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Vedi nel PDF(si apre in una nuova finestra)categóricamente que existe una influencia personal y directa de Anaximandro
en las ideas directivas del orden democrätico, como tampoco se puede decir
escuetamente que los reformadores politicos calcan las teorias de la physis para
orientar su acción. Lo que si parece correcto reconocer en esta dinámica de “un
nuevo espiritu” es que existe una mentalidad inédita que se extiende y hasta
llega a imponerse como horizonte prospectivo de soluciones para los
considerables problemas que atenazan a la sociedad. Una mentalidad
alternativa cuyo epicentro detectamos en la linea de pensamiento inaugurada
por Tales y prolongada, con modificaciones y ampliaciones, por su discipulo
Anaximandro. Un espacio epistémico identificado räpidamente con un término
que le sirve de armazón en su modo de pensar y de hacer prsente ese
pensamiento: el lógos. Bl lógos, tanto un modo de decir como de pensar en la
presencia de ese decir, articula un orden en las representaciones que es más
amplio que el de la physis, asi puedan coincidir en sus fundamentos desde el
momento en que aparece la filosofia. El /égos es un espacio técnico, social,
histórico, econdmico, religioso...: un ethos, el de la pólis. Y rápidamente
empezará a separarse de ese otro modo de pensar y de delimitar lo pensable al
que tradicionalmente habia sido yuxtapuesto: el mythos. El pensamiento de la
physis inicia la dicotomia de dos términos que por el momento se utilizan con
bastante indiferencia, como intercambiables semánticamente'®*. La dicotomia
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se prolonga en ruptura entre dos modos-de-ser que Ilegan a ser considerados
como irreconciliables —tal es el caso, en parte, de Heródoto y, especialmente,
de Tucidides'”.
3. PITÁGORAS Y LOS ORÍGENES DE LA ANTROPOLOGIA
GRIEGA
= Go. 73
En este momento de fluctuación de los signos, Pitagoras encama, ante todo,
una nueva manera de asumir la existencia. Pitágoras sefiala —como el sefior de
Delfos— una dirección para superar la incertidumbre de los significados en que
una época de estridencias ha‚Situado al hombre. Su teoria se propone como un
remedio —un medicamento?®—para superar los limites que recortan la vida
humana reduciéndola a un deambulamiento de insatisfacción. ,Podria ser
satisfactoria la vida humana?
Para el pitagorismo el problema reside en la perspectiva con que se
interroga la existencia para encontrarle un significado. Una cuestión, pues, de
enfoque, y consiguientemente de proyección: el pitagorismo se impone la
198„, Cl: Heslodo, Erga, 106, M. Detienne, L'invention. 93 ss.
99 Cf. M. Detienne, op. cit, cap. III y IV.
200 Es en esta perspectiva que Jémblico define la purificación (identificada con la fi losofla) como
“una medicina que se ejerce con la música”. VerI. Gobry, Pythagore, Paris, Seghers, 1973, 55.
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Vedi nel PDF(si apre in una nuova finestra)categóricamente que existe una influencia personal y directa de Anaximandro
en las ideas directivas del orden democrático, como tampoco se puede decir
escuetamente que los reformadores políticos calcan las teorías de la physis para
orientar su acción. Lo que sí parece correcto reconocer en esta dinámica de “un
nuevo espiritu” es que existe una mentalidad inédita que se extiende y hasta
llega
a imponerse
considerables
como
problemas
horizonte
que
prospectivo
atenazan
a
la
de
soluciones
sociedad.
Una
para
los
mentalidad
alternativa cuyo epicentro detectamos en la línea de pensamiento inaugurada
por Tales y prolongada, con modificaciones y ampliaciones, por su discípulo
Anaximandro. Un espacio epistémico identificado rápidamente con un término
que le sirve de armazón en su modo de pensar y de hacer presente ese
pensamiento: el lógos. El lógos, tanto un modo de decir como de pensar en la
presencia de ese decir, articula un orden en las representaciones que es más
amplio que el de la physis, así puedan coincidir en sus fundamentos desde el
momento en que aparece la filosofía. El lógos es un espacio técnico, social,
histórico, económico, religioso...: un ethos, el de la polis. Y rápidamente
empezará a separarse de ese otro modo de pensar y de delimitar lo pensable al
que tradicionalmente había sido yuxtapuesto: el mythos. El pensamiento de la
physis inicia la dicotomía de dos términos que por el momento se utilizan con
bastante indiferencia, como intercambiables semänticamente'”. La dicotomia
se prolonga en ruptura entre dos modos-de-ser que llegan a ser considerados
como irreconciliables —tal es el caso, en parte, de Heródoto y, especialmente,
de Tucidides'”.
3. PITÁGORAS Y LOS ORÍGENES DE LA ANTROPOLOGIA
GRIEGA
En este momento de fluctuación de los signos, Pitágoras encarna, ante todo,
una nueva manera de asumir la existencia. Pitágoras señala —como el señor de
Delfos— una dirección para superar la incertidumbre de los significados en que
una época de estridencias ha situado al hombre. Su teoría se propone como un
remedio —un medicamento?”— para superar los límites que recortan la vida
humana reduciéndola a un deambulamiento de insatisfacción. ¿Podría ser
satisfactoria la vida humana?
Para el pitagorismo el problema reside en la perspectiva con que se
interroga la existencia para encontrarle un significado. Una cuestión, pues, de
enfoque, y consiguientemente de proyección: el pitagorismo se impone la
198 Cf. Hesíodo, Erga, 106, M. Detienne, L’invention..., 93 ss.
19 Cf. M. Detienne, op. cit., cap. III y IV.
200 Es en esta perspectiva que Jamblico define la purificación (identificada con la filosofía) como
“una medicina que se ejerce con la música”. Ver I. Gobry, Pythagore, París, Seghers, 1973, 55.
