Contribución a la historia de la difusión delpitagorismo

Autore
Lascaris Comneno, C.
Pubblicato in
Revista de Filosofia
Anno
1956
Argomento
HISTORY
Lingua
Español
Categoria
C7 Filosofia
Numero d'archivio
6650

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pitagorismo , Revista de filosofia, 15:57 (1956:abr./jun.) p.181 SLSEa LASCARQ AGS COU NENT IC. ass CONTRIBUCION A LA HISTORIA DE LA DIFUSION DEL PITAGORISMO Por CONSTANTINO LASCARIS COMNENO y ANTONIO MANUEL DE GUADAN La unidad aritmológica postulada por los pitagóricos para el cosmos nos permite seguir la huella de su especulación filosöfica a través de aspectos parciales de aquella aritmologia, que posten el valor de hallarse concatenados en un conjunto armónico. Asi, vamos a estudiar el paralelismo existente entre los conceptos de macrocosmos-microcosmos y las figuras dodecaedro-pentalfa, lo cual nos permitirá, a continuación, una vez establecido el valor aritmológico de la pentalfa-microcosmos, determinar, a partir de la presencia de ésta, la existencia de nücleos pitagöricos en el mundo antiguo. VERSIÓN GEOMÉTRICA DE LA POLARIDAD MACROCOSMOSMICROCOSMOS La correspondencia entre el cosmos y la geometría (euclidiana) dentro del pitagorismo es perfecta. Como veremos, el macrocosmos o universo vendrá expresado por el dodecaedro, y el microcosmos u hombre, por la pentalfa. A esta concepción se le puede señalar una doble raiz histérica: por una parte, la misma especulación aritmolégica pitagórica; por otra, la

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ANTONIO MANUEL DE GUADAN La unidad aritmológica postulada por los pitagóricos para el cosmos nos permite seguir la huella de su especulaciôn filosöfica a través de aspectos parciales de aquella aritmologia, que poseen el valor de hallarse concatenados en un conjunto armonico. Asi, vamos a estudiar el paralelismo existente entre los conceptos de macrocosmos-microcosmos y las figuras dodecaedro-pentalfa, lo cual nos permitirà, a continuaciön, una vez establecido el valor aritmolôgico de la pentalfa-microcosmos, determinar, a partir de la presencia de ésta, la existencia de nücleos pitagöricos en el mundo antiguo. VERSION GEOMETRICA DE LA POLARIDAD MACROCOSMOSMICROCOSMOS La correspondencia entre el cosmos y la geometria (euclidiana) dentro del pitagorismo es perfecta. Como veremos, el macrocosmos o universo vendrà expresado por el dodecaedro, y el microcosmos u hombre, por la pentalfa. A esta concepeiön se le puede sefialar una doble raiz histörica: por una parte, la misma especulaciön aritmolögica pitagörica; por otra, la

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tendencia, patente en Egipto, a sintetizar la figura humana. Adelantaremos nuestra opinión de que el pitagorismo eleva a un orden teorético esta estilización prehelénica de la figura humamana, y la completa, por sistematismo, con su contrapolo, el dodecaedro-macrocosmos. El pentágrama radial (vulgar estrella de mar) aparece en Egipto como jeroglifico; generalmente, constela el cuerpo de Nut; presumiblemente, en cuanto Sothis (Sirio), estaba dedicado a Hathor. Sin embargo, el hecho es que aparece divulgado como elemento decorativo constelando la bóveda de la camara funeraria de Zosiri, en Sakhara; y con claro antropomorfismo en la tumba de Senmut (1) y en la de Ramsés VII (2). Por otra parte, ornamentos pentagonales aparecen en Micenas (3). A diferencia de la estrella exagonal, indiscutiblemente ligada a la más remota utilización del compás, el pentágrama es obra ya de especulación (4). Procedente de la estilización de la figura humana, exige, en un momento de la historia que no podemos precisar, un esfuerzo mental que Heva a su construcción geométrica rigurosa. Por otra parte, el descubrimiento, en 1885, en Monte Loffa (Colli Euganei, Padua) de un dodecaedro regular de origen etrusco, datado en el primer milenio (5), llevó a Heath (6) a concluir la construcción real del dodecaedro como un hecho anterior al pitagorismo; el mérito de éste estuvo en tratarlo como objeto matematico en su geometria teorética. Ahora bien, para encontrar datos históricos de un planteamiento cientifico hay que llegar hasta el pitagorismo. Segün (1) Véase reprod. en: O. Neugebauer, The Exact Science in Antiquity (Princeton Univ. Press, 1952), lam. 10. (2) (3) Idem, lám. 11. “I should perhaps add that the pentagram is said to be found on the vase of Aristonophus found at Caere and supposed to belong to the seventh century B. C.” Th. Heath, A History of Greck Mathematik (Oxford, 1921), 162. (4) E. Frankowski, Estelas discoideas de la Peninsula Ibérica (Madrid, 1920), 159-160. (5) F. Lindemann, Zur Geschichte der Polyeder und der Kahlzeichen, Sitzungsber. d. K. Bay. Akad. d. Wiss., XXVI (1897), 625-768. (6) Op. cit., 160.

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Proclo (7), Pitagoras descubrió la construcción de las “figuras cösmicas’’, los cinco sölidos regulares; este texto nos lleva a situar el estudio teorético del dodecaedro, y por ende del pentagrama, en el pitagorismo primitivo. Si no el mismo Pitágoras, sí los discípulos inmediatos (8), lo cual se ve confirmado por el hecho de que la noticia del famoso castigo de Hipaso de Metaponto insiste en que tuvo lugar por haber divulgado la inscripcién del dodecaedro en la esfera (9); el hecho de que Platón pitagoriza en su también famoso texto del Timeo (10), viene a corroborar que la construcción de las dos figuras en cuestión venía de larga tradición (11). La relación entre el eje del dodecaedro y el radio de la esfera es atribuidu a Teeteto (12), hasta llegar a la exposiciön, ya más sistematizada, de Euclides (13). En la misma época de Hipaso, mediado el siglo v, Hipöcrates de Chios (?) fué expulsado del pitagorismo por la divulgación de un método para la construcción del pentagrama de lado dado, presumiblemente por la media y extrema razon (14). A diferencia de los otros cuatro cuerpos geométricos, el docecaedro requiere un nuevo elemento, el pentagrama. Lo indudable es que, desde el momento sobre el que tenemos fuentes, pentagrama y docecaedro aparecen ligados, no sólo geométrica, sino aritmolégicamente. Bertrand Russell acepta que el pentágrama debia sus propiedades a ser cara del dodecaedro, simbolo del Universo (15); por otra parte, el docecaedro se (70 In Euel., I, 65, 19. Idem Aecio, II, 6, 5; Diels, 44 A 15. (8) Heath, op. cit., 65-6. (9) Iamblico, V. P., 88, y luego afirma que en realidad es del mismo Pitägoras; y 247; Diels, 18, 4; De c. math. scient., c. 25, p. 77, 18-24. (10) 53c-55c. El dodecaedro “… Dios lo usa para el todo”, 55 c. (11) El cufio de Melos que se cita más adelante obliga a datar, al menos el pentágrama, en el mismo siglo VI, por ser utilizado ya desde los comienzos del v. (12) Escol. n. 1 a Euclides XIII. Heiberg’s Euclid, vol. V, pag. 654. Citado por Heath, op. cit., 162. (13) XIII, 7. (14) Ghyka, Le nombre d'or (Paris, Gallimard, 1931), I, 46, nota 1. Idem, Heath, op. cit., 161; Euclides, II, 11. (15) Historia de la Pilosofia Occidental (Buenos Aires, 1947), I, 171.

