El resurgimiento de Pitagoras en Venezuela

Autor
Gabaldon Marques, E.
Publicado en
Cultura Universitaria
Año
1966
Tema
PYTHAGORAS
Idioma
Español
Categoría
C1 General, C7 Philosophy
Número de archivo
856

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GABALDONME. EL RESURGIMIENTO DE PITAGORAS EN VENEZUELA va ee EDGAR GABALDON MARQUEZ Cultura Universitaria (Caracas), 1966, n. 93, 119-27. El libro Pitágoras, fundador de las ciencias matemáticas, por Miguel Parra León (Ediciones de la Biblioteca de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, Vol, 1, Caracas, 1966), incorpora a nuestro país al curioso fenómeno del resurgimiento de Pitágoras en la cultura moderna; elementos de juicio, en este sentido, son otros dos libros que geivindican, ampliamente, la figura extraña y legendaria del samosata: el Pitágoras, de Juan B. Bergua, publicado en Madrid, hace unos años, y el Pitágoras, de W. K. C. Guthrie, publicado en Cambridge, Inglaterra, en 1962 (A History of Greek Philosophy, Vol. 1, The Earlier Presocratics and the Pythagoreans, donde hay 255 páginas, de un total de 500, dedicadas a Pitágoras y al pitagorismo). En otros países: un libro de H. Thesleff: An Introduction 10 the Pythagorean Writings of the Hellenistic Period, 1961, en Abo; otro, de H. Frankel: Wege und formen fribgriecrischen Denkens, 1960, en Munich; otro, de V. Capparelli: La sapienza di Pitagora, 1941-1945, en Padua; otro, de L. Rougier: La religion astrale des Pythagoriciens, 1959, en Paris; estas referencias dan apenas una idea de lo que significa todavia, a dos milenios y medio de distancia, el influjo de Pitägoras. Desde el estudio de H. Martin sobre el Vimeo, de Platón, en 1841, el presunto eclipse de Pitigoras se ha ido cambiando por horas de luminosa reflexiön; el desarrollo de la historia de la filosofia como especialidad universitaria ha intensificado la recuperaciôn del pensamiento antiguo, para despojarlo de la absorcién a que lo sometiò el pensamiento judeo-cristiano durante larguisimos siglos. El libro de Miguel Parra Leôn es oportunidad excelente para que en Venezuela se reconozcan estos hechos, porque entre nosotros la filosofia empieza a cobrar un auge insospechado. Las trescientas paginas de esta obra son un aporte invaluable para estimular la inquietud por la filosofia; Miguel Parra León, lo mismo que su hermano Caracciolo Parra Leòn, representa un momento

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Parra Leôn, por el modo de filosofar, y por el modo de escribir, tetizar un pensamiento que ha quedado disperso en pedazos ajenos; como nosotros estamos hondamente interesados en dos temas que van insertos en el pensar de Pitágoras, creemos útil comparar el reflejo de tales temas en Parra León, en Guthrie y en nuestros marca el paso de una era a otra. propios escritos. transicional en los estudios filosöficos venezolanos; de la colonia al positivismo, contra el cual se reacciona en los años 1920 y 1930, y las individualidades de ahora, situables en los años 1950 y 1960; Entre los 22 capitulos de la obra de Parra León, hay estos: . Queremos decir, por ejemplo, que Parra Leôn ha escrito su La unidad metafísica, El dios supremo, La ley de armonía, Teoría de las ideas, La doctrina de los números, Los contrarios, El alma del mundo, El fuego central, Método de investigación, La unidad universal, El cosmos, El germen, El alma humana, La vida, La reflexión, Objetivos de la sociedad pitagórica, La moral, La selivalioso trabajo al margen de las preocupaciones académicas por el uso de las fuentes cuando hay que acometer la empresa de familiarizarse con un autor clásico; este problema significa el cúmulo de las traducciones mäs exactas y de los originales mäs aceptados como auténticos, no adulterados, y bien copiados; tampoco