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Vedi nel PDF(si apre in una nuova finestra)necesidad de pensar la existencia humana para poder realizarla?" En este
sentido,
interpretación
pitagorismo
y
acción.
es,
indisociablemente,
Por
su
mismo
hermenéutica
contexto
histórico,
y
praxis,
la exigencia
pitagórica prolonga la antigua incomodidad heroica frente al estrecho recinto
de los hechos humanos, pero canalizándola hacia un horizonte donde confluyen
unas aspiraciones de origen chamánico, una preocupación óÓrfica y unas
estructuras de análisis influida por la racionalidad de los físicos milesios.
La inquietud que parece orientar la actitud vital de Pitágoras, la misma que
atraviesa como una corriente de fondo toda la organización de la escuela, está
claramente tematizada en la doble interrogación del pitagórico Hipodamas:
“¿De dónde viene la humanidad y de dónde viene su maldad?” Ahi queda
enmarcado el nuevo eje prospectivo de la realidad que va a articular los
significados en un orden especifico y a determinar que la filosofía incluya en
sus preocupaciones planteamientos extra-físicos. Más que una pregunta, la
doble inquietud de Hipodamas expresa la síntesis de un programa interpretativo
de la realidad. El saber se repliega sobre el hombre, lo toma como eje; pero lo
ajusta, lo centra, desde la preocupación por su deficiencia ética. En el
encadenamiento de estos dos aspectos se despliega la trama hermenéutica de
toda la realidad. Así surge un nuevo espacio epistémico en Grecia: el hombre;
puesto en perspectiva desde su más profunda indigencia: la fisura del mal que
le
impide
ser satisfactoriamente.
El problema,
la perspectiva y
consiguientemente la proyección, que determina al pitagorismo como escuela
reside en saber cómo esa fisura es constitutiva del ser del hombre, cómo es
posible la connaturalidad del hombre y del mal; y a partir de ese conocimiento
proponer una práctica de vida, un camino, para realizar satisfactoriamente la
existencia humana.
Considerando
estos
planteamientos globales
y
al
mismo
tiempo tan
concretos, es dificil pensar una posición mas radical y más intima que el
pitagorismo en una situación de crisis de los referentes. Asi
comprender
que,
situando
sus
interrogantes
más
allá,
o
se podría
más
acá,
de
antagonismos políticos y de rivalidades religiosas, Pitágoras llenara el vacio
existencial en que la misma dinámica cultural había situado a los individuos, o
que a su llegada a
Crotona tuviera una acogida excepcional, siendo
identificado con Apolo Hiperbóreo?”. Pitágoras deja de ser muy pronto un
20 Cf I. Gobry, op. cit, 39. Desafortunadamente el aspecto que, con frecuencia, retiene la
atenciôn es el “cientifico”, descuidando asi la preocupaciön vital que anima la escuela, al menos
en la primera y segunda generación (Brontinos, Petron, Hipasos, Alcmeön, Milón, Epicarmo,
Theano, Perictioné, Fintys, Myia, Melissa, Aristeo, Filolaos, Arquitas, Aresas, Bryson, Eurytos,
Lysis, Ocellos, Enipo, Zeleucos, Karondas, Clinias, Theages, Metopos, Cebes, Simias).
202 Apud Jámblico, Vita Pythagorica, 82; Cf. E.R. Dodds, The Greek..., cap. V.
203 Nicómaco de Gerasa indica que, desde su llegada a Crotona, Pitágoras tuvo dos mil
seguidores. Diógenes de Laercio, más prudente, restringe la cifra a trescientos. De todas formas,
el personaje (el individuo en sus enseñanzas) debió ejercer una seducción considerable sobre la
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Vedi nel PDF(si apre in una nuova finestra)individuo para ser considerado como el eje simbölico de un espacio de
posibilidades: una confluencia de representaciones más que una persona”. Un
hombre-dios, que se califica, ante todo, por los interrogantes que plantea al
hombre para hacer surgir a través de ellos un horizonte de posibles, por la
mirada en que situa a cada individuo frente a si mismo. Pitagoras es un orden
de reflejos de preguntas y esperanzas; y esta delimitaciön señala el origen
filosofico del hombre como objeto.
La misma delimitación del problema —una interrogación que sondea las
raices del entrelazamiento del hombre y del mal— hace que el pitagorismo,
fundativamente, tome consistencia teórica como un rastreo genealógico. No
tanto una búsqueda de la génesis del hombre como una arqueo-logía de su
limitación óntica, un desentrañamiento de la lógica de los principios que hacen
del hombre un ser continuamente truncado por el mal. No se trata, pues, de
hacer una historia natural (física) del hombre, sino de comprender la génesis de
su ser (una ontogonía), y con ese saber impulsar la historia de cada individuo
como una relación consigo mismo. En esta focalización del hombre a través de
su deficiencia más radical, en esta preocupación por penetrar el abismo más
inquietante del ser humano, en esta manera de hacer del mal un eje de
interpretación de las cosas y una determinación práctica del mundo, se opera un
giro decisivo en el ámbito de la filosofía. Un efecto de paralaje donde E. R.
Dodds detecta el
resultado de un pesimismo histórico y el origen del
puritanismo griego””. El pitagorismo sería el gozne de ese cambio de
espectáculo modificando al espectador.
La apreciación de E.R. Dodds es, en gran parte, cierta: los dioses empiezan
a alejarse del universo. Y aunque la filosofia puede afirmar por boca de su
fundador que “todo está lleno de dioses”, la penumbra en que se tejen los
signos deja en la incertidumbre al hombre concreto. La afirmación filosófica no
llega a rellenar el vacío que ella misma provoca. Nadie comprenderá mejor que
Platón, con su concepción política de la liturgia en las Leyes””, esa distancia
que puede surgir entre la comprensión teórica y la vivencia cotidiana, y que
puede dejar al hombre concreto en la indigencia de un saber-hacer vital
insatisfactorio. Pesimismo o confusión, lo cierto es que las inquietudes diarias,
esas dolencias de sí mismo que afloran de la piel para convertirse en absolutos
angustiantes, no encuentran como eco sino un saber (casi) inaccesible, como es
la filosofía, o la convicción religiosa de que el hombre impotente depende
población. Cf. I. Lévy, Recherches sur les sources de la légende de Pythagore, Paris,1926;
H. Thesleff,
The Pythagorean Texts of the HellenisticPeriod Abo,1965; J.A Philip, Pythagoras
and Early Pythagoreanism, University of Toronto Press, 1968.