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construye gracias al pentagono regular, figura en la que se resuelve la pentalfa, con claro antropomorfismo anterior. Atribuida a Pitágoras encontramos no sólo la citada construcción de los cinco cuerpos sólidos, sino ademas la correspondencia de éstos con los cinco elementos: cubo-tierra, piramide-fuego, octaedro-aire, icosaedro-agua y dodecaedro- esfera del Universo (16). Diels (17) atribuye la doctrina a Filolao, por su clara conexión con el fragmento 12 de éste. Esta correlación precisa de un supuesto, la esfericidad del Universo (18), y lleva consigo un problema, hoy por hoy, insoluble: la doble correlaciôn esfera del Universo-‘ohxi: y esfera-dodecaedro. Caso de interpretar este enigmatico quinto elemento de los pitagóricos, como el éter (tesis abonada por la doctrina de la “respiración” del Universo, criticada por Jenófanes), su traducción aritmolögica podria ser precisamente la de la “reducciön” de la esfera al dodecaedro, lo cual seria congruente con el paralelismo entre sólidos y elementos (18 bis). El pentágrama, por tanto, para los pitagóricos encerraba una especial virtud, por ser el elemento geométrico canstitutivo del dodecaedro. Pero, en otro aspecto, ofrecia igualmente una raíz rectora aritmológicamente: el ser una construcción del cinco, La ‘axa, simultaneamente simétrica y asimétrica, era el nombre de Afrodita, y, según Occelo Lucano (19) “ex révte se engendran todas las cosas”; en Hipaso (20), precisamente son cinco los planetas, así como para Filolao (21); pero (16). ëx 3: tod Swoexaddpov tv tod ravıds opaipav. Diels, 44 A 15. Véase la exposición de Heath, op. cit, 158 ss. (17) Idem, al pie. (18) <A Pitágoras se atribuye la afirmación de que el cuerpo más bello es la esfera, Diels, 58 C 3. Lo cual no implica en absoluto la esfericidad de la tierra, que no parece remontar al siglo VI. (18 bis) La función del vacio, xevéc, en el cielo, obpavós (Aristôteles, Fistca, 213 b 22), la entendemos en el sentido de Filolao (Diels, 44 A 16) del cielo sublunar, con la cual no se trata del Gays: . (19) Diels, 48, 3 a. (20) Diels, 18, 4. (21) ta täç opaipac cœpara zive . Diels, 44 B 12. No está la importancia del texto en hablar de cinco planetas, sino en considerar la esfera del Universo encerrando esos cinco planetas, con lo cual se prosigue la polarización cinco-todo. Véase nota 22.

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más nos interesa la falsa etimología de Plutarco (22), que de révte deriva ravra, De estos supuestos no es dificil pasar a sefialar la equiparación del dodecaedro con el Universo, y del pentagrama antropomorfizado o pentalfa con el hombre. Insistimog en que aqui el pitagorismo realizó una sintesis de una vivencia de larga historia y la relación pentägono-dodecaedro. A fin de cuentas, tiene razón Caparelli (23) al afirmar que la pentalfa simbolizaba los mayores descubrimientos en el campo cientifico: las cantidades inconmensurables, la seccién aurea, la construcciórt de poliedros regulares y su inscripciôn en la esfera (24). Según Aecio (25), Pitágoras fué el primero que llamó cosmos a la configuración del Universo, a causa de la ordenación, té£ewc, que hay en el mismo (26). Es cierto que no tenemos textos pitagóricos de relativa antigüedad en que aparezcan los términos de microcosmos y macrocosmos; es preciso recurrir a Demécrito para encontrar la denominación de microcosmos aplicada al hombre (27); pero, recordando la ya tan vieja disputa sobre el Demöcrito ex-pitagorizante; y sobre todo el que Galeno (28) no atribuye la expresión a Demöcrito, sino que habla de los ävôpecs madatot (29), no resulta demasiado osado atribuir la concepción y los términos al pitagorismo de fines del siglo vI y comienzos del v. Asi como no nos parece aventu(22) De Iside, 56. (23) La Sapienza di Pitagora (Padova, CEDAM, 1941), II, 33. (24) El triängulo isésceles de Angulo superior de 36°, triángulo constitutivo de la pentalfa, fué llamado “triángulo sublime”. Ghyka, VEsthétiques des proportions dans la nature et dans les arts (Paris, 1927), 92-3. (25) II, 1, 1; Diels, 14, 21. | (26) Caparelli, op. cit., II, 712, sefiala que cosmos, en su origen, lo mismo que mundus, significaba ornamento femenino, pero este sentido se había perdido en el siglo vi. Filolao (Aecio, II, 7, 7; Diels, 44 A 16) denomina cosmos al mundo supralunar, no sujeto a corrupción; el paralelismo ente ambos textos no puede atribuirse a Aeclo, sino a la continuidad de la doctrina (27) David, Prol. 38, 14 Busse; Diels, 68 B 34. Diels envía a 68 B 165 ya Aristóteles, Fisica, 252 b 26. (28) De usu partt. IIT, 10. (29) Que Diels, 68 B 34, atribuye a Demöcrito, es de suponer que simplemente Nevado por el cotejo con el texto anterior.

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rada la hipótesis de que el 'avdparou 6 ’apiducs de Eurito (30) sea la pentalfa. “La experiencia mágico-religiosa permite al hombre mismo transformarse en simbolo. Todos los sistemas y experiencias antropocósmicos son posibles en tanto en cuanto el hombre mismo se convierte en simbolo” (sic) (31). Y esto sucede en el pitagorismo con la pentalfa, pues no eg el simple pentagono, como la relación geométrica indicaria, sino el pentagono antropomorfizado el que guarda la relación ideal con la configuración del Universo a través del dodecaedro. Asi, la conexión hombre-Universo se enuncia con los términos que mas tarde se divulgarán tanto de microcosmos-macrocosmos, y se expresa geométricamente con las figuras pentalfa-dodecaedro. Aqui pesa, como en tantas cosas, el mundo magico de los egipcios: “Este templo es como el cielo en todas sus dimensiones” (32); y el mundo griego vivid ya como algo natural esta especulación pitagórica: “Hominem ad naturam mundi similitudinemque formatum” (33). LA ESTRUCTURA DEL UNIVERSO Ahora nos encontramos ante un hecho que va a aclarar el simbolismo de este simbolo del microcosmos. Por el Pro lapsu... de Luciano, especialmente, sabemos que la pentalfa significaba para los pitagóricos la salud; es decir, no que tuviera un doble simbolismo, sino que Ja manera de llamar a la pentalfa era asi; la palabra expresaba semanticamente la realidad del simbodo geométrico. La explicación es sencilla y viene dada por la concepción armönica del cosmos. “La salud es la duraciön de la belleza”’, y la enfermedad, su corrupción (34); se atribuye a Pitágoras; y para Alcmeón, “la (30) Diels, 45, 2. (31) M. Eliade, Tratado de Historia de las 1954), 429. (32) Templo de Ramsés II. Museo de El Cairo. (33) Firmicug Mat., De errcr. III, proemio, 4. (34) D. Laercio, VIII, 35; Diels, 58c 3. Copyright (c) 2005 ProQuest Information and Learning Company Religiones (Madrid,