le ha gión (este es el mejor de todos, el más claro y el más afín al interesado mucho la bibliografia, en lo que demuestra un cierto autor), La política, y La ciencia. Trae el libro 18 notas adicionales, de un curioso valor docente, sobre todo la N°1, sobre el ser, simpático descuido, muy de los tiempos de los años 1930 o 1940, en la mayoría de los estudiosos venezolanos, de cualquier disciplina. Pitágoras, sin embargo, es tan fecundo e incitante que el libro de Parra León no ha podido menos de atrapar una cantidad grande de temas y de pretextos para estudios posteriores, y el autor los ha sabido presentar en un lenguaje parco y galanísimo, de verdadero maestro del idioma. Parra León, por otra parte, acierta al señalar que el pensamiento doble-filo de Pitágoras: que es magnífica de claridad y concisión; en cambio, la N” 2, sobre del el ente, es lo contrario: confusa y enredadiza (¿será ello cosa proente, y ser as: palabr dos estas titubeo filosófico que hay entre ducto del hibridismo grecolatino, en los orígenes de nuestra culsufitura?); las otras notas: Trascendencia, Trascendental, Razón Enero, Tiemp y o ciente, Introspección, Integración, Fter, Espaci gia, Energética, Entropía, Filolao, Arquitas de Tarento, Alcmeön científico y religioso, es el mismo que vemos, actualmente, y esto es actualidad de Crotona, Empédocles, Heräclito, Los versos de oro, Primates, pitagoriana, en Teilhard de Chardin y en los físicos idealistas Whienriquecen la lectura de las päginas anteriores. tehead y Eddington, y hasta en el mismo Einstein; Parra León se empeña en vincular a Pitágoras y Teilhard de Chardin, el más » reciente adalid del maridaje religión-ciencia, atribuyéndole al antiguo un evolucionismo larvado, que hace paradójica llave con el + Para poner de relieve cuän importante es el libro de Parra Leén, cabe elegir dos de los temas de que trata, y establecer ciertos principios. Emplearemos la palabra “error”, en lo que sigue, pero sin ánimo de molestar a nadie, como algo inevitable, que expresa heterodoxo evolucionismo teyardo-chardino. la diversidad de criterios, y es que Pitágoras es legendario, no dejó huellas de su mano en ningún libro que podamos leer, y por ello es imposible separar lo que dijo en su tiempo y lo que han dicho sus numerosos discípulos, cosa que siempre ha de estorbar la claridad al estudiarle; cosa muy de notar: Platón le compró a Filolao tres libros Pitágoras vale bien los dos libros que deseamos enlazar: el de Parra León y el de Guthrie, y no dejan de valer también los humildes capítulos que hemos redactado, en nuestro libro Limite- Himite, hermanos siameses, 1965 (inédito, véase Cultura Universuaria, N° LXXXVII, junio, 1965), donde el tema ha exigido un pripitagorianos, y el platonismo es profundamente pitagoriano, pero mer ensayo de examen histórico, filológico y filosófico, de algún interés para los entendidos en estas cosas. El libro de Parra León los originales del maestro samosata se perdieron; Pitigoras dizque afectaba escribir con el nombre de Orfeo, simbolo de la tradiciön, tan unida siempre a lo innovado, tan celestina siempre de las cosas se construye a base de 22 capítulos que resumen admirablemente los datos sobre la vida de Pitágoras y sobre la que ha debido ser nuevas. su pensamiento, pues no quedaron libros suyos, sino citas esparcidas en sus adeptos, los pitagorianos; no queremos hacer una crítica minuciosa de la exposición pitagorista de Parra León, porque, aunque parezca mentira, resulta ser lo más engorroso del mundo sin- » 120 121 ¿Cómo aparece el problema del concepto de límite en el libro de Parra León? Un poco confuso, lamentablemente, pero con los factores que sirven para restaurar una cierta lucidez. Dice el autor:

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Los griegos no distinguian lo infinito de la ilimitado basadas filosóficamente, un ejemplo de las cuales nos da Parca León en la p. 48: Uno es igual a Cero multiplicado por Infinito, donde Uno es Dios, Cero es lo Inexistente © Increado, y Lim-n (1 = Lim-n x Lim-n) es igual al Infinito. (p. 41), y trece lineas mas abajo, en el mismo sitio: En eso de lo limitado y lo ilimitado (finito e infinito) los pitagéricos tenian un criterio bastante claro. A vuelta de página: Para entender lo anterior es bueno aclarar lo que consideraban los pitagóricos como límite e ilimitado... El límite es el principio y fin de las cosas... ¿Y el Para nosotros, y según Pitágoras, el N° 1 simboliza a la vez el límite y el ilímite, y el cero es la nada o el no ser (véase: Un versalia, Vol. II, N° 4, julio-agosto, 1965, pp. 127-130, donde mostramos cómo Nada, No-ser, Ilimite, Vacío, Espacio, Abstracto, Absoluto son afines por un lado, frente a: Algo, Ser, Límite, Pleno, Materia, Concreto, Relativo); esas matemáticas, en las cuales la pareja limite-ilimite tienen algo que decir, aunque sca como prueba de entrepitud, no pueden ser dogma fijo, y entonces el UnoNúmero no puede ser igual a Cero Infinito, pues Uno-Numero es símbolo del Límite, y aquí Parra León nos da otros elementos de ilimitado? Se dijo que indica el espacio intermedio... Parra León presenta otros elementos de comprensión, en este caso, justo es decirlo, pero el concepto de límite no ha sido para él, como para nosotros, objeto de una atención especial y por eso surge en su libro como una madeja, En el sentido de la recuperación de Pitágoras, de que hemos hablado, y para que se constate su actualidad, conviene exhibir los materiales que nos ofrece con respecto al límite. Parra León, como juicio, recogidos en fa literatura pitagoriana, a saber: El misterio tantos otros, comete el error lingüistico, y desde luego filosófico, tiende a dejar de serlo via Aristöteles, a pesar de las tergiversaciode creer que existe diferencia entre límite-finito y la otra mitad de nes del anti-pitagorismo de este célebre pensador, quien en su Meesta inseparable yunta: infinito-ilímite; lo que sucede es que ambos pares de palabras, igualmente de origen latino, han reemplatafisica, xiv, dice: el ilimitado, indiviso en si mismo, no se hace diviso en muchas partes sino en cuanto penetra en el limitante (n.n.: ignoramos quién traduce aqui, pero no podemos desviarzado a las originales griegas: peras-ápeiron, y en el curso de los siglos las dos que estaban más cerca del sentido pristino y primario: límite-ilímite, fueron eclipsadas por finito-infintto, las cuales se cargaron de fuerza teológica, y se dividieron entre sí, hasta quedar finito convertido en un pobre diablo, mientras que infinito nos); el ilimite penetra en el limitante, esta frase no nos sabe a verdadero pitagorismo; en otro sitio Parra Leòn dice: Para los pitagöricos el origen del Universo estaba fundado en los dos pus: cipios Opuestos: el límite y lo ilimitado; sucede, pues, que Parra ascendía a las alturas celestiales de la divinizaciôn, al consustanciársele con la figura del ser de los seres. Por eso Parra León puede decir: el Universo todo está compuesto de limitado e ilimi- León no se da cuenta de que la pareja limite-ilimite, bien entocada, tiene unas ensefianzas que se hallan en el pitagorismo, pero no claramente desentrafiadas; la materia es tan eterna como el espatado, según Filolao en cita por Estobeo; y el mismo texto, líneas más adelante (pp. 42 y 44), tomando la cita en la edición Böckh, de Filolao: la esencia de lo que se compone el Mundo, lo finito y lo infinito. cio que la contiene; la materia es afin al limite, que le da forma; el espacio es afin al ilimite, negaciôn de la forma; esto lo sugiere el pitagousmo