204 Cf. J. Lorite Mena, Du mythe..., 355 ss.
205 The Gr. and the Irrat., cap. V.
206 Cf. J. Lorite Mena, Pourquoi la Métaphysique? La voie de la sagesse selon Aristote, Paris,
Téqui, 1966, 272 ss.
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Vedi nel PDF(si apre in una nuova finestra)totalmente de un poder divino arbitrario, tal y como ocurre con la deformaciön
de las instituciones sagradas tradicionales.
Entre
el
orden general,
abstracto,
de
la
filosofia y
la arbitrariedad
inescrutable de los dioses, el individuo se siente despojado de referentes que
guien su vacio. Asi Teognis, no obstante ser un representante nostalgico del
antiguo régimen, se inscribe como protagonista en el centro de ese espacio de
incertidumbres y empuja la. inquietud hasta los límites de la angustia cuando
afirma que el
hombre puede buscar la virtud (la areté), pero un daimön lo
engañará haciéndole obrar indignamente””. Entre la confianza incondicional de
Hesíodo en un orden divino y el escepticismo de Teognis ha circulado la
desarticulación de un saber mítico y la insatisfacción de un hacer cotidiano.
En la urgencia de la búsqueda, las opciones de respuesta parecen tener dos
ejes predominantes. Se trataría de promover las tensiones de la intimidad
humana al nivel de objeto del saber, de tal forma que la inquietud del individuo
ante sus límites pueda ser comprendida en un orden cósmico; o de cotidianizar
el nuevo saber de la physis, de reintroducir el orden en la incertidumbre del
desasosiego humano. Pitágoras asume la posibilidad de la primera opción: la
interioridad del individuo será el eje de preocupación del saber cósmico;
aunque para soportar esta promoción epistemológica,
la interioridad,
el
lenguaje y el simbolismo que a ella se refiere, deba rearticularse de un plano
psicológico a un plano ontológico. Jenófanes asume la posibilidad de la
segunda opción: el saber de la physis penetra en el espacio donde las
inquietudes humanas se tejen comunitariamente: los banquetes, las fiestas
religiosas, las competiciones atléticas... Una intimidad óntica y una intimidad
social —de una forma u otra, el hombre, no tanto como idea referencial, sino
como eje de articulación de las preocupaciones de una época, accede al nuevo
espacio del saber designado como filosofia. Los sofistas y Sócrates serán los
herederos legítimos de este nuevo espacio. de preocupaciones y de sus
antagonismos.
El pitagorismo emerge, pues, en un clima de inestabilidad de los referentes
y se enuncia con un tono “pesimista” en el planteamiento de sus inquietudes.
Pero la misma manera de radicalizar el problema para ofrecer una “forma de
vida” como solución a la incertidumbre humana le permite presentarse como
libertador, con un tono optimista que sólo
se alcanza cuando existe el
convecimiento de que por fin se ha comprendido la naturaleza humana y se
obra en consecuencia. De ahí que el pitagorismo sea uno de los campos de
cultivo privilegiados del puritanismo griego. Al situarse interrogativamente
frente a la naturaleza humana a través del prisma del mal, la interpretación
epistemológica está contaminada, irremediablemente, de una decisión ética, de
una práctica moral de si mismo. Así, las rivalidades sociales, las competencias
económicas, las luchas políticas, las intransigencias religiosas..., que ocupan el
207 Teognis de Megara, 402 ss. Cf. E.R. Dodds, The Gr. and the Irrat., cap. II.
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Vedi nel PDF(si apre in una nuova finestra)primer plano de la acción cotidiana, son desplazadas al nivel óntico que las
hace posibles: una lucha, intransigente, del hombre con el mal que lo penetra.
El antagonismo público se canaliza como rigor interior; y cuando el rigor
consiste en delimitar el mal y aislarlo, su expresión es “purificación”. La vida
es una kátharsis, una “purgación”, una eliminación de lo que contamina y hace
del hombre un ser deficiente en su vida. Una búsqueda interpretativa y una
acción práctica que tienen como base de articulación la dicotomía de lo puro y
de lo impuro?”.
No se trata de justificar el pitagorismo frente a la delimitación de E. R.
Dodds, sino de comprenderlo en la coherencia de la dinámica de un mundo
interrogativo. Ya que si nos dejamos guiar por la aureola afectiva que
determina el campo semántico de términos como “pesimismo” o “puritanismo”
en nuestra mentalidad, podemos perder de vista algo tan fundamental para
comprender el pitagorismo como lo es su carácter de respuesta vital a una
situación de crisis, y así poder vislumbrar el fundamento de su influencia
decisiva en Platón —lo cual quiere decir en el pensamiento occidental—. En
esta tensión entre pesimismo (indigencia del hombre frente al mal) y optimismo
(posibilidad de conocer el origen de esa deficiencia y superarla), en ese espacio
que va desde el antagonismo público (como una manera de oponerse a
expresiones circunstanciales del mal) hasta el rigor purificador (como
procedimiento para separarse del mal), se articula el pitagorismo como. una
forma de vida, no como un saber, sino como un vivir sabiendo.
Constituirse como “escuela de vida” confiere al pitagorismo un carácter (en
el sentido etimológico del término) específico: asumir la existencia es la obra
del conocimiento.
El
“pesimismo” que
le
reconocemos inicialmente al
pitagorismo en el planteamiento de la problemática sobre la que centra sus
preocupaciones se acentúa y agrava —desde la perspectiva pitagórica— por la
negligencia del hombre para comprender su límite más radical. Doble
constatación, contenida interrogativamente en la inquietud de Hipodamas, que
muestra el horizonte del problema y las posibilidades de superación: el hombre
es incapaz de obrar correctamente, lo cual le hace vivir insatisfecho; pero
además ignora de dónde proviene esa incapacidad. Mal e ignorancia se
inscriben como términos correlativos y coaptivos en la. dinámica de las
inquietudes pitagóricas. La ignorancia hace al hombre un prisionero de sus
límites,
convirtiéndolo
en
un
ser
resignado
ante
sus
deficiencias.