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base de la salud [ zis ‘uytetac | es el equilibrio [ thy isovapiav |] de las potencias, lo húmedo, lo seco, lo frio, lo caliente, lo amargo, lo dulce”, etc. Pues, prosigue, es pernicioso el mando de uno; y concluye afirmando que la salud eg la simetria [thy odppetpoy ] de la crasis (35). Doctrina pitagorica anónima es que la virtud, la salud, el bien y lo divino son armonia (36). Y esta tesis plantea dos problemas de dificil solución. El primero son las opiniones atribuidas a Filolao. Segun Luciano (37), para Filolao el principio de la salud era la tétractis; según la Theol. Arithm. (38), la hebdómada, y en los textos conservados no aparece atrihución a la péntada (39). El segundo problema no cabe soslayarlo. Es el de la relación cuerpo-espiritu en el pitagorismo, probablemente el mas dificil en el orden especulativo que esta filosofia ofrece. No intentaremos hacer su estudio completo, que no seria oportuno en esta nota, pero si tenemos que tomar en consideración de nuevo la especulación de Filolao y su escuela a este respecto. La famosa doctrina de los discipulos de Filolao recogida en el Fedon (40) de que el alma es armonia, se ve también atribuida por Macrobio (41) a Pitagoras y a Filolao, y al pitagorismo por Aristóteles (42). Ello no se compagina bien, como senala Sócrates en el Fedon, con la metempsomatosis, si se entiende como que el alma es simplemente la armonia del cuerpo, ya que en este caso la armonia no puede subsistir tras la disolución de los elementos de que es armonia. En nuestra opinión se hace preciso el distinguir, en este aspecto, una evolucién interna dentro del pitagorismo, en la cual Filolao representa un gran paso de aproximación hacia la sofistica, algo asi como una secularización de la concepción (35) (36) Diels, 24B 4. Diels, 58 Bla (33), Comp. Diels, 58 (37) Luciano, Pro lapsu, 5; Diels, 44, 11. (38) Diels, 44, 12. Bla (32): 58 D 1, 14; 58D5 (39) <A ésta, en idem, atribuye las cualidades y colores de la Naturaleza; de donde quizá cabria incluir en su ämbito, si no al hombre, quizä sí al menos al cuerpo del hombre. (40) 86bc. (41) 8. Scip. I, 14, 19; Diels, 44, 23. (42) De Anima 407 b 27; Diels, 44, 23.

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religiosa del pitagorismo primitivo. Los tres estadios que apreciamos en este aspecto son: 1.° Una primera concepeiön, de orden mägico-teürgica, que encontramos atribuida a Pitägoras en D. Laercio (43): “En el mundo existen por mitad la luz y la sombra, el calor y el frío, lo seco y lo húmedo, y de éstos, cuando reina el calor, es verano, y cuando el frío, invierno. <Si seco, primavera, si húmedo, otoño>. Y cuando estas cosas estan en equilibrio son muy bellas las estaciones del afio, de las cuales la que florece es la saludable [ 6ytetvev ] primavera, y la que fenece, el enfermizo otoño. En cuanto al día, florece la aurora y fallece la tarde, por cuya razon es también más insalubre. El éter [ aidépa] que circunda la tierra es quieto y enfermizo, y las cosas que estan en él son mortales, mientras que el superior [’avotéto] se mueve siempre y es puro y sano [xadapov xal ‘uyr |, y todo lo que en él hay es inmortal y, así, divino”. Este texto nos interesa ahora en cuatro aspectos: a) Su extraordinaria congruencia con la doctrina de Alcmeón, ya citada (44). b) El contraste entre los mundos superior e inferior, verdadero supuesto de la metempsomatosis, al ser e] alma elemento del superior, caido en el inferior, por lo que encierra un sentido literal la consideración del cuerpo como carcel (45). c) La identificaciôn del superior con “lo puro y sano”, que dan a lo que en ello hay, la inmortalidad y el caracter divino (46); y d) Una conclusiôn obligada, el mundo inferior, por contraste, al hallarse circundado por un éter enfermizo, no es lugar propicio para lo inmortal. Al fin y al cabo, se trata de una aplicación de la divinización de los astros; la doctrina expuesta (43) VIII, 26; Diels, 58B1 a. (44) Nota 35. (45) Comp. la utilidad de la catharsis musical wpds by:tav , Diels, 58D1, 14, (48) “Para los poetas homéricos “dios” e “inmortal” son conceptos idénticos, de manera que, segün ellos, el hombre se hace dios tan pronto como adquiere la inmortalidad (es decir, si su psique ya no se separa nunca del yo visible)”. Rhode, La inmortalidad del alma entre los griegos (Madrid, 1942), I, 69.

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por Plutarco en el de De facie es simplemente una construcción escolástica de estos supuestos: el nous procede del sol, que en la Inna se inserta en un alma, la cual en la tierra se encarna en un cuerpo, Asi, pues, el mundo de la salud es el superior y, por tanto, en el hombre lo es el alma; pero el mundo inferior no es el polo puesto, no es la enfermedad pura, sino que es una lucha por la salud; esta sujeto a un flujo incesante, por lo que es perecedero; pero en él se refleja la salud, en cuanto que se refleja el mundo superior. La saludable primavera y la aurora manifiestan su carácter ascensional (47), aunque éste esté sujeto al descenso (48). El pitagórico Pindaro refleja esta misma concepción al hablar de que, a la muerte del cuerpo, la imagen del ser vivo continua viviente, “pues sdlo ella procede de los dioses” (49). Asi, el alma no es simplemente la armonia del cuerpo, sino que, por proceder del mundo superior, posee en si la salud, su armonia interna, y ha de luchar en el cuerpo por que éste, a su vez, goce de la salud, de la armonia entre sus potencias (50). 2.° La escuela de Filolao, con los textos ya citados. Mas que una postura sistematizada, el texto del Fedon da la impresión de tratarse de una “desorientacién”, pronto enderezada precisamente por Sócrates, mas pitagórico en ese diálogo que los mismos pitagóricos. Pero es especialmente significativo el hecho, en cuanto que revela cömo la diáspora del pitagorismo en la Grecia peninsular da lugar a una proliferación de tendencias dentro del marco general de la escuela. Y en este caso concreto, a una pérdida de la primitiva vigencia de la consideración del alma como una entidad “fisicamente” subsistente; a fin de cuentas, este hecho es coincidente con la crisis de la creencia en la divinidad de los astros, que provocó, por reacción, los famosos procesos por asebeia. En este trance, mas que (47) Este carácter ascensional se traduce en el sentido literal del camino ascendente para el alma, el éndvodo¢ . Theol, Arith., 40 (Diels, 14, 8); Platón, Republ., 521 c. (48) La comparación con el mito del carro alado del Fedro platónico mostraria el evidente paralelismo. (49) (50) Fr. 131. El hombre se forja segün wis th; cio, VIII, 29; Diels, 58 Bla. Copyright (c) 2005 ProQuest Information and Learning Company Copyright (c) Consejo Superior de Investigaciones Cientificas CANAL tnyús, … D. Laer-

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de una nueva doctrina, lo que se diría, pues, es la crisis de uno de los supuestos pitagóricos fundamentales. 3.° La secularización radical del concepto de salud con la Sofistica y Demócrito. Según Antifon: “En todos los hombres, la mente [5 yvoyn] dirige el cuerpo hacia la salud [ óyierav ] y la enfermedad y todas las demás cosas” (51). Aquí no aparece ningún supuesto teurgico (52). Pero el texto más significativo nos lo ofrece el mismo Demöcrito: “Los hombres imploran de los dioses que les den la salud, pero no saben que tienen en sí mismos su dominio” (53); posición racionalista que en Critias (54) pierde incluso la grandeza. Ya en adelante, el mundo griego se encuentra con el enfrentamiento de estas dos actitudes; en este punto, realmente son opuestos Platón y Aristóteles, como lo estaran el estoicismo y el neoplatonismo (55). Volviendo al punto de partida, nos encontramos, pues, con que la pentalfa, expresión de la salud como armonia, es simbolo del hombre, y no solo del alma o del cuerpo (56). Aqui se ha dado la conjugaciön de dos tendencias: mas próxima al cuerpo, el origen antropomörfico de la pentalfa; mas proxima al alma, la creencia en su origen estelar y, por tanto, inmortal, con armonia. El violento dualismo antropolögico del pitagorismo muestra asi la conjugación, por tan distintas vias, del hombre como un ser unitariamente armónico. LA CORTESÍA DEL MICROCOSMOS El caracter de secta que adopté el pitagorismo a partir de la diaspora de mitad del siglo v, y el consiguiente secreto de la doctrina, que tanto ha dificultado su estudio cientifico, obligan a tomar en consideraciôn el aspecto de las relaciones entre los (51) (52) (53) (54) Diels, 87 B 2. Idem, 87 B 49. Un caso de superstición en {dem, 87 B81 a. Diels, 68 B 234, Diels, 88B6, 21. (55) Quizá esta polarización de actitudes es anterior; al menos, un fragmento de Tales (Diels, 11 A 1) podria interpretarse en el sentido democriteo, (56) Véase Luciano, Pro lapsu, 5, citado más adelante.

