, familia y política que fue designada en griego antiguo con la palabra koinonia en autores como
Platón y Aristóteles es examinada en esta contribución metodológica
y terminológica como marco conceptual y punto de partida necesario
para entender la historia de las utopías políticas en la Grecia antigua. Especial atención se presta a la comunidad de vida pitagórica
como precedente de la política platónica, a la combinación entre bios
y comunidad en Platón y a la idea de koinonia politike. Se propone
una reflexión sobre las implicaciones del vocablo en los orígenes del
pensamiento utópico desde la perspectiva de la historia social.
Palabras clave: koinonia, Pitagorismo, Platón, Aristóteles, pensamiento utópico
ABSTRACT
The community of life, property, family and politics that was
named in ancient Greek with the word koinonia in authors such
as Plato and Aristotle is discussed in this methodological and terminological contribution as a conceptual framework and starting
point for the history of political utopias in ancient Greece. Special
attention is paid to the Pythagorean community life as precedent to
Plato’s politics, the combination of bios and community in Plato’s
works and the idea of koinonia politike present in Aristotle. This
paper puts forward a reflection on the implications of the word in
the origins of utopian thought from the perspective of social history.
Keywords: koinonia, Pythagoreanism, Plato, Aristotle, Utopian
thought.
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