El
conocimiento es la condición de posibilidad de la superación de los límites. De
ahí la configuración fundativa de la filosofía pitagórica: anti-límite, medicamento, instrumento de purificación de la vida.
208 Cf. L. Moulinier, Le pur et l'impur dans la pensée et la sensibilité des grecs jusqu'à la fin du
Ive s. av. J.C., Gap, Louis Jean, 1950; M. Detienne, Les jardins d’Adonis. La mythologie des
aromates, Paris, Gallimard,
1972, 76 ss., 108 ss. y 229 ss.; W. Jankélevitch, Le pur et l'impur,
Paris, Flammarion, 1963.
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Vedi nel PDF(si apre in una nuova finestra)Aqui podemos detectar los origenes filosöficos de la intima relaciön entre
ignorancia y mal, entre conocimiento y bien, que hara fortuna a través de
Socrates y Platon, aunque el tema esté presente en Heräclito, Parménides y
Aristóteles. Al hacer girar el conocimiento sobre el hombre —no como realidad
fisica, sino como una relación consigo mismo—, el pitagorismo desplaza el eje
del saber acaparado en Mileto por la physis. De la physis al hombre: una
redistribución de las formas de saber y de los ejes de verdad. Esto no quiere
decir que el pitagorismo no estudie la physis —al contrario, sus análisis son
excepcionalmente profundos y originales—; pero su preocupación por la physis
está determinada por sus grandes interrogaciones
sobre el hombre. Así
desbordan la physis, tanto porque el horizonte de su problemática no es
estrictamente fisico
como
porque
ese
horizonte
había
escapado a
los
planteamientos hechos hasta el momento en el ámbito de la physis. Del hombre
a la physis, podría ser la expresión adecuada si se deseara precisar el recorrido
en que se procesa el conocimiento pitagórico.
a. Una teoría en una vida
La dirección de este desbordamiento de la physis está indicada en la manera
como el propio Pitágoras, según la leyenda, sitúa —pone en perspectiva y
proyecta— su existencia. Antes de ser el individuo concreto designado con el
nombre de Pitágoras, su identidad habría revestido las formas, los simples
cuerpos, de Apolo Hiperbóreo, de Etalides, de Euforbo, de Hermotimo, de
Pyrrhos...”” La identidad del individuo supera los limites de su realidad fisica,
desencaja los parámetros espacio-temporales que dan concreción a cada
individuo, excede las barreras del nombre personal. Cada individuo está
imbuido de una dimensión que lo sitúa antes y lejos de sí mismo. La identidad
se estira, se alarga, y proyecta al individuo fuera de lo que sus límites le
permitirían pensar que es. Es más, en la manera como la leyenda atribuye a
Pitágoras el relato de su propia existencia, se puede pensar que la verdadera
identidad trasciende al individuo, que cada uno sólo es un momento, una pausa
fisica, donde se expresa una realidad más fundamental, más duradera, más
coherente y decisiva. Lo real se prolonga hacia lo invisible, hasta encontrar allí
el fundamento de los significados y la posibilidad de permanecer a través de los
cambios; y lo fisico, la corporcidad concreta, visible y limitada, es circunscrita
por referencia a esa nueva realidad de reciente emergencia pero que desde
ahora.define a la materia como el espacio del fenómeno —no una apariencia,
pero sí el ámbito del parecer, y que consiguientemente también puede velar,
ocultar, encerrar, como una tumba o una simple prisión”.
209 Cf. Aristóteles, Fr. 191 (V. Rose, Arist. Frag., 3° edic.: W.D. Ross, Arist. Frag. Peri ton
Phytagoreión, Er. 1 y 2), Apolonio, Hist. Mirab., (6) (DK. 14.7), Diógenes de Laercio, VIII,4
(Heraclides, Fr. 89), Porfirio, V.P., 26; I. Lévy, Recherches...,
passim.
210 Cf, J. Lorite Mena, Du mythe..., 357 ss.
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Vedi nel PDF(si apre in una nuova finestra)Se puede pensar que el relato atribuido a Pitagoras sobre la alteridad de su
propia identidad, o sobre el conocimiento de la existencia de su identidad antes
y lejos de su realidad fisica, constituye el residuo de los “cuentos piadosos”
mantenidos en el fervor de la escuela por el Maestro, por El (autö), como era
designado para evitar la mención de su nombre”. Es muy probable. Pero el
relato —la configuración del símbolo que determina la organización de la
escuela, que da significado a la “vida pitagórica”— está construido siguiendo
unos contornos precisos que fundamentan la teoría pitagórica. El discurso se
apoya en la distinción y la integración de lo visible y de lo invisible, de lo
limitado y de lo ilimitado, de la physis y de una dinámica supra-temporal y
supra-espacial. El “cuento” se despliega en la contraposición y, al mismo
tiempo, la confluencia suplementaria de dos niveles de existencia, para mostrar
que esos desniveles, esas diferencias, se tejen como unidad en un recinto
determinado: Pitágoras, y por extensión —ya que éste es el alcance del cuento,
su generalización en teoria— cada individuo. Por eso E.R. Dodds, siguiendo de
cerca las indicaciones de U. von Wilamowitz, tiene razón al considerar los
“cuentos” sobre las pre-existencias de Pitágoras como el núcleo de donde
surgirá una elaboración teórica”””. Pitágoras es el arquetipo que se convierte en
posibilidad de interpretación universal del hombre. La experiencia vivida por el
modelo se constituye en eje hermenéutico de cualquier vida humana. Pitágoras
es una posibilidad de mirarse humanamente, y desde
ese
acto reflejo
aproximarse al mundo.