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miembros de la escuela. Al no limitarse ésta a la pura especulación filosófica, sino constituir una agrupación con especificas prétensiones politicas, pasan a cobrar especial relieve los métodos empleados por sus miembros para reconocerse. Aqui nos interesan por haber consistido precisamente, al menos en forma preferente, si es que no exclusiva, dé lo cual no tenemos datos, en la pentalfa y en el vocablo salud, correlativos. Es famoso el texto de Iamblico (57) que narra la anécdota del pitagórico que en un viaje enferma y, antes de morir, deja a su huésped una tablilla con un simbolo, el cual, visto por otro pitagérico ocasionalmente, hace que éste pague el débito del difunto. Es bien sabido (58) que este signo era la pentalfa, en lo cual coinciden las fuentes; asi, Luciano (59) le llama simbolo de aquella escuela, simbolo también mencionado por un escoliasta de Aristófanes (60). El motivo de haberse fijado en esta figura y darle este especial relieve, forzosamente tuvo que ser doble: el ser simbolo del microcosmos y el significar salud. “... el saludo pitagörico con la pentalfa..., no se hacia con el significado de yaiperv o de ed gpattaty, sino de salvarse” (61). Hay dos pruebas de esta correlaciôn, el Pro lapsu de Luciano y la pentalfa alejandrina con la palabra esculpida (62). El Pro lapsu de Luciano es una obrita muy interesante, tanto para conocer él pitagorismo, como para la historia de la cortesía helénica. Su problemática es las distintas formas de saludarse en el mundo griego. Contrapone tres: Xaipetv, regocijarse; eb zpärteıv, ser feliz, y Oytatverv , tener salud. El motivo circunstancial de la obra esta en qué Luciano, dice, al saludar por la mafiana a un amigo, se equivocó y, en lugar de yaipetv dijo ‘vyratverv , Jo cual le deja en confusión, ya que, (57) (58) V. P., 237 ss.; Diels, 58 D 7. Caparelli, op. cit,, II, 33; Heath, op. cit., 161; Ghyka, Esthétique... 101; Perdrizet, Negotium perambulans... Publ. Univ. Strabourg. (59) td mevtaypoypov, & our zpns tou dpobbgoug eypinvro, Opa Tpog autav dvogalero. Pro lapsu, 5. (60) E. Fourney, Curiosités géométriques, Vuibert Ed. Citado por Ghyka, Esthétique, 217. (61) Caparelli, op. cit., II, 524. (62) Véase nota 161.

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sigue diciendo, este segundo saludo sólo se emplea por la tarde. Tras atribuir a Platön (63) el uso de eù rpdtteıv, sigue: “Del divino Pitágoras, aunque no se dignó legarnos ningún escrito, puede colegirse por Occelo Lucano, por Arquitas y por sus otros discipulos, que no usaba a la cabeza de sus cartas las förmulas yaiperv ni ed zpátterv , sino que empezaba siempre “oyıaiveıv. Todos los de su escuela, cuando escriben de un asunto grave, empiezan ‘vyuat erv, porque la buena salud es tan conveniente al alma como al cuerpo, y resume todos los bienes apetecibles. Por eso, el triple triängulo enlazado, simbolo de aquella escuela, era llamado salud por los pitagóricos. Crefan, en efecto, que en ‘uytaivety se hallaban comprendidos ed zpátterw y yaipeıv, y que ni yuipetv ni eb xpdttev encierran la idea de Sytatvew ” (64). Hay que tener en cuenta que con el uso de un simbolo recognoscitivo los pitagóricos no hacian mas que seguir una muy generalizada costumbre griega, derivada de la hospitalidad. En la tragedia se dice: “Estoy dispuesto... a enviar signos de reconocimiento [ sönßoA« ] a mis huéspedes [de otros paises], que te tratarán bien” (65); y el escoliasta esplica que los oúppoha eran huesecillos que las personas ligadas por la hospitalidad se repartian para sellar su alianza; el que habia recibido la hospitalidad y el que la había ofrecido conservaban cada uno la mitad del actpdyako¢ roto y se servian de él para reconocerse (66). La unica novedad de los pitagöricos estuvo en cual fué el signo elegido y en su doble valor geométrico y social. Un precedente puede hallarse en los “selladores de bueyes” egipcios o sfragistas (67), que marcaban a los bueyes que habfan de ser inmolados, con su sello, que representaba la figura de un hombre caido de rodillas, maniatado y con una espada (68) (64) Carta II. Pro lapsu, 5. (65) Euripides, Medea, 613. (68). Un caso semejante nos ofrece Juliano: ‘Yredetduyy pévror ta our Boha, paknv dpyupäv, Eixouaav play gväv, xal ypudod vojuaqia. Teniendo en cuenta de Juliano escribe a un correligionario, los aópfoha son evidentemente signos de reconocimiento, 64, 19-20). (67) Porfirio, De abst., IV, 7. Copyright (c) 2005 ProQuest Information and Learning Company Copyright (c) Consejo Superior de Investigaciones Cientificas 40 (Bidez, Lettres,

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al cuello (68). Otros ejemplos en el mundo antiguo son conocidos. Asi, aunque no sabemos cual era, aquel por el que fué acusado de magia Apuleyo; aunque el anillo presentado ante el tribunal ostentaba un mercurio, Apuleyo en ese texto habla de “geometricas formas” (69); dado su neopitagorismo, no seria extraño que se tratase de la pentalfa. Y también habla Apuleyo de que los iniciados de los misterios griegos conservaban simbolos de su iniciación (70). Todas estas consideraciones nos llevan a sostener que realmente la pentalfa fué una contrasefia del pitagorismo. La dificultad de su factura para quien no conocia e] método por la secciön Aurea, garantizaba ciertamente que no seria falsificada. Lo cierto es que, en textos escritos, siempre aparece ligada al pitagorismo. Por ello, en la segunda parte de esta nota, vamos a aplicar el método inverso: donde encontremos una pentalfa, supondremos la existencia de un nucleo pitagórico. En algunos casos, lograremos coordinarlas con grupos o pensadores conocidos; en otros casos, será de suponer que se trató de grupos de simples secuaces, probablemente importantes en la politica local, pero que no lograron una repercusión en la esfera del pensamiento. Si nuestro trabajo ayuda a conocer la difusión histórica de esta filosofia, aunque no sea en el aspecto creador de la misma, ya no lo considerarémos estéril. ASPECTOS DE LA DIFUSIÓN DEL PITAGORISMO Sentado el uso de la pentalfa como contrasefia pitagórica, vamos a examinar los casos en que ésta aparece. Su presencia no denotará la existencia de filósofos creadores, ciertamente, sino tan sólo la de secuaces o seguidores de la doctrina. Así, ya podemos sefialar con anticipación dos tipos de ausencia especialmente notables: (68) Plutarco, De Iside, 31. Para su significado, que no es ahora del caso, Maspero, Hist. anc. des peuples, I, 123, nota 2. (69) Apologta, III. Comp. la anécdota contada por Plutarco en su De la manera de distinguir al halagador… Como objeción, el Zaxtóhtov un pópet. Diels, 58 C 6. (70) Idem, II.