del N* 2 y del N° 3, síntesis de la linea, que repre: senta el ilimite, y del triángulo, que representa cl limite, y simbo- Estos distingos no son triviales, sino de esencia; detrás de la pareja finito-infinito hay dos milenios de un pensar que no ha de tener los mismos lineamientos que el que imaginamos surgirá de ver las cosas a través de la pareja limite-ilimite, pareja que es más vivaz y lucigena. Parra León, por lo que hemos expuesto, también los del lingam y el yoni; el tringulo es falico, y la linea es yönica (ignoramos el vocablo griego para el Organo sexual femenino, pues el que se ha popularizado, curiosamente, es el otro, no sabemos por qué, alla Platön y su milagrosa gente). deja entrar en este cerco otra palabra tendiente a confundir, que nos viene de Descartes, a través del latín escolástico: indefinido, Por falta de estas precisiones, hasta donde ellas son realmente tales, Parra León dice, con un margen de error: lin Misa, de Anis töteles, los pitagóricos... al vacio, el cual delimita asi las natura y es cuando se refiere a "la díada indefinida” que ponen en labios de Platón: Y, en fin, la diada indefinida e ilimitada, frase que el lezas; y el autor escribe: Es claro que con la palabra delimitar no autor parece tomar de Eudoro, según Filolao; estas son las imprequerían (los pitagöricos) decir poner limite, sino constituir, inte grar las cosas. Y nosotros decimos: Pero, justamente, si delimitar cisiones que nosotros hemos considerado interesante eliminar, en el trabajo sobre la pareja límite-ilímite; tales inexactitudes son las que dan lugar a ciertas matemáticas que nos parecen no estar bien es poner límites en evidencia, y las cosas integradas y constituidas

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posición con Aristóteles, para quien el lugar era natural y absoluto... Prepara así De Cusa la concepción moderna del espacio; ya tienen sus límites físicos, por cuanto son materia ubicada en el donde criterio que sigue hasta la Nota 8, El Espacio y el Tiempo,Einste in que en ir Parra León se inclina, aparentemente, a conven oespaci del na doctri y Minkowski han implantado para siempre la emsin n; Newto tiempo, contra el presunto error absolutista de bargo, Parra León aporta un dato admirable que señala en Einstein, espacio que la contiene. Pasemos ahora a otro aparte especial, sobre el concepto de nosotros desde el relativista, el absolutismo que le hemos pescado vista filosófico: que nos iniciamos en su lectura, desde el punto de de Newton, es espacio. Parra León lo aborda en el capítulo La unidad universal. Dice que los pitagóricos consideraban que el Uno ocupaba un espacio, un lugar. Empecemos, pues, aquí. Parra León junta, con casual acierto, dos conceptos que no son iguales, y que han sido muy debatidos, desde Aristóteles, que negó el de espacio y prefirió el de lugar (xora, topos). Quienes olvidan el pitagorismo falicoyónico del 2 y el 3 caen en el error de prescindir del espacio como realidad objetiva; el hombre es el penetrante, el límite; la mujer es penetrable, e ilímite, en este sentido; podemos hablar así, por modo de referencia, pues tanto la mujer como el hombre, en nuestro criterio, son limitados e ilimitados, a la vez; cuando Parra el absoluto de Einstein, elegido en reemplazo del nos la velocidad de la luz im vacuo (en el espacio), y en la p. 123 funluz, dice: ¿Y qué decir de la constancia de la velocidad de la és de los damento de la teoría einsteniana de la relatividad, despuquien deexperimentos del ingeniero alemán Miller (1855-1934), mostró que a ‘1.700 metros de altura la velocidad de la luz no es una constante universal”... ? León acomete el problema del espacio, indirectamente lanza unos rayos “de clara luz sobre el concepto de límite, ya sea en citas o en