Esta hermenéutica, ese acto reflejo, tiene un nombre preciso: metempsicosis,
. aunque como bien lo indica una antigua tradición el nombre correcto sería
metensomatosis”. Bajo este nombre se opera una re-distribución de los
significados que se refieren directamente a la vida humana, al hombre; y en
segundo lugar, por la misma configuración de un nuevo sujeto, de un nuevo
espectador, de los significados que se refieren al espectáculo, al mundo donde
se integra y opera el individuo. La novedad y la resistencia ante esta nueva
perspectiva aparecen claramente en la reacción de Jenófanes: su extrañeza y su
ironía expresan un gran desconcierto ante una nueva visión del hombre?'*. Y es
lógico. La teoría de la metensomatosis encierra una propuesta radical para el
hombre: aceptar lo invisible, lo ilimitado, la dinámica precedente de su propia
21 Tal y como lo indica Porfirio (V.P., 28), por veneración a su Maestro, los pitagóricos no lo
nombraban; su nombre era considerado con tanto respeto como el de un dios (Jámblico, V.P.,
255). Ver Theleff, op. cit.
212 Op. cit., cap. V, n. 58.
213 Siguiendo las indicaciones de Olimpodoro, I. Gobry propone acertadamente utilizar el
término metensomatosis, “ya que no es el cuerpo el que recibe una nueva alma, sino el alma la
que reviste un nuevo cuerpo” (Pythagore, 56-57). Ver W. Burkert, Eishait und Wisseschaft.
Studien zu Pythagoras, Philolaos und Plato, Erlanger Beitrige, X, Nurenberg, 1962, 98 ss. y 110
214 Jenéfanes, fr. 7 (Diögenes de laercio, VIII, 36).
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Vedi nel PDF(si apre in una nuova finestra)identidad —aceptar ser anterior a si mismo, fuera de si—, y desde ahi, desde
esa precedencia y esa exterioridad, proyectarse como realidad, hacer realidad el
mundo.
El problema que surge a partir de ese momento es tan radical como la
misma propuesta con que
se pone en perspectiva la existencia:
¿cómo
recuperar, cómo recoger —recolectar en la aparente dispersión— esa existencia
anterior a la propia existencia para conseguir la unidad del ser? Recuperar,
recopilar, unificar... la precedencia, asumir el propio pasado en otros para poder
ser
plenamente,
satisfactoriamente,
en
el
presente.
La
propuesta
es
desconcertante. Una exigencia que sitúa al individuo frente a un procedimiento
inevitable: para vivir debe recordar, si no se ignorará, se dispersará en la
fluctuación de los signos de su presencia fisica. La memoria se impone como la
facultad que permite el ingreso en la vida, a una vida invisible, anterior, pero
que habita lo visible desde
el interior. Es el sentido originante de la
reminiscencia: re-conocerse para poder ser’. El hombre se vuelve hacia si
mismo haciendo la travesía de su pasado, recuperándose en onto-génesis.
Frente a la perspectiva de los fisicos de Mileto, el pitagorismo irrumpe como
una nueva forma de saber y de significar ese saber. Hay una nueva distribución
‘ de los signos que se realiza siguiendo una dicotomia básica y al mismo tiempo
novedosa: interior/exterior. No un interior hecho de impulsos y emociones, o
que se prolonga como una sombra después de la muerte?!°, sino como una
constante de realidad que atraviesa el punteado ocasional de cada vida
individual. No un exterior en el cual confluyen los significados sociales o que
acapara la perfección de las formas, sino como un receptáculo momentáneo de
una vida que lo transciende. No se trata, pues, únicamente de un desplazamiento de los significados, el esfuerzo consiste en instaurarlos. Es muy
probable —así lo hemos abordado en otra ocasión?”
— que esta concepción de
la dualidad en el hombre tenga un origen chamánico, y que desde las regiones
que bordean el Mar Negro penetrara en Grecia con los contactos comerciales
establecidos a través de las colonias. La afinidad de temas y actitudes induce a
establecer esta relación; hasta tal punto que E.R. Dodds no duda en afirmar que
Pitágoras es “el más grande de los chamanes griegos”?'*; sobre todo si tenemos
en cuenta que una de las existencias que preceden al individuo Pitágoras habría
sido Hermotimo de
Clazömenas, personaje que manifiesta de manera
inequívoca rasgos determinantes de la experiencia chamánica?”, además de la
íntima relación establecida por la escuela entre el orfismo y el pitagorismo.
215 Cf. J.-P. Vernant, Mythe et pensée..., I, 109 ss.
216 Cf. E. Rohde, Psyche.
217
Du mythe..., Quinta parte. Cf. E.R. Dodds, The Gr. and the Irrat., cap. V.
218 Loc. cit.
219 Plinio, Hist. Nat. VIL 174 (trad, J. Beaujeu, Belles Lettres); E. Rohde, Psyche, 341, que sirve
de base aM. Eliade en Le chamanisme et les techniques archaïques de l'extase, Paris, Payot,
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Vedi nel PDF(si apre in una nuova finestra)No obstante la importancia de la influencia órfica en Pitágoras, éste no es el
punto que nos interesa por el momento. El aspecto que retiene nuestra atenciön
es la preocupaciön que se desprende, “lögicamente”, de una perspectiva
dualista que, de alguna manera, ya esta presente en el régimen de vida
practicado por los chamanes””. Desde el momento en que se inscribe la
dualidad en el hombre, al aceptar la coexistencia de dos niveles asimétricos
como componentes determinantes de la realidad humana, el problema que se
plantea, inmediatamente, es el de su equilibrio, el de su convivencia. Este es el
sentido del término griego armonia: ajustamiento, encajamiento, integración de
dos, o mas, partes: maderas, piedras, huesos, números, caracteres, sonidos... La
armonía surge como problema cuando existe la evidencia del desequilibrio, del
desajuste, de la fractura. En un primer momento se constata la diferencia entre
las partes; en un segundo momento se impone la búsqueda de su articulación.
Esta búsqueda se despliega en dos espacios complementarios. En primer lugar
a nivel teórico, o epistémico: ¿cómo comprender la totalidad en
la dinámica
diferencial de lo visible y de lo invisible, de lo limitado y de lo ilimitado, de lo
material y de lo espiritual? En segundo lugar a nivel práctico, o ético: ¿cómo
obrar para realizar la integración de lo desajustado?