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No aparece en el pitagorismo primitivo de la Magna Grecia del siglo vr. Ello puede ser debido a dos motivos: a) el haber adquirido la escuela su carácter hermético con la crisis de mediados del siglo v, no habiéndolo tenido antes (71); y b) a no haberse realizado quizá en pleno siglo vi todavia el estudio teorético ültimado del simbolismo cosmológico de la pentalfa. Creemos como más plausible una coincidencia de ambos motivos: a lo largo del siglo VI, y no en un solo momento cronológicamente datable, se desarrolla este aspecto de la aritmología, que a principios del siglo v encontramos ya en Melos; entre la primera crisis de la escuela, en el tránsito del siglo vr al siglo v, y la segunda, mediado el v, se forja la nueva formalidad de la escuela, con la cual tiene lugar ya la diaspora de la segunda mitad del siglo v. 2.° No aparece, con posterioridad, en localidades de las que tenemos noticia albergaron núcleos pitagóricos destacados, como Fliunte, Tebas, o la misma Atenas. De algunos de estos casos, como Fliunte o Atenas, la respuesta es sencilla: el no haber ejercido los pitagóricos funciones de gobierno, que les permitieran imprimir su contraseña en las amonedaciones locales. Pues, ciertamente, con poquísimas excepciones, es en el atributo de poder, la moneda, donde encontramos las pentalfas. El caso de Tebas, donde los pitagóricos tuvieron el poder político, plantearia problemas de otra indole. Por tanto, interpretamos la presencia de pentalfas en las amonedaciones de una localidad como respondiendo a la presencia de pitagóricos politicaménte influyentes. Con anterioridad a Alejandro Magno, esta influencia politica es en el Estado; con posterioridad, en el Municipio, aunque encontraremos casos de intentos de influir en la politica imperial. No siempre hemos logrado conexionar estos simbolismos con la presencia de pitagoricos mencionados en las fuentes escritas; sin embargo, las áreas geogräficas de difusión coinciden plenamente con el desarrollo de las subéscuelas de que tenemos noticia. (71) D. Laercio, VIII, 55.

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HELADE (SIGLOS v-IV) Cinco casos encontramos de lo que se puede denominar pitagorismo helénico. La isla de Melos, entre los afios 500-416, ostenta én sus amonedaciones la pentalfa (72) no como simbolo secundario, sino como principal, a diferencia de los restantes casos que estudiaremos, con la excepción de Pitane. Este simbolismo geométrico aparece con otros, también geométricos, que hacen de esta isla, en el siglo Vv, un curiosisimo caso de gobierno pitagorizante (73). Sefialemos aqui la importancia de este enclave, tanto por ser un nucleo de transición entre el pitagorismo antiguo y el me dio, como por su situacién geográfica en las rutas de navegación. Los otros cuatro casos indicados responden ya tipicamente a la diaspora en la Grecia peninsular y continental: Quersoneso Tracio, 480-350 (74); Leucadia, 400-330 (75); Macedonia, 359- 336 (76), y Abdera (?), 323-281 (77). En el caso de Leucadia, colonia corintia, no hemos podido establecer un nexo especifico con figuras pitagéricas coetáneas de la localidad; pero dado su origen corintio, es evidente su dependencia del nucleo corintio, que nos es conocido. Así, en el catälogo de Iámblico (78) se menciona a Xpôotrroc xopivBtoc; y vemos a Fintias y Damon en relación con esta ciudad (79). (72) Babelon, Traité des monnaies grecques et romaines, t. II, n. 1.857; Col. Jamesson, läm. CCXLI-21; Catälogo Jomeson, 1.289. (73) Sobre el pitagoriamo de Melos en el siglo v, remitimos a un es tudio nuestro de próxima aparición en “La Ciudad de Dios”, El Escorial. (74) De probable acufiactón en la ciudad de Chersoneso, en el valle del Hebro. Fitzwilliam Museum, n. 4.071, lám. 148, 16. Véase Babelon, op. cit., III, col. 993. Segün Head, H. N., 259, posible Cardia. . (75) Tipo 115 de Camman, The symbols on staters of Corinthian Typo (New York, 1932), lam. IX; B. M. C., lam. XXXVI-5, (76) Bajo Filipo II, Babelon, op. cit. ITI, col. 535-538; Fitzwilliam Museum, n. 3.382. Posiblemente, Anfipolis o cecas tracias cercanas. (77) Posible localización en Abdera por el aimbolo secundario protome de grifo, Tetradracma y dracma de Lisimaco. Fitzwilliam Museum, DI, nümeros 4.482 y 4483; lim. 167, núms. 22 y 28. (78) V. P., 267; Diels, 58 A, (79) Iamblico, V. P., 288-284; Diels, 58 D 7.

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Por otra parte, el paso de Lysias por Acaya (80), antes de establecerse en Tebas, la proximidad del círculo de Fliunte y la existencia de pitagóricos argivos (81), laconios (82) y de otras regiones próximas, permiten comprobar la existencia de aquel nücleo. De aquí, dada la estructura de la sociedad helénica, puede feconstruirse el proceso de la colonizaciön de Leucadia, obra acometida, al menos en parte, precisamente por este nücleo pitagórico corintio, el cual, al no ser suficientemente fuerte para imponer su propia forma de gobierno en la metröpoli, lo intenta en una de sus colonias. Los otros tres casos ofrecen una cierta conexiön, la de ser muestras de la difusiön del pitagorismo en la Grecia continental. No insistiremos ahora en la gran cantidad de veces que las regiones tracias aparecen en los textos pitagöricos fundamentales, desde las relaciones con los hiperböreos, el famoso Abaris (83), la vida de Orfeo (84) o Zalmoxis (85). Las indudables influencias pitagöricas en Leucipo y Demöcrito coinciden tambien con esta difusiön del pitagorismo en la Grecia continental, de la cual conocemos el nombre de uno de sus primeros, si no el primero, representantes: Xenófilo Calcidio, uno de los ültimos miembros de la escuela primitiva (86). Acerca del caso de Macedonia, se podria plantear, por tratafse de una amonedaciön de Filipo II, si era doctrina del mismo Rey, o no. Debe hacerse ya la salvedad, que se repite para el periodo siguiente, de que se trata de un simbolismo seguramente elegido por el municipio de la ceca local, dada la autonomia de que gozaba en este aspecto. La ideologia politica pitagörica no concordaba precisamente con la tendencia imperialista; los Diädocos son, para la historia del pitagorismo, ciertamente una decadencia, no ofreciendo ningün gran filósofo de esta es(80) (81) (82) (83) (84) (85) (88) 14, 16. Diels, 14, 16. El paso de Democedes por Egina, Diels, 19, 2. Diels, 58 A, Idem. Idem. Die's, 1A1; 1A96; 1B11. Herodoto, IV, 95; Diels, 14, 2. D. Laercio, VIII, 46; Diels, 14, 10; Iamblico, V, P., 251; Diels,

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cuela; sin embargo, la presencia de estos simbolismos prueba la perduración de núcleos pitagóricos, aunque reducidos en su actividad pública a la esfera local. Lia anécdota que nos conserva Luciano (87) acerca del saludo pitagórico, byiarve, con que Hefestiôn saluda a Alejandro poco antes de iniciarse la batalla de Issos, nos revela la presencia de pitagóricos en la Corte macedonia, aunque no ciertamente con trato de favor. Aunque no se trata de la pentalfa, la cruz de Malta (88) de amonedación de Lidia, del periodo 520-480, por estar formada por el ya mencionado “triangulo sublime”, deberia ser puesta en relación, lo que esperamos poder hacer en estudio especial. DrÁpocos (SIGLO III) Recogemos en este „apartado los casos de simbolismos de pentalfas del mundo griego ya bajo el Imperio Macedonio en el siglo II. A su vez pueden agruparse. Un caso especial es el de este simbolismo en Pitane (89) en la Misia. Un ejemplar es ya de fines del siglo v (90) y se conserva el simbolismoa lo largo de los siglos IV y mr; en tiempo de Augusto cambia su forma en un onfalos, en medio de un escudo redondo. Es ciertamente el caso más extremo de permanencia. Sin embargo, los pitagéricos misios de que nos queda noticia son de Cyzico, especialmente Neantes, historiador de la escuela (91), y los citados por Iámblico en su católogo (92) Pitodoro (93), Hipostenes, Butheros y Xenöfilos (94). Un caso especialmente interesante es el de Cirene, por la claridad con que coinciden estas fuentes, tan distintas entre si. (87) Pro lapsu, 8. (88) (89) B. M. C., lám. I, n, 8; Pozzi, 2.740-2.741. Danish Museum Catalogue (S. N. G.), 530 a 539; Col. Weber, l4- mina 191, núms. 5.237, 5,239 y 5.240. (90) (91) (92) (93) (94) British Museum. D, Laercio, VIII, 55; VIII, 72; IX, 4; IX, 38. V. P., 267; Diels, 58 A. Idem, 52, 1. Diels lo distingue del Pitodoro de 29 A 4. Ignoramos a qué se refiera el astrólogo de Diels, vol. I, p. 491, 1. 10.