dichos propios. Ape— __ De Simplicio, por ejemplo, toma: . . el Uno era limitado e ilimitado a la vez, Y era finito y generador de la forma (n.n.: la palabra finito, en este caso, es una recurrencia del viejo error a que nos hemos referido en nuestro libro sobre el límite). Al preguntarse si el ilimite de que habla Aristóteles es corpóreo o incorpóreo, Parra León nos regala un hallazgo, un parecer co-incidente con el nuestro, que es el del filósofo e historiador alemán Otón Gilbert, quien identifica el ilímite con el vacío, y así robustece nuestra tesis de que hay un campo lingiiistico integrado por los Es indudable que este libro de Parra León nos brinda muchas incitaciones a delinquir contra la intocabilidad de algunos princtpios. Y como este trabajo no puede ser más extenso, ya lo vamos a concluir. Pronto llegará a nuestras librerías el primer volumen de la historia de Guthrie, si es que ya no llegó; en sus 255 páginas sobre el inolvidable Pitágoras se pueden aclurar muchas de las dudas y confusiones que involuntariamente se han metido en el libro de Parra León, o en nuestra cabeza al leerlo, cosa que no obstante nuestra franca simpatía por la obra no hemos logrado evitar. La minuciosidad de este trabajo inglés lo hace acreedor a que entre nosotros se le conozca, a riesgo de que alguicn pueda creer que lo empleamos para señalar, por contraste, supuestas defi ciencias en la obra de Parra León; queremos apuntar, no obstante, que el estudio de Pitágoras puede enriquecerse acudiendo a Guthrie, e igualmente, desde luego, a la enciclopedia pitagoriana que pares de opuestos arriba aludidos; la polémica sobre "kenon”, el vacío, ya tiene más de dos mil años, y Einstein con Minkowski han querido eliminarla con su espacio-tiempo; el caso es que los pitagóricos, como muestra Parra León, parecen haber creído que el espacio, llamado vacío “es el principio de los números (p. 128), y éstos de las cosas”; pero el escribir de Parra León se enreda, pues más adelante dice: los pitagóricos concebían el Uno primero como rodeado del infinito y del vacio; ¿en qué quedamos, entonces? ¿No son idénticos el vacio-espacio y el ilimite-infinito? ha editado Bergua. En el libro del venezolano hemos querido ver las figuras» los gnomon, esas escuadras que tanto ilustran, y la leyenda de Arquitas, que recuerda Lucrecio en: De la naturaleza de las cosas, traducida por Lisandro Alvarado: la varita y el ili mite. Los materiales de Guthrie sobre limite-ilimite son imprescindibles, y están lúcidamente ordenados. Lo más importante de las diez categorías recogidas por los En Parra León no está muy claro cómo Aristóteles negó el concepto de espacio y lo sustituyó por el de lugar, que es como quien dice: lo que existe es el instante y no el tiempo; en la p. 114 escribe Parra León: el primer gran descubrimiento de Nicolás de Cusa fue haber determinado la relatividad del lugar... en contra- 124 pitagóricos, y que Parra León inserta, con cierto descuido, en la p. 89, es la raíz de una ética basada en el limite, ética que la fu-

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debe a este secreto del límite y el ilimite. Las inscripciones délficas lo advierten, con toda claridad: No hagas nada con desmesura, o sea, sin someterte a los límites naturales de las cosas; Observa los límites. Es el principio de que el límite evidencia la forma de sión de la teologia hebraica con la metafísica aristotélica y platónica (en parte, la misma de los pitagorianos) desvió y frustró, es aquello de que el límite se empareja, en columna, con el bien, y el ¡límite con el mal; posteriormente esta relación pitagórica se lo real y la manera de dominarlo, y a la vez: Conócete a ti mismo, invirtió, y lo infinito se le atribuyó excluyentemente al ser divino, equiparado