Ahora bien, los aspectos resaltados hasta el momento no parecen tener una
relación directa con las inquietudes pitagóricas tematizadas en la doble
interrogación de Hipodamas: “¿de dónde viene la humanidad y de dónde viene
su maldad?” El horizonte de Pitágoras parece limitarse a una dinámica
individual: una búsqueda personal, una recuperación de sí mismo en el pasado
para saber realizar el presente; una empresa vital que, en definitiva, es posible
porque es personal. ¿Cómo se opera la transición de una busqueda personal a
una preocupación universal, cómo se transforma la reconstrucción del “yo” en
una arqueo-logía de la humanidad? En esta prolongación de la identidad en
existencias anteriores, presentada en el relato de Pitágoras, se puede detectar un
desajuste entre el pasado y el presente, un olvido de sí mismo. Cierto. Pero,
¿cómo se precisa esa a-simetría, esa diferencia consigo mismo, bajo el prisma
del mal —cómo el olvido revela el ocultamiento de una fisura óntica en el
hombre, una deficiencia radical en la humanidad? El entrelazamiento de la
perspectiva personal contenida en el recuento que Pitágoras, según la leyenda,
hace de su propia vida y la preocupación universal de Hipodamas —el
deslizamiento de lo particular a la totalidad, el anudamiento de la diferencia y
del mal— se da, de hecho, porque el desajuste de lo invisible y de lo visible, de
lo interior y de lo exterior, del recuerdo y del olvido, del alma y del cuerpo, es
percibido como una a-simetría más radical y, de alguna manera, más abismal:
lo puro y lo impuro. Es por estas categorías que la dicotomía aparentemente
personal
e
intrasferible
que
anida
en
cada
individuo
(alma/cuerpo,
220 Cf. M. Eliade, op. cit., y las objeciones de M. Detienne, De la pensée religieuse à la pensée
philosophique. La notion de daimôn dans le pythagorisme ancien, Paris, Belles Lettres, 1963.
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Vedi nel PDF(si apre in una nuova finestra)invisible/visible...) se prolonga en una bipolaridad óntica, constitutiva del ser
mismo del hecho de
ser hombre, que fundamenta y explica todos los
desequilibrios.
b. Puro e impuro
Tal y como lo indica I. Gobry, “en el pitagorismo primitivo, el cuerpo es
considerado mucho más como un anfitrión pasajero del alma, digno por ello de
cuidado y atenciones, que como una naturaleza maldita”””'. En este sentido, es
más que probable que Pitágoras recogiera aspectos fundamentales de la
corriente chamánica que en el siglo VI penetra en Grecia: el cuerpo pierde su
aureola de privilegios propios de una tradición guerrera, “física”, pero no es
(aún) considerado como una naturaleza negativa. Su misma condición de
receptáculo de una realidad espiritual exige que se le cuide, se le controle y se
le perfeccione para obtener una colaboración liberadora con la interioridad
invisible que lo anima. El cuerpo emerge como un factor de resistencia, pero no
aún como el residuo sospechoso de una inercia maligna que se opone al
espíritu; y es en el esfuerzo por transformar la resistencia en colaboración que
surge una serie de tácticas compensatorias, domesticadoras, para canalizar su
energía y su actividad. De ahi la importancia de una acción detallada sobre el
cuerpo: ejercicios físicos, respiratorios, relajantes, una disciplina alimenticia...,
una preocupación “médica” que acompaña a esta corriente, no obstante
reconocer como eje principal de su actividad la liberación de la interioridad???.
La capacidad de controlar el cuerpo, de dominar sus impulsos, de curar —de
ahí que una de las facetas de mayor influencia pública del chamán sea su
calidad de curandero—, parecen constituir la condición de posibilidad del
estado chamánico. Abarís, Epiménides o Hermotimo, representantes privilegiados del chamanismo griego, son purificadores, curadores de miasmas que
contaminan las ciudades. Así, W. Burkert ha podido establecer una íntima
analogía entre el chamán y el theios aner; ambos se inscriben en el mismo
espacio
interpretativo,
y
desde
ahí
operan
públicamente
con
símbolos
semejantes”. En esta corriente el cuerpo no es condenado, tampoco
despreciado, pero ya es relativizado; su valor es una función de servicio a la
dimensión espiritual que absorbe las esperanzas humanas. En esta concepción
“mitigada” de la dualidad, incide un elemento que I. Gobry precisa de manera
escueta: “el cuerpo conserva un aspecto trágico a causa de la herencia órfica
recogida por los pitagóricos”?”*.
2 Pythagore, 56.
222 Cf. E.R. Dodds, The Gr. and the Irrat., cap. V; M. Eliade, op. cit.
223 Weisheit und Wissenschaft..., 124, Idem, “Zum griechischen Shamanismus”, Rh. Mus., 105
(1962), 36-55.
24 Loc. cit. Cf. W.K.C. Guthrie, Orfeo y la religión griega. Estudio sobre el” movimiento
örfico”, Buenos Aires, Eudeba, 1970, cap. VII.
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Vedi nel PDF(si apre in una nuova finestra)Orfeo
personaje
(tracio,
probablemente)
con
claras
raices
chamánicas””, pero que precisa y articula las exigencias planteadas por esta
corriente en una dirección más radical y específicamente griega””°. Es asi como
con el orfismo surge una reforma religiosa cuyo eje sera la elaboraciön de un
mito sobre los sufrimientos y muerte de Dionisio. En este contexto reformador
aparece esa dimension tragica de la corporeidad (no de la “carne”, que sera una
modalidad cristiana””) que incide en la dualidad chamánica, dándole al cuerpo
una pesadez de naturaleza maldita que lo envuelve de una sospecha y de un
temor de muerte. En el mito órfico se teje una antropogénesis basada en el
conflicto, en el crimen, que determina una ética de culpabilidad. Esta
“desviación” órfica del chamanismo ha podido ser decisiva —si no directamente por el tema mitico, al menos por el nuevo espacio interpretativo que se
configura— en la orientación teórica de Pitágoras para explicar la deficiencia
humana”*, No en vano la leyenda anuda el nombre de Orfeo y el de Pitágoras,
hasta afirmar, por medio de lón de Quío —próximo a la primera generación de
la escuela" *—, que Pitágoras escribió poemas con el nombre de Orfeo”.