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La pentalfa (95), como simbolo secundario del “silfion”, reverso de una cabeza de Zeus Ammon, del periodo de Magas, es datada de los afios 300-277, y muestra la permanencia politica en la intervención del gobierno de la ciudad del núcleo pitagórico, en el que habían descollado el matemático Teodoro (96), el enigmático Proro (97) y Melanipo y Aristángelos (98); al ignorar la cronologia de estos últimos, no sabemos si coinciden con aquel comienzo del siglo In. El caso de Ereso, en Lesbos (99), probablemente conexionado con el anterior por las vias de navegación, ofrece el interés de representar, en este aspecto una función estratégica equivalente a Melos en el siglo v. De esta ciudad, tenemos noticia de Davias 6 'Epéstos (100). De acuñaciones imperiales de los Diadocos tenemos dos ca€ sos, uno de Seleuco I (101), del periodo 312-280, y otro de uno de los sucesores de Mazaeus en Babilonia, posiblemente Peithon (102), del periodo 311-306 (103). Én el primer caso, es de suponer que el simbolismo responde exclusivamente a la ceca, que ignoramos (104). En el segundo, podría entreverse una asociación entre el nombre del dinasta, Peithon y el simbolismo pitagórico de la pentalfa. En cuanto a conexión con pensadores de los que nos quede noticia, no la hemos logrado (105). Nos sucede lo mismo con las pentalfas acuñadas en la ciu- (95) B. M. C., Cyrenaica, 61, n. 292, lám. XXVI-1. (96) Diels, 43; Iamblico, V. P., 267. (97) Diels, 54, 3. También en Iamblico, V. P., 267; Diels, 58 D 7. (98) Iamblico, V. P., 267; Diels, 58 A. (99) B. M. C., Troas, Acolis and Lesbos, 176, n. 3, lam, XXXVI-2, (100) Plutarco, De def. or., 422 b; Diels, 16. (101) Univ. Glasgow, Catalogo Hunterian Col., III, 10, n. 88. Anälogo al de B. M. C., lam. II, n. 15. (102) Col. Weber, läm. 302, n. 8.201. Fitzwilliam Museum, 9.564. (108) Caso de tratarse de su antecesor, la fecha seria 330-311. (104) Ceca sirla, preferentemente (?) Antioquia. (105) Quizá pueda verge un eco en la polémica de las estoicos Diógenes babilonio y Antipater de Tarso. Cicerón, De off., III, 51-57 y 91. Aparte del paso de Apolonio de Tyana, mucho mas tardio, por Babilonia Filöstrato, V. Apol. Tyan., I, 21 y 40; I, 48.

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dad de Rhodas, en Caria (106). El arquitecto Hipodamos (107) acaso pudiera guardar relaciôn. Respecto a la actitud de los Diadocos, a que ya nos hemos referido varias veces, hemos supuesto, como actitud general, la de oposición, o a lo más, indiferencia. Sin embargo, el problema es más complejo. Indudablemente, pesa la imagen de la Roma imperial, o del periodo inmediato, en que él pitagorismo es perseguido. Respecto a los Diädocos, creemos percibir una evolución, iniciada con una amplia tolerancia, caso de Seleuco I y de Peithon, y con anterioridad de Filipo II, con un momento de verdadero favoritismo con Antíoco I Soter (108) y con Ptolomeo Lagida (109), y en el resto un vacio en el favor real, muy explicable por la diferente concepciön politica de la escuela, que siempre se mostró con tendencias localistas, como más tarde en el conocido caso de la Platonópolis plotiniana. PENINSULA ITALICA Y SICILIA (SIGLOS IV-II) Ya hemos sefialado con anterioridad la ausencia de pentalfas en la Magna Grecia en el siglo vi. No aparecen en la Peníngula hasta el siglo IV, y en éste, en cambio, se muestran abundantes, más aún que en los territorios griegos. No es ésta la ocasión de replantear el problema entero de la difusión del pitagorismo de la Magna Grecia hacia el Norte, avanzando a lo largo de la Península; esta fuente lo que nos revela, como fuente complementaria a las escritas, es una amplia difusión, patente en el siglo rv. Todas las discusiones en torno al pitagorismo de Numa y de los origenes etruscos y ro(106) (107) B. M. C., Caria and Island, 246, n. 173. Strabon, 14, 654; Diels, 39, 5. (108) La aparición a Antioco I, al iniciarse la batalla de Sardes contra los gálatas (de un simbolo, pentalfa según Reuchlin, Caparelli, op. cit, IT, 524), de Alejandro, que le aconseja adoptar por grito de gucrra la palabra “oytatvery (Luciano, Pro lapsu, 9; De las cort, 13; Plutarco, De myth, orac.); aunque luego lo que grab6 sobre el trofeo fué Ja figura de un elefante (Luciano, Zeuxis, 8-11); explicaria la denominación de Soter, tan tipica del soterismo pitagérico. (108) Luciano, Pro lapsu, 10. Idem, Pirro, Rey de Epiro, idem, 11.

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manos corresponden, pues, a una o varias posibles etapas previas, para las cuales las fuentes deben ser otras. El ejemplo más antiguo de pentalfas numismáticas que encontramos en la Peninsula es en Lucania, la ciudad de Velia, entre los afios 400-268 (110). Lucania, como region pitagórica, no ofrece problema. Seguin Porfirio (111), Pitagoras fué seguido por los lucanos, mesapios, peuquetos y romanos (112); famosos fueron los hermanos Occelo y Occilo lucanos (113); y de Filolao sabemos tuvo relación con esta región (114). Sin embargo, en Lucania no es Velia la ciudad madre de pitagóricos de que se nos conserve mención, sino Posidonia, de donde eran Athamas, Simos, Próxenos, Cránoos, Myes, Babylos y Fedon (115). Es totalmente congruente suponer una irradiación pitagórica por contacto hacia el Norte, siendo Lucania esta primera zona de contacto, y manifestandose en el siglo Iv por una presencia politica directiva en Velia. Caso de haber tenido lugar esta presencia politica bajo ocupación pünica, no es de olvidar la difusión pitagórica entre los cartagineses (116). Si nos atenemos a fechas, el caso siguiente que se nos ofrece es e] de la ciudad de Populonia, en Etruria, entre 350-280 (117), llegando al extremo de ofrecer en el mismo cuño dos pentalfas (118). No vamos a entrar en toda la problemática del pita(110) Didracmas A R. La presencia de cufios de anverso de tipo cartaginés (col. Guadan, inédito) hace pensar se trata de emisiones en tiempos de la posible ocupación de la ciudad por tropas púnicas. Véase Numismatic Chronicle (1912), 1, 13. En este caso, fecha cercana de estas emisiones gería la de 290 a 268. Estos cufios abundan en las grandes Colecciones y Museos. (111) V. P., 22; Diels, 14, 12. (112) Véase Italia asociada a la Magna Grecia, Polibio, II, 38, 10 ss; Diels, 14, 16, (118) Fuentes sobre Occelo en Diels, 48. Mencionados ambos en el catálogo de Iamblico, V. P., 267; Diels, 58 A (dos veces). (114) Plutarco, De genio socr., 588 a; Diels, 44 A 4 a. (115) Iamblico, V. P., 267; Diels, 58 A. Véase Thestor posidonio, Diels, 58 D 7. (116) Diels, 58 A, entre otros lugares. (117) Fitzwilliam Museum, 136, l4m. 8, 14, Antes de la venta Strozzi, n. 583. Sambon, Les monnaies antiques de Italie, 71. Garrucci, LXXII, 1, Véase otro tipo en Sambon, n. 89. (118) Sambon, op. cit., 47-62 y 76-82.