a lo bueno y al bien, y el mal se le adjudicó, gratuitay sabe cuáles son tus límites, y que eres limitado e ilimitado a la vez, de empuje prometeico y revolucionante. Del límite arranca mente, al ser humano; Parra León parece intuir algo de la corrección aquí pendiente cuando dice: (p. 148) Hombre, con pasado, presente y futuro en el espacio y el tiempo; pero dios inmortal, en el acto absoluto de su creación; es un poco enigmático lo que Parra León escribe, pero resulta de las internas discrepancias que se recogen en el pitagorismo: El Uno... apareció en el Universo en el momento de su creación; El Mundo ha existido de toda eternidad; El Alma del Mundo era el instrumento inteligente de Dios, del Dios que había creado el mundo (p. 95); Existe de toda eternidad un Dios Supremo (p. 171). el orden, al menos: la comprensión de que la armonía, orden ch de los el cosmos, freno al caos, se apoya en el correcto manejo por conocida jamäs limites, por eso la ética basada en el limite, quienes minimizaron à “finito” enfrentándolo, irreverentemente, a infinito, teologizando las relaciones eficaces de lo que vive y lo que La clave de Pitágoras es la que nos ofrece Guthrie, y como es motivo justificable de un ensayo, la dejaremos para otra oca sión. Aristóteles roza esto cuando dice en su Etica: El mal pertenece a lo ilímite, y el bien al limite, como intuyeron los pitagôricos. Tras esto fue que anduvo Sócrates, tan desesperadamente, en sus indagaciones sobre la justicia, las cuales al final no le produjeron una certidumbre realmente liberadora, para el hombre, de su humana miseria. Parra León dice aún otra cosa, que nos hace meditar hondo: Si se resumen los objetivos que en relación al hombre perseguía Pitágoras al establecer los principios morales pueden sintetizarse en dos cortas líneas: Dominio de las pasiones para alcanzar el Bien y convertirse en un dios inmortal, provisto de las Es lástima que no podamos aprovechar los textos de Platón en el Filebo, pero esto, por supuesto, es otra prueba más de cómo es de-estimuladora la obra de Parra León; en su diálogo el amigo de Filolao reconoce la doctrina de la armonía de Pitágoras como fuente de extraordinarias verdades, y de alucinantes presupuestos de un candente debate: ¿Cuál es el Platón que siguieron estos o aquellos seguidores, si en el Filebo se dice: ¿No decíamos nosotros que Dios revelaba un elemento finito de existencia, y también uno infinito (retraduzco de la versión inglesa de B. Jowett, y dejo los vocablos finito-infinito tal como están dados), y estas otras invitaciones a discutir: ¿Concibe usted un límite en aquellas cualidades?... La diosa, viendo tanta maldad y desenfreno generales, perfecciones inherentes a éste. Miguel Parra León, pues, en su libro Piragoras, fundador de las ciencias matemáticas, es un ejemplo de valentía y audacia intey que los placeres no eran sujetos a límite alguno... pensó en un lectuales. Esperamos que su esfuerzo no sea en vano, y que no se pierda en la modorrosa indiferencia de quienes por no acometerle a tiempo, puedan malgastar las energías de sus mejores años. límite de ley y orden (puntos de partida para una ética basada en el concepto de límite, de que hablamos nosotros en nuestro libro), la ontología y la ética, en Platón, se vislumbran como raíces de una fecunda investigación, sin duda, cuando se las enfoca desde el concepto de límite. No se agota el libro de Parra León sobre Pitágoras con unas pocas cuartillas. Mucho más puede estudiarse en sus breves y amenas páginas. Lo central en Pitágoras, desde luego, es lo que encabeza sus diez categorías: Límite, Ilimite, y lo de los números viene después, a pesar de las tergiversaciones; Apolo Hiperbóreo llamaban a Pitágoras y el enlace de la suya con la figura divina se muere...