El mito de la muerte de Dionisio —Zagreo, en la tradición órfica— es tan
terrible que provocó la muerte de su fabulador. Tal y como lo indica Pausanias,
en ese mito Orfeo “enseñó a los hombres cosas antes desconocidas””: la
muerte de un dios (así se pueda aceptar que el relato recoge elementos
cretenses de los “sufrimientos del dios”?*). La versión del mito, probablemente
debida a la recopilación de Onomácrito””, puede ser resumida como sigue:
El dios-niño jugaba cuando los Hijos de la Tierra (identificados con los
Titanes), enmascarados, se le aproximaron y lo sedujeron con juguetes.
Cuando Dionisio estaba distraido en el juego, lo golpearon y despedazaron. Sus
pedazos fueron cocidos en un caldero, ensartados en un pincho y asados. Una
225 M. Eliade, op. cit., 308; E.R. Dodds, loc. cit.
26 Cf. A. Boulanger, “Sur les origines de l’orphisme”, Communic. au Congrès Internat. Des
religions, Paris, 1925, W.K.C. Guthrie, Orfeo..., I.M. Linforth, The Arts of Orpheus, Berkeley,
1941, F. Graf, Eleusis und die orphische Dichtung. Athene in vorhellenistischer Zeit, Nueva
York, Berlin, 1974.
227 Cf. M. Foucault, Histoire de la sexualité, vol. 2: L'usage des plaisirs, vol. 3: Le souci de soi,
Paris, Gallimard, 1984; J.-L. Flandrin, Un temps pour ambrasser, Paris, Seuil, 1983.
78 Cf. E.R. Dodds, loc. cit. LA. Phlip, Pythagoras..., cap. 9.
222 Nacido, como lo indica W.K.C. Guthrie, “un poco después de la muerte de Pitágoras” (A
History..., 1, 185). Hijo de Ortomenos, apodado Xuthús, muy probablemente pitagórico de la
primera generación (M. Timparano-Cardini, Pitagorici. Test. e Frammenti, Florencia, La Nuova
Italia, 1964). Ver A. von Blumenthal, Jon von Chios, Stuttgart, Berlin, 1939.
230 Diógenes de Laercio, VIII, 8; DK., Ion, fr. 2; LM. Linforth, The Arts...
31 Cf. W.K.C. Guthrie, Orfeo..., 34.
22 Cf. W.K.C. Guthrie, op. cit., 114 ss.
23 Cf. W.K.C. Guthrie, op. cit., 84 ss.,H. Jeanmaire, Dionysos. Histoire du culte de Bacchus,
Paris, Payot, 1970, 378 ss., M. Detienne, Dionysos mis à mort, Paris, Gallimard, 1977 [Taurus],
J. Lorite Mena, Du mythe..., 475 ss.
234 Cf M. Detienne, Dionysos..., 184 ss., 212, n.68.
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Vedi nel PDF(si apre in una nuova finestra)vez terminada esta preparaciön, los Hijos de la Tierra se comieron los pedazos.
Solo el corazón fue salvado del sacrificio; y de él, con el concurso de las
divinidades femeninas, renacerà el dios. Zeus, enojado por el crimen, golpeò
con el rayo a los culpables reduciéndolos a cenizas. De estos restos nacieron los
hombres, en quienes conviven una parte terrena (titanica) y una parte divina
(dionisiaca) en continua oposiciòn.
De los elementos, multiples y decisivos, que se entrelazan y despliegan en el
mito —en una reinterpretaciôn radical de la tradiciôn religiosa, y consiguientemente cultural, de los griegos””
—, la dimensión que retiene nuestra atención es
el eje que integra el dinamismo de los diferentes espacios que componen el
mito (rituales, culinarios, antropológicos, sociales, histöricos...), y que, al
mismo tiempo, parece constituir el puente entre el orfismo y el pitagorismo.
Este aspecto es el establecimiento de unas bases (míticas, luego inspiradas,
pronunciadas por un “maestro de verdad”) para una nueva interpretación del
hombre. El hombre es situado en un espacio significativo desde un origen que
lo antecede: el crimen de los Hijos de la Tierra. Un crimen que tiene una
particularidad: el criminal incorpora a la victima, la asimila; de tal forma que la
tensión entre criminal y víctima no desaparece con el crimen, sino que aumenta
al reducirse totalmente la distancia. El crimen conduce a una nueva unidad,
donde, no obstante, se mantiene la diferencia y la tensión entre las partes. Esta
nueva unidad es el hombre: un criminal que contiene a su víctima, una
terrosidad que ha digerido una divinidad. El ser humano no es sólo dualidad
(como en el chamanismo), es una bipolaridad entre la tierra y el cielo. De ahí la
diferencia radical con el chamanismo: la distancia que separa a los dos polos es
el espacio de la discordia, la posibilidad del crimen, el juego del mal y de sus
máscaras.
Así circunscrito el espacio fundativo de la realidad humana, el proyecto más
importante que se desprende para el hombre es la transformación de ese espacio
de discordia en ámbito de reconciliación, la recomposición de esas relaciones
de muerte en conjunción de vida. Este es el sentido radical, onto-lógico, de la
purificación: un trabajo sobre la parte titánica para que surja la parte divina,
una labor para descartar la muerte y hacer surgir la vida. La purificación es una
acción ritual para que el individuo supere en sí mismo la situación criminal que
dio origen al hombre como especie; una manera (la única) de recuperar
personalmente el origen para limpiar el crimen que lo determinó como división
y pugna. Mientras el hombre no asuma este trabajo sobre sí mismo vivirá en la
dispersión de los signos. Así, la preocupación por la armonía se conjuga con la
necesidad de purificación. No como igualdad de las partes, sino como el
horizonte de conquista de una justa proporción: la prioridad de la parte divina
sobre la parte terrenal. Este horizonte de conquista determina un modo de vida.