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gorismo etrusco (119); en forma similar a los lucanos y romanos, los tirrenos o etruscos son mencionados en los textos pitagóricos (120). Indudablemente, en la irradiación pitagórica hacia el Norte, en el caso de Velia, y mucho más de Etruria, jugaban un importante papel las vias comerciales de navegación. Entre ambos extremos de la Peninsula encontramos pentalfas en acufiaciones de la Campania; ciudad de Cales, afios 334-269 (121), amonedación de tipo romano, pues Cales, principal ciudad de los Ausones, fué conquistada por Roma en el año 335 (122), y de Teanum Sidicinum, afios 300-268 (123), sometida a Roma durante la segunda guerra samnita. Es de senalar la coincidencia de que en ambas ciudades se dé este simbolismo en el primer momento de su romanización. Sin embargo, mayor conexión encontramos en el Brutium, cuando Nuceria, en el 300 acufia con pentalfa (124). En esta region sucede algo semejante a lo sefialado de Lucania. De otra ciudad, Regium, tenemos noticia de la existencia de pitagóricos (125), formando un poderoso grupo, dado el numero de sus integrantes de que se guardó noticia. Todavia en la Peninsula encontramos otro caso, en el Samnium, más tardio, entre 268-150 (126), amonedación de total influencia romana (127). (119) El problema de fechas parte de Plutarco, Numa, VIII. A tanto llegé la fama de una Etruria pitagórica que es la sola explicaciôn de la atribución a Pitágoras mismo de un origen tirreno. (120) Nausithoos tirreno, Diels, 58 D7; idem, 58 A. (121) Fitzwilliam Museum, 185, lám. 10, 7. (122) También el mismo simbolo en monedas de plata tipo Sambon, 887, 895. (123) Fitzwilliam Museum, 389, lam. 16, 2. Sambon, 997. Col, Careli, LXVI, 18 y 14. Museos de Berlin y Londres. Museo de Paris, 962 y 963. (124) Fitzwilliam Museum, 1842, lám. 58, 17. (125) Aristides, Demöstenes, Aristócrates, Fytios, Elicaón, Mnesibulos, Hiparchides, Euthosion, Euthicl&s, Opsimos, Calais, Selinuntios; Die!s, 58 A, Aparte de otras numerosas menciones incidentales, por ejemplo, Diels, 14, 16. (126) Fitzwilliam Museum, 158, läm. 9, 7. Sambon, p. 1115 y n. 192 y 193. Museos de Berlin y Londres. (127) Quizä mereciera eefialarse el C. Pontio Samnite, mencionado por Cicerön, Cat. m., 12, 41.

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Todo ello nos muestra una influencia pitagórica en determinadas ciudades itálicas, anterior a su sometimiento a Roma, y en algunos casos precisamente manifestada en el primer periodo de su romanizaciön. Ello obliga a plantearse el tema del pitagorismo romano, del cual, en los tiempos anteriores al siglo I a., puede afirmarse fué floreciente. Toda la Peninsula se nos presenta como un hervidero de figuras y simbolismos, aunque eso si, posteriores al siglo V. Sefialemos finalmente un caso ünico de pentalfas en Sicilia con los mamertini entre 210-190 (128). La ciudad de Messana, al ser conquistada por los mercenarios oscos de Agathoclés, después de su muerte, pasó a llamarse Mamers, y sus habitantes, hijos de Mamers o mamertini. A través de Messana son pues sucesores de Zancle, ciudad que ofrece en los siglos VI y V acuñaciones con otros simbolismos geométricos extremadamente curiosos, coincidentes con la dominación del pitagorismo antiguo. Aquella tribu guerrera se estableció en Messana en 288, y como oscos, eran semi-etruscos, y fueron aliados de los romanos en todo momento. Los canales de convergencia del pitagorismo son, pues, en este caso, Zancle, Etruria y Roma (129), y no deja de ser significativo que la unica localidad siciliana que acufia con simbolismos netamente pitagóricos sea precisamente la más próxima a la Peninsula, ROMA E IMPERIO ROMANO (SIGLOS I a.-II d.) La Roma poderosa que en el transito de los siglos IV al II se nos ha mostrado favorecedora de que ciertas localidades itálicag absorbidas manifiesten, en un orden local, las internas tendencias de grupos pitagóricos, va a seguir en un principio la misma politica tolerante, que luego sufre convulsiones violentas. Las guerras civiles muestran a los pitagóricos, a algunos de ellos al menos, tomando parte en la politica. El resultado será las varias expulsiones de pitagóricos de la ciudad de Roma. (128) Pentonkia de peso reducido. Head, Historia Numorum, 155-6. (129) No creemos pueda establecerse relación con los pitagóricos siracusanos de Diels, 58 A.

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Cicerön decia: “multa sunt in nostris institutis ducta ab illis” (130), refiriéndose a los pitagóricos; ya a través de Etruria, ya de Lucania, las doctrinas de la escuela habían hallado eco en Roma (131) ; según Plutarco, la gens Aemilia decia traer su origen de Mamercos, presunto hijo de Pitagoras (132); segan Plinio el Viejo (133), entre 298 y 290, se erigiö en Roma una estatua a Pitágoras por orden de la Pitia como “al más sabio de los griegos”; Catón el Censor, huésped en 209 en Tafento del pitagórico Nearco, según Plutarco, es clasificado por Cicerôn, en De Senec., como miembro de la escuela; según Carcopino (134), en los siglos I a.-ı d. en Roma todos pitagorizan. Pero las nuevas formas políticas que se gestan en el siglo I a. no favorecen al pitagorismo; Nigidio Fígulo, partidario de Pompeyo, es desterrado de Roma por César en el año 45 a. (135); Anaxilaos de Larissa lo es en el afio 26 a. (136); Apolonio de Tyana, dedicado en Roma a la reforma de los templos, de acuerdo con el Pontífice Maximo Telesino, Cónsul en el afio 66 d. (137), es expulsado con éste por el decreto de expulsión dictado por Nerón en Octubre del mismo ano (138); Claudio había desterrado a “magos y matemäticos”, entre ellos a Statilius Taurus. En un período de un siglo, son cuatro las expulsiones colectivas que sufre el pitagorismo, lo cual explica su no repercusión en las formas politicas imperiales y la efimera vida de la basilica de Puerta Mayor (139). Ello no impedirá a los Emperadores emplear en las 6rdenes dirigidas a las ciudades el saludo, ya generalizado, de origen pitagórico (140). (130) Tuscul., IV, I, 2-4. Idem, De Republ. 131) Recuérdese que a Pitágoras siguen Diels, 14, 12. (132) Numa, VIII. (133) Hist. Nat., XXXIV, XII. (184) y romanos. Carcopino, La Basilique Pythagoricienne de la Porte Majeure (Paris, 1946), 161-206. (135) S. Jeron., Chron., 183, 4. (186) Idem, 188, 1. (137) lucanos... Filöstrato, V. Apol. Tyan, IV, 40. (138) Idem, VII, 11. (138) Carcopino, op. cit., 75. (140) Luciano, Pro Lapsu, 13.