235 Cf W. Jaeger, Paideia.
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Vedi nel PDF(si apre in una nuova finestra)Ante este nuevo espacio hermenéutico que surge en Grecia concentrado en
un mito, la pregunta mas espontánea podria ser: ¿Por qué los Hijos de la Tierra
asesinan y, además, se comen a Dionisio? Nuestra búsqueda de razones podría
hacernos olvidar la función de la lógica mitica y hacernos invertir el orden de
su racionalidad: el mito no se explica, sirve de fundamento de explicación”. El
mito no trata de explicar los Titanes, sino el hombre. Los Titanes son
significativos porque dan significado al hombre; a través de ellos, el hombre
emerge en una perspectiva. Asi, el horizonte interrogativo frente al cual surge
el mito como respuesta podría ser semejante al tematizado por Hipodamas:
“¿De dónde viene la humanidad y de dónde viene su maldad?” El mito
entrelaza las dos dimensiones que en la interrogación pitagórica aparecen en un
orden sucesivo: el mal es la génesis del hombre. El mito no sólo responde a una
inquietud; en. su modo de responder ya están contenidos los parámetros de
solucion a la angustia que produce la pregunta.
El tema mítico, sin embargo, no está presente en las explicaciones
pitagóricas. Su ausencia es significativa. Y a través de este “silencio elocuente”
quizás podamos comprender la diferencia de niveles entre el orfismo y el
pitagorismo, no obstante la afinidad de los fundamentos hermenéuticos.
Pitágoras marca la transición del mito a la filosofía de una preocupación
“antropológica”.
EI orfismo es una corriente
religiosa; asi, el mito es
autosuficiente. El pitagorismo surge como una escuela de sabiduría, que acepta
la verdad del mito como necesaria, pero insuficiente para comprender al
hombre y al mundo. No hay ruptura; pero sí existe una clara diferencia de
niveles en el modo y el ámbito de explicación, aunque el núcleo que soporta la
teoría pitagórica se encuentre en el orfismo. Por eso el mito desaparece en el
pitagorismo; no tanto en su intuición fundamental de la onto-génesis del
hombre como en su estructura exterior de relato, de instrumento explicativo. En
este sentido, el pitagorismo se constituye, fundativamente, a partir del mito,
apoyándose en un “dato” que sólo puede ser sondeado por un tipo de
pensamiento y de palabra de creencia, por una inspiración que excede los
límites experienciales del hombre. Pero una vez aceptado ese soporte, el
pitagorismo abandona el procedimiento expositivo del mito, deja de recurrir a
la creencia,
y
se
acoge
a
las
exigencias
comprensivas
y
explicativas
inauguradas con el estudio de la physis en Mileto. En el pitagorismo, el mito es
la condición de posibilidad de la explicación del hombre, y desde el hombre del
mundo; el punto de apoyo necesario para una perspectiva, o más exactamente:
para la perspectiva, puesto que arraiga en el ser del hombre; pero no es el modo
de explicación de la realidad.
Las palabras de la diosa a Parménides resuenan como un eco historico, muy
próximo, de esta actitud pitagórica: “...discierne con el lógos el argumento
2% Cf. M. Detienne (ed.), Z/ mito. Guida storica e critica, Roma, Bari, Laterza, 1982; Idem, La
naissance..., passim.
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Vedi nel PDF(si apre in una nuova finestra)controvertido enunciado en mi decir” (fr. VII, 5-6). Un decir que la misma
diosa determina categóricamente como mythos (frs. IL, 1 y VIII, 1)”. Una
trampa, o una necesidad, de seducción: en la medida en que el /ógos es
confrontado con una dimensión que le excede ya no podrá replegarse sobre
esos limites que fractura para ser exterior a él mismo””. Pitágoras acepta la
fractura para acceder a la totalidad; es el punto de partida de una actitud que se
prolonga en Parménides, se sincretiza en Empédocles y alcanza su maxima
expresión en Platón: el pensamiento no puede renunciar a lo inexpresable, a lo
irrazonable, no puede limitarse a lo experiencial, ya que es en ese espacio
exterior a la circunscripción del lógos donde el hombre puede encontrar el
soporte de su discurso, la posibilidad de que la experiencia y la razón tengan un
sentido vital. Esta exigencia no implica, sin embargo, renunciar al /dgos; al
contrario, con ella se impone al lógos un espacio de posibilidades que de otra
forma le sería inaccesible. Con esta seducción ejercida desde un espacio mítico,
desde un espacio de verdad, la filosofía, sin abandonar el estudio de la physis,
- se prolonga en un horizonte extra-fisico que le impone una perspectiva sobre el
mundo. Asi surge otro eje de sabiduría en Grecia, paralelo al milesio, pero
desarticulando los esquemas de referencia por donde había transitado la
filosofía hasta el momento: el hombre.
4. JENÓFANES: ENTRE EL DEAMBULAMIENTO Y EL
PEREGRINAJE
M. Foucault atestigua —casi en un tono de confidencia personal—: “El
viaje rejuvenece las cosas y envejece la relación consigo mismo””. Quizás sea
en esta tensión donde se practica el saber de Jenófanes, de esos 67 años de
errancia por tierras de la Hélade?%. Jenófanes envejece rejuveneciendo las
cosas”"': una trayectoria invertida, la simple constatación de gastarse sin agotar
la sorpresa ante las cosas. Se trata del recorrido de una mirada que se desplaza
tomando como apoyo una exigencia inusitada:
diferencia.
La
contradicción
amenaza;
ya
que
buscar la verdad en la
la
diferencia:
margen,
exterioridad, residuo..., jamás podrá ser circunscrita, proliferará en los bordes
de cualquier límite, nunca producirá la verdad. Y sin embargo, si oímos a
Jenófanes, la diferencia tiene verdad. Su búsqueda —asistir al rejuvenecimiento
237 Cf. J. Lorite Mena , Du mythe..., Octava parte.
2% Cf. J. Lorite Mena, El Parménides..., I.
23 Hist. de la sex., vol. 2: L'usage..., 17.
240 Fr. 8. Diógenes de Laercio, IX, 18 (DK, 21A1).
21 Ver la hipótesis de O. Gigon sobre la evolución del pensamiento de Jenófanes: Los
origenes..., 175 ss. y las indicaciones de C.M. Bowra, “Xenophanes and the Olympic Games”,
en Problems in Greek Poetry, Oxford Univ. Press, 1953, 15-37.