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En este ambiente, cifiéndonos a nuestro tema, encontramos en esta época un solo caso de pentalfas en la Peninsula Itálica. En cambio, hallamog una irradiación hacia las provincias occidentales y núcleos que se conservan en la parte oriental. Este caso Unico itälico es el de los denarios romanos republicanos de la familia Papia (L/Papi) (141), de 78 - 75 (142). Sydenham (143) sostiene que son emisiones de “serrati”, cuyos tipos aluden al culto de Juno Caprotina en Lanuvium, ciudad con la que esta familia parece haber tenido estrecho contacto; su principal interés —prosigue— es el uso peculiar de los simbolos, pues debieron servir como medio de propaganda; en la mayor parte de los casos en relación con los “collegia opificum”. En todo caso, sea la pentalfa contrasefia de la familia Papia, o del gremio de Lanuvium, es de observar que es anterior a la primera expulsión de pitagóricos (144). Después, ya, en la Peninsula, no se repite. En cambio, en las provincias occidentales, Galia, Britania, Hispania, es el momento de su aparición. En Galia son por lo menos cuatro los casos de amonedación local que ostentan la pentalfa. En Massalia, copia barbara, del siglo 1 a. (145); en Remes (146); entre los carnutes, región noroeste entre el Sena y el Loira (147), y entre los Santones, en la Galia occidental, de siglo 1 a. a 1 d. (148). Estos cuatro casos ponen de relieve una difusión intensa del pitagorismo en la Galia; lo más sencillo es pensar en las legiones romanas como vía de transmisión, pues los pensadores pitago(141) Babelon, I. Papia. Grueber, 3.054, A. Alfoldi, Schweizer Münzblätter (XII-1954), 27-28. (142) Segün Sydenham, The Roman Republican Coinage (1952), p. 127, de afios 78 al 55. (143) Idem. (144) Quiz& merezca citarse como término de referencia la escuela de los Sextios. Caparelli, op. cit., I, 385-8, (145) Hunterian Col., t. II, läm. CII, núms. 13 y 10, y p. 732. (146) Blanchet, Num. Franc., I, 66-67, fig. 113, var. De la Tour, lám. XXIX, n. 7.191. (147) Univ. Glasgow, Catal. Hunterian Col, III, 692, n. 4; lAm. C, n. 25. (148) Univ, Glasgow, Hunterian Col., III, 689, n. 17; lám. C, n. 20.

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rizantes no abundan en esa región, como no se recuerden algunos viajes de paso, como el de Posidonio de Apamea, maestro de Cicerón, amigo de Pompeyo, por las Galias e Hispania. Sin embargo, puede suponerse una irradiación lógica a través de Etruria, por razones geográficas; la cual podría ser confirmada por el parecido, sefialado por Sambon (149), entre las piezas de Populonia, ya citadas, y piezas massaliotas, Britania nos ofrece la peculiaridad de que las monedas, anepígrafas, con pentalfa (150) son datables entre 180 a. y siglo I d.; es decir, aparecen con anterioridad que en la Galia, aunque indudablemente Galia fué paso de las influencias, también de suponer a través de las legiones. Mucha mayor importancia ofrece el caso de Hispania. En toda la Península Ibérica aparece un sólo caso de amonedación local con pentalfa, aunque sea sólo un resello; es Gades, en amonedación con leyenda fenicia (151). Y su importancia viene dada por la figura de Moderato. Es bien sabido (152) que domina la atribución a Gades como patria de Moderato; sin embargo, siempre resultaba la figura de Moderato como algo desplazada. El poder sefialar en el siglo I a. la existencia de un grupo pitagórico influyente en la ciudad, facilita grandemente la posibilidad de que naciese en Gades el que es sin duda el filósofo neopitagórico más importante. Ello concuerda, por lo demas, con el viaje de Posidonio de Apamea por Hispania, asf como el de Apolonia de Tyana, precisamente a la Bética (153), viaje considerado fabuloso por M. Menéndez Pelayo (154), por el motivo de que hablase de los habitantes de la Bética romanizada como extraordinariamente incultos, argumento cuya incon(149) Op. cit., 71. (150) Univ. Glasgow, Hunterian Col., III, 716, n 25. Evans, Coins of the ancient Britons, lam. E, n. 14. (151) Delgado, Nuevo Método (Sevilla, 1876), II, 62, lám. XXVII, n. 62. Se trata de un resello en forma de pentalfa. (152) Bonilla, Moderato de Gades, Archivo de Historia de la Filosofia (Madrid, 1905), 30-36. Montero Diaz, Moderato de Gades, Rev. Nac. Educación, 37 (Madrid, 1944), 34-47. (153) Filostrato, V. Apol. Tyan., V, I-IX. (154) Historia de los Heterodoxos Españoles (Madrid, € 8. L C.), VIII, 251-2.

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sistencia puso de relieve Mead (155). En cambio, es dificil establecer conexión alguna con la estancia de Nearco Tarentino (156) y el grupo de pitagóricos reunidos ocasionalmente con motivo del asedio de Numancia, asi como su relación con Mauritania. La posición de Gades (157) impide sefialar una via concreta de irradiación (158). Volviendo hacia Oriente, ya siempre bajo el Imperio Romano, hemos encontrado tres casos, no de amonedaciones. Rziha (159) señalé un signo pentagramático en el Palacio de Diocleciano en Spalato, aunque no es de nuestro interés por tratarse de un pseudo-pentagrama (160). Mas interesante es un disco de alabastro, probable molde para pasteles rituales (161), alejandrino, con pentalfa y la leyenda YTEIA. Corresponde al renacer neopitagörico alejandrino, aunque su significado es escaso en cuanto a la importancia del nucleo, por no implicar, a diferencia de la amonedación, influencia politica. Su interés, en cambio, es mayor en el aspecto cultual del pitagorismo. Problemas mucho mas complicados plantea la pentalfa que aparece en la Sinagoga galilea de Cafarnaum, de comienzos del siglo m1 d., en lugar del exagrama habitual hebreo. Querer conexionarlo con los esenios escapa al estado de las fuentes. En todo caso, precisamente su carácter excepcional, pues los pueblos semitas prodigan el exágrama, hace presente un eco pitagorizante tardio en Galilea. (155) <Apolonio de Tyana (Barcelona, s. f.), 13. (156) Caparelli, op. cit., I, 377-8. (157) Véase Gage, Gades, VInde et les navigations atlantiques dans PAntiquite, Rev. Hist., CCV (Paris, 1951), 189-216. (158) Que en el Novellino de un renacentista se convierta a Pitágoras en astrénomo y filósofo espafiol, no creemos guarde relación alguna con el pitagorismo clásico; probablemente, es una alusión a la fama de Toledo y Salamanca en magia en el Renacimiento, Menéndez Pelayo, Ens. Dis. Oritica Hist. Lit. (Madrid, C. S. I. C), V, 286. (159) Studien über Steinmetz-Zeichen (Wien, 1883). (160) Supresiön de un vértice al exagrama, con lo cual se simplifica su dibujo. Dibujos de este estilo abundan en el Bajo Imperio. (161) Museo de Basilea,

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CONCLUSIÓN El presente trabajo está fundado en la sacralidad de las que W. Otto llamaba “formas perfectas”, categoria de lo divino habitual entre los griegos y que en el caso del pitagorismo Ilevé a la teurgia de los nümeros. La pentalfa es simplemente una forma perfecta, en la que se sintetizaron las peculiaridades del microcosmos, en correlación con el Universo. Y lo que en un principio fué un quedarse deslumbrado ante la perfección del objeto perfecto, luego fué ya simbolo de filiación. El valor del simbolo está en su hermetismo, que no pierde aunque sea expuesto, incluso de una manera tan publica como la sefialada. La congruencia entre las áreas de difusión del pitagorismo que nos dan las fuentes escritas y las que en esta nota hemos señalado, a nuestro parecer viene a confirmar el valor universal del método comparado en la Historia. El pitagorismo se nos presenta, eso si, con una eflorescencia politica en la vida de los Estados de los siglos V y Iv, que el simple conocimiento de los doctrinarios no da a conocer. Por otra parte, es de observar cémo esta difusión se da precisamente en la Grecia continental y en la Peninsula Italica, es decir, en las regiones más atrasadas comparativamente con la Grecia peninsular, en la que no logra esta forma de presencia. La identificación hecha por algunos historiadores entre lo pitagórico y lo dórico, una vez más, se muestra carente de fundamento, aunque si es mayor su desarrollo entre lo dérico que entre lo jénico; pero su tendencia universalista es clara. En el neopitagorismo, el contraste entre el pitagorismo y la politica imperial y su consiguiente reducción a las esferas locales provincianas se ve confirmado una vez más. Así el pitagorismo se nos presenta no como una simple teoretización de un esquema filosófico, sino como una concepción integral del cosmos y del hombre, manifestada en esferas tan aparentemente diversas como la Geometría y la Religión, la Toréutica y